La vanguardia en la Revista de Occidente

Resumen:
Pensar en la presencia de las vanguardias en Revista de Occidente es tema de una larga investigación, porque, de hecho, las vanguardias, en sus distintas manifestaciones, están por doquier, por todas partes. Esta exposición, por mor de brevedad y precisión, se ceñirá a la primera época de la revista, la que va del 23 al 36; para lograr visualizar un panorama detallado, se agrupará a los distintos personajes en categorías que ejemplifican las secciones de la revista, mostrando, con ello, la omnipresencia de ciertos autores y corrientes. Finalmente, se hará notar que todas las artes, plásticas y no plásticas, tienen cabida en la Revista de Occidente.
Palabras clave:
Revista de Occidente, vanguardias, Ortega y Gasset.
1. Introducción
1.1. El nacimiento de la Revista de Occidente
Se suele denominar “Edad de plata” de la cultura española al período comprendido entre 1898 y 1936, época en la que conviven los intelectuales de tres generaciones: la del 98, la del 14 y la del 27. Las tres coincidieron en la primera época de Revista de Occidente. Esta se convirtió en cobijo y hogar de escritores y artistas plásticos, al tiempo que se consagró como plataforma de reflexión y crítica de las diversas formas de arte de esta época[1].
Según señala Juan Marqués, de entre estas tres generaciones, la del 27, en concreto, debe mucho a la Revista de Occidente, y de modo especial al instinto de Fernando Vela[2], que, para muchos, fue el alma de la revista. Sea esto así o no, parece evidente que la confluencia de estas generaciones retrata bien la convulsión creativa de la época en la que nace la Revista de Occidente, allá por 1923, en pleno apogeo de las vanguardias históricas, que florecen, brotan y pululan por ese espacio histórico y geográfico que reivindica la revista: Occidente.
1.2. El título de la revista
La occidentalidad del título alude, según declara el anónimo autor de los “Propósitos”, texto publicado sin firma en el primer número de la Revista de Occidente –e incluido en las obras completas de Ortega–, a uno de los rasgos más genuinos del momento de posguerra que se estaba viviendo: la aproximación de los pueblos, aunque las apariencias no parecieran indicar ese hecho. Para el autor del texto
los vocablos de hostilidad no impiden que hoy cuenten más los unos con los otros y, aunque de mal humor, se penetren y convivan[3].
Si esta es la situación, parece necesario hacer que en la Revista de Occidente suenen las voces nuevas de España, pero también las de
todos los hombres de Occidente cuya palabra ejemplar signifique una pulsación interesante del alma contemporánea[4].
La Revista de Occidente se suma así a las numerosas revistas que florecen en esta época en Europa e Hispanoamérica para dar cuenta comprensiva de los hechos convulsos que se están produciendo en esta época de cambio.
1.3. El contenido: los temas de nuestro tiempo
Ortega, en sintonía con este occidente al que alude como aspiración, comprendió que la nueva sociedad podía ser topografiada por medio de las revistas[5], que en este momento devienen el ámbito privilegiado en el que acontecen “los temas de nuestro tiempo”. En ellas se hacen visibles los asuntos de cada día; en ellas se forja la opinión pública y se pone un cierto coto a la incertidumbre de lo por venir. La Revista de Occidente se suma a sus revistas hermanas europeas e hispanoamericanas para dar lugar a un proyecto de regeneración intelectual, de las sensibilidades, de los modos de estar en el mundo. Ródenas de Moya señala que
es imposible exagerar la calidad y trascendencia de esta revista mensual en la cultura española de los años veinte y treinta: determinó modos de pensar y modas literarias, enalteció a ciertos autores, engendró rencor incurable en otros, se convirtió en la tribuna internacional a la que cualquier escritor aspiraba a subir y creó su propia editorial, con un catálogo tan abrumador como son hoy los índices de la revista[6].
1.4. La vanguardia literaria
La primera época de la revista va de 1923 a 1936, lo que hace un total de 157 números. El año 23 es el de El tema de nuestro tiempo[7]de Ortega y Gasset, pero también el de un buen número de obras literarias de vanguardia (La tierra baldía de T. S. Eliot, Las elegías de Duino de Rainer Maria Rilke, o Eupalinos ou l’architecte de Paul Valéry), y del florecer de autores españoles, como Ramón Gómez de la Serna, José Bergamín, Wenceslao Fernández Flórez, Eugenio d’Ors…
La revista no fue ajena a esta realidad y se situó con voz propia en este desarrollo de la vanguardia literaria. De hecho, a lo largo de los 157 números de esta primera época publicó poesía, extractos y adelantos de novelas y relatos de todas las figuras de la vanguardia literaria española: Ramón Gómez de la Serna, Francisco Ayala, Rosa Chacel, Rafel Alberti, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Jorge Guillén, Miguel Hernández, Pedro Salinas, Guillermo de Torre, Juan Chabás, Ernesto Giménez…, moviéndose entre un cierto aristocratismo y la apertura a las nuevas generaciones[8], que encontraron acomodo en muchos casos en colecciones editoriales, como Nova novorum, que vincularon la narrativa en español de ambos lados de Atlántico con las vanguardias europeas. Para los autores jóvenes, publicar en Revista de Occidente significaba
medirse con los grandes, y llegar a un lectorado de calidad[9].
Centro de difusión de las vanguardias artísticas y literarias
No parece haber duda de que, como señala Eve Fourmont,
la Revista de Occidente, con su editorial y su tertulia, fue un importante centro de difusión de las vanguardias tanto artísticas como literarias. La mayor parte de los novelistas, pintores y poetas que cita Ortega en su ensayo de 1925 sobre La deshumanización del arte fueron objeto de artículos en la revista; ésta constituía a la vez una fuente para el filósofo, que se remitía a la opinión de sus colaboradores, y un lugar de culminación de sus propias teorías, a menudo retomadas y desarrolladas por estos últimos. La revista era un canal de divulgación de las nuevas estéticas, ponía de relieve las relaciones entre poesía y artes plásticas, arquitectura y música. Jóvenes artistas ilustraban sus portadas y páginas interiores. La revista defendía o criticaba las nuevas tendencias: cubismo, poesía pura, surrealismo… Su línea editorial, lejos de plebiscitar todas las vanguardias, era más bien crítica[10].
1.5. Las artes y las ideas

Parecía evidente en este contexto, que, como indica Ortega, en Sobre el punto de vista en las artes, la historia del arte había de ser revisada a partir de la experiencia de la vanguardia[11]. A tal revisión colaboró de manera sustancial, en efecto, la Revista de Occidente.
Esta tarea aparece claramente encomendada a los colaboradores de la revista ya en el texto aludido, “Propósitos”. El autor del texto sostiene en esta declaración de principios y de intenciones que “los propósitos de la Revista de Occidente son bastante sencillos”. Esa sencillez se concreta en la atención al hecho de que
existe en España e Hispano-América un número crecido de personas que se complacen en una gozosa y serena contemplación de las ideas y del arte.
Ya de entrada estos dos elementos –ideas y arte– quedan equiparados como objetos de contemplación de lo que “se siente, se hace y se padece en el mundo”. El redactor del texto señala que
esta curiosidad, (…) va lo mismo al pensamiento o la poesía que al acontecimiento público y al secreto rumbo de las naciones;
es una
curiosidad ni exclusivamente estética ni especialmente científica o política,
sino que se siente
por el vasto germinar de la vida en torno y es el deseo de vivir cara a cara con la honda realidad contemporánea[12].
Cultura, y no política
Esta curiosidad por conocer “por dónde va el mundo” pone en juego una panoplia de recursos: el ensayo filosófico, los textos científicos, la reflexión sobre el desarrollo urbano, y cómo no, la reflexión sobre las artes. La Revista de Occidente venía así a sumarse a las otras que, para dar cuenta consciente de esos cambios, concretaban en sí los anhelos estéticos, filosóficos y artísticos de la nueva época. Lo que va a constituir el magma nutricio de la revista es la cultura, y no la política porque esta, como se dice también en los “Propósitos”, no aspira a entender las cosas[13]. En esta atención a la cultura, como señala Fernando Castillo,
en la nueva Revista de Occidente iba a exponerse una cosa y su contraria, revelando las contradicciones de la época. Desde el vanguardismo a la deshumanización, del neopopularismo al clasicismo renovado, la tensión entre el cosmopolitismo y lo nacional, entre la ciudad y el campo, entre masas y élites, entre entrega a la técnica y rechazo a la máquina… Todas las dudas del momento, todas las preguntas y la búsqueda de respuestas, tenían cabida en Revista de Occidente [14].
2. Las vanguardias en Revista de Occidente
Los “propósitos” a los que venimos haciendo referencia apuntan también a las vanguardias como una de las encarnaciones más visibles de todos estos cambios que acontecen. El arte de vanguardia, el arte deshumanizado, intrascendente, iconoclasta, ensimismado, juguetón, puro, irónico, el arte de minorías, es aquel con el que Ortega lidia en La deshumanización del arte, de 1925, un arte segregador, que separa a aquellos que lo entienden de los que no, cosa que ya había apuntado el filósofo en 1923 en El tema de nuestro tiempo. Las vanguardias son, así pues, parte fundamental del tema de nuestro tiempo.
Ahora bien, vanguardia es un término muy amplio[15], que no solo tiene un significado artístico, sino que, en virtud de su origen militar, puede aplicarse, y de hecho se aplica, a las propuestas científicas, políticas, filosóficas que acontecen en esa época de giro que son los años 20, donde todo parece haberse quedado viejo de golpe.
Pero, sin duda, el término ha quedado, en cierto modo, ligado a las vanguardias históricas, es decir, a los movimientos artísticos rompedores que acontecen en las décadas previas y en el entorno temporal en el que se funda la Revista de Occidente, donde parece que todos los “ismos” están presentes o anuncian su llegada. La Revista de Occidente les sirve a Ortega y a sus colaboradores para estar al día de todos estos recovecos artísticos y también para promoverlos –o no– en el nuevo proyecto cultural. Al mismo tiempo, la revista ofrece a los artistas de vanguardia recursos para articular teóricamente sus propuestas. Como señala Fourment, la Revista de Occidente proporcionó a estos escritores un soporte sólido y prestigioso, del mismo modo que La deshumanización del arte les dotó de un fundamento estético-filosófico[16].
2.1. La cabecera y las portadas ultraístas

Esta simbiosis se percibe cuando se analizan con algo de detalle las diversas secciones de la revista. Basta comenzar por la cabecera. Ramón Gómez de la Serna escribe, en su autobiografía, que lleva por título Automoribundia, que la cabecera de la revista era «de un verde del que solo se da en algunas plantas de América, quizás en las proximidades del Amazonas» y sus letras eran «de largas des y de pes con larga espalda». Esta tipografía y este diseño, muy del estilo de los años veinte, proclamaban desde la cubierta, junto a la viñeta que la ilustraba, que la revista apostaba por la modernidad y por lo nuevo[17].
Si desplazamos la mirada de la cabecera a la portada en su conjunto, vemos que esta vocación se materializa en las ilustraciones. El león-Leo (signo zodiacal) que ilustra el número 1, publicado en 1923, es obra de Rafael Barradas, pintor vibracionista uruguayo y principal ilustrador de las revistas ultraístas[18]. Conviene decir, ya de entrada, que esta vanguardia, el ultraísmo, inspirada por Rafael Cansinos-Assens, opuesta al novecentismo, relacionada con el creacionismo, el dadaísmo, el futurismo y cuya máxima es la apuesta por todo lo nuevo sin distinción, está muy presente en la Revista en la primera época, sobre todo en la persona de Guillermo de Torre (autor del Manifiesto vertical, de 1920[19]), cuñado de Borges y líder de este movimiento, que actúa en la revista como un factótum: reseñista, colaborador, traductor… Obviamente, también Borges representará este movimiento en la revista, aunque sus colaboraciones principales son posteriores a esta militancia.
Otros ilustradores del ultraísmo
La relación de las portadas con el ultraísmo no se acaba con Barradas[20]. Este será sustituido por Francisco Bores a partir del n. 18, que a su vez lo será, en el número de julio de 1926, por Carlos Sáenz de Tejada, ultraísta. A su vez, este lo será a partir del n. 49 por el portugués y pessoano, cubista y futurista, José de Almada Negreiros, que vivía por entonces en Madrid. A partir del 61 lo reemplaza el polaco Wladyslaw Jahl, también ilustrador de Ultra, la revista ultraísta que se publicó en Madrid en los años 1921 y 1922, quien seguirá hasta el n. 84; después volverá Almada.
En el n. 91 regresa Jahl, que colaborará hasta el n. 94; a partir de este, las portadas serán de Maruja Mallo, que será la viñetista hasta el n. 108. La relación de esta con la Revista de Occidente fue especialmente significativa, pues el mismo Ortega posibilitó que esta musa vanguardista, en la pluma de escritores como Ramón Gómez de la Serna o Ernesto Giménez Caballero, celebrase una exposición privada en la sede de la Revista de Occidente, en 1928, en la que destacaron sus lienzos dedicados a las verbenas madrileñas, síntesis de tradición y modernidad[21].
A partir del n. 109, el ilustrador será Santiago Ontañón. Maruja Mallo vuelve en el 121 y será sustituida a partir del n. 134 por el grafista polaco Mariano Rawicz (posiblemente con su compatriota Amster,), que muy pronto dejará paso a Ricardo Fuente. En el n. 144 se reincorpora Maruja Mallo, que será viñetista hasta el n. 156, ya de 1936, año en el que la revista solo sale de enero a julio, debido al inicio de la guerra civil española. En el último número, el 157, la ilustradora de portada será Norah Borges (la hermana escritora de Borges, esposa de Guillermo de Torre).
Más elementos ultraístas
La presencia del ultraísmo no acaba aquí. Este movimiento volverá a estar presente en los dibujos sobre el Viaducto, tan querido por los ultraístas, de Gabriel García Maroto publicados en el n. 26 y en cierta forma en el adelanto que en los nn. 152-153 hace Evaristo Correa Calderón (director, en su época ultraísta, de la revista lucense Ronsel) de su Teoría de la Atlántida y otras historias fabulosas[22]. El ultraísmo es también perceptible en la persona de Eugenio Montes (que en el n. 25 reseña Literaturas europeas de vanguardia de Guillermo de Torre).
Este interés en establecer una seña de identidad en las portadas es fruto de una determinada intencionalidad. No se trata solo de ilustrar por ilustrar, sino de continuar la tradición occidental de comenzar los libros imprimiendo una imagen en su primera página que desvela, a modo de alegoría, bien el contenido del libro, bien una declaración de intenciones, en este caso, de clara sintonía con las vanguardias que triunfaban en la época.
Otras vanguardias presentes
Si bien el ultraísmo parece dominar la presencia de las vanguardias en estos primeros años, no es la única. Hay otras. El sencillismo lo encarna Baldomero Fernández Moreno, reseñado en el n. 11. El constructivismo aparece en las escenografías que ilustran la reflexión de Baeza sobre el teatro en la URSS, en el n. 12, a partir del The New Theatre and Cinema of Soviet Russia, de Huntly Carter. El simbolismo está presente en los dibujos, en el n. 14, del pintor Néstor [Martín-Fernández de la Torre].
El surrealismo aparece en varios lugares, como en el artículo de Corpus «Sobre un ídolo» (n. 16), en el comentario que hace Díez-Canedo sobre la reivindicación del simbolista Saint-Pol-Roux por parte los surrealistas (n. 24), en el comentario que Guillermo de Torre hace a la relación que existe entre surrealismo y suicidio en el n. 145, así como en una nota que publica en el n. 18 Fernando Vela, «El suprarrealismo», con motivo de la aparición del Manifiesto surrealista de en André Breton.
El estridentismo se hace presente en la reseña que Ayala hace en el n. 54 del texto El movimiento estridentista, de Germán List Arzubide. La mayoría de las vanguardias, cada una con su manifiesto diferenciador –pues todas se definen contra algo– se hacen presentes de una u otra forma en la Revista de Occidente. La misma estructura periódica de las revistas permitía saltar de una vanguardia a otra sin solución de continuidad.
2.2. Dentro de la revista
Esta presencia de la vanguardia se constata, más allá de estas aproximaciones genéricas, si nos adentramos con más detalle en las páginas de la revista. Ahí podemos comprobar que, a lo largo de los primeros números, hay infinidad de reseñas de obras poéticas y literarias de tinte vanguardista, tanto de autores de habla española (Gerardo Diego, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Pedro Salinas, Claudio de la Torre, Manuel Machado, Valle Inclán, Rafel Alberti, Manuel Altolaguirre, Pedro Garfias, Emilio Mosteiro, Gómez de la Serna, Chabás, García Lorca, Emilio Prados, Manuel Maples Arce, León Felipe, Alfonso Reyes, etc.) como de escritores de otras lenguas (Paul Morand, Jean Cocteau, Nathalie Clifford Barney, Apollinaire, Raymond Radiguet, Paul Valery, Hart Crane, Mallarmé, Rimbaud, Kafka, Valery Larbaud –este reseñado por Marcelle Auclair, la primera mujer que interviene en la revista, en el n. 22, que luego será biógrafa de García Lorca–, Paul Morand, John Dos Passos ‒cuyo Manhattan Transfer será reseñado por Ayala en el n. 73‒ o Thomas Mann ‒cuya La montaña mágica será reseñada por Ricardo Gullón en el n. 140‒.
2.2.1. Las reseñas
Ese género literario, en apariencia tan humilde, en el que se comentan y se glosan obras literarias, pero también películas y exposiciones artísticas, etc. es uno de los principales medios que la Revista de Occidente usa para acercar las novedades europeas y nacionales a sus lectores y, como hemos señalado, a sus propios colaboradores, que, de este modo, están al día de lo que acontece en los círculos culturales.
Entre los reseñistas siempre están Corpus Barga, Benjamín Jarnés (de este puede destacarse su reseña, en el n. 39, de El retrato del artista adolescente, de James Joyce, traducido para Biblioteca Nueva por Dámaso Alonso), Gerardo Diego, Antonio Marichalar, Juan Chabás, Guillermo de Torre (que en el n. 44 reseña el Índice de la nueva poesía americana, de Alberto Hidalgo, con un prólogo suyo y otros dos de Borges y Huidobro), Francisco Ayala, Antonio Espina (que en el n. 69 reseña Littérature espagnole, manual que atiende a las innovaciones de la época, de Jean Cassou) y Alfonso Reyes.
2.2.2. Preimpresiones
Además de las reseñas, un apartado clave en la introducción de las vanguardias en el panorama español lo constituyen las presentaciones de textos poéticos y literarios –en ocasiones en forma de preimpresiones o adelantos, y otras como textos completos–, tanto de originales escritos en español como de traducciones que se publicarán después. Así, nos encontramos con textos originales de Jorge Guillén, Antonio Machado, Gerardo Diego, Claudio de la Torre, Pedro Salinas, Juan Chabás, Ernesto Giménez Caballero, Pedro Perdomo Acedo, Valentín Andrés Álvarez, Luis Cernuda, Rafael Alberti, Georg Kaiser, Ramón Gómez de la Serna, Victoria Ocampo, Rosa Chacel, etc.

A modo de ejemplo, en el n. 34, de 1926, se publica la «Oda a Salvador Dalí» de García Lorca, y de este también su «Santa Lucía y San Lázaro», en el n. 53, dedicada al crítico de arte catalán Sebastià Gasch. En el n. 55 se publican unos «Romances gitanos» pertenecientes al Primer romancero gitano, que, con cubierta suya, publica ese año de 1928 Nova Novorum, que al año siguiente reeditará Canciones, cuya primera edición había aparecido en Málaga en 1927. El romancero será reseñado en el número 63 por Fernández Almagro.
De Lorca aparece también en el 66 la «Oda al santísimo sacramento del altar» y en el 91 el adelanto de lo que será su libro póstumo Poeta en Nueva York. Parece ser que en todo este proceso tuvo mucho que ver Fernando Vela. A este le dedicó Lorca un poema, agradecido por la publicación del Primer romancero gitano y la reedición de las Canciones, culminando una serie donde ya habían aparecido Cántico de Jorge Guillén, Seguro azar de Pedro Salinas y Cal y canto de Rafael Alberti[23]. Un hito comparable a estas publicaciones lorquianas será la publicación de los poemas de Miguel Hernández en el n. 150.
En el 88 se incluye el relato de Ayala «Erika ante el invierno». Ya en el n. 17, Borges había publicado «Menoscabo y grandeza de Quevedo», que al año siguiente integrará en Inquisiciones, obra que será reseñada en el n. 25 por Jarnés. A Borges también le prestará atención Guillermo de Torre, que en el n. 33 reseña Luna de enfrente, el segundo poemario de Borges. También Rafael Alberti es de los que adelantan obras. En el n. 25, lo hace con El alba del alhelí, que se publicará en 1927. En el n. 63 publica “Huésped de las nieblas»; en el n. 67, Sobre los ángeles. Pedro Salinas adelanta su Entrada en Sevilla en el número 27. En el n. 55 Jarnés, adelanta Locura y muerte de nadie, novela que aparecerá en 1929 en ediciones Oriente.
En el n. 65 Gómez de la Serna adelanta su Azorín y Jarnés San Alejo, que aparecerá en 1934. Gómez de la Serna publica en los nn. 76 y 78 los tres actos de su comedia Los medios seres; Neruda publica en el 133 su elegía «Alberto Rojas Giménez viene volando». Edgar Neville, en el n. 56, publica “Stella Matutina». En el n. 61 Jorge Guillén adelanta cinco poemas de Cántico. En el 62, García Gómez avanza su antología de Poemas arabigoandaluces.
En los nn. 75 y 76, Ayala adelanta Cazador en el alba. En el 77, de 1929, Azorín anticipa su «prenovela» Superrealismo, publicada por Biblioteca Nueva (será reseñada por Espina en el n. 82), Cernuda adelanta «Cuerpo en pena») y Rosa Chacel Teresa, novela adelantada en este 1929, que no será publicada hasta 1963, en Aguilar. En el n. 83 Torres Bodet anticipa su poemario Destierro y Aleixandre da un adelanto de Espadas como labios en el 104. Podríamos seguir indefinidamente; el hecho es que la Revista de Occidente cobija la escritura que le es coetánea.
2.2.3. Traducciones
También se convierte la revista en hogar de las letras que le son contemporáneas abriendo el espacio a los escritores que requieren traducción. En el n. 53, Italo Svevo publica «Vino generoso” y en los nn. 70 y 71 se incluye el drama El emperador Jones, de Eugene O’Neill. Entre los autores extranjeros presentes en esos primeros años de la revista había varios inéditos en España hasta ese momento, como Franz Kafka, de quien se traduce en los nn. 24-25 La metamorfosis (en versión de Margarita Nelken)[24]. De este autor aparece también en el n. 113 «El hombre del trapecio». Es de destacar también, en el n. 72, la traducción por parte de Jorge Guillén de El cementerio marino, de Valéry.
También pasan por sus páginas Virginia Woolf, James Joyce, Joseph Conrad, William Faulkner, John Dos Passos, Thomas Mann, Ernest Hemingway, D. H. Lawrence, Rainer Maria Rilke o Jean Cocteau, lo que da cuenta de lo atentos que estaban los editores a lo que sucedía en ese occidente al que se miraba[25]. Es evidente que esta nómina de literatos se completaba con otra serie de personajes de primer orden, como Bertrand Russell, Max Scheler, Georg Simmel, Leo Frobenius, Aldous Huxley, Carl G. Jung, Sigmund Freud, Albert Einstein, Heisenberg, Spengler, Schrödinger, Curtius, Huizinga, Max Weber, Stefan Zweig, Hermann Weyl, Eddington, Schrödinger, Ebbinghaus, Whitehead, Carl Schmitt, De Broglie, Eddington, Burckhardt, Lewis Mumford, Franz Brentano, entre otros muchos.
Una anécdota de Ortega y Gasset
Algunos de estos acabaron teniendo más influencia en el pensamiento estético vanguardista de lo que cabría imaginar, como es el caso de ese trinomio que forman Einstein-Ortega-Gómez de la Serna. Este cuenta que Ortega visitó su vivienda-torreón de la calle Velázquez, atiborrada de objetos que había comprado en el Rastro y, apunta que en ese torreón
confesaba él que fue donde vio claro el secreto del arte moderno […][26].
Este secreto no era otro que la confluencia de distintos tiempos en un mismo espacio, en una misma mirada que puede, sin embargo, variar el enfoque cuantas veces sea necesario para captar en su máxima amplitud la realidad circundante.
El secreto del arte moderno, forzosamente, debía pasar por las interrogantes que la Teoría de la Relatividad de Einstein había abierto a las mentes que trataban subjetivamente de explicarse el mundo desde la creación[27].
2.2.4. Antologías de textos
Otro modo de reflejar la creación occidental es mediante las antologías de textos que tienen a un determinado autor como objeto, como, p.ej., la que se hace sobre Mallarmé en el n. 5 (1923) en la que intervienen José Bergamín, Mauricio Bacarisse, José María Chacón y Calvo, Díez-Canedo, Marichalar, José Moreno Villa, Eugenio d’Ors, Ortega y Alfonso Reyes.
2.2.5. Artículos de fondo
Es evidente que en la Revista de Occidente no podían faltar los artículos de fondo, en los que se trata de las cuestiones que afectan a nuestro asunto –las vanguardias– en profundidad. Tal es el caso del texto de Ortega «Sobre el punto de vista en las artes», que tiene por tema, entre otros asuntos, el impresionismo y el cubismo (n. 8, 1924). Aparecen también las “Reflexiones sobre la lírica» de Antonio Machado, en el n. 24, inspiradas en Colección, [poesías] de Moreno Villa. En el n. 27 encontramos las “Reflexiones sobre la pintura nueva” del pintor polaco (afincado entonces en España y colaborador de Ultra y otras revistas) Marjan Paszkiewicz. En el n. 36, Marichalar publica «Girola: Divagaciones en torno al misterio de la estética actual», una conferencia en el Museo de Arte Moderno de la que se hizo separata, posiblemente la única en la historia de la revista[28].
En el n. 50 se publica el ensayo de Gerardo Diego «Devoción y meditación de Juan Gris», donde presenta su admiración por su amigo, el pintor cubista al que había dedicado un poema de Manual de espumas[29], y en el que analiza la aportación del cubismo a la historia del arte. Este autor colabora con diversos textos sobre Góngora, que está muy presente en la revista por obra suya y de Dámaso Alonso y Antonio Marichalar, en 1926-1927, cuando se da el debate en torno a poseía pura y poesía comprometida.
2.2.6. Anticipos de ensayos
También entre estos ensayos hay anticipos de textos. Tal es el caso del adelanto, en el n. 48, de Realismo mágico. Post-expresionismo (Problemas de la pintura europea más reciente), de Franz Roh, traducido por Vela a recomendación de Zubiri. Será publicado por la editorial Revista de Occidente en 1927. Este texto tuvo una enorme influencia en Maruja Mallo, Alfonso Ponce de León o el grancanario José Jorge Oramas, y en muchos autores latinoamericanos, de modo especial en Alejo Carpentier, que se apropiará del concepto, el cual servirá para caracterizar la narrativa a hispanoamericana de los sesenta en adelante. Este texto será reseñado en el n. 49 por Espina[30]. Asimismo, en este n. 48, Waldo Frank adelanta «La mujer norteamericana» y «Las artes actuales en Norteamérica», de Nuevo descubrimiento de América.
En esta lista, que es imposible que sea exhaustiva, quizá convenga resaltar el largo texto que aparece en 1928, en el n. 57, de Giménez Caballero, que lleva por título “Eoántropo (El hombre auroral del arte nuevo)”, que está dedicado por entero a las vanguardias. Es un escrito que contiene numerosas ilustraciones, y en el que se cita prácticamente a todo el que sonaba en la época, desde Apollinaire, la Bauhaus, Cocteau, Giorgio de Chirico, Otto Dix, Max Ernst, Gómez de la Serna, Gutiérrez Solana, Kandinsky, Le Corbusier, Léger, Mallarmé, Marinetti, Miró, el Modigliani escultor, Obermaier, Picasso, Diego Rivera, Roh, Cossío, Dalí, Maruja Mallo, Esteban Vicente…[31]. Incluso Altamira juega un papel en este discurso, uno de cuyos propósitos es concretar las influencias de la prehistoria en el arte nuevo.
Hay que resaltar en el n. 59, el ensayo, muy ilustrado, de Le Corbusier, titulado «Arquitectura de época maquinista». También del pintor purista francés Amédée Ozenfant, a cuya obra se refiere Gómez de la Serna en el capítulo «Botellismo» de Ismos (1931), se publica el texto «De la naturaleza al arte», parte de su libro teórico Art[32]. En el n. 64, Moritz Geiger, el fenomenólogo discípulo de Husserl, publica «Acción superficial y acción profunda del arte», y Marichalar colabora con un ensayo sobre Valéry, «Introducción al método de Monsieur Teste». En el n. 68, de nuevo Marichalar presenta la «Nota negra», en la que busca el arte y la literatura negros, la música de jazz en Londres y París.
Picasso y el cubismo

Picasso tiene mucha presencia en la revista. En el n. 69, Corpus, en «Pintura nunca vista», glosa a Picasso y los «picasseños», con motivo de la exposición en el Jardín Botánico de los españoles de París en 1929. En el texto subraya que esta trata de la pintura poscubista, la pintura que es en acto, frente a la del museo, la pintura del tiempo frente a la de la eternidad que impide que el espectador intervenga.
En los nn. 73-74 Gómez de la Serna publica «Completa y verídica historia de Picasso y el cubismo», un avance de su texto Ismos (1931), editado por Biblioteca Nueva, en el que repasa la trayectoria vital de este pintor partiendo del arte del siglo XIX y subraya las características del cubismo frente al fauvismo, el impresionismo y otros ismos: su revuelta contra las apariencias, su atención a la superficie y evitación de la profundidad, su carácter deshumanizante (en la línea de Ortega).
Sobre Picasso volverá Jung en 1934, en el n. 131, para valorar todo el espacio inconsciente del artista en el proceso de creación y las resonancias míticas y mitológicas presentes en la obra del malagueño. Lo conceptúa como artista esquizofrénico, hecho que se manifiesta en el despedazamiento de las figuras que hace patentes sus grietas psíquicas y sus conflictos de sentimientos que el inconsciente reduce por la fuerza; no obstante, se muestra crítico con él, como había hecho en el n. 116 con el «Ulises» de James Joyce, novela a la que califica de «nihilismo infernal» y «pétreo inframundo». En ambos casos, «se busca lo feo, lo enfermizo, lo grotesco, lo incomprensible y lo frívolo no para expresar, sino para encubrir».
Otros adelantos de ensayos variados
En el n. 88 Gómez de la Serna adelanta «El hijo superrealista», otro capítulo de Ismos, que se une al ya citado «Botellismo», sobre Ozenfant, del n. 90, al que seguirá otro sobre Cocteau (que en Ismos se llamará «Serafismo»)[33] en el n. 95.
En el n. 91 Marichalar, en «Último grito», diserta sobre diversos aspectos de la vida literaria francesa y ensalza a André Malraux. De nuevo en el n. 95, Marichalar, en «Visto y oído», hará una suerte de cuasi-crónica, en la que mezcla diversas cosas, como el elogio a Eisenstein y su Acorazado Potemkin, a un Perro andaluz, de Buñuel, y se refiere al panfleto de los surrealistas contra la Exposición Colonial de París y aquel otro en que apoyan las quemas de iglesias en España[34], y el mismo Marichalar, en el nn. 110-111, reseñará la antología generacional de Gerardo Diego, en un largo texto, «Poesía eres tú».
2.2.7. El cine
En Revista de Occidente también estuvo presente el cine, que por entonces estaba adquiriendo su lenguaje propio. Así, p.ej., en el n. 23 Vela, en «Desde la ribera oscura (Sobre una estética del cine)”, publicado luego en El arte al cubo y otros ensayos (1927) desarrolla las tesis del teórico húngaro Béla Balázs. En el n. 34 Guillermo de Torre presenta el cine de vanguardia en su ensayo «Cinema».
En el n. 66 hay varios artículos dedicados al cine, entre ellos uno de Ayala sobre el actor francés Adolphe Menjou; otro de Rosa Chacel, sobre el Orphée, de Cocteau; y otro de Jarnés, «Cineclub», en el que se hace eco, entre otros, de Man Ray y Murnau. En el n. 70, Ayala, en «Indagación del cinema», adelanta el libro del mismo título. En el 77, Corpus, en «Cinematología: Almas y sombras», comenta dos películas norteamericanas de 1929: Hearts in Dixie, de Paul Sloane, y White Shadows in the South Seas. También Fernando Vela dejó escritos sobre el cine de Chaplin.
2.2.8. Reflexiones y críticas de arte
Como se ha señalado, las artes plásticas se habían puesto en práctica en las ilustraciones de portada y en las interiores. Pero también se reflexiona sobre ellas, como sucede en la reseña del n. 47, donde Sánchez Rivero se hace eco de la exposición de Daniel Vázquez Díaz en el Museo de Arte Moderno o en el n. 83, donde Jarnés escribe la necrológica de Gabriel Miró. En el n. 25 moreno Villa, en el texto «Nuevos artistas», propone una serie de reflexiones con reproducciones sobre varios participantes en la Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos, celebrada en el Palacio de Velázquez: Barradas («un albañil»), Bores («un desdeñoso»), Salvador Dalí («un geómetra»), Palencia («un óptico»), Ángel Ferrant («un escultor») y José María Ucelay («un dionisíaco»)[35]. En todos los casos presenta análisis críticos que algunos autores consideran
el modelo de crítica que se correspondería con los postulados de la modernidad poscubista [36],
entendida esta crítica como
un punto de vista intelectual sobre el arte. Y como todo ejercicio intelectual tiene que seguir dos direcciones al emprender el estudio del arte: señalar las diferencias y formar conceptos generales.
Esta es la tesis que defiende Sánchez Rivero en su comentario a la obra de Wölfflin Conceptos fundamentales en la historia del arte[37].
2.2.9. Música, moda, y otros
También la música tiene presencia en los escritos de Adolfo Salazar sobre Falla, Stravinsky, Erik Satie (n. 61), del director artístico Serguéi Diáguilev (n. 76), o los de Gerardo Diego sobre Ravel. En los nn. 136 y 137 se adelanta un fragmento de Crónicas de mi vida, de Ígor Stravinski, en traducción de Guillermo de Torre y con prólogo de Victoria Ocampo.
Por si esto no fuese suficiente, la revista contiene presentaciones de moda, como la del n. 9, Más París y más vanguardia: «Venus novísima: Ilustraciones de la desnaturalización del arte», de Corpus, sobre los trajes de Sonia Delaunay (con imágenes de esos trajes, que se ven en una serie que avanza hacia la desnaturalización). Hay también cartas, como la que cierra el n. 11, de Paul Valéry a “mon cher Ortega”.
La atención a lo que se está haciendo en otras partes del mundo se muestra también en la necrológica de Jacques Rivière, vinculado a la Nouvelle Revue Française, redactada por Corpus en el n. 21 o en la presentación en el mismo número por parte de Díez-Canedo de lo que acontece en el mundo poético norteamericano, especialmente a través de la revista hermana The Little Review y el papel que en ella desempeña Ezra Pound, a quien relaciona con Apollinaire y Picasso.
La colaboración entre los artistas de vanguardia y Revista de Occidente ha continuado hasta el día de hoy. En la segunda época (1963-1975) colaboran Rafael Canogar, Eduardo Chillida, Pablo Palazuelo, Manuel Rivera, Antonio Saura, Eusebio Sempere, que serán seguidos en las siguientes series por Ramón Gaya, José Guerrero, Antoni Tàpies, Fernando Zóbel, Pablo Serrano, Eduardo Arroyo, Soledad Sevilla, entre muchos otros…
Conclusión

Henares Cuéllar sintetiza lo que supuso la revista para el espacio de la Estética:
El espíritu de aventura y la manía pedagógica se conciertan para producir este apabullante resultado: una miscelánea, donde el intelecto se siente atraído por dos polos que con frecuencia se valoran contrapuestos: el aire de manifiesto y el rigor de las ciencias sociales. Creo poder afirmar que desde entonces no se ha conseguido un equilibrio similar en la pedagogía estética entre nosotros [38].
Los textos de Revista de Occidente crearon un contexto. No es solo que el texto se dé en un determinado contexto que posibilita que salga a la luz, o que lo obliga a salir. Al contrario, más bien es el texto el que saca el contexto de la inanidad de lo cotidiano. No hay texto sin contexto, pero tampoco contexto sin texto. El texto articula en torno a sí toda una problemática histórica y le permite darse forma. En España, eso es lo que hizo la Revista de Occidente, entre otras muchas cosas, con las vanguardias.
Por eso, cabe señalar también que, cuando se repasa la ingente tarea intelectual de la revista, llama la atención que aparezca de vez en cuando algún ensayo de temática clásica, como el del número 22 sobre Tomas de Aquino, pero no es lo habitual. Casi parece un acto más de rebeldía, teniendo en cuenta las polémicas que los discípulos de Ortega tendrán con los tomistas de la época.
Otro artículo de Sixto Castro publicado en esta web: El cine como filosofía
REFERENCIAS
Azaola, J. M. Zumalde, I., “Emmanuel Mounier (1905-1950)”, en Arbor 91-92 (1953) 382-411.
Bonet, Juan Ramón, “·Divagaciones occidentales. Revista de Occidente 1923-1936 mes a mes”, en Revista de Occidente o la modernidad española, Madrid, BNE, ACE/Fundación Ortega-Marañón, 2023, pp. 19-141.
Calinescu, Matei, Cinco caras de la modernidad. Modernismo, vanguardia, decadencia, kitsch, potmodernismo, Madrid, Tecnos/Alianza, 2023, 2ª ed.
Castillo, Fernando, “Ortega a la sombra de la Telefónica”, en Revista de Occidente o la modernidad española, Madrid, BNE, ACE/Fundación Ortega-Marañón, 2023, pp. 185-208.
Fourmont Giustiniani, Eve, “Estética raciovitalista”, en Javier Zamora Bonilla, Guía Comares de Ortega y Gasset, Granada, Comares, 2013, pp. 287-309.
Henares Cuéllar, Ignacio, “Las ideas estéticas en la Revista de Occidente (1923-1936). Apunte crítico”, en Cuad. Art. Gr. XXIII (1992) 517-534.
Lafuente Fernando R., “Revista de Occidente en la Edad de Plata”, en Revista de Occidente o la modernidad española, Madrid, BNE, ACE/Fundación Ortega-Marañón, 2023, pp. 145-168.
López Cobo, Azucena “De Einstein a Gómez de la Serna. La Teoría de la Relatividad y el secreto del arte moderno”, en Arbor. Ciencia, Pensamiento y Cultura, CLXXXIII 728 (2007) 911-921.
Marqués, Juan, “Fernando Vela, al pie de la obra”, en Revista de Occidente o la modernidad española, Madrid, BNE, ACE/Fundación Ortega-Marañón, 2023, pp. 169-184.
Ortega y Gasset, José, El tema de nuestro tiempo, Madrid, Calpe, 1923.
Ortega y Gasset, José, La deshumanización del arte, Madrid, Espasa-Calpe, 1987.
Ortega y Gasset, José, “Propósitos”, en Obras completas (1917-1925). Tomo III, Madrid, Santillana-Fundación Ortega y Gasset, 2012, pp. 529-530.
Ortega y Gasset, José, “Sobre el punto de vista en las artes”, en Revista de Occidente 8 (1924) 129-148.
Sánchez Rivero, A., “Una manera de considerar la historia del arte: E. Wolfflin,” en Revista de Occidente 18 (1924) 254-273.
NOTAS
[1] Fernando R. Lafuente, “Revista de Occidente en la Edad de Plata”, en Revista de Occidente o la modernidad española, Madrid, BNE, ACE/Fundación Ortega-Marañón, 2023, p. 147.
[2] Juan Marqués, “Fernando Vela, al pie de la obra”, en Revista de Occidente o la modernidad española, Madrid, BNE, AC/E-Fundación Ortega-Marañón, 2023, p. 181.
[3] José Ortega y Gasset, “Propósitos”, en Obras completas (1917-1925). Tomo III, Madrid, Santillana-Fundación Ortega y Gasset, 2012, p. 530.
[4] Id.
[5] Cf. Fernando R. Lafuente, op. cit., p. 154.
[6] Domingo Ródenas de Moya, «La prensa cultural en la Edad de Plata», en Quimera 250 (2004), p. 20., citado por ibid., p. 159.
[7] Cf. Juan Marqués, op. cit, p. 189.
[8] Cf. Ibid., pp. 190-191.
[9] Eve Fourmont Giustiniani, “Una estética raciovitalista”, en Javier Zamora Bonilla, Guía Comares de Ortega y Gasset, Granada, Comares, 2013, p. 291.
[10] Ibid., p. 290.
[11] Cf. José Ortega y Gasset, “Sobre el punto de vista en las artes”, en Revista de Occidente 8 (1924) 129-148.
[12] José Ortega y Gasset, “Propósitos”, p. 529.
[13] Id. En esto, la Revista de Occidente se asemeja a Esprit, fundada por Mounier en 1932, cuyas notas eran “originalidad y audacia en el enfoque de las cuestiones de mayor actualidad; independencia respecto de partidos y consignas; censura implacable, demoledora a veces y análisis penetrantes, lúcidos a menudo, de los más interesantes fenómenos contemporáneos”. J. M. Azaola e I. Zumalde, “Emmanuel Mounier (1905-1950)”, en Arbor 91-92 (1953), p. 398.
[14] Fernando Castillo, “Ortega a la sombra de la Telefónica”, en Revista de Occidente o la modernidad española, Madrid, BNE, ACE/Fundación Ortega-Marañón, 2023, p. 192.
[15] Cf. Matei Calinescu, Cinco caras de la modernidad. Modernismo, vanguardia, decadencia, kitsch, potmodernismo, Madrid, Tecnos/Alianza, 20023, 2ª ed.
[16] Cf. Eve Fourmont Giustiniani, op. cit., p. 293.
[17] Cf. Fernando Castillo, op. cit., p. 187.
[18] Juan Ramón Bonet,” Divagaciones occidentales. Revista de Occidente 1923-1936 mes a mes”, en Revista de Occidente o la modernidad española, Madrid, BNE, ACE/Fundación Ortega-Marañón, 2023, p. 19.
[19] Véase en https://www.filosofia.org/aut/002/vertical.htm
[20] El texto citado de Juan Ramón Bonet, que glosa el contenido de cada número de la Revista, es la referencia fundamental de esta exposición relativa a las portadas.
[21] Fernando Castillo, op. cit., pp. 205-206
[22] Juan Ramón Bonet, op. cit., p. 139.
[23] Cf. Juan Marqués, op. cit., pp. 183-184.
[24] Cf. Juan Ramón Bonet, op. cit., p. 55.
[25] Juan Marqués, op. cit., p. 184.
[26] Antonio Obregón, “Ramón, en el recuerdo”, en Juan Manuel Bonet (coord.), Ramón en cuatro entregas, 1, Madrid, Museo Municipal, 1980 pp. 40-41, citado por Azucena López Cobo, “De Einstein a Gómez de la Serna. La Teoría de la Relatividad y el secreto del arte moderno”, en Arbor. Ciencia, Pensamiento y Cultura, CLXXXIII, n. 728 (2007), p. 913.
[27] Azucena López Cobo, op. cit., p. 919.
[28] Cf. Juan Ramón Bonet, op. cit., p. 66.
[29] Cf. Ibid., pp. 75-77.
[30] Cf. Ibid., p. 76.
[31] Cf. Ibid., pp. 87ss
[32] Cf. Ibid., p. 92.
[33] Cf. Ibid., p. 112.
[34] Cf. Ibid., p. 113.
[35] Cf. Ibid., p. 55.
[36] Ignacio Henares Cuéllar, “Las ideas estéticas en la Revista de Occidente (1923-1936). Apunte crítico”, en Cuad. Art. Gr. XXIII (1992), p. 523.
[37] A. Sánchez Rivero, “Una manera de considerar la historia del arte: E. Wolfflin”, en Revista de Occidente 18 (1924), p. 263.
[38] Ignacio Henares Cuéllar, “Las ideas estéticas en la Revista de Occidente (1923-1936). Apunte crítico”, en Cuad. Art. Gr. XXIII (1992), p. 532.
About the author

Sixto J. Castro
Profesor de Estética y Teoría de las Artes del Departamento de Filosofía de la Universidad de Valladolid