Mind Uploading e identidad personal:
crítica ontológica desde una antropología encarnada
1. Introducción

El proyecto del mind uploading plantea una cuestión decisiva para la filosofía contemporánea: ¿una copia digital funcionalmente equivalente constituye la misma persona o solo una réplica? La pregunta no es meramente técnica, sino ontológica. Supone examinar qué entendemos por identidad personal y qué condiciones hacen posible la continuidad del yo dentro del “poshumanismo tecnocientífico”[1].
Este enfoque nace de una preocupación legítima por el bienestar humano, que busca consumarse mediante la ciencia y la antropotécnica[2]. Sin embargo, como advierte el profesor Echarte, dicha antropotécnica entraña el riesgo de alterar los fundamentos epistemológicos y morales con los que evaluamos la verdad de una acción o un enunciado. La transformación técnica del ser humano puede terminar modificando los propios criterios desde los cuales se juzga su legitimidad.
La nueva definición antropológica de identidad personal de los transhumanistas
Desde los primeros transhumanistas a la actualidad la evolución de su pensamiento y su impacto ha ido avanzando hacia una concepción del sujeto que conlleva implicaciones en el individualismo tecnológico, la desigualdad y la autonomía[3]. En las últimas décadas esta nueva definición antropológica de identidad personal, ha provocado una reducción del cuerpo, la mente y la persona relacional ante modelos tecno-científicos. Se considera al cuerpo como un envoltorio que hay que superar a través de las tecnologías convergentes. Esta perspectiva no ve que el cuerpo es parte esencial de la identidad humana y un “vehículo para la trascendencia”[4].
El discurso transhumanista identifica que la evolución humana puede encaminarse hacia la evolución tecnológica, y defiende que la dignidad no es un valor fijo e inherente, sino una cualidad asociada a determinadas capacidades humanas[5] —como la racionalidad, la autonomía o el rendimiento funcional— que puede incrementarse o incluso reducirse mediante mejoras tecnológicas. Según Huxley existe una verdadera inquietud filosófica y religiosa centrada en la búsqueda de trascender los límites de la naturaleza humana[6], sin discurrir que puede suponer que la conciencia se desprenda del cuerpo, que es lo que propone en esencia el proyecto del mind uploading
La tesis central de este trabajo sostiene que este proyecto presupone una ontología informacional del sujeto incompatible con una concepción encarnada de la identidad personal. La reproducción funcional de procesos mentales no equivale a la continuidad ontológica del yo. En consecuencia, el uploading no preservaría al sujeto, sino que lo sustituiría por una instancia cualitativamente similar pero numéricamente distinta. Se trataría de una ruptura ontológica inconciliable tanto con una antropología encarnada como con la tradición cristiana.
2. El proyecto del mind uploading
Distintas corrientes transhumanistas

En las últimas décadas han proliferado estudios dedicados al proyecto del mind uploading, como señala la profesora Elena Postigo[7]. No obstante, la presente investigación sitúa esta cuestión en el marco más amplio de los desafíos planteados por las tecnologías emergentes o convergentes, cuyo impacto no es únicamente técnico, sino antropológico y normativo.
El transhumanismo constituye, en este contexto, una corriente heterogénea, con diversas orientaciones teóricas. En el ámbito de la University of Oxford se han articulado algunas de las formulaciones más influyentes. Puede distinguirse, por un lado, una línea más radical asociada a Anders Sandberg[8], que contempla la posibilidad de transformaciones profundas de la condición humana, incluida la transferencia de la mente a soportes no biológicos. Por otro lado, autores como Peter Singer[9] defienden el mejoramiento humano en términos más graduales, sin implicar necesariamente una ruptura ontológica con la naturaleza biológica del sujeto. Esta diversidad interna muestra que el debate no se reduce a una única postura doctrinal, sino que fluctúa entre propuestas de optimización progresiva y proyectos de transformación radical del concepto mismo de persona.
La tecnología encarnada
En este sentido nace el concepto de la tecnología encarnada (embodied technology), donde la técnica se integra en el cuerpo y en la experiencia ya vivida. En concreto, en el debate sobre el transhumanismo, la noción de tecnología encarnada introduce una crítica fundamental al enfoque más radical e insiste en que no hay mente humana sin cuerpo, ni identidad personal separable de la experiencia corporal.
Sin embargo, pese a las dificultades filosóficas que plantea, estas iniciativas cuentan con financiación millonaria por parte de diversas empresas y centros de investigación vinculados al ámbito transhumanista. Ello no se explica únicamente por expectativas técnicas, sino también por la fuerza simbólica del proyecto: en él parece cumplirse una suerte de mesianismo científico, esto es, la promesa de redención intramundana mediante la superación de los límites biológicos. La “posibilidad de que el cerebro humano sea sustituido por un computador” se presenta así no solo como un avance tecnológico, sino que representa la materialización de un ideal de redención inmanente: la superación de los límites biológicos —enfermedad, envejecimiento y muerte—, sin necesidad de recurrir a la trascendencia religiosa. El proyecto propone un perfeccionamiento humano autosuficiente, donde la continuidad del yo depende únicamente de la formalización funcional de la mente, relegando la corporeidad.
Su fundamento se centra en la idea de transferir una mente de su sustrato original (el cuerpo biológico de la persona) a otro sustrato, que puede ser también biológico, o bien robótico o incluso digital[10]. Este procedimiento consiste en mantener nuestras mentes plenamente operativas de forma indefinida tras la muerte, transfiriéndolas a un sustrato no biológico que permitiría al ser humano liberarse de su confinamiento corporal. Sin embargo, desde una concepción encarnada, el uploading difícilmente puede considerarse continuidad ontológica del sujeto.
Un proyecto de redención tecnológica
De hecho, como argumenta el profesor Gaitán[11], el mind uploading presupone una escatología secular, que materializa la utopía prometeica según la cual los seres humanos podrían redimirse por sus propios medios, desplazando a Dios del horizonte de su existencia. Desde esta perspectiva, surgen contrastes significativos entre el uploading entendido como proyecto de redención tecnológica y la tradición cristiana, que vincula la inmortalidad con la dimensión trascendente y la continuidad del sujeto en relación con Dios.
Enmarcado en el movimiento transhumanista, el mind uploading aspira a la inmortalidad personal más allá de los límites temporales del cuerpo biológico. Su interés no reside tanto en la certeza de su realización como en plantear interrogantes fundamentales, cuestionando supuestos sobre identidad, corporeidad y continuidad del yo que habitualmente se dan por descontados. No busca prolongar la vida del cuerpo ni mejorar sus capacidades, sino preservar la mente como núcleo del yo, incluso a costa de abandonar el soporte biológico.
La reducción del ser humano a su mente
La hipotética transferencia de la mente humana a un soporte no biológico representa el límite conceptual del transhumanismo. Este desplazamiento revela una tesis implícita pero decisiva: el ser humano es, fundamentalmente, su mente. Tal afirmación reactualiza debates filosóficos clásicos —dualismo, materialismo, funcionalismo— en un nuevo contexto tecnológico. No es solo una promesa futura, sino un experimento conceptual que fuerza a redefinir qué entendemos por identidad personal. Más que una propuesta tecnológica, constituye un desafío ontológico a las nociones clásicas de identidad personal, conciencia y encarnación.
Este enfoque parte desde la filosofía de la mente y la metafísica del yo, manteniendo que su principal problema no es la viabilidad técnica, sino la coherencia filosófica de la idea de una mente independiente del cuerpo. Se argumenta que implica una disolución de la identidad personal entendida como continuidad encarnada, y abre la puerta a una concepción informacional y ramificada del sujeto. Y por tanto, la mente podría eventualmente ser replicada a un soporte artificial.
Formas posibles de mind uploading
Según David Chalmers[12], la noción de subida de la mente podría realizarse teóricamente de tres formas primordiales:
a) subida destructiva, donde el cerebro biológico original se destruye durante el proceso de escaneo o transferencia. La mente solo continúa existiendo en el sustrato digital;
b) subida gradual, donde la transferencia ocurre de manera incremental, reemplazando pequeñas partes del cerebro por equivalentes digitales con el tiempo, lo que podría preservar la continuidad de la conciencia;
y c) la subida no destructiva, donde el cerebro permanece intacto y se crea una copia de la mente en una computadora. Esto plantea cuestiones filosóficas sobre la identidad personal, porque ahora existen dos “versiones” de la misma mente. Discute estas distinciones en el contexto de la filosofía de la mente, la conciencia y la identidad personal, subrayando que cada forma plantea diferentes desafíos éticos, metafísicos y técnicos[13]
3. Postura de la antropología encarnada
Concepción funcionalista de la mente
La posibilidad del mind uploading se apoya en una concepción funcionalista de la mente, según la cual los estados mentales se definen por su rol causal y no por el material que los implementa¹. Desde esta perspectiva, el cerebro sería un soporte contingente, y la mente un patrón organizativo susceptible de ser reproducido en otros medios. Con este enfoque el cuerpo es como un envoltorio ligado a procesos insalvables como la enfermedad o el envejecimiento, y por último, la muerte[14], pueden ser superados con una existencia virtual potencialmente inmortal. Según Diéguez[15] el cuerpo biológico es algo despreciable, dada sus limitaciones y sus debilidades. Esta visión encuentra afinidad con teorías computacionales de la mente[16] y con una ontología informacional del sujeto. Sin embargo, presupone que la totalidad de la experiencia mental puede ser formalizada y replicada, incluyendo aspectos tradicionalmente considerados irreductibles, como la conciencia fenomenológica[17].

El problema central del mind uploading no es qué se transfiere, sino quién continúa existiendo. La identidad personal ha sido tradicionalmente vinculada a la continuidad psicológica⁴ o corporal⁵. El upload rompe con ambas. Si el proceso genera una instancia mental funcionalmente idéntica, surgen tres posibilidades:
1) el yo persiste si no hay ruptura subjetiva (Continuidad fuerte);
2) el yo muere y es reemplazado por una copia consciente (Sustitución);
3) ambas instancias son continuaciones legítimas del yo original[18] (Identidad ramificada).
Esta última opción, amparada por ciertos transhumanistas, implica abandonar la noción clásica de identidad como unidad numérica y aceptar una ontología del yo no exclusivo y múltiple[19]. La importancia del cuerpo y la phenomenal consciousness, según Ostiz, acentúa la relevancia del cuerpo como parte inseparable de la mente[20].
El problema duro de la conciencia
Una de las refutaciones más persistentes al mind uploading es el llamado «problema duro de la conciencia»[21], formulado por David Chalmers en The Conscious Mind. El núcleo de la dificultad se sitúa en los qualia, es decir, en las cualidades fenomenológicas irreductibles de la experiencia consciente —el “rojo” tal como se da en la vivencia, el “dolor” tal como se siente, la inmediatez del propio “yo”— que parecen sustraerse a toda explicación exclusivamente funcional o computacional. No se trata simplemente de estados informacionales, sino del modo en que tales estados son experimentados desde la primera persona. Precisamente esa dimensión subjetiva es la que resiste su formalización completa en términos de estructura o procesamiento.
Desde esta perspectiva, incluso si el mind uploading lograra replicar con precisión la estructura funcional del cerebro en un sustrato digital, quedaría abierta la cuestión de si dicha réplica poseería auténtica conciencia o si simplemente simularía los correlatos conductuales de la misma. Si tal escenario es comprensible —como sostiene Chalmers, entonces la identidad funcional no garantiza identidad fenomenológica. En consecuencia, la viabilidad tecnológica del mind uploading no solucionaría automáticamente el problema metafísico de la conciencia.
Más recientemente, el propio Chalmers ha matizado su posición en el contexto de la inteligencia artificial avanzada, sugiriendo que ciertos sistemas artificiales podrían poseer formas genuinas de conciencia si implementan la organización funcional adecuada.[22] Sin embargo, aunque una mente artificial reproduzca todas las funciones cognitivas observables, no se sigue necesariamente que exista experiencia subjetiva. Desde esta crítica, el mind uploading podría producir una simulación perfecta de la mente, sin conciencia real. El peligro filosófico es confundir equivalencia funcional con identidad fenomenológica.
La eliminación del cuerpo
Además, las teorías de la cognición encarnada[23] sostienen que la mente emerge de la interacción dinámica entre cerebro, cuerpo y entorno. La eliminación del cuerpo no sería un detalle técnico, sino una mutilación ontológica, y por tanto, concluye que para la mayoría de las concepciones tradicionales de identidad personal, la identidad no se mantiene, y el proceso equivaldría a la desaparición del sujeto[24].
Es concluyente destacar que la identidad personal no se reduce a un conjunto abstracto de datos, sino que constituye una forma de vida históricamente situada y relacional. Siguiendo a Martin Heidegger[25], el sujeto es siempre ser-en-el-mundo: su identidad nace de prácticas, contextos y relaciones encarnadas. El mind uploading, al disociar el yo de esta trama constitutiva, ignora las condiciones corporales y situacionales que hacen posible la existencia genuina del sujeto.
Asimismo, la corporeidad implica dependencia, afectividad y límite. Como observa Hans Jonas[26], la vulnerabilidad no es un defecto técnico superable, sino un rasgo estructural de la condición humana. La posibilidad de alcanzar la inmortalidad digital, con el cuerpo totalmente aislado, provocaría la transformación de la estructura ontológica que sustenta la identidad personal
4. Conclusión
El mind uploading implica una tesis filosófica radical sobre la naturaleza del yo

El mind uploading no debe valorarse únicamente como una posibilidad tecnológica futura, sino como una tesis filosófica radical sobre la naturaleza del yo. Lleva al extremo una predisposición moderna: la progresiva desmaterialización del sujeto. Una mente que no muere no envejece y no sufre corporalmente ya no comparte las condiciones fundamentales de la experiencia humana finita. Desde una perspectiva fenomenológica, puede sustentarse que el mind uploading no preserva al sujeto, sino que lo sustituye por una entidad ontológicamente distinta. Incluso si la copia se declara el yo original, tal afirmación no garantiza la continuidad subjetiva. Así, no ofrecería inmortalidad, sino una forma de supervivencia narrativa: la historia del yo continúa, aunque el sujeto que la vivía haya desaparecido.
Si esta concepción resulta inaceptable, entonces el mind uploading no representa la continuidad del ser humano, sino su disolución en una nueva forma de existencia posthumana. El proyecto en sí mismo, independientemente de su viabilidad, es un síntoma de un momento antropológico, cultural y religioso ante el cual no podemos permanecer indiferentes. Como afirma Diéguez[27] el volcado sería equivalente a la desaparición del sujeto, es decir, a su muerte, y solo desde posiciones muy limitadas podría defenderse lo contrario. Es un error pretender ver a las emociones como afecciones, no es posible una tecnificación de la voluntad. Debemos defender la unidad, porque realmente no ofrece la continuidad humana sino una disolución, y según Echarte[28], la única solución es el retorno al camino de la contemplación humana.
El peligro de la muerte del individuo
El mind uploading no constituye únicamente una hipótesis tecnológica acerca del futuro de la inteligencia artificial, sino que implica una tesis metafísica sobre la naturaleza del yo. Su coherencia exige aceptar que la identidad personal es reducible a información estructuralmente replicable y que la conciencia puede formalizarse sin pérdida ontológica. Dicho de otro modo, presupone que el sujeto no es más que un patrón organizativo susceptible de ser transferido a otro soporte.
Sin embargo, desde una antropología encarnada, tales proposiciones resultan insuficientes. Si el cuerpo no es un mero vehículo contingente, sino dimensión constitutiva de la identidad, entonces la reproducción funcional de los estados mentales no garantiza la continuidad ontológica del sujeto. La copia podría ser cualitativamente indistinguible del original —misma memoria, mismos rasgos psicológicos, misma estructura—, pero ello no implica identidad numérica. En el mejor de los casos, se lograría una réplica estructuralmente equivalente; en el peor, una simulación carente de conciencia fenomenológica. En ninguno de las posibilidades queda asegurada la persistencia del mismo yo.
En conclusión, ¿Puede el yo multiplicarse o transferirse sin perder su condición de unidad? Si el mind uploading generara una entidad funcionalmente indistinguible del sujeto original, ¿bastaría esa equivalencia para garantizar su identidad numérica? Desde una antropología que identifica la persona con la continuidad del organismo vivo, la respuesta tiende a ser negativa. La identidad personal no se reduce a la preservación de información psicológica, sino que coincide con la continuidad concreta de un sujeto encarnado. La paralización de dicha continuidad constituye la muerte del individuo, incluso si una copia psicológicamente perfecta continúa existiendo.
Falta consenso sobre la naturaleza de la experiencia subjetiva
La inmortalidad digital revela una transformación profunda del concepto de persona: de unidad encarnada e irrepetible a patrón reproducible y potencialmente multiplicable. El debate, por consiguiente, trasciende la mera viabilidad tecnológica y cuestiona nuestra comprensión de la identidad, la finitud y el sentido mismo de la existencia humana. Mientras no exista un consenso sobre la naturaleza de la experiencia subjetiva, la promesa de la inmortalidad digital permanecerá filosóficamente indeterminada: podría tratarse de una auténtica preservación del yo o, por el contrario, de la creación de una réplica funcional carente de conciencia fenomenológica.
Uno de los mayores desafíos de la sociedad contemporánea es la ausencia de una ética sólida capaz de discernir críticamente frente a este tipo de proyectos, situados en el marco del pensamiento posthumano, que propone de manera constante soluciones orientadas al perfeccionamiento de la especie humana.
Resulta, por tanto, indispensable otorgar prioridad a la dignidad humana y a la valoración integral del cuerpo. De no hacerlo, el avance de propuestas posthumanas podría entrar en tensión con la identidad personal y, en última instancia, comprometer la unidad ontológica del sujeto.
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Bibliografía
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NOTAS
[1] Cf. Diéguez, Antonio. (2021). Cuerpos inadecuados. El desafío transhumanista a la filosofía. Herder; Diéguez, Antonio. (2017). Transhumanismo. La búsqueda tecnológica del mejoramiento humano. Barcelona: Herder.
[2] Cf. Bostrom, Nick. (2005). “A history of transhumanist thought”. Journal of Evolution and Technology, 14(1), 1–25; Bostrom Nick. Transhuman values. Disponible en: https://nickbostrom.com/ethics/values;
Bostrom, N. (2003) “The transhumanist frequently asked questions: a general introduction”. 1-4. 2003. http://nickbostrom.com/views/transhumanist.pdf.
[3] Con estos parámetros se corre el riesgo de un reduccionismo del cuerpo y la racionalidad frente a los modelos de persona relacional, y, por tanto, un individualismo tecnológico que lleva a la desigualdad, la autonomía artificial y una visión tecnocrática frente al bien común. Cf. Arana Cañedo-Argüelles, Juan. (2018). “El futuro del Hombre: ¿Contienen las propuestas del Transhumanismo una respuesta Satisfactoria?”. Isidorianum 27 (54), 217-32. https://doi.org/10.46543/ISID.1827.1032. Según Arana: “Los transhumanistas son pragmáticos y prefieren escenarios que, aun siendo puramente hipotéticos, servirían para despejar cualquier duda por la vía de los hechos”.
[4] La profesora Lumbreras insiste en la necesidad de una ética robusta que de un carácter privilegiado a la dignidad humana y se valore la integralidad del cuerpo. También indica las implicaciones éticas de la autenticidad ante el peligro de las relaciones de la tecnología y recalca que la IA no debe sustituir “la responsabilidad y la capacidad de deliberación humana”. Cf. Lumbreras, Sara. (2025). “La identidad del ser humano a la luz de la tecnología y la inteligencia artificial. En Vázquez Jiménez, Rafael (Ed.), Una mirada cristiana al transhumanismo. Madrid: EDICE/Conferencia Episcopal Española, 155- 180.
[5] Cf. Jiménez-López, Jesús. (2022). “Aproximación a los retos ético-jurídicos de la Inteligencia Artificial: de la neuroética a los neuroderechos”. Ius et Scientia: Revista Electrónica de Derecho y Ciencia, 8(1), 166–187.
[6] Monterde Ferrando, Rafael. (2020). “El transhumanismo de Julian Huxley: una nueva religión para la humanidad”. Cuadernos de Bioética, 31(101), 71–85.
[7] Postigo, Elena. (2009). “Transumanesimo e posthumano: principi teorici e implicazioni bioetiche”. Medina e Morale, 2, 267–282; Postigo, Elena. (2016). “Naturaleza humana y problemas bioéticos del transhumanismo y del mejoramiento humano”. En Humanidad infinita. Desafíos éticos de las tecnologías emergentes. Madrid: Ediciones Internacionales Universitarias; Postigo, Elena (2021). “Transhumanismo, mejoramiento humano y desafíos bioéticos de las tecnologías emergentes para el siglo XXI”. Cuadernos de Bioética, 32(105), 133–139.
[8] Sandberg, Anders. (2014). Whole Brain Emulation: A Roadmap. Oxford: Future of Humanity Institute.
[9] Singer, Peter. (2011). Practical Ethics (3rd ed.). Cambridge: Cambridge University Press.
[10] Lorrimar, Valeria. (2019). “Carga mental y cognición encarnada: una respuesta teológica”. Zygon: Revista de Religión y Ciencia, 54(1), 191–206. https://doi.org/10.1111/zygo.12481.
[11] Gaitán, Leandro. (2019). “Heaven on Earth: The Mind Uploading Project as Secular Eschatology”. Theology and Science, 1–14. https://doi.org/10.1080/14746700.2019.1632554.
[12] Este filósofo australiano discute estas distinciones en el contexto de la filosofía de la mente, la conciencia y la identidad personal, subrayando que cada forma plantea diferentes desafíos éticos, metafísicos y técnicos.
[13] Chalmers, David J. (2014). “Uploading: A Philosophical Analysis”. En R. Blackford & D. Broderick (Eds.), Intelligence Unbound: The Future of Uploaded and Machine Minds, 127–148. Wiley Blackwell. https://philpapers.org/rec/CHAUAP-5.
[14] Lumbreras, Sara. (2020). Respuestas al transhumanismo: cuerpo, autenticidad y sentido, Madrid: Digital Reasons. Digital Reasons.
[15] Cf. Diéguez, Antonio (2022). “El volcado de la mente en la máquina y el problema de la identidad personal”. Revista de Filosofía, 52(2), e054, 1-15. https://doi.org/10.5209/resf.80689; Diéguez, Antonio. (2021). Cuerpos inadecuados. El desafío transhumanista a la filosofía. Barcelona: Herder. https://doi.org/10.2307/j.ctv1prsscc; Diéguez, A. (2017). Transhumanismo. La búsqueda tecnológica del mejoramiento humano. Barcelona: Herder.
[16] Cf. Sierra, Carlos H. (2023). “El enigma ontoepistemológico de la consciencia. Acerca del transhumanismo y la analogía computacional del cerebro”, Trilogía Ciencia Tecnología Sociedad 15(29), e2458. https://doi.org/10.22430/21457778.2458; Tillería, Leopoldo. (2021). “La filosofía de la mente de Jerry Fodor”. Sophia, colección de Filosofía de la Educación, 30, 155-177 https://doi.org/10.17163/soph.n30.2021.05.
[17]Garrido Merchán, Eduardo César y Lumbreras, Sara. (2023). “¿Puede la inteligencia computacional modelar la conciencia fenomenal?” Philosophies 2023, 8, 70. https://doi.org/10.3390/.
[18] Chalmers, David J. (2014). “Uploading: A philosophical analysis”. En R. Blackford & D. Broderick (Eds.), Intelligence Unbound: The Future of Uploaded and Machine Minds, 127–148. Wiley‑Blackwell. https://philpapers.org/rec/CHAUAP-5.
[19] Dentz, Robert. (2024). Memory, Freedom, and Identity: Challenges to “Virtual Consciousness”. Revista Iberoamericana de Bioética, 25, 01–13. https://doi.org/10.14422/rib.i25.y2024.005
[20] Ostiz, Mikel. (2020). “¿Es realmente accesorio el cuerpo? Cuestiones por resolver acerca del mind uploading. Naturaleza y Libertad. Revista de Estudios Interdisciplinares, 14, 163‑184 https://doi.org/10.24310/NATyLIB.2020.v14i2.10737; Chalmers, David J .(2007). “The Hard Problem of Consciousness”. En Velmans, M., y Schneider, S. (eds.), The Blackwell Companion to Consciousness, 225-235. Oxford: Blackwell.
[21] Chalmers, David J. (1996). The Conscious Mind: In Search of a Fundamental Theory. Oxford University Press.
[22] Chalmers, David J. (2022). Reality+: Virtual Worlds and the Problems of Philosophy, New York: W. W. Norton.
[23] Clark, Andy. (1997). Being There: Putting Brain, Body, and World Together Again. MIT Press.
[24] Diéguez, Antonio. (2022). “El volcado de la mente en la máquina y el problema de la identidad personal”. Revista de Filosofía, 52(2), e054. https://doi.org/10.24215/29533392e054
[25] Cf. Heidegger, M. (2007). Ser y tiempo [Being and Time, 1927]. Madrid: Trotta.
[26] Cf. Jonas, H. (2002). El principio de responsabilidad: ensayo de una ética para la civilización tecnológica [Das Prinzip Verantwortung, 1979]. Barcelona: Herder.
[27] Diéguez, Antonio. (2022). El volcado de la mente en la máquina y el problema de la identidad personal. Revista de Filosofía, 52(2), e054. https://doi.org/10.5209/resf.80689
[28] Cf. Echarte Alonso, Luis Enrique. (2025). Te enamorarás de una máquina: La fe ante la singularidad tecnológica. Ediciones Rialp.
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Manuel Ortuño Arregui
Doctor por la Universidad de Alicante. Máster en Teología por la Universidad de Murcia. Licenciado en Historia y en Humanidades por la Universidad de Alicante. Actualmente, pertenece al Instituto Veritatis Gaudium de la Universidad Católica de Valencia, donde imparte la asignatura de “Ciencia, Razón y Fe” en la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud. Es miembro ordinario del Istituto Internazionale di Neurobioetica (IINBE) con sede en Roma.