Humanocentrismo en la sociedad estética y de la imagen

 

1. Introducción

1.1. Polarización sociocultural, estética y comunicativa

En la actual Sociedad Estética y de la Imagen se ha producido una crisis que ha afectado al modo de entender la diversidad y la igualdad humanas en el especifico ámbito de la configuración corporal. Una de sus principales manifestaciones se encuentra en la existencia de una gran polarización sociocultural, estética y comunicativa, generándose dos polos que se repelen y que compiten entre ellos; pelean entre sí para ver quien logra hacerse con la hegemonía de lo que debería considerarse como la normalidad estética, física e incluso racial.

Los dos polos a los que nos referimos son, por un lado, el igualitarismo estético o iconocentrismo, y por otro, y, en buena parte, como respuesta y protesta al anterior, el diversocentrismo. Ambos extremos están generando crisis identitarias, un nomadismo de identidades, fracturas personales, violencia grupal y discriminaciones sociales etc.[1]. Los dos polos, en sus vertientes más radicales, coinciden en superar ciertos límites de la naturaleza, yendo más allá de lo que representa lo común humano.

1.2. El humanocentrismo como solución

El humanocentrismo pone el acento en el ser humano
Niños de distintas razas. Imagen 1

Subyace bajo esta crisis una pérdida de la capacidad de asombrarnos[2] ante la enorme riqueza que posee la propia naturaleza humana – la humanidad– el universo, la tierra…los demás. Tenemos un grave problema: nos hemos desconectado de la realidad al trasladarnos a vivir fuera de ella. Un nuevo mundo artificial de ficción, el mundo imagen o videosfera[3], nos ha engullido, exigiéndonos una continua conexión con su características ficticias que nos difuminan o manipulan la realidad, separándonos de lo natural.

Por el contrario, lo que lo que abunda en el mundo real a diferencia del virtual, es una gran diversidad y multiplicidad de colores, formas, ruidos, complejidades, tamaños, capacidades, razas, culturas…Lo que existe en la naturaleza es una mezcla maravillosa de lo común y lo diverso, de lo único y múltiple.

El olvido de cómo es nuestra naturaleza está generando una ceguera del otro como acontecimiento, como principal acontecimiento[4] de la existencia que debería provocar un encuentro con él y no una separación, una exclusión o su desaparición[5].

Frente a esta polarización en el mundo imagen y estético propongo una tercera vía, una postura de equilibrio a la que denomino el humanocentrismo, no en el sentido de poner al hombre en el centro del universo girando todo en torno a él, sino en el sentido de recuperar valor ontológico del otro, de cualquier otro, independiente de sus características, raza, capacidad, belleza, nacionalidad, etc. Solo desde esta posición que pone a la dignidad humana en el centro de las relaciones podemos despolarizar a la sociedad en referencia a ciertas visiones extremas de la igualdad y diversidad humanas.

 

2. Igualitarismo estético: El iconocentrismo

Desde hace décadas sectores empresariales de la estética, la moda, la publicidad, el arte y el cine, están difundiendo una única configuración corporal restrictiva y ajustada a un molde que han puesto de moda. Bajo este modelo subyace un objetivo sociopolítico que busca uniformar a toda la sociedad y a sus miembros en una sola cultura, una sola sustancia y una solo tipo de persona. Y el ámbito desde donde está efectuándose y lográndose esta homogenización es el de la belleza y la imagen corporal. Con carácter prescriptivo o normativo se ha impuesto un icono universal o global de belleza femenina y masculina, una identidad corporal colectiva.

Como sostiene Morin, este igualitarismo de tipo estético se convierte en “un principio abstracto e inmóvil de unidad”[6] (todos iguales, clones) oponiéndose a la gran diversidad que se dan entre individuos, culturas, geografías, razas, edades, tamaños, pesos, alturas, capacidades. Es una unidad que no concibe la diferencia, no acepta lo distinto, expulsándole de la colectividad como dice Han[7]. El igualitarismo totaliza lo igual, lo empodera pero a cambio de debilitar lo diferente, lo que no encaja en el molde icónico.

2.1. Un cuerpo no natural

El cuerpo icono queda coronado e idolatrado como modelo exclusivo y excluyente que se caracteriza – aunque sus partidarios lo nieguen- por no ser natural. Y no puede serlo porque hay que manipularlo artificialmente, incorporando apósitos y sometiéndolo a cirugías. La belleza icónica no la posee uno mismo sino que ha de adquirirla fuera, comprarla en el mercado; es un producto de consumo más, un constructo social desvinculado de la pluralidad y diversidad humanas. La imposición icónica desenraiza al hombre de su naturaleza, aislándole y encerrándole en una urna de cristal, quedando expuesto en escaparates visuales – mundo imagen– en modo maniquíes hieráticos e inexpresivos.

2.2. El homo iconicus

Desfile de moda en Paris. Imagen 2

En este ecosistema social de lo igual o de lo uno, emerge un nuevo individuo humano, el Homo iconicus, una nueva especie que encarna la nueva normalidad humana y la configuración estética[8]. Se trata de un humano que se sale de la realidad al asumir formas de lo imposible, perfecciones y rasgos físicos reconocidos como inalcanzables para la corporalidad que poseen la mayoría de hombres y de mujeres del mundo. La reproducción del icono exige ser paciente de laboratorios quirúrgicos estéticos.

La nueva sustancia corporal, a pesar de intentos positivos de algunos empresarios de la moda, sigue siendo de raza blanca, caucásico/occidental, esbelto, delgado (chicas), musculoso y vigoroso (en chicos), joven, y atractivo sexualmente[9]. En la nueva sociedad homogeneizada lo que ha de gustar a la mayoría es ser el icono, aunque luego el icono nunca sea uno mismo. Imponen el ideal de que a todos lo que les ha de gustar es ser lo igual y no lo diferente por sus características físicas, resultando en fragmentaciones identitarias y alteraciones de la personalidad. El igualitarismo icónico expresa que lo auténtico ya nunca podrá lo original de cada uno, tu propia corporalidad. Ha de renunciarse a esa originalidad para conformarse al nuevo ser.

 

3. Diversocentrismo

Estamos ante un polo o extremo social representado por determinados colectivos, etnias, grupos, equipos, tribus callejeras o determinadas minorías que quieran poner la diferencia y lo distinto por encima de lo común humano. Aunque menos acentuado que el igualitarismo icónico, esta postura ha ido creciendo en los últimos años buscando exagerar el valor de la diversidad y su significado.

En concreto se produce una sobredimensión de la diversidad corporal, una interpretación extrema en su reconocimiento que acaba hipertrofiando el valor de la diferencia. Convierten lo desigual en el centro del universo, considerando como medida de todo valor al propio grupo étnico o comunidad diferenciada. Todo ha de verse y de comprenderse críticamente desde “mi grupo diverso”, cultura o identidad[10]; lo demás y los demás solo adquirirán valor desde mi etnicidad, diversidad física o funcional, identidad sexual, etc.

Es decir que lo diferente a la ajeno sería visto como inferior a ellos mismos. La diversidad hiperaumentada o exacerbada acaba cayendo en el mismo problema del igualitarismo: no ven otras diversidades que la suya. Al extremar su diferencia, esa singularidad no les deja ver al otro porque la diferencia termina por ocupar todo el espacio visual. Viajan tan lejos a un mundo tan diverso que ya no ven a los demás, dejando de percibir lo humano.

Determinadas minorías o personas problematizan tanto la diversidad que terminan por salirse de los márgenes de la naturaleza humana, de lo que llamamos el sentido común corporal, dificultando la convivencia y la sociabilidad. Caen también en desear formas de lo imposible en su diversidad, sacándoles del mundo real. El empeño por radicalizar lo que les diferencia de los demás se convierte en una diversidad anómala que no les hace más humano sino lo contrario. Convierten lo diverso en algo violento[11].

3.1. Libertad absoluta sobre el propio cuerpo

Ejemplo opuesto al humanocentrismo de E. García Sánchez
Mª José Cristerna se autodenomina «mujer vampiro». Es una mexicana que tiene desde el 2012 el Record Guinness de la mujer con más transformaciones corporales del mundo. Imagen 3

El diversocentrismo no refleja la diversidad natural fruto de la variabilidad física humana y de sus manifestaciones. Más bien promociona una diversidad artificial/antinatural que quiere asumir una libertad absoluta sobre el propio cuerpo. Emergen personas y grupos con transformaciones estéticas extremas: labios hinchados, cuerpos hipermusculados (culturistas), tatuajes masivos de todo el cuerpo, cirugías para agigantar miembros o mutilar otros, gente desarreglada intencionadamente, punks, góticos, raperos, heavies, rastafaris, reggaetoneros, skinheads, etc., [12]. Es una diversidad rupturista, sin reglas. La famosa cantante Madonna en la década de los ochenta fue una de los máximas representantes de esta diversidad extrema. Marcó una época y abrió la veda a nuevas manifestaciones exageradas de la diversidad[13].

En ocasiones o en determinadas épocas este tipo de diversidad exagerada ha sido el resultado de una reacción violenta contra la uniformidad y el igualitarismo estético y social. Pero el diverso extremo se convierte en lo mismo que detesta cuando critica el modelo único icónico, porque al final forma un grupo aislado de los demás que no son como ellos. Ni percibo al otro, ni lo reconocen si no cumplen con los rasgos que definen su diversidad. Niegan la alteridad[14]. El problema resulta de querer estar constantemente innovando estéticamente de modo extremo para oponerse a lo establecido, la costumbre o la tradición o lo natural, creyendo que así alcanzan su autenticidad, confundiendo la originalidad de cada persona con esa diversidad ficticia.

3.2. Grupos cerrados y provocativos

El diversocentrismo o etnocentrismo, puede ser definido como un ensimismamiento que dificulta gravemente la apertura de una comunidad hacia otras personas por el mero hecho de pertenecer a una cultura o a grupo diferente o por tener otra identidad. Se generan grupos cerrados y autosuficientes, bloques monolíticos incomunicables que alimentan un sentimiento de pertenencia desmedido y en el que encuentran una seguridad ilusoria. La diversidad extrema no reconoce que haya una unidad de naturaleza, ni concibe la existencia de elementos unitarios compartidos con todos.

En definitiva, se trata de un tipo de diversidad que más que diversidad es sensacionalismo y provocación, distando mucho de considerarse una manifestación de esa sana pluralidad que existe en el mundo. Existen manifestaciones de la diversidad que no deberían exigir una inclusividad social irrestricta y sin límites por el solo hecho de ser diversos y de tener diferencias.

 

4. Humanocentrismo

La pregunta de la que parte esta tercera posición respecto a la diversidad y a la igualdad es quiénes somos los humanos y qué queremos ser. El humanocentrismo sostiene que todos los seres humanos compartimos una misma e igual condición que no es otra que aquella que nos viene dada por naturaleza, es decir, somos seres constitutivamente vulnerables, frágiles y dependientes, triplete identitario al que se refería el filósofo anglosajón MacIntyre[15].

Solo hay un único modo de ser humanos, solo uno y que consiste en ser así: vulnerables[16]. La vulnerabilidad no solo nos iguala a todos sino que conforma la característica especifica más identitaria de los que pertenecemos a esta especie y familia de los humanos[17]. Y por encima o unida a esta vulnerabilidad, en todas y cada una de sus manifestaciones, lo que nos hace merecedores de un respeto incondicional es la dignidad humana intrínseca que todos poseemos por el solo hecho de ser humanos[18].

Por lo tanto, el hecho de que una persona pertenezca a una u otra cultura, a una raza, etnia, a un determinado sexo, o tenga una determinada talla o capacidad …. no afecta para nada a su condición de persona, ni, por tanto, a su condición de digna.

4.1. La apertura al otro

El humanocentrismo propone que el reconocimiento de la propia vulnerabilidad es lo que nos permite la apertura afable al otro, pero a cualquier otro: al diferente, al distinto a mí, al muy parecido a mi….porque sencillamente el otro siempre será de los míos, un ser dependiente, inacabado y necesitado. De tal modo que la vulnerabilidad sería lo único que mantendría viva la no indiferencia hacia los demás. La mirada contemplativa y afable del mundo y del otro nos lleva a abrirnos sin condiciones a la alteridad. El otro, no solo es que siempre puede entrar en mi campo visual porque centro el foco en él, sino que lo reconozco como fuente de mi propia autoestima y realización personal[19]. Hasta tal punto dependemos del otro que, según Lévinas, la conversión al otro es un antidepresivo metafísico[20], y expulsarlo acarrearía un proceso de autodestrucción personal y social.

En cambio, para el igualitarismo icónico y el diversocentrismo, el otro críticamente es considerado como fuente de disconformidad, de conflicto y de rechazo. El otro desparece.

El reconocimiento recíproco de esa condición vulnerable nos protege, por un lado, de querer ser los completamente distintos con una diversidad hermética que nos distancia de los demás, o querer ser los completamente iguales, es decir, la simple repetición de un sustancia icónica perfecta que nos uniformiza. Para Han la mirada afable devuelve al mundo su modo de ser, y su modo ser es plural, complejo, diverso, pero con una unidad en muchos aspectos[21]. La afabilidad, la empatía, permite la convivencia pacífica de lo diferente y lo igual, y se amolda a lo que pueda quedar marginado, a lo inaparente, lo pequeño y lo débil.

4..2. Lo que importa es ser un humano

Ejemplo de humanocentrismo: lo importante es ser un humano, con independencia de la raza
Jóvenes divirtiéndose. Imagen 4

El programa humanocentrista reivindica que nadie debería verse sometido, reducido u obligado a tener que ser el total desigual o el total igual, porque la incuestionable verdad que debería reconocerse a escala mundial es que cada uno individualmente como persona ya es un ser único, irrepetible, original, singular, una novedad maravillosa y extraordinaria en la naturaleza. Nunca el fundamento de la identidad personal podrá localizarse en el color de la piel, el tamaño del pecho, la forma de la nariz o el número de kilogramos. Sencillamente estos indicadores biométricos superficiales no solo dejan infundada a la identidad, sino que además desprotegen la dignidad de la persona causando injustas discriminaciones.

Lo que define y reafirma a una persona ante el mundo es el solo hecho de ser un ser humano. Y en todo caso, lo que le definirá moralmente como persona solo podrán ser sus actos libres y responsables pero nunca su estética corporal ni sus capacidades físicas o mentales que posea. Hemos de persuadir a la sociedad en general y a cada individuo en particular que dejen de estar perforándose su identidad, adhiriéndose apósitos para adquirir identidades impuestas, artificiales y ficticias que le separan de lo auténticamente humano[22].

4.3. La diversidad no desune

El rechazo del otro porque no es diverso o porque no es igual se ha convertido en un dominio sociopolítico existente en nuestras sociedades neoliberales. Y el resultado no puede ser otro que la fragmentación social en grupos y subgrupos, en culturas y subculturas, pero incomunicables y enfrentadas entre sí. Existen sistemas sociales y discursos políticos que quieren sacar rentabilidad a esta confrontación, rompiendo la unidad y dividiendo a la humanidad entre buenos y malos, guapos y feos, válidos y no válidos, delgados y gordos. Y en vez de construir redes de reciprocidad y de mutuo respeto parece como si algunos se complacieran en establecer y difundir “categorías acusatorias”[23]. En el pensamiento occidental moderno se ha expandido un “paradigma disyuntor” de desunión entre la diversidad y la unidad, oponiéndolas, excluyéndose entre sí.

Según el pensador francés Edgar Morin, en el corazón mismo de nuestra cultura y de nuestro pensamiento, falta un paradigma que asocie lo uno y lo diverso en una concepción fundamental que es la unitas multiplex[24]. La naturaleza humana es una y diversa a la vez, ni se excluye ni se oculta.

4.4. Una misma dignidad y una misma vulnerabilidad

Lo que sostiene y declara el humanocentrismo es que no pueden existir diferencias jerárquicas o de poder asociadas a una raza, a una capacidad o a una diferencia física corporal o mental. No pueden construirse diversidades o diferencias jerarquizantes entre los humanos. Por lo tanto, nadie debería ver perjudicada su posición social por pertenecer a una raza o tener un determinado cuerpo. Compartir todos la misma vulnerabilidad y gozar de la misma dignidad impide la clasificación de razas en superiores e inferiores, y el establecimiento de categorías de humanos mejores o peores, porque todos son igualmente humanos e igualmente dignos. No podemos aceptar una hegemonía racial y capacitiva en detrimento de todas las demás razas, culturas y capacidades. Solo hay un clase y una única categoría de humanos: los dignos, pero los dignos siempre vulnerables. Todos pertenecemos a este club mundial, no sobra nadie, todos incluidos.

En el ámbito más específicamente físico o estético, el humanocentrismo hace testigo al mundo y al espacio público de que existen, son reales y de verdad, otros cuerpos presentes en diferentes geografías y culturas que no son el icono occidental/blanco y caucásico. Busca y fomenta que coexista la gran riqueza corporal que tenemos en el mundo porque ni hay una única realidad corporal ni una única belleza posible. Pero al mismo tiempo hay que admitir que tampoco encontramos millones de realidades corporales diferentes.

4.5. La belleza no es el valor absoluto de la persona

No podemos asfixiar a la belleza humana encerrándola en un único modelo, una única talla, un único peso, un único color, una única altura[25]. Pero tampoco, simultáneamente, podemos relativizar de modo absoluto el valor de la belleza, estableciendo que todo es belleza y que todo vale en el campo estético y en la diversidad corporal. Motivo este último por el que resulta discutible el lema de que cuanta más diversidad y más igualdad y más inclusividad mejor. Lo que propone el humanocentrismo es un grado humano y humanizante de diversidad, pluralidad e igualdad, un grado óptimo que no se separe de lo identitario y original humano.

Los dos extremos o polos identificados –igualitarismo y diversocentrismo- acaban convirtiéndose en un estímulo narcisista del yo, es decir, en una visión autorreferencial de la propia identidad. Se produce un eclipse de la relacionalidad al dejar de ver al otro como condición de posibilidad de mi realización personal.

Al proyectarse la idea del yo como obra de arte, donde el yo ocupa todo el espacio, los iconos iguales y los diversos radicales se quedan solos y aislados, ciegos para el otro. Por una parte, los que quieren ser tan diversos quedan separado de la comunidad. Y por otra, los que desean ser iguales al icono se disuelven en la masa, perdiéndose su individualidad y despersonalizados en un colectivo numérico. En el fondo todos ellos participan en una misma competición por ver quién llama más la atención, acapara más, y consigue más seguidores, aduladores. Surgen egos patológicos hipertrofiados, produciéndose un deterioro de los lazos sociales como consecuencia del narcisismo, porque ven al otro como un contrincante de su fama y popularidad.

Conclusión

En conclusión, el humanocentrismo propone romper esa incomunicabilidad entre culturas, grupos, tribus…y promover una interdependencia y una mutualidad planetaria, porque todos necesitamos de los otros, nadie se vale por sí mismo, no sobra nadie. Una tras otra en la historia de nuestra supervivencia hemos sido testigos de que en la mutua ayuda no hay razas, ni colores, ni capacidades. Por eso la dependencia y la vulnerabilidad es el pegamento que une diversidad y la unidad.

 

Algunos de los artículos de Emilio García-Sánchez publicados en esta web, concretamente los más relacionados con la belleza:

 

 

NOTAS

[1] Garcia-Sanchez, E. (2018). La iconificación estética post-moderna y su efecto desintegrador en la persona. Quién. Revista de filosofía personalista, (8), 35-54.

[2] l’Ecuyer, C. (2013). Educar en el asombro. Plataforma.

[3] Gutiérrez-Pozo, A. (2022). El mundo como imagen: Tan ficticio, tan verdadero. Prometeica, (25), 128-142.

[4] Levinas, E. (1993). Humanismo del otro hombre. Siglo XXI, 44.

[5] Han, B. C. (2022). La expulsión de lo distinto (nueva ed.). Herder Editorial.

[6] Morin, E. (1997). La unidualidad del hombre. En: Gazeta de Antropología, Nº 13, 1997, Artículo 01

[7] Han, B. C. (2022). La expulsión de lo distinto (nueva ed.). Herder Editorial, 14.

[8] García García, F. (2003) Homo Iconicus. Revista ICONO 14. Revista científica De Comunicación Y Tecnologías Emergentes1(1), 1–10.

[9] García-Sánchez, E (2023), Barbie el Icono., Las Provincias, 29 de septiembre, 32.

[10] Mclaren, P. (1997). Multiculturalismo Crítico. São Paulo: Cortez Editora, 122.

[11] Duschatzky, S. y Skliar, C. (2000). La diversidad bajo sospecha. Reflexiones sobre los discursos de la diversidad y sus implicancias educativas. Cuadernos de Pedagogía Rosario, 4(7), 23- 36.

[12] Le Breton, D., (2023). El cuerpo herido: identidades estalladas contemporáneas. Editorial Topía; Cfr. Costa, Pere-Oriol, José Manuel Pérez Tornero y Fabio Tropea (1996). Tribus urbanas. El ansia de identidad juvenil: entre el culto a la imagen y la autoafirmación a través de la violencia. Barcelona: Paidós

[13] González, A. M. (2009). Ficción e identidad. Ensayos de cultura postmoderna (Vol. 216). Ediciones Rialp, 78.

[14] Han, B. C. (2022). La expulsión de lo distinto (nueva ed.). Herder Editorial, 49.

[15] MacIntyre, A (2001). Animales racionales y dependientes, Paidós, Barcelona, 2001, 12.

[16] García Sánchez, E. (2021). Infinitos heridos: el rescate de los vulnerables:(ensayo sobre la vulnerabilidad humana). Madrid, Dykinson, 23ss.

[17] Marcos, A. (2016). Vulnerability as a part of human nature. In Human Dignity of the Vulnerable in the Age of Rights: Interdisciplinary Perspectives (pp. 29-44). Cham: Springer International Publishing.

[18] Aparisi M. A. (2013), El principio de la dignidad humana como fundamento de un bioderecho global, Cuadernos de Bioética, XXIV: 201-222.

[19] Cfr. Beauregard, L. A., Bouffard, R., & Duclos, G. (2005). Autoestima: Para quererse más y relacionarse mejor (Vol. 6). Madrid, Narcea Ediciones.

[20] Lévinas, E. (2002). Totalidad e Infinito: ensayo sobre la exterioridad. Editorial Sígueme. Colección Hermeneia No. 8. Sexta Edición. Salamanca, 2002. 320.

[21] Han, B. C. (2022). La expulsión de lo distinto (nueva ed.). Herder Editorial. 56.

[22] Garcia-Sanchez, E. (2018). La iconificación estética post-moderna y su efecto desintegrador en la persona. Quién. Revista de filosofía personalista, (8), 35-54.

[23] Cfr. Bourdieu, P. (1991). El sentido práctico. Madrid. Taurus Humanidades.

[24] Morin, E. (1997). La unidualidad del hombre. En: Gazeta de Antropología, Nº 13, 1997, Artículo 01.

[25] García Sánchez, E. (2019) (ed.) Belleza fantasma y deporte a lo loco: los riesgos de la obsesión corporal. Madrid, Te Conté, 27.

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Emilio García-Sánchez
Profesor de Bioética en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad CEU Cardenal Herrera  at  | Website |  + posts

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