2.1. Revolución industrial, urbanización y caída del Antiguo Régimen

§ 18. Libertad, igualdad, fraternidad. Jefferson, Napoleón, Marx y Lenin

Desde comienzos del proceso de urbanización en los siglos XII y XIII los habitantes de las ciudades han generado cada vez más riqueza y bienestar, y mucho más intensamente a lo largo del siglo XVIII con el comienzo de la industria. Esos habitantes de las ciudades, esa burguesía ciudadana, tienen en el siglo XVIII más riqueza que los nobles feudales que protagonizaron las guerras de religión en el siglo XVI.

Son igual de religiosos que los nobles, y apoyan igualmente la ortodoxia de sus ciudades y sus países, pero su posición en el todo social orgánico, su legitimidad, su poder, es inferior al de ellos, y no se apoya en el pasado, en sus patrimonios transmisibles por herencia, sino en su presente y en su futuro. No en lo que hicieron sus antepasados, sino en lo que hacen ellos y en lo que quieren hacer, según la estructura existencial del hombre moderno descrita anteriormente (RORPEH § 7).

¿Qué son ese futuro y esa libertad que se busca y se persigue, ante ese orden tridentino-westfaliano generador del espacio nacional urbano, que provoca expulsiones, exilios, y migraciones masivas?, ¿qué libertad buscan los diferentes grupos de marginados, de las naciones y de las ciudades?, ¿qué es la libertad religiosa en particular, la libertad política, jurídica y económica que se pretende?, ¿qué es la libertad, la igualdad y la fraternidad que se proclama?, ¿quiénes la buscan?, ¿cuántos son?, ¿ante quienes la piden y cuantos son éstos?

El movimiento de los que proclaman “Libertad, igualdad, fraternidad”, se levanta frente a los que sostienen el orden tridentino-westfaliano bajo el lema “Dios, Patria y Rey”.

“Dios, Patria y Rey”, es el lema que significa la unidad de la tierra y la sangre con la religión. Es arraigo, tradición, propiedad, herencia, legitimidad que viene del pasado. Es el orden de siempre, y que más tarde los historiadores llaman el Antiguo Régimen.

¿Qué es “libertad, igualdad y fraternidad”? Antes que nada, libertad es que cada uno pueda adorar a Dios tal como lo entiende, como se empezó a hacer en la “devotio moderna” en marcado contraste con la “devotio ibérica”, y sin que le hagan violencia.

A partir del siglo XVIII, libertad es también que los siervos se puedan marchar de las tierras del señor a la ciudad o a donde quieran, que desaparezca la servidumbre y la esclavitud, que el trabajo no esté vinculado a la tierra y se pueda vender y comprar. Libertad finalmente, también es que la tierra, a su vez, no esté vinculada a la sangre y no se transmita solamente por vía hereditaria, que se integre en régimen de la oferta y la demanda.

Esas exigencias emergen con una intensidad insoslayable en las conciencias de los ciudadanos del siglo XVII europeo, y posteriormente son proclamadas de tres maneras distintas, para tres conjuntos de personas diferentes, y dan lugar a tres modelos de estados diferentes, cada uno con profundo poder de configuración y transformación social.

El primero es el Estado liberal que se configura en Inglaterra en el siglo XVII, luego en Francia y más tarde en Estados Unidos. El segundo es el Estado centralista europeo, que arranca de Napoleón y que da lugar al Estado social de bienestar. El tercero es el Estado totalitario marxista, que tiene plena vigencia en los países de la Unión Soviética desde 1922 hasta 1991, y que se mantiene en el siglo XXI en algunos países de Asia y América (Cuba).

Estos tres modelos de estado están vinculados a la proclamación de los Derechos Humanos, y corresponden fundamentalmente a los diseños de constituciones realizadas por Jefferson, Napoleón y Marx y Lenin. Proponen tres modelos diferentes de realización de la libertad, la igualdad y la fraternidad, en el orden de la sociedad civil, que son ejecutados en América, en Europa, y en Europa oriental y Asia, a lo largo de los siglos XIX y XX.

J.J. François Le Barbier (1789). Declaración de los los Derechos del hombre y del ciudadano

El Estado liberal surge a partir de la Revolución inglesa (English Civil War, 1642-1651), de la Independencia de los Estados Unidos y las declaraciones de derechos de diversas colonias (la de Virginia de 1776, y de otros territorios) y de la Revolución francesa, y tiene su expresión en la Constitución diseñada por Thomas Jefferson. Dicha Constitución unifica en un país libre a un conjunto de individuos fugitivos de las persecuciones religiosas europeas, marginados económicamente de la revolución industrial británica, y que inician, no sin graves conflictos internos, su revolución industrial.

El Estado liberal centralista, que da lugar al Estado Social de Bienestar, surge a partir de la Revolución francesa de 1789 y de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y tiene su primera expresión en la Constitución francesa, en la creación del Derecho Administrativo, y en el Código de Napoleón de 1800. Este Estado organiza una sociedad de hombres libres e iguales, inicialmente marginados de la subjetualidad civil y eclesiástica establecida que les era hostil, y que después de más de un siglo de guerras civiles, logran constituir una subjetualidad civil integrada.

El Estado autoritario marxista, surge a partir de las proclamaciones de los Derechos Humanos Sociales, pronunciadas en los movimientos socialistas desde La Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) o Primera Internacional de los trabajadores (PIT), de Londres de 1864, pasando por la Comuna de París de 1871, hasta la Segunda Internacional de 1889. Este modelo de estado tiene su expresión más propia en los Estados de la Unión Soviética, vigente desde 1922 hasta 1991. El estado marxista or- ganiza una sociedad sin clases, sobre la base de la abolición de la propiedad privada, y concediendo prioridad a la igualdad en cuanto a los derechos humanos sociales.

Cada uno de estos tres tipos de estado se basa en una religión civil, profesa una confesionalidad y promueve una ortodoxia, incompatibles con la de los estados de otro tipo, y con la de las iglesias cristianas en casi todos los casos. En cada uno de ellos la confesionalidad y la desconfesionalización presenta algunos rasgos comunes y rasgos diferentes.

 

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Jacinto Choza ha sido catedrático de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla, en la que actualmente es profesor emérito. Entre otras muchas instituciones, destaca su fundación de de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica (SHAF) en 1996, Entre sus última publicaciones figuran, entre otras: Filosofía de la basura: la responsabilidad global, tecnológica y jurídica (2020), y Secularización (2022).

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