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Belén Ester Casas (2015 ). En tierra de hombres. Madrid: Encuentro.

MUJERES Y FEMINISMO EN EL CINE CONTEMPORÁNEO

José Alfredo Peris Cancio

Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”

FICHA TÉCNICA:

  • Colección: ENSAYO
  • Materia: CINE
  • 248 páginas
  • 150x230mm.
  • 2015
  • ISBN: 978-84-9055-080-9

Belén Ester Casas ha escrito un libro verdaderamente apasionante, cuya lectura ilumina, enriquece, y, en el mejor sentido del que se ocupara don Julián Marías, ilusiona . Con una libertad ideológica encomiable y con una redacción ágil, amena y penetrante -te engancha tanto como muchas de las películas que comenta- pasa revista a un tema que a nadie deja indiferente: mujeres y feminismo en el cine contemporáneo.

El propósito queda certeramente conseguido porque sus reflexiones consiguen ir desarrollando de modo equilibrado los tres temas que a la autora sin duda le apasionan: feminismo, cine contemporáneo y , sobre todo, mujer.

I.-Feminismo.

Con respecto al primer tema, el capítulo 1 -“Para entender el feminismo”- sintetiza las claves históricas y los debates actuales en torno a feminismo y derechos de las mujeres.  Toma postura por lo que puede designarse como un “feminismo de la mujer de carne y hueso”, es decir, aquella que reclama sus derechos humanos en sus vertientes sociales, política, económicas, educativas… para poder ser más plenamente mujer, no para asimilar los modos de ser y de hacer del varón.

Portada_Mulieris_DignitatemEl criterio de contraste de este feminismo se  propicia en la relación entre mujer y maternidad, y nuestra autora cita con entusiasmo «la maravillosa Carta apostólica Mulieris Dignitatem sobre la dignidad y vocación de la mujer con ocasión del año mariano en 1988» (pág. 32) para recoger la siguiente expresión del hoy san Juan Pablo II: «La maternidad está unida a la estructura personal del ser mujer y a la dimensión personal del don» (Ibídem).

Con toda coherencia razona que el rechazo a una propuesta que casaba tan bien con el corazón de tantas mujeres -la perspectiva generosa de la maternidad- fue rechazado por las feministas del momento ya que «el aborto es una batalla que el nuevo feminismo ha querido ganar muy por encima de acabar con temas tan graves y apremiantes como la cosificación de la mujer a través de la pornografía y la publicidad, la esclavitud sexual de la mujer en el Primer y Tercer Mundo y la prostitución, u otros de gran calado como las leyes de conciliación laboral o las de adopción, obsoletas en Europa» (pág. 32).

Con la perspicacia y la capacidad de síntesis propia de su condición de periodista no duda en denunciar que detrás de la presentación de los imaginarios de la mujer que hoy dominan en el cine se encuentra “la ideología de género” -Capítulo 2- y advierte con penetración y valentía: «el feminismo toma inmediatamente posesión de este nuevo orden de cosas y encuentra en el dominio total de la sexualidad, y por tanto de la maternidad, un arma política. El arma es el propio cuerpo. La aceptación o vindicación del aborto libre tienen su origen en la ideología de base del feminismo. La mujer, al querer independencia total del varón, debía disponer de una libertad total de su cuerpo y su sexualidad para no tener que depender en absoluto de él, por eso querían un divorcio plenamente libre y arremetían contra todo lo que limitase esa disposición libre del cuerpo, como el matrimonio y la familia y, por supuesto, su mayor defensora: la Iglesia» (pag. 38). Y tiene el acierto de traer a colación la lúcida denuncia del filósofo y ensayista Julián Marías, en su famoso artículo en ABC de 10 de septiembre 1992, La cuestión del aborto, en el que denunciaba sin ambages que «la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en este siglo» (ibídem).

Este debate crucial para entender el cine de la mujer hoy, es reflejado por la autora en  profundidad en sendos capítulos posteriores. El capítulo 6 presenta películas en principio favorables al aborto, pero arranca con una acertadísima alusión a Los cuatrocientos golpes (François Truffaut, 1959), como reseña histórica de una de las primeras películas que aludía al tema. Era un tema tabú para el Código Hays y para las censuras nacionales, como la española. Sin embargo, señala la autora que a pesar de estos disimulos no se evitó un efecto no previsto: «que el mundo entero se conmoviera y escandalizara al escuchar a un niño de 14 años decir que su madre quería abortarle.» (pág. 136). Del mismo modo, en El Padrino, segunda parte (Francis Ford Coppola, 1974) el aborto voluntario de Kay (Diane Keaton) crea un abismo insalvable con su marido, Michael Corleone (Al Pacino).

Estas plasmaciones fílmicas, que hacen patente que el aborto pone fin a una vida humana con una biografía que se hubiese podido desarrollar, contrastan con el cine promovido desde el pensamiento postmoderno. Ya en la introducción había aludido al documental Blood Money: el valor de una vida (David K. Kyle, 2011) y ahora vuelve a referirse a él porque «revela cómo el triunfo de las leyes abortistas ha permitido que la vida sexual de la población durante los últimos veinte años se haya construido en torno al aborto, una alternativa accesible y barata a los anticonceptivos que fallan» (pág. 138). Películas como El sereto de Vera Drake (Mike Leigh, 2004),  Las normas de la casa de la sidra (Lasse Hälstrom, 1999) o No te muevas (Sergio Castellitto, 2004) se centran en las consecuencias de que el aborto sea ilegal. Pero apenas se centran en la herida que deja en la mujer, como «víctima de un modo de pensar y de una sociedad que no la apoya» (pág. 140).

El último film al que alude en este capítulo, 4 meses 3 semanas 2 días , la autora destaca su ambigüedad: mientras los prochoice vieron en él el retrato de un mundo que forzaba a las mujeres a practicar abortos ilegales, para Belén Ester la mirada del director es una mirada moral .«Mungiu solo muestra. Muestra sin juzgar a estas mujeres, es más, a raíz de su desesperación acaban desarrollándose en el espectador sentimientos de misericordia hacia ellas. Solo muestra, pero lo muestra todo, toda la realidad brutal y radical de unos hechos brutales y radicales que tienen forma corpórea, no etérea y que se revelan en una toalla ensangrentada en forma de muerte. Las mujeres están de rodillas en el suelo del baño, mirando al niño. La cámara baja y lo muestra. A los pocos segundos las vuelve a mostrar a ellas. Sus caras han cambiado, son distintas y sus vidas ya nunca serán iguales. Esta secuencia breve e intensa es la expresión última de la elocuencia cinematográfica con una imagen poderosa que da por resultado un cine valiente y conmovedor» (págs. 150-151). Perdón por la extensión de la cita, pero me parece uno de los pasajes más impresionantes y reveladores de la obra, de su autora y de lo que la mueve.

El capítulo 7, sin duda el más luminoso del libro, se refiere a las “Comedias y dramas pro vida”. Belén advierte que se estrenaron entre el 2007 y el 2008 una serie de películas provida, que parecían augurar una tendencia que luego no fue tal.  Así da cuenta de  Juno (Jason Reitman, 2008), a la que nuestra autora califica de “melodrama genial y simpático”; de  Lío embarazoso (Judd Apatow, 2007), una comedia redonda, porque con un tono gamberro y transgresor, todo concurre para que el nacimiento de una niña haga olvidar los pesares anteriores; y de Qué esperar cuando estás esperando (Kirk Jones, 2012), comedia delirante con un enorme sentido del humor tanto entre las mujeres como entre los varones. Sin embargo con El Plan B (Alan Pou, 2011), a pesar de su tono de comedia desenfadada que le asemeja a las anteriores, nuestra autora indica que se está ante una película fundamentada en los pilares de la ideología de género, con un sentido de la maternidad en la que se pone sobre la mesa que el hombre ya no es necesario.

Más explícitos en su defensa de la vida se encuentran los que la autora presenta como “dramas provida”. De ellos destaca, Bella (Alejandro Monteverde, 2006), cinta protagonizada por Eduardo Verástegui, a la que sin vacilar libera de las acusaciones de moralista y la valora como «excepcionalmente positiva sin caer en ñoñerías» (pág. 160) y Solas (Benito Zambrano, 1999), a la  que nuestra autora califica de espléndida y  subraya «que no es edulcorada ni enfática, no va a ninguno de los dos extremos, sino que solo muestra un corazón solitario y sufriente, ávido de amar y ser amado» (pag. 161).

II.- Cine contemporáneo.

El feminismo de la mujer concreta, el que busca el bien de la misma hoy, ahora, en sus circunstancias concretas, en las decisiones que tiene que tomar para llevar adelante su dignidad y su misión en la vida -y por eso el énfasis en el drama del aborto-  le permite a Belén Ester Casas hacer un recorrido verdaderamente amplio e integrador sobre lo que hoy se puede ver sobre la mujer en el cine. Pero atención, sin ningún apriorismo, por bien intencionado que fuera, que sin duda conduciría al tedio, de lo que está plenamente alejada. Se nota que Belén ama el cine, interioriza las películas, y cuando extrae sus luces y sus sombras lo hace desde un profundo reconocimiento de lo que está analizando, consciente de que crear belleza en el cine suele ir mucho más allá de las pretensiones de los propios cineastas -y, por supuesto, de sus productores o mecenas-.

Así, no tiene inconveniente en denunciar cómo Pretty Woman, aparentemente un cuento de hadas postmoderno, que podría inspirar una cierta lógica de la redención, se realiza una crítica de la especulación capitalista en la venta de empresas, pero se silencia la denuncia a la explotación de la mujer en la prostitución para dibujarla casi como una profesión liberal: “yo digo quién, yo digo cuándo, yo digo cuánto”.  En palabras de la autora: «sin decir en ningún momento que la razón por la que esas mujeres viven de esa forma degradante y humillada es porque hay hombres que compran sus servicios” (pág. 41).

Pero su análisis sobre Sexo en Nueva York -que acomete en diversos pasajes de su obra, pero principalmente en dos-, no se limita a constatar que supone el pistoletazo de salida de la ideología de género, como serie de televisión que con posterioridad será llevada al cine. También en ella reconoce que además de en el lujo, la moda o la ciudad de Nueva York, el éxito de la serie radica «en la rotundidad de sus personajes que encarnan roles típicamente femeninos con personalidades muy diferentes pero que se quieren, complementan y ayudan» (pág. 43). Es decir, sus críticas al feminismo actual, no le impiden encontrar esa zona común de trabajo de todo feminismo que consiste en que “se escuche la voz de la mujer”. Y si una serie de esta naturaleza lo consigue en alguna medida, aunque pueda tener sus sesgos, merece ser valorada.

Lo que no le resta ni un ápice de libertad para poner sobre el tapete que Sexo en Nueva York expresa a pie juntillas la ideología de género, el sexo sin culpas, sin tabúes ni responsabilidad, lo que lleva a presentar unas heroínas que se mueven desde el individualismo, desde el uso de su cuerpo sin sentimentalismo ni aspiración a la estabilidad, desde la hipersexualización y la explicitud del sexo en las escenas y desde el utilitarismo postmoderno. Hay que leerlo. El bisturí de nuestra autora no pega puntada sin hilo.

El tono ligero, el rostro amable de estas dos producciones contrasta con otras creaciones a las que el libro se aproxima. Tras la pérdida de la inocencia que la autora sitúa en 1960,  y, sobre todo, tras la Revolución Cultural del Mayo del 68, se crea un clima cultural contrario a la institución familiar y al matrimonio que preconiza una revolución sexual, proponiendo la ausencia de barreras o de límites, para que toda fuera posible. Películas como Soñadores (Bernardo Bertolucci, 2003) o Después de Mayo (Olivier Assayas, 2012) reflejan para la autora ese ambiente intelectual, pero ya no desde una posible ingenuidad o inocencia con la que se vivió en su momento, sino con la amargura y con el dolor inagotable de unos jóvenes que a partir de ese momento no tuvieron a qué asirse. Son dos ejemplos de los muchos que el libro presenta, y que muestran con objetividad que las máximas de la ideología de género, cuando se llevan a la práctica, no suscitan los prometidos espacios de liberación, sino que con frecuencia recurrente generan nuevas heridas.

¿Panorama sin esperanza? La autora continuamente huye de la severidad y el catastrofismo. Y así, junto a otros títulos, rescata Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976), en la que en medio de una vorágines de horrores, al final  el protagonista es capaz de redimir a una chiquilla, «como si esa niña representase para el mundo la última esperanza» (pág. 60).

Es un lugar común señalar que quien ama el cine, ama la vida. Y de esos dos amores sigue dando buena cuenta Belén Ester Casas cuando va presentando los distintos géneros actuales y la mujer que en ella se presenta. Ese amor al cine suele presentarse en la doble cara de la moneda: por una lado comedia, por otro drama. Y Belén Ester repasa la presencia de la mujer en ambos géneros en la actualidad.

En “La Nueva Comedia Romántica”  -Capítulo 3-  se puede destacar que la autora guarda un lugar especial para La boda de mi mejor amigo (P.J. Hogan, 1997)  por lo que supone de reconocimiento del personaje de Julia Roberts, quien mantiene intacta su dignidad -y aun crece en ella-, a pesar de no tener su chico, ni su happy-end y se vea  en la tesitura de dar un sentido positiva a la soltería.  Y  también el énfasis que merecen dos películas  que  tuvieron a su juicio gran impacto en el público femenino:  la británica El diario de Bridget Jones  (Sharon Maguire, 2001), por su equilibrio entre la Bridget real que produce cariño y empatía, y la horrible visión que tiene de ella misma y que reproduce en su diario,  y la francesa Amelie (Jean-Pierre Jeunet, 2001), que presenta una hermosa paradoja. Amelie es «la mujer más romántica, buena y generosa, pero también la más solitaria del mundo» (pág. 73).

“Algunos dramas esenciales” -Capítulo 4- le  permite  a nuestra autora dar  cuenta, entre otros relatos sugestivos, de la sutileza al confrontar a una joven Scarlett Johansson y a un otoñal Bill Murray para hacer una parábola de la soledad, la incomunicación y la necesidad de encuentro de Sofia Coppola en Lost in Translation (2003); de la amargura existencial de Woody Allen con la misma protagonista dos años después en Match Point; de las dificultades de la complementariedad entre varón y mujer cuando la mujer aprende a actuar como varón y disocia vida laboral y familiar en Up in the Air (Jason Raitman, 2009); o del retrato enrevesado de una mujer que se construye y se destruye, en busca de la identidad y la superación en Cisne Negro (Darren Aronosfsky, 2010). Pero donde probablemente consigue un ejercicio más creativo y esperanzador de lectura es con su reflexión sobre Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), destacando el carácter antropológico y el trasfondo cristiano del director, por sus reflejos en la pantalla del don de uno mismo para salvar al otro y de la apertura a la oración, aunque casi no se sepa rezar, en situaciones límite.

Probablemente más lejos de  la comedia y más próximas al drama se sitúan las películas del capítulo 5, titulado “La perdida de los sueños, la negación del yo”. Las califica de películas complejas, difíciles de digerir,  pues reflejan lo que la autora presenta con pleno acierto así: «la posmodernidad se ve marcada por tres ejes principales que definen el modo de vida contemporáneo: la alegría, la ansiedad y la melancolía» (pág. 115). Sus personajes son jóvenes adultos cuyo modo de vida es querer pasárselo bien.  En Beautifil Girls (Ted Demme, 1993), aun preserva la pequeña familia como un lugar de paz, feliz dentro de su pequeño caos, en medio de un contexto decadente. Pero tanto en  Revolutionary Road (Sam Mendes, 2008),  como en Blue Valentine (Dereck Cainfrance, 2010) o en Young Adult (Jason Reitam) la frustración de los sueños parece no tener redención. Sin embargo, la autora vuelve a dejarnos con buen sabor de boca cuando una lectura apasionante de la última película de Stanley Kubrick, Eyes Wide Shut (1999), nos relata la escena final, en la que Kidman perdona a su marido: «Es una escena de perdón y de aceptación y de lucha dentro del matrimonio que tantas referencias puede hallar en el cine clásico, en esa mujeres del lejano oeste de las cintas de John Ford que esperan a sus maridos, que les perdonan, les comprenden, les abrazan y les aman de por vida, pese a que, como dice el personaje de kidman el “para siempre” da miedo.» (pag. 133).

III.- Sobre todo, mujer.

La autora: Belén Ester Casas. Mujeres y feminismo en el cine

La autora: Belén Ester Casas.
Mujeres y feminismo en el cine

A los esquema de los caracteres del capítulo 5, la mejor réplica se lo dan las mujeres protagonistas del capítulo 10. La autora las agrupa con el título “La mujer elástica”, tomando prestado el personaje de la película de Walt Disney Los increíbles. son esas mujeres que buscan llegar a todo: al trabajo y la familia, al éxito y al corazón. Son elásticas. Y las cuentas salen con éxito sólo a veces. Así, Kramer contra Kramer (Robert Benton, 1979), Baby, tú vales mucho (Charles Shyer, 1987), Un día inolvidable (Michael Hoffman, 1996) y sobre todo En tiera de Hombres -no podía ser de otra manera con la película que da título a la obra-, presentan ese drama cotidiano de la mujer, que adquiere tonos de violencia cuando en el trabajo tiene que soportar conductas de sexismo o violencia. También Todo sobre mi madre (Pedro Almodóvar)  tiene aquí su lugar, recibiendo su director el reconocimiento por parte de la autora por la admiración y la dedicación con que el director manchego ha tratado el universo femenino.

Muy original resulta el capítulo 11, perfectamente coherente con el feminismo de la mujer concreta, un pequeño homenaje a “La vida más allá de los 40” y a actrices que han mantenido su vigencia cuando el físico puede empezar a acusar la edad. Sin embargo, no deja de apuntar críticamente películas en las que esa pervivencia de la mujer madura adquiere caracteres adolescentes, como en Dos madres perfectas (Anne Fontaine, 2013) o en Los chicos están bien  (Lisa Cholodenko, 2010) en la que la autora señala: «lo que sorprende en esta cinta es, sobre todo, que en esa aparentemente inocente transgresión de los modelos clásicos de familia, el varón heterosexual sufre un maltrato evidente» (pág. 204), juicio en el que coincide con el Luis Martínez, crítico de El Mundo.

La obra contiene dos capítulos más que permiten contraponer la imagen femenina de las mujeres de Disney (capítulo 8) y las superheroínas de la Marvel y las heroínas del cine de acción (capítulo 9). Dos apuntes rápidos de la autora: en las  películas de mujeres de Disney, ausencia de familias completas. Siempre falta un miembro del matrimonio. En las heroínas… con mucha frecuencia presentan looks al servicio de la mirada más sexista del varón… No se puede bajar la guardia.

El último capítulo rinde homenaje a tres directores que siguen profundizando en el mundo femenino: Rodrigo García, Alejandro González Inárritu y Sofía Coppola.

Lo hasta ahora expuesto pretendía mostrar cómo la autora cumple con excelencia su objetivo de dar cuenta del feminismo en el cine de hoy. Con valoración posicionada del feminismo, con indudable amor al cine actual y a sus creadores, del que el capítulo 12 es prueba inequívoca, si es que hacía falta algo más.

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Pero lo que la autora llama “una obertura” y “un epílogo” -Carta de amor a Meryl Streep- redunda en su pasión por el tema de la mujer. Hace tiempo que estoy convencido que para hablar bien del matrimonio no basta que uno ame a su cónyuge. Es necesario también amar lo que hace una caro, el matrimonio. Belén Ester Casas me ha confirmado algo con una cierta analogía, que hace tiempo me enseñó mi esposa:  para hablar adecuadamente del mejor feminismo, no basta estar implicada con los derechos de las mujeres, hay que amarlas como son: abuelas, madres, hijas, esposas, hermanas… o, incluso, como testimonia Belén,  estrellas de cine que nos hacen soñar en algo mejor.

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José Alfredo Peris Cancio

José Alfredo Peris Cancio

Licenciado en Derecho y en Filosofía y Ciencias de la Educación. Doctor en Derecho con una tesis sobre el paradigma del iusnaturalismo tomista en su génesis histórica y en la actualidad. Autor de diversos artículos y publicaciones sobre derechos humanos y de la familia, así como sobre temas de biojurídica. En los últimos años ha intensificado su investigación sobre los directores del Hollywood clásico, teniendo como referencia la obra de Stanley Cavell. Ha publicado estudios sobre Georges Stevens, Henry Koster, Mitchell Leisen y Frank Capra.
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2 Responses to "Belén Ester Casas (2015 ). En tierra de hombres. Madrid: Encuentro."

  • Belén Ester Casas
    17/02/2017 - 13:32 Reply

    José Alfredo, soy Belén Ester, autora de “En tierra de hombres”. Ha sido para mí un honor inesperado leer este trabajadísimo artículo dedicado a la valoración de mi libro. Créame si le digo que este tipo de descubrimientos me animan a seguir dedicando tiempo y estudio a este tema inagotable y que me llena de orgullo no sólo las cosas que dice de mi libro sino el cariño con que lo ha hecho.
    Gracias de nuevo y un abrazo
    belén

    • José Sanmartín Esplugues
      José Sanmartín Esplugues
      23/02/2017 - 10:02 Reply

      Hola, Belén: ¡Qué alegría tu comentario (perdón si me tomo la libertad de tutearte)! Muchísimas gracias. Ya te imaginas cuanto disfruté leyendo tu libro, y cómo quise reflejar lo mucho que había aprendido con él. Ya voy teniendo una edad (54) en que notas que el futuro es inexorablemente finito y nada se agradece más que dedicar el tiempo a labores fecundas: tu libro y el cine que reflejas anima a profundizar creativamente en el tema de la mujer hoy. ¿Hay algo más necesario hoy para seguir manteniendo nuestra condición personal en tiempos de inividualismo mecánico e intercambiable? Si me permites la confianza, desde la revista de Filosofía de la UCV se me ha encargado, junto al profesor Tomás Domingo´Moratalla (UCM), coordinar un suplemente de filosofía y cine, con el tema “La vida humana en la filosofía y en el cine”. ¿Estarías inclinada a escribir un artículo, algo así como “el relato de la vida de la mujer en el cine” (desarrollando temas que te gustaría prolongar desde tu monografía). Si te animas, el director ejecutivo de la revista, el Dr. D. Alfredo Esteve te hablaría de plazos y requisitos. Además de Tomás contamos con Thomas E. Watenberg, Wes Gehring, Eduardo Torres-Dulce, Pablo Echart, Ginés Marco, el profesor José Sanmartín y un servidor… Tu contribución sería muy importante para el equilirbio de perspectivas. Ya nos dices si es posible. En todo caso muchas gracias de nuevo por tus palabras y que el Señor y su Madre te sigan cuidando y bendiciendo. Un abrazo muy fuerte, j a peris cancio

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