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La oración originaria: la religión en la Antigüedad (4): unificación espiritual del mundo Antiguo

  • 2.- Unificación espiritual del mundo Antiguo. La relación Iglesia-Estado.

La unificación espiritual del género humano empieza por la aproximación geográfica de las pequeñas tribus nómadas paleolíticas, como se ha dicho, por su estabilización en un espacio más o menos amplio, y por su asentamiento y fusión mediante la convivencia pacífica y acuerdos más o menos explícitos o mediante la guerra. Es el proceso de neolitización y su culminación en las sociedades complejas.

Razón práctica y actividad reflexiva del intelecto

Una vez alcanzado el estado de civilización, es decir, la paz, la superación del estado de guerra de todos contra todos que pudo quizá haber sido el neolítico, el primer momento de la unificación corresponde a la razón práctica, a la voluntad, o sea, al derecho administrativo, como dicen Platón en el Timeo y Hobbes en el Leviatán, y el segundo momento a la actividad reflexiva del intelecto.

Platón señala que Atenas se construye en territorio heráclida, una vez que el héroe ha domesticado los bosques, los animales y los hombres salvajes, y Hobbes señala que el estado civil se alcanza cuando se supera el estado de naturaleza de guerra de todos contra todos.

La unificación espiritual pasa por tres momentos: vida, norma y dogma

La unificación sigue los tres momentos de la secuencia de Vico. Primero la vida, la supervivencia de los pequeños grupos, las tribus, dirigidas por el jefe y chamán. En segundo lugar, la norma, la organización de las migraciones y de los asentamientos, dirigidos por jefes sacerdotes, como Moisés, que crean la organización administrativa, el derecho, las religiones de la ley. En tercer lugar, el dogma, la revelación, la fe, que contiene los designios divinos para la comunidad en el futuro, y los designios del rey para la comunidad igualmente en el futuro, que también son divinos porque el rey es hijo de Dios o al menos es de origen divino.

Modalidades de la religión

A partir de la tercera fase del desarrollo humano, de la aparición de las sociedades estatales y los imperios en la Edad de los Metales, la religión se desglosa y se expresa en las tres modalidades señaladas, profética, histórico-política y mística.

La primera modalidad, la profética, corresponde a la comprensión que la comunidad, la humanidad en su tercera etapa de maduración, tiene de sí misma en su despliegue espacial y temporal, desde el punto de vista del poder sagrado que fundamenta a la comunidad eclesial, que a su vez fundamenta a la sociedad civil y al estado teocrático.

La segunda modalidad, la histórico-política, corresponde a la comprensión que la comunidad tiene de sí misma desde el punto de vista del estado teocrático diferenciado de la comunidad eclesiástica.

La tercera modalidad, la mística, corresponde a la comprensión que el espíritu personal tiene de sí mismo al encontrarse en su intimidad al poder divino como fundamento de sí mismo y del mundo, y es la comprensión que se da en las religiones de la contemplación que emergen en la Antigüedad.

En la cuarta fase de desarrollo del espíritu humano, en la época histórica iniciada en la Antigüedad, las comunidades se constituyen integrando a sus individuos en dos instituciones que se articulan como fundamentación de la vida social, a saber, la Iglesia y el Estado teocrático.

El individuo, por su parte, encuentra un camino directo e inmediato para su relación con la divinidad, a la vez que descubre su autonomía y su legitimidad como protagonista de la determinación de la actividad del estado, sea o no teocrático. Es el caso de Lao-Tse, Confucio y Buda en el extremo oriente, y el de Pitágoras y Sócrates en occidente, entre otros casos.

En el neolítico, como se ha dicho antes (MORN §§ 47, 51-52 y ROREM §§ 18, 20, 41.1, 41.4) las promesas de Yahweh a Abraham son de índole histórica y temporal. Lo que caracteriza los designios divinos para la comunidad y para el sacerdote jefe neolíticos es precisamente su carácter empírico histórico. La divinidad no promete a Abraham algo diferente de lo que promete a Caballo Loco, a Gengis Kahn o a Agamenón, como ya se dijo, y son conquistas, pueblos y descendientes.

En la Edad de los Metales Dios empieza a hacer promesas referidas a la vida supra-temporal y supra-histórica. Entonces se inician la teología de la historia y el profetismo, como ya se ha señalado, y la diferenciación entre estado teocrático e iglesia. Esa diferenciación no implica inicialmente antagonismo.

No parece haber conflicto entre la iglesia y el estado en Sumeria ni en Babilonia, no lo hay en Egipto, si se entiende que la guerra civil de Akenaton en el segundo milenio AdC es un enfrentamiento entre dos teocracias, pero no entre la iglesia y el estado (las tumbas de los reyes son siempre residencias para la vida eterna, y también las de sus esposas) y no lo hay en los imperios medo y persa, donde la divinidad Aura Mazda, tras la predicación de Zaratustra, recibe culto de todo el imperio tanto como el supremo sátrapa.

En la Antigüedad empieza la historia secular y la diferenciación entre iglesia y estado porque entonces empieza a vivenciarse y “descubrirse” la legitimidad y autonomía de lo finito, o sea, de la historia, independientemente de su referencia a la vida eterna.

Antes se ha dicho que los pensadores de la Grecia clásica no prestan atención ni a la religión ni a la historia como temas de la filosofía. No obstante, Aristóteles elabora una metafísica que, quizá con más consistencia y contundencia que ninguna otra, sostiene la autonomía y legitimidad de lo finito, como se irá viendo, a saber, la metafísica de la sustancia, que a su vez constituye una de las bases de la teología cristiana e islámica. 

La perspectiva aristotélica de la legitimidad de lo finito, no se consolida quizá hasta que en el seno del cristianismo occidental se formulan los derechos humanos, especialmente el derecho a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, como más adelante se estudia.

 

About the author

Jacinto Choza
Jacinto Choza

Jacinto Choza ha sido catedrático de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla, en la que actualmente es profesor emérito. Entre otras muchas instituciones, destaca su fundación de de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica (SHAF) en 1996, Entre sus última publicaciones figuran Antropología y ética ante los retos de la biotecnología. Actas del V Congreso Internacional de Antropología filosófica, 2004 (ed.). Locura y realidad. Lectura psico-antropológica del Quijote, 2005. Danza de oriente y danza de occidente, 2006 (ed).

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