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Schmid, W. (2010). La felicidad. Valencia: Pre-Textos.

FICHA TÉCNICA sobre La felicidad, de W. Schmid.

  • Título: La felicidad
  • Autor: Wilhelm Schmid
  • Editorial: Pre-textos
  • Edición: 2010
  • Ciudad: Valencia
  • Páginas: 65

Comentario

En este pequeño trabajo el autor nos expone una reflexión sobre el importante concepto de felicidad; reflexión breve, mediante un lenguaje sencillo, aunque no superficial. Quizá uno de sus méritos sea precisamente ése: exponer un concepto siempre difícil, mediante un vocabulario y una redacción asequibles para el gran público, desde una profunda reflexión filosófica que se deja entrever entre las líneas del texto. Efectivamente, a lo largo de ellas se leen afirmaciones dichas como con cierta facilidad, pero a poco que uno se detenga entre sus páginas con cierta dosis de serenidad y atención, observará que no son en absoluto afirmaciones gratuitas. Todo lo contrario.

Como ya decía Aristóteles, todo el mundo está de acuerdo en que quiere ser feliz, aunque ya no lo está tanto a la hora de discernir cómo serlo. Éste es también el punto de partida de nuestro autor, quien somete a crítica diversas interpretaciones contemporáneas de la felicidad, para desde ahí dirigirse hacia la que sería su propuesta. Se delimitan así dos partes en cuanto al contenido se refiere. En la primera de ellas se analiza la felicidad desde algunos enfoques presentes hoy en día, a saber: en tanto que fortuna, en tanto que bienestar y en tanto que plenitud. Una vez hecha esta exposición el autor explica su propuesta en la cual, partiendo específicamente de la tercera acepción, se propone dar un paso más para acceder a otros ámbitos de la existencia humana desde los cuales fundamentar precisamente dicho modo de felicidad. El objetivo de la existencia no sería estrictamente ser feliz, sino que ello sería una consecuencia de lo que Schmid considera el gran objetivo humano: una vida con sentido.

No siempre el ser humano se ha cuestionado la felicidad, pues no han sido pocas las épocas en las que era suficiente con la mera supervivencia. Las épocas en que sí se ha planteado esta cuestión han solido coincidir con etapas de transición entre unos órdenes establecidos que se ponían en entredicho por nuevos planteamientos con la pretensión de establecerse. Esta perspectiva histórica dota de cierto carácter diacrónico al concepto de felicidad, carácter que debe ser atendido debidamente para no caer en anacronismos ni en interpretaciones desfiguradas. Ése puede ser el caso de la consideración de la felicidad como fortuna, cuyo significado original en la Grecia clásica era muy diferente al que podamos darle hoy, más cercano a la ‘suerte’.

Pero no es ésta la acepción más común en nuestra época actual, que se correspondería más bien con la segunda, la de bienestar, independientemente de que parece que surgen voces cada vez más numerosas que también la cuestionan, al convertirse en una experiencia que puede entenderse análogamente como una adicción, necesitando en el tiempo cada vez mayores dosis (de bienestar) para producir un efecto similar. Estas dos formas de felicidad poseen algunas características similares, que no comparten con la tercera; poseen cierto aspecto fortuito, circunstancial, pasajero… propiciando un desenfoque existencial desde el momento en que se sitúan como objetivo radical en la vida. Y aquí es donde el hombre moderno encuentra un desajuste importante, pues no está preparado para plantearse otro tipo de objetivos, y ante la incapacidad —por su propia índole— de poder alcanzar aquéllas, deriva hacia comportamientos alienantes e incluso paranoicos.

Pero no todos los tipos de felicidad son así: la felicidad de plenitud es radicalmente diversa de las dos anteriores, pues ya no trata de destilar unas experiencias (las negativas) en beneficio de otras (las positivas), sino que integra a ambas en un nivel superior, al cual los otros modos de felicidad no pueden acceder. Éste es el tipo de felicidad al que se ha aspirado desde siempre en los lares filosóficos; es la felicidad más filosófica ―podríamos decir― según la cual el ser humano ya no depende tanto de lo que le ocurre, sino de la actitud que adopta ante aquello que le ocurre, que es algo totalmente distinto. De lo que se trata es de adaptarse a la vida en su dinamicidad, en la cual hay circunstancias más o menos agradables, o más o menos difíciles; circunstancias y situaciones que se adaptan más o menos a nuestras expectativas o esperanzas. Ciertamente, no se trata de escoger un tipo de felicidad y desestimar los demás, sino de ser capaz de integrarlas adecuadamente:

«No se puede renunciar a ninguno de los tres tipos de felicidad, pero la tercera felicidad, la única que puede ser duradera, es la que hay que redescubrir en los tiempos modernos, tan malacostumbrados a las cosas agradables».

Para ello no hay otro camino que ser capaces de ‘trascender el momento’; no hay otro camino si se quiere realmente otear esa balanza oscilante que es la vida, y observarla en sus desplazamientos entre los polos. Pues bien, este tipo de felicidad que engloba aquellos momentos que ‘no son felices’, lo incardina nuestro autor en un concepto más amplio, como es el de sentido, al cual para acceder de modo pleno hay que modificar nuestra actitud vital radical, una actitud que Smichd aproxima a la melancolía.  Quizá el autor —a mi modo de ver— encomie en demasía esta actitud, pero entiendo que no tanto por sus virtudes positivas (la melancolía suele considerarse como una especie de lipemanía o de depresión crónica suave) como por la actitud diversa ante la vida que implica el adoptarla: una toma de distancia, una capacidad para elevarse sobre los problemas cotidianos, una aceptación de los momentos tristes de la vida…, actitud que lejos de provocar la huida o el rechazo de los sucesos difíciles permite integrarlos serenamente en combinación con los momentos que sí anhelamos vivir, alejándonos de esos modos de ser feliz ‘que nos dice’ la sociedad y asumimos de modo irreflexivo. Porque es desde esa toma de distancia que podemos aprehender la conexión de las cosas, paso imprescindible para poder dotar de sentido a una vida. Una vida sin sentido es una vida inconexa, una vida que no ha sido capaz de hilvanar los hechos que le acontecen, que no ha sido capaz de ‘salvar su circunstancia’ ―en términos orteguianos― sumida como está en la incoherencia.

El sentido se debe alcanzar en todos los niveles, desde los más externos (capacidad para poder percibir fisiológicamente de modo adecuado), pasando por los sociales (autoestima, necesidad de reconocimiento…), hasta los más profundos de la personalidad, sin cerrar la puerta a una trascendencia que según el autor no necesariamente debe estar asociada a lo religioso. Tal y como la trascendencia es planteada por Schmid no puede dejar de recordarnos al ‘como si’ kantiano; pero si en Kant ―a mi modo de ver― es un modo de salvar la dificultad de conceptuar la trascendencia más que una negación de la misma, intentando salvar así la experiencia íntima que le lleva hacia ella manifestando a la vez la complejidad de su articulación conceptual, nuestro autor la plantea del modo que precisamente más criticaban los maestros de la sospecha: no importa tanto si lo trascendente existe o no, sino el hecho de si a mí me ayuda o no creer en su existencia. La existencia o no de la trascendencia no es tan importante como el hecho de que a mí me sirva creer en ella o no. Según el autor, ésta lectura se corresponde con una lectura hermenéutica de la trascendencia, afirmación que es preciso analizar y debatir ya que, si bien es cierto que hoy en día puede ser cuestionable plantearnos la cuestión en términos pre-modernos, también lo es que no necesariamente desde un planteamiento contemporáneo-hermenéutico debamos mantenernos en el límite establecido por nuestro propio beneficio o interés. De hecho, apelar al rico concepto de experiencia (hermenéutica) puede ser a mi modo de ver un buen recurso al respecto para superar el interés subjetivista.

En cualquier caso, la propuesta que realiza el autor es interesante y fecunda, destacando la necesidad de la búsqueda del sentido en toda su radicalidad y sin temor a prejuicios que por desgracia abundan en nuestra sociedad; y todo ello desde una configuración narrativa de nuestra vida. Es preciso que el individuo actual adopte un cambio de actitud; un individuo que si bien ya se ‘liberó’ en la época moderna de las ataduras sociales, políticas, religiosas, culturales, etc… clásicas, le corresponde dar ahora un paso más, ya que esa pretendida autonomía moderna no está acabando de dar los frutos esperados; al individuo contemporáneo le corresponde crear nuevas conexiones de sentido una vez superada la etapa de emancipación y rebeldía (dadaísmo, deconstrucción,…), nuevas conexiones de sentido que sean capaces de ir más allá de lo material para acceder a otro ámbito más espiritual:

«Toda búsqueda, por muy insignificante que sea, crea sentido cuando un ser humano se dedica a ella por razones ideales y no sólo materiales. Y precisamente entonces, cuando experimenta el sentido de esta manera, puede soportar y superar muchas cosas —en último término los desafíos de la vida moderna».

De modo análogo a la transformación ilustrada, para Schmid estamos en una etapa en la que ya no tenemos por qué movernos de modo reaccionario ante una situación impuesta, sino que el hombre de hoy, lejos de una sensación de tener que liberarse de algo, se encuentra ya en una situación que le posibilita escoger su camino desde una libertad positiva, una libertad libremente elegida. Una afirmación muy interesante, y que nos sitúa cívica y socialmente en la necesidad de asumir cada uno su propia carga de responsabilidad en tal empeño. ¿Está el individuo del siglo XXI a la altura de las circunstancias?

Nos encontramos, en definitiva, ante un texto breve con la capacidad de transmitir ideas originales y profundas en un lenguaje asequible para todo aquel que pretenda acercarse filosóficamente al profundo e interesante tema de la felicidad, y sobre todo con ganas de tomarse en serio el proyecto ilusionante que es su vida.

Sobre el autor

Wilhelm Schmid (Infografía)

Wilhelm Schmid
(Infografía)

Wilhem Schmid es un filósofo alemán nacido en el año 1953. Comenzó su vida adulta alejado de la filosofía (como tipógrafo, o en el ejército) para acabar doctorándose en el año 1991 con una tesis dedicada a Michel Foucault.

Actualmente vive en Berlín como filósofo independiente, impartiendo clases en Erfurt como profesor invitado. Se dedica a la divulgación filosófica, tarea por la que ha recibido algunos premios.

Ha escrito varios libros, en los que ha reflexionado por lo general sobre el problema existencial de cómo afrontamos nuestras vidas, siguiendo la misma línea de ésta que nos ocupa.

  • En busca de un nuevo arte de vivir (2002).
  • El arte de vivir ecológico (2011).
  • Sosiego: el arte de envejecer (2015).
  • De la fortuna de la amistad (2016).
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Alfredo Esteve
Doctor en Filosofía (Universidad de Valencia, tesis sobre la influencia de la afectividad en el comportamiento humano a la luz del pensamiento ético y estético de Xavier Zubiri) y Máster en Ética y Democracia (Departamento de Filosofía Moral y Política de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la UV). Profesor del Grado en Filosofía Online de la UCV San Vicente Mártir.
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