El deber-derecho a buscar y comunicar la verdad

 

Postmodernidad. Imagen 1

Estado de la cuestión : hacia la post-postmodernidad

La deconstrucción de la verdad

El pensamiento postmoderno se ha caracterizado por el relativismo y sustentar las posiciones escépticas más variopintas acerca de la verdad hasta el punto de deconstruir y vaciar el concepto de verdad. De hecho, varias corrientes de pensamiento surgen en torno a la idea de la completa desconexión del conocimiento de la realidad. De tal modo se deconstruye y vacía la noción de verdad, que una narración se considera que es verdadera si es aceptada por un número de personas.

Así, se defienden escepticismos de todo tipo: los irracionalistas, los idealistas, los constructivistas y los relativistas; también, los denominados sociólogos de la ciencia, los críticos del método científico y los partidarios del “linguistic turn”, entre otros. De tal modo se niega la verdad, que se llega a sostener que se puede hablar de verdad, pero siempre que se evite cualquier referencia al mundo externo y real, y siempre que se reconduzca la verdad a significar la coherencia del discurso o al consenso entre los que participan del diálogo.

La verdad como mera construcción lingüística

Por un lado, el relativismo refleja una actitud que sostiene la posibilidad de tantas verdades como puntos de vista o grupos sociales existan. La consecuencia es que cada quien tiene su verdad. De otro, el “linguistic turn” es una manifestación clara del estado de la cuestión respecto a la realidad y su conocimiento, a la postre respecto a la existencia de la verdad. Esta ideación implicó una separación neta y delimitada entre el lenguaje y el mundo, y desplazó completamente el problema de la verdad a la sola dimensión lingüística de la experiencia y del conocimiento, desgajándola de la realidad. De este modo, al defender que el conocimiento, la realidad y la verdad son únicamente productos del lenguaje, se llegaba de hecho a negar la existencia de cualquier realidad.

Con todo, con el transcurrir del tiempo se ha pasado de la Postmodernidad a otra fase que Taruffo define como Post-postmoderna, en la que se perciben cambios importantes al tratar el tema de la verdad (2010, pp. 90-93).

El hombre necesita conocer la verdad de las cosas y de sí mismo

Ahora bien, es importante no olvidar que el hombre de todos los tiempos ha anhelado y necesitado de la verdad de un modo que se puede calificar que forma parte de su propia naturaleza. Así los griegos poseían un concepto de verdad en línea con conocer y descubrir aquello que trasciende la apariencia de las cosas. Esta realidad muestra, de un lado, la capacidad del hombre para conocer la verdad y, de otro, su existencia. Lo que lleva a Morán Bustos a concluir que aquí radica una de las claves de la dignidad humana que supone una diferencia sustancial con las demás criaturas (Morán, 2021, pp. 66 y171).

Esta conclusión es de una importancia crucial y pone sobre el tapete la necesidad de una reflexión audaz acerca de la realidad de las cosas y su conocimiento, sobre lo que es el ser humano y el mundo real, y no en lo que las ideologías pretenden que sean. Porque alejarse de la verdad de las cosas, negar a priori lo que la realidad enseña, produce consecuencias desastrosas para el ser humano y las comunidades, atenta al bien común que considera los actos no solo por sus consecuencias aquí y ahora, sino también por sus efectos en el futuro. Y así, si no se enmiendan a tiempo, afectarán a nuestros hijos y a los hijos de sus hijos.

Beneficios de la no desconexión de la verdad con la realidad

Reflexionar desde la realidad del ser humano conduce a desarrollar una antropología adecuada. Apuntalar los conocimientos de las humanidades, las ciencias sociales y jurídicas, las ciencias médicas y las éticas, entre otras, con una antropología verdadera tiene como consecuencia, la profundización y mejora en el ámbito político, jurídico, sanitario, sociológico, psicológico etc. Así se desarrollaran y enriquecerán, en beneficio de la vida de las personas y comunidades, conforme a una adecuada consideración de la dignidad humana y mirando al bien común. Bien común que, conviene explicitar, no es lo mismo que interés general, sino que es el bien indivisible de todos y cada uno, también de los que nos sucederán (DSI, n. 164).

 

La Verdad

La verdad: lo que es, lo que las cosas son, se busca y se descubre en la realidad del mundo exterior. El conocimiento humano busca y percibe o capta unos datos que son interpretados o analizados racionalmente, y que le permiten alcanzar una suerte de conclusiones, de tal manera que el pensamiento asimila la realidad. Así la verdad resulta conforme con la realidad. La verdad, en la concepción tomista, tiene su fuente en la realidad viva. El ser humano está esencialmente abierto a la realidad, pues está inmerso en ella. Ciertamente la verdad, en su noción realista de lo que es, puede abordarse desde ámbitos diversos, incluso por el método de conocimiento. Es decir, puede buscarse y conocerse desde planteamientos más teóricos como el teológico o el filosófico, a otros más pragmáticos, que, sin embargo se condicionarán y auxiliarán.

Encíclica sobre la caridad en la verdad
Benedicto XVI, Caritas in Veritate. Imagen 2

Me parece interesante y conveniente señalar tres perspectivas para reflexionar acerca de la verdad: La Verdad con mayúscula o sobrenatural, y dentro de la verdad natural, la que se puede denominar doctrinal o filosófica y la verdad histórica en general, con sus diferentes visiones y métodos de estudio. Así, tratar el tema de la verdad requiere detenerse, en primer lugar, en la Verdad con mayúscula: Dios mismo, para luego atender otras facetas o contextos de la verdad con relación al hombre y a su vocación divina, que necesariamente son centrales en la vida humana, y que, a la postre, adquieren su posibilidad y significado en la Verdad (Benedicto XVI, 2009, n. 78, p. 139).

Verdad sobrenatural o con mayúscula

Desde el punto de vista ontológico, la verdad primera es la Verdad que es Dios mismo. La Sagrada Escritura enseña  acerca de Dios: “El que es” (Ex 34,6), es el único creador del cielo y de la tierra (Gn 1,1) y, por ello es el único que puede dar el conocimiento verdadero de todas las cosas creadas. Luego, Dios, envió a su Hijo Jesucristo al mundo para dar testimonio de la Verdad (Jn 18, 37). Jesucristo, en su condición de Dios encarnado, revela y manifiesta lo que es el hombre al mismo hombre y le descubre su vocación divina (Gaudium et Spes n. 22), pues está llamado libremente a participar en la vida trinitaria. Por consiguiente, la misión original de la Iglesia es testimoniar la Verdad para llevar a los hombres a Dios, su creador; a Jesucristo, su salvador; a su destino final que es la comunión con Dios.

Verdad doctrinal o filosófica

En segundo lugar, conviene atender a la verdad doctrinal: la verdad del hombre y su vida en sociedad: la verdad del bien común y del matrimonio, entre otras de las instituciones y de las relaciones humanas de carácter ontológico que, de alguna manera atañen en general a la vida en sociedad y al ámbito concreto del derecho. Esta verdad doctrinal es una verdad natural ínsita en la naturaleza de las cosas y alcanzable por la razón que la ha de captar e interpretar: es conocimiento filosófico.

Sin embargo, la Iglesia tutela y profundiza en la verdad de las cosas, y enseña acerca de esta verdad que viene de Dios mismo (Benedicto XVI, n. 9, pp. 13-14). De este modo, la Iglesia cultiva y transmite una visión antropológica trascendente y realista del hombre, de la libertad y la responsabilidad personal y lo hace con todos los medios a su alcance armonizando fe y razón, teología y filosofía. La revelación no es una verdad diferente, sino que confirma la verdad natural.

Verdad, paz y libertad

La cuestión de que la verdad sea real u objetiva, no es baladí. La razón es muy clara y se comprende perfectamente si se piensa, por ejemplo, en la perspectiva del matrimonio. Una verdad formal, basada en una concepción errónea del matrimonio, puede ofrecer algún tipo de paz momentánea o temporal. Sin embargo, estas apariencias dañan, de un lado, la institución matrimonial base de la familia y con ella a la sociedad; y, de otro, a la persona, pues aunque la verdad circunstancialmente pueda doler o resultar incómoda, solo la verdad conduce a la paz y a la libertad. La Comunidad política se construye sobre la familia, su célula básica y vital, pues la comunidad política y las estructuras que el Estado necesita para cumplir sus fines propios están esencialmente al servicio de la familia y de la sociedad civil (DSI nn. 417-419). Así, 

la libertad del hombre, dotado de inteligencia, razón y voluntad, aunque limitada y desfalleciente, debe conjugarse con el orden ínsito por la providencia divina en las cosas y en las leyes que rigen la historia, para que transcurra por sus cauces … La naturaleza de las cosas resultaba así la fuente fundamental del derecho (Vallet, 2000, p. 1341, 1345).

Por ello, profundizar y comunicar la verdad doctrinal es no solo conveniente, sino necesario. Es entre otras cosas, un servicio a la justicia.

Verdad histórica

En tercer lugar, cabe distinguir la verdad factual, la verdad acerca de unos hechos reales, de unos determinados hechos acaecidos en un contexto, en un momento concreto por personas únicas e irrepetibles. Esta realidad histórica se puede encontrar y reconstruir. La verdad real no tiene por qué diferir de la verdad que resulta de una investigación, por ejemplo en un proceso judicial, en el que la verdad procesal, no tendría porque ser una verdad diferente de la verdad real. Lo mismo cabe afirmar acerca de la Historia que muestra un conocimiento científico de la realidad de un pasado más o menos remoto.

Ciertamente, la verdad es única, es verdad real, no es relativa, sólo su conocimiento puede ser parcial o aproximado pues dependerá de las circunstancias más o menos favorables para su conocimiento y de la colaboración de los interesados, entre otras posibilidades. La experiencia humana se fragua de la percepción por la razón de sucesos y resultados en un contexto de actuaciones y relaciones que son analizados racionalmente, generando una suerte de conocimiento que se proyectará en otras situaciones venideras con las que la razón advierta semejanzas. De ahí la relevancia de conocer la Historia con verdad, aunque esta verdad nunca llegue a completarse y admita mayor aproximación y profundización (Cantero, 2009, pp. 227-228).

 

La búsqueda de la verdad

El ejemplo de Tomás de Aquino

UN ejemplo de buscador de la verdad
Tomás de Aquino. Imagen 3

Santo Tomás de Aquino es la figura señera en profundizar la relación entre verdad y justicia. Aquino desarrolló su pensamiento siguiendo el impulso vivo y real de las cosas. En esta perspectiva, definió que

iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum unicuique tribuens (S.Th.  2-2, q.58, a.1).

Esta definición muestra un concepto dinámico y abierto a la realidad. Justicia y verdad son principios que han de conjugar en armonía porque la realización de la justicia requiere discernir y descubrir la verdad mediante el ejercicio de la razón práctica para poder dar a cada uno lo suyo.

Además, santo Tomás de Aquino amó y buscó la verdad de manera desinteresada. Esta es la razón por la que los Papas, desde León XIII hasta la actualidad hayan defendido en línea de continuidad, que la investigación y la enseñanza de la filosofía deben basarse en el patrimonio filosófico perenne y válido, y, particularmente, en la obra del Aquinate, en cuanto constituye ejemplo y guía para la reflexión filosófica (Cerdá, pp. 56-57).

Justicia y verdad

Así las cosas, una serie de filósofos y juristas, cada vez más relevante, siguiendo a santo Tomás, ejercita y profundiza el realismo clásico. Autores que cultivan la labor de indagar acerca de la justicia desde una concepción y una metodología acordes con la verdad del ser humano y del mundo y, en consecuencia, con la búsqueda de la verdad. Su ingente trabajo se puede observar en una amplia bibliografía cada vez más difundida y accesible. Ciertamente, la propia reflexión y el estudio ha llevado a una serie de autores –adscritos a diferentes universidades o academias y sociedades que cultivan la jurisprudencia, la ciencia política o las humanidades en general, o bien desde su propio ámbito del ejercicio profesional– a un renovado interés por la verdad. A lo que se ha unido la libertad investigadora en las universidades católicas emergentes.

Planteamiento de Tomás de Aquino

Ahora bien, es importante destacar que santo Tomás de Aquino desarrolla su pensamiento desde la comprensión de la naturaleza como un orden dinámico creado por Dios. Efectivamente, este orden creado es cognoscible por el hombre, si bien con un conocimiento imperfecto que nunca llegará a ser perfecto, pero que puede profundizarse y mejorarse (Vallet, pp. 1331-1333). Los estudiosos de la obra de Aquino descubren que su doctrina no obedece a una construcción estática e inmutable que se impone, ni tampoco se puede calificar de relativista. La razón estriba en su pasión por la verdad que mueve a una búsqueda incansable y a un método objetivo y realista.

De este modo, el Doctor en humanidad contempla el orden natural en su totalidad. En primer lugar, considera la naturaleza de las cosas y de cada cosa, también la naturaleza del hombre en si misma prescindiendo de sus consecuencias; es decir, como una esencia o principio ontológico permanente y estable. En segundo lugar, considera las cosas en relación a sus consecuencias más generales en las relaciones humanas más comunes y universales. En tercer lugar, atiende a un nivel de las relaciones más concreto.

Por ello, la inmutabilidad va referida únicamente a unos primerísimos principios y por esta razón santo Tomás de Aquino no puede ser acusado con fundamento de inmovilista ni de relativista (Dip, 2016, p. 40). De esta forma, este método ordenado de reflexionar acerca de las cosas en su totalidad y de cada cosa en concreto es ejemplar, porque permite profundizar, mejorar y enriquecer el conocimiento objetivo y real acerca del orden de la creación y de la persona humana.

El deber de buscar la verdad

En esta perspectiva, Ginés Marco señala que discurrir de principios a conclusiones y de conclusiones a principios es la tarea más propia de la razón y de ahí destacar la importancia del pensamiento clásico y su racionalidad. Este autor pone de relieve cómo santo Tomás de Aquino, en su breve exposición de los bienes asociados a la inclinación racional del hombre, llama la atención de un aspecto peculiar, ciertamente novedoso en su tratamiento e importancia, cual es el deber de evitar la ignorancia y de buscar la verdad como exigencia de ley natural. Exigencia que se encuentra en la base del mismo orden jurídico.

A este principio se llega atendiendo a las consecuencias que tendría en una comunidad el hecho que decayese la búsqueda de la verdad, sea por ideas de tipo relativista, sea por otras de corte fundamentalista, sea por negar la existencia de una realidad objetiva, o que esta se puede conocer y compartir racionalmente. Ideas por las que el deber de buscar la verdad quedaría seriamente debilitado (Marco, 2020, pp. 156-161). En estas circunstancias la vida social estaría subyugada y sería presa de las ideologías y sus consideraciones de tipo pragmático para alcanzar y mantenerse en el poder (Benedicto XVI, n.5, p. 8).

Este deber de buscar la verdad puede ser estimulado tanto por la autoridad que está al cuidado de la comunidad, como por los organismos sociales vivos y operantes que se dan en la sociedades sanas conforme al principio de subsidiariedad; es decir, las familias, las asociaciones de padres, las asociaciones profesionales y empresariales, la universidades, y un largo etc. de sociedades y comunidades intermedias que pueden darse, según requieran los tiempos y lugares, en una comunidad política saludable (Gaudium et Spes, n. 26). Porque, ciertamente, todo deber va unido a un derecho. Así, si el deber de buscar la verdad es una exigencia de la naturaleza humana, este supone un derecho a la búsqueda de la verdad que se ha de ejercitar libre y responsablemente como todos los actos humanos.

En consecuencia

En consecuencia, se ha de poder investigar, exponer, compartir y debatir. Si la persona humana es social, es relacional, a imagen de su Creador, compartir las razones es, además de lo propio del ser humano, una exigencia de bien común: la conversación, la palabra es

“medio para comunicar lo verdadero y lo justo” (Marco, p.153).

Buscar la verdad
Buscar la verdad. Imagen 4

Buscar y comunicar la verdad en la sociedad actual: tres ámbitos propios y adecuados

La sociedad actual es plural. Significa que en ella se dan diversas concepciones religiosas, filosóficas e ideológicas. Pero ser plural no significa que las personas, asociaciones, instituciones y comunidades estén cerradas a la verdad y a su búsqueda; a profundizar en ella, anunciarla y exponerla. Al contrario, se abre a la posibilidad de diálogo, a razones que de forma conjunta permitan adquirir y profundizar una compresión adecuada del ser humano que propicie unos principios éticos, metafísicos y prejurídicos que permitan una concepción común, que fundamenten el derecho y la justicia (Cerdá, p. 356). Porque

La verdad es «lógos» que crea «diá-logos» y, por tanto, comunicación y comunión (Benedicto XVI, n. 4 , p. 6).

A mi modo de ver, tres serían los ámbitos convenientes para buscar y compartir la verdad. Espacios complementarios que se abren y proyectan entre sí. Así, si uno es más sapiencial e institucional, los otros son más relacionales y prácticos y de diferente extensión.

1.- La universidad

La Universidad es por definición el ámbito específico de investigación y de divulgación de conocimientos con gran influencia social. Es la institución propia para el diálogo, entendido como el arte del convencimiento racional acerca de la verdad. Así, es importante buscar y descubrir la verdad ejercitando la razón y reconociendo, incluso, el valor ilustrativo del Magisterio eclesial.

Buscar y profundizar la verdad doctrinal en materia de vida humana y de la familia, célula básica de la sociedad, desde diversas perspectivas, entre otras, la biológica, la antropológica, la jurídica y la política, es una exigencia de la dignidad de las personas y el bien común. El importante Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia, el Instituto de Estudios de la Familia de San Pablo CEU, son destacados ejemplos del ejercicio del deber-derecho a buscar la verdad en materias en que la sociedad actual, en general, está sumamente necesitada.

2.- Las asociaciones y fundaciones

Las personas en sociedad realizan esta labor organizando en materias de su interés todo tipo de actividades que responden a la verdad de la persona y de la vida. Las posibilidades son enormes, pues la relación con nuestros semejantes, con los que compartimos intereses comunes, sugiere multitud de empresas para enriquecer nuestra vida en común. Numerosas iniciativas han realizado y realizan una destacada labor en la sociedad, no obstante la realidad se desenvuelve mostrando y sugiriendo nuevas necesidades

3.- Las relaciones de familia y amistad 

También en las reuniones familiares, de amigos y todo tipo de encuentros conviene testimoniar la Verdad y la verdad. Dar razones sobre el amor, la vida, el matrimonio y la familia, la educación de los hijos, la libertad y responsabilidad de la sociedad civil que comienza en la familia, entre otras cuestiones. No podemos dejar de interpelar, somos corresponsables con los demás en la búsqueda de la verdad.

Tal vez sea este, a día de hoy, un ámbito necesario y conveniente para reflexionar y conversar sobre el ser humano, sobre sus relaciones en comunidad, sobre las instituciones, sobre lo bueno y lo malo, sin las líneas rojas de lo políticamente correcto. Porque es propio de la persona humana buscar y comunicar la verdad individual y comunitariamente, con libertar y corresponsabilidad.

Mostrar –con humildad y respeto– que la verdad, aunque solo nos aproximemos a ella, es cognoscible y comunicable, es importante. Porque de su apreciación o no dependerá la manipulación de las ideologías sobre qué somos, de dónde venimos y a dónde vamos, lo que marcará la respuesta a otras cuestiones: la verdad es el camino a la justicia y el bien común.

 

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Michele Taruffo (2010). Simplemente la verdad. El juez y la construcción de los hechos. Madrid: Marcial Pons, 

Carlos Manuel Morán Bustos (2021). La celeridad procesal y el respeto a la verdad del matrimonio en los procesos canónicos de nulidad. Madrid, http:eprints.ucm.es/id/eprint/65023/

Pontificio Consejo «Justicia y Paz» (2016). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), BAC, Madrid.

Benedicto XVI (2009). Caritas in Veritate. Madrid: Palabra.

Mª Teresa Cerdá Donat (2022). La certeza del derecho vinculada a la verdad y la justicia. Una reflexión “utriusque iuris” sobre su manifestación en el derecho procesal canónico. Murcia: Laborum.

Concilio Vaticano II (1965). Constitución Pastoral “Gaudium et Spes” sobre la Iglesia en el mundo actual, https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html

Estanislao Cantero (2009). La contaminación ideológica de la Historia Cuando los hechos no cuentan. Madrid: Libros Libres.

Tomás de Aquino (1956). Suma Teológica. Madrid: BAC.

Juan Bms. Vallet de Goytisolo (2000). La naturaleza de las cosas y de cada cosa y su cognoscibilidad por el hombre. Anuario de Derecho Civil 4, pp. 1319-1368.

Ricardo Dip (2016). Seguridad jurídica y crisis del mundo posmoderno. Madrid: Marcial Pons.

Ginés Marco Perles (2020). Controversias en torno al concepto de bien común en la filosofía política contemporánea, en José Antonio Pinto Fontanillo – Ángel Sánchez de la Torre (ed). Los Derechos humanos en el s. XXI. En la conmemoración de del 70 aniversario de la Declaración, vol. I. Madrid: Edisofer, pp.  147-153, 155-162.

 

 

 

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María Teresa Cerdá Donat
Doctora en Derecho Canónico y Licenciada en Derecho Civil

María Teresa Cerdá Donat es Doctora en Derecho Canónico y Licenciada en Derecho Civil

3 comentarios

  1. En este artículo se trata de un tema fundamental para las personas “ pensantes “ , y lo pongo entre comillas porque desgraciadamente es una minoría.
    La gran distancia no es el CONOCIMIENTO , de una verdad u otra, aunque la verdad sea única .
    La verdadera distancia está entre EL QUE BUSCA , y los que se quedan encadenados en el mundo de las APARIENCIAS , representados en el mito de la Caverna de Platón

    jmb

  2. La “ búsqueda “ de la verdad es una actividad propia de los seres pensantes, pero es un privilegio de unos pocos .
    La inmensa mayoría de la humanidad está sumida en el Mundo de las Apariencias que plasmaba muy bien Platón en su Mito de la Caverna.
    Lo verdaderamente importante es el DESEO de encontrar dicha verdad , que es ÚNICA, pero que está condicionada a muchas INTERPRETACIONES DE LA MISMA

  3. En medio del clima tan exageradamente antirracional de nuestros días, me agrada encontrar artículos como éste donde se afirma la capacidad del hombre para conocer la verdad y comunicarla señalando además algunos lugares donde esto se hace posible. Por otro lado, reconoce el artículo la «humildad de la razón» que no podría siempre, por sus propias limitaciones o por distintas circunstancias, conocer en plenitud la verdad pero que sí es capaz de aproximarse a ella pues lleva inscrita en su naturaleza este deseo de encontrar la verdad.

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