N. Bohr (1968). La teoría atómica y la descripción de la naturaleza
Ficha técnica del libro
- TÍTULO: La teoría atómica y la descripción de la naturaleza. Cuatro ensayos precedidos de una introducción
- AUTOR: Niels Bohr
- TRADUCCIÓN y PRÓLOGO: Miguel Ferrero Melgar
- AÑO PUBLICACIÓN ORIGINAL: 1931
- AÑO PUBLICACIÓN EN CASTELLANO: 1988
- Nº PÁGINAS: 160
- ISBN: 84-206-2525-6
- EDITORIAL: Alianza Editorial
- LUGAR: Madrid
- ENCUADERNACIÓN: Tapa blanda
- ALTO: 20 cm.
- ANCHO: 13 cm.
Lo que no cabría esperar de este libro
Cuando de leer (y de componer) un libro se trata, parece claro que lo más importante es el contenido y la forma. Según a qué escuela nos acerquemos, priorizaremos una u otra. No obstante, no es menos claro que hay otros aspectos que caracterizan el hecho de la lectura y que conforman también, junto al contenido y la forma, la experiencia del lector: desde el momento histórico general, al personal (incluyendo variables de carácter emocional, intelectual, etc.). Estos decisivos elementos suelen tener menos margen de aparición si el texto a leer es de carácter académico-divulgativo; en estos casos se viene a tratar un tema muy concreto con cierta claridad y bastante concisión. Con el texto de Bohr que se presenta, sí cabe abrir un aspecto que trasciende su contenido y que, especialmente a un siglo vista ya, le dota de un aliciente que lo hace (más) interesante, aunque vayamos por partes.
Lo singular del libro se manifiesta desde su origen. En 1929 le es demandado a Bohr la realización de un artículo para el Programa Anual de la Universidad de Copenhague con el fin de exponer las líneas principales de la teoría cuántica y la consecuente descripción de la naturaleza en base a aquélla. La empresa le viene tan mal, que en lugar de escribir un artículo ex novo, decide echar mano de algunos escritos previos. Así, el libro se compone de cuatro ensayos, que vienen antecedidas del prólogo del traductor y un breve prefacio y la introducción de la mano del propio Niels Bohr. Estos escritos ejercen de elemento cohesivo y aclaratorio para el conjunto final.

No hay que pensar, por otro lado, que el público objetivo de este libro se encasille en un perfil únicamente científico. Dando por hecho que la filosofía no cabe circunscribirla en un ámbito particular del saber o del conocimiento, lo que se cuenta en estas líneas tiene consecuencias revolucionarias no solamente en el ámbito de la física, sino también en el de la filosofía. No se puede escapar que la física y la filosofía tratan de explicar la realidad: si la primera nos aporta los datos en bruto, la segunda trata de elaborarlos conceptualmente para una comprensión más amplia. En el paradigma clásico, la física y la filosofía de la naturaleza son casi sinónimos; en el paradigma que se va descubriendo en estas décadas y al que nos introduce el libro, la física se conoce a sí misma como algo distinto y la filosofía queda ante el panorama de tener que reinterpretar la realidad con una nueva luz.
Lo que sí cabría esperar de él
Ferrero Melgar plantea en su prólogo una analogía con un escrito de Borges, que le permite a uno ir atemperándose para lo que viene. Tras ello, realiza un recorrido de tonalidad biográfica, por el contexto familiar y los pequeños pasos que van llevando a un joven estudiante danés a convertirse en una de las principales referencias científicas, dando cuenta de ciertos hitos que van marcando su personalidad y sus intereses académicos hasta ser parte de una auténtica revolución: la física cuántica. Ésta es el asunto en que se centra el prologuista en la segunda parte, desglosando las fases en que se puede dividir el desarrollo de los descubrimientos y los principales problemas que arrojaban las novedades. En este sentido, se agradece la función explicativa y aclaratoria de algunos puntos que en el texto de Bohr se dan por sabidos o simplemente se pasa por encima. Por su parte, la introducción del autor sirve para contextualizar cada uno de los ensayos.
Según se dice, Bohr realizó un esfuerzo notable en ser divulgativo y claro en la exposición de sus charlas, sin embargo, al menos para aquéllos que no tengan una formación mínimamente sólida en los aspectos fundamentales de la mecánica, el electromagnetismo, óptica o química, puede resultar complejo de abordar. Se hacen referencias constantemente a experimentos, descubrimientos, teorías y postulados de distintos científicos modernos y contemporáneos. En su defensa, cabe decir, que se trata de textos escritos para ponencias, lo cual impone un estilo de oralidad que, habitualmente resulta más directo y menos claro.
También es justo tener en cuenta que los destinatarios eran matemáticos, en el caso del primer ensayo o, aún peor, una de las mejores hornadas de físicos de la historia, como es el caso del segundo ensayo, exposición en el famosísimo Congreso de Como (Italia), en 1927. Ante tal audiencia, no se para uno a dar explicaciones innecesarias. Si en los dos primeros ensayos se da explicación de ciertos aspectos clave del postulado cuántico (ruptura de la noción espacio-temporal, de la causalidad, la cuestión de la interacción, el átomo, el estado estacionario y su actividad, etc.), en los dos últimos se hace una lectura de cierto corte más filosófico, pues trata más bien de las implicaciones y las dificultades que estas novedades abrían.
Crónica de una muerte (no) anunciada
Los cuatro ensayos se elaboran en el lapso de cinco años mientras se va llegando al culmen del nacimiento de la misma teoría cuántica. En medio de unos y otros, se fueron produciendo descubrimientos y novedades que modificaban lo ya dicho. Evidentemente, en el recorrido andado por este camino de la ciencia, los avances han sido incontables, ha habido correcciones, modificaciones, corroboraciones de algunos supuestos, profundizaciones según vías de exploración abiertas, etc. El mismo autor, en el prefacio a la reimpresión de 1961, hace referencia a formulaciones y expresiones más precisas que las que vienen en el texto original. Lo que aporta un interés complementario ―también mencionado por el autor en esas mismas páginas― como es ser testigos del nacimiento de una teoría tan significativa, curiosa y rompedora como la mecánica cuántica.
La sacudida intelectual de los descubrimientos de finales del XIX y las primeras décadas del XX fue un hito sin igual, supuso un cambio en el eje de coordenadas radical, cuya adaptación fue costosa en gran parte porque la aceptación casi lo fue más. La reticencia a abandonar el paradigma clásico sobre el que descansaba no sólo la ciencia, sino la forma de pensamiento es, cuanto menos, natural. Es más, es sobre el paradigma clásico sobre lo que descansa nuestra experiencia cotidiana y nuestra intuición natural y ordinaria, por lo que aceptar que las cosas no son como creemos se nos aparecen es difícil, pero las pruebas y los datos, son firmes.
Y no se trata sólo de que sucumbiera ante los nuevos descubrimientos la física de Galileo y Newton, sino que, junto a ello y a una con ello, toda una serie de nociones filosóficas que han predominado desde la filosofía clásica, concepciones y conceptos centrales del pensamiento occidental, van a ser necesitadas de revisión. Reto asumido por buena parte de la filosofía contemporánea.
Una inmersión en los retos del pasado… y del presente

La lectura de estos cuatro ensayos nos permite asistir como espectadores de lujo a ese momento, a esa situación y, por unas pocas, aunque densas páginas, situarnos en esa convulsión no solo teórico-práctica, sino también vital y metafísica, con la suerte de poder ver desde el futuro cómo ha ido madurando la que entonces era una recién nacida. También nos permite ver que, a pesar de las mejoras y refinamientos que Bohr menciona, aún hoy carecemos de un lenguaje y una noción filosófica de la realidad ajustada a los fenómenos físicos. La dificultad de la teoría en sí misma y lo extraña que resulta a la experiencia natural se suma a la falta de una adecuada adaptación lingüística y conceptual para transmitir el significado y sentido físicos del postulado cuántico.
A pesar de ser una necesidad que ya notaron por aquellas fechas los padres de la teoría, como se ve en este libro especialmente en el tercer y cuarto ensayos, es un trabajo por hacer. Y en ello la filosofía tiene un papel relevante.
Del mismo modo y de gran interés resulta todo el complejo y nada novedoso problema de la frontera entre las cuestiones ontológicas y epistemológicas al hablar de lo real o lo ideal. Debate arcano en la filosofía y que mantuvieron tensamente, pero con enorme respeto y cordialidad, algunos de los físicos más importantes de ese comienzo de siglo pasado que podemos simplificar personalizando en el enfrentamiento Bohr-Einstein por desentrañar los inescrutables caminos (o ‘juegos’) de Dios. Sumada la cuestión lingüística, queda patente el enorme calado filosófico que este libro implica.
En resumen, se trata de un compendio de cuatro textos centrales que, a pesar de la dificultad técnica que pueda entrañar para quien sea ajeno al tema, así como al momento histórico-científico en que se enmarca, tiene mimbres para resultar de interés, especialmente para aquéllos cuyo espíritu sea tendente al abrazo científico-filosófico. Quien lea con fines pragmáticos o busque un sentido más técnico encontrará más bien una reliquia de valor histórico, que tampoco es poco. El lector con un interés filosófico se sentirá interpelado en la forma en que los problemas de interpretación y comprensión de qué sea la realidad según esta nueva física, algunos de los cuales se mencionan, constituyen todavía un problema por resolver.
About the author
Daniel Ballester Prats
Daniel Ballester ha estudiado Geografía e Historia, y Filosofía. Pertenece al Instituto de Filosofía y Ciencia de la UCV