1.4. Reglamentación de la vida religiosa en el Antiguo Régimen
§ 12. Expulsiones de moriscos, judíos, ángeles y demonios. Inquisición y policía
El orden tridentino-westfaliano, además de expresarse en la familia, se expresa también en la sociedad civil.
Por lo que se refiere a la sociedad civil, el interés y el sentido de responsabilidad sobre la ortodoxia y las iglesias nacionales, no es menor en los reyes que en los pontífices, ni en el medievo menor que en la modernidad. No lo es por lo que se refiere a la moral, que se estrena en el siglo XVI como clave de la ortodoxia, y tampoco por lo que se refiere a la fe, que es su clave en la el Medievo.
El tratado Assertio Septem Sacramentorum (Defensa de los siete sacramentos, 1521), de Enrique VIII de Inglaterra, es exponente de una responsabilidad religiosa como la de Felipe II de España, e incluso como la del hugonote Enrique IV de Francia, a pesar de que abraza el catolicismo para coronarse rey, presionado por Felipe II, con la conocida frase “París bien vale una misa”.
El celo de los reinos europeos del Antiguo Régimen, se manifiesta en excomuniones, exilios, encarcelamientos y ejecuciones, en número equivalente, independientemente de la confesión cristiana de cada uno. Esas prácticas son ejecutadas desde tiempos antiguos por cuerpos especiales del Estado, que custodian el orden, y por otros cuerpos que la Iglesia crea muy pronto. Esos cuerpos son la policía y la Inquisición.
Durante el periodo de consolidación de los Estados modernos, la policía y la Inquisición se afinan como instrumentos bien sintonizados con las dos instituciones supremas.
La policía nace en el periodo helenístico, como un cuerpo diferenciado del ejército al servicio del gobierno del Estado, como una especie de guardia pretoriana romana. En la Edad Media, la policía asume el orden de la sociedad civil en cooperación con la autoridad eclesiástica que se ocupa del orden moral y religioso.
En los inicios del Estado moderno, y especialmente con la monarquía absoluta, el rey dispone de la policía a su arbitrio. A finales del siglo XVIII, con las doctrinas sobre división de poderes, el desarrollo del Estado en secciones administrativas más especializadas, y las doctrinas sobre los derechos humanos, pasa a vincularse al “ministerio de justicia”. La policía, entonces, es igualmente garante de la seguridad, el orden público y el orden jurídico[31].
Hasta el siglo XVIII, y en cuanto garante del orden público, la policía cumple su función, ya sea bajo el imperio del rey, ya sea bajo el correspondiente departamento de justicia, y restablece el orden alterado, ya sea por causas políticas o religiosas. La Inquisición opera más estrictamente en cuestiones de índole religiosa, siendo su fuerza física la policía, y compartiendo cárceles con el poder civil entrada ya la modernidad.

La Inquisición es posterior a la institución de la policía, y surge con la urbanización medieval. Se funda en 1184 en el sur de Francia para combatir la herejía de los cátaros o albigenses. En 1249 se implanta en el reino de Aragón, y al unirse a Castilla toma el nombre de Inquisición española, que opera bajo las monarquía desde 1478 hasta 1821, extendiéndose después a América. Después se crea la Inquisición portuguesa (1536-1821) y posteriormente la Inquisición romana (1542-1965).
La Inquisición persigue a las personas acusadas de infidelidad, perfidia, herejía, y todo tipo de pecados contra la fe, pero también a las acusadas de brujería, o de homosexualidad, e incluso a animales poseídos y embrujados.
La regulación de la Inquisición en los aspectos procesales y penales, la establece el papa Lucio III al fundarla en 1184, para evitar abusos en los castigos, dispuestos con anterioridad por las autoridades civiles. La reglamentación papal exige la presencia de los obispos y su pronunciamiento para juzgar y condenar a los herejes de su diócesis[32].
Poco a poco, las diversas corrientes del cristianismo, rechazadas por la ortodoxia de los concilios ecuménicos griegos, y renacidas con las migraciones e intercambios antiguos y medievales, se marginan, se disuelven o se integran en las ortodoxias nacionales.
También en los primeros siglos de la modernidad, el trabajo de la policía y la Inquisición reintegra en la ortodoxia y el orden público de los nuevos Estados, las prácticas neolíticas y agrarias de la religiosidad popular, y las formas antiguas del paganismo y el cristianismo heterodoxos. A partir de 1600 disminuyen o cesan los procesos por herejía, por acusaciones de judaizar en secreto, ‘por sodomía’, blasfemia y por bestialismo.
La Inquisición, como la policía, es una institución urbana, al servicio de la ortodoxia y de un sentido común moderno y “racional”. Una ortodoxia y un sentido común que ya han triunfado sobre el simbolismo y la teúrgia de la Antigüedad, siguiendo la línea de Porfirio, cuyos enfoques racionalistas triunfan sobre el “irracionalismo” de Jámblico y sobre el misticismo de Proclo (OORA § 50).
La ortodoxia romana, luterana y anglicana, se sienten incómodas con los poderes espirituales que no han quedado domesticados en las doctrinas y prácticas de los sacramentos, y mucho más con los que persisten en los sacramentales, territorio fronterizo con la magia, donde la Inquisición monta permanentemente su guardia[33].
La mística y la “devotio moderna” son sospechosas desde el punto de vista religioso, y también son potenciales focos de desorden desde el punto de vista civil. Por eso la Inquisición española vigila y examina a personas como Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Arias Montano, y tantos otros.
La Inquisición española vigila y controla la religiosidad, los carnavales, las fiestas de locos, y las formas de magia que perduran en reductos marginales. Persigue la brujería, la teología caldea, y otras prácticas y doctrinas ejercidas por judíos y moriscos, que finalmente son expulsados del territorio nacional.
Con la expulsión de judíos, moriscos y heterodoxos en general, se configura un cierto sentido común de corte racional, y en cierto modo racionalista, en consonancia con el descubrimiento de la ciencia moderna y de la administración moderna.
La expulsión de los judíos y moriscos, significa la erradicación del territorio nacional de España, no solo de ellos, sino también de todos los espíritus con los que conviven, buenos y malos, ángeles y demonios, y que prestan su concurso en las prácticas de hechicería, magia, curaciones, adivinación, etc.
La policía y la Inquisición no solo persiguen a los hombres heterodoxos, persiguen también a los animales vinculados a los espíritus, y a los espíritus mismos ajenos a la reglamentación administrativa estatal o eclesiástica.
Son instituciones que operan en el sentido de una homogeneización de la sociedad, y de las mentes, cooperando así con la burocratización creciente de la vida civil, generada por la expropiación sistemática de los medios de administración que lleva cabo el Estado del Antiguo Régimen[34].
Las persecuciones y expulsiones de los infieles y los herejes no son una particularidad de España. Son una práctica de todos los Estados de la Europa moderna. En concreto, el celo de los monarcas británicos por la ortodoxia es, en buena parte, determinante de la formación de los Estados Unidos, y de su peculiar religiosidad. Determinante de un país cuyo valor máximo es, más que cualquier otro en occidente, la religión, porque está constituido por fugitivos de persecuciones religiosas[35].
Para ver la entrada anterior.
NOTAS
[31] Durand, Julio César. «Sobre los conceptos de “policía”, “poder de policía” y “actividad de policía”» (PDF). Comentario al dictamen de la Procuración del Tesoro de la Nación del 13 de julio de 2004. Revista de Derecho Administrativo (REDA), N°51 Cfr., Delgado Mallarino, Victor Alberto, «Policía, derechos humanos y libertades individuales», Revista Instituto Interamericano de Derechos Humanos, IIDH, vol. 17, 1993, UNAM, México. https://es.wikipedia.org/wiki/Policía. Cfr., Foucault, M., Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión. Madrid: Siglo XXI, 1996.
[32] Caro Baroja, Julio: El señor inquisidor y otras vidas por oficio, Madrid: Editorial Alianza, 2006; Comella, Beatriz, La Inquisición española. Madrid: Rialp, 2004; Pérez Villanueva, Joaquín y Escandell Bonet, Bartolomé (dirs.): Historia de la Inquisición en España y América, Centro de Estudios Inquisitoriales, 1984-2000, 3 https:// es.wikipedia.org/wiki/Inquisición.
[33] Los sacramentales son el territorio donde la ortodoxia romana muestra su dificultad para colonizar completamente los poderes espirituales y la religiosidad popular, en esos territorios fronterizos con la superstición, la magia y las ciencias ocultas.
[34] Cfr. Weber, M., El político y el científico, Madrid: Alianza, 2000; cfr., Foucault, M., Historia de la sexualidad, siglo XXI; Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión. Madrid: Siglo XXI, 1996.
[35] Probablemente el mejor análisis de la religiosidad de los Estados Unidos siga siendo el que hizo en 1935 Tocqueville, en La democracia en América. Madrid: Akal, 2007.
About the author
Jacinto Choza ha sido catedrático de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla, en la que actualmente es profesor emérito. Entre otras muchas instituciones, destaca su fundación de de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica (SHAF) en 1996, Entre sus última publicaciones figuran, entre otras: Filosofía de la basura: la responsabilidad global, tecnológica y jurídica (2020), y Secularización (2022).
