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La oración originaria(9): Herejía, excomunión y renovación de la ortodoxia

2.- De la muralla y el calendario a la ciudadanía y la ortodoxia

§ 7.- Herejía, excomunión y renovación de la ortodoxia. La muerte de Sócrates.

 Desde el punto de vista del estado la ortodoxia es un momento o una parte de la administración pública, del ordenamiento administrativo. Aunque el derecho administrativo como tal es una creación muy moderna, en concreto, vinculada a la caída del Antiguo Régimen, la administración pública es una actividad que aparece con el nacimiento del estado, de la interioridad social. Es el ejercicio del derecho público, es lo que el estado regula para el funcionamiento acordado como adecuado, justo, de la sociedad. Es la articulación de la interioridad social, de la sustancia ética de la sociedad, con las conciencias individuales.

Como se ha dicho antes (ROREM § 46.3), la ortodoxia es el conocimiento acogido y difundido reflexivamente por las funciones cognoscitivas de la interioridad social, y a la vez, por las funciones imperativas de la interioridad social, para que sea asumido por las funciones cognoscitivas y volitivas individuales.

Akenaton

Akenaton y la ortodoxia egipcia (Infografía)

En la Edad de los Metales la ortodoxia todavía no tiene el carácter reflexivo que tiene a mediados del primer milenio AdC, en la Antigüedad, especialmente en la antigüedad greco-romana y en la cristiandad, pero queda ya prefigurada y tiene sus primeras manifestaciones en fenómenos históricos como las revueltas religiosas de Akenaton (1353-1336 AdC).

El valor y la función administrativa de la ortodoxia consisten en articular adecuadamente la esencia humana, la autoconciencia pública y la voluntad general, en los momentos de normalidad y en los de cambio cultural. El ajusticiamiento constante, normal, del delincuente, tiene como función la reafirmación de la autoconciencia pública y la voluntad general en su rectitud. Y en tiempos de cambio cultural, también, pero en ese caso lo que suele hacer es ofrecer resistencia al nuevo mundo y a los nuevos horizontes existenciales, que se proponen desde fuera de la institución estatal y eclesiástica. 

El mundo es el horizonte de despliegue de la existencia. Cuando llega un momento en que las exigencias, inquietudes y aspiraciones de la subjetividad humana en su situación histórica, no pueden ser acogidas en el horizonte del mundo vigente, entonces el mundo vigente se hace angosto, y los que proponen horizontes nuevos frecuentemente entran en conflicto con el estado y con la iglesia y sus correspondientes autoridades.

La muerte de Antígona, Sócrates, Séneca, Jesús, Pablo, y en general, la de quienes son ajusticiados en momentos de cambio cultural, por profesar un modo de vida y una doctrina no del todo concorde con la conciencia de la autoridad pública, por una parte, y la prohibición de los cultos dionisiacos en 186 AdC, el destierro de Ovidio en el 8 dC, y el cierre de la Academia de Atenas por Justiniano en 529, son la afirmación de una ortodoxia, por parte de un estado que pasa de un mundo a otro  a lo largo de un milenio de duración.

J.-L. David, La muerte de Sócrates

La muerte de Sócrates (Infografía)

La muerte de Sócrates, objeto de numerosos ensayos filosóficos y obras literarias[1], es un ejercicio de ortodoxia por parte del estado y la ciudadanía ateniense, de un modo análogo a como lo es la muerte de Jesús, por parte de las autoridades eclesiásticas y civiles y por parte de los ciudadanos. 

En ambos casos la acusación es que se llevan tras de sí a mucha gente, que alborotan al pueblo o a los jóvenes, y que blasfeman contra la religión oficial, proclamando que la virtud es más importante que el culto público. En ambas condenas se observan los procedimientos judiciales prescritos legalmente y en ambos casos la condena está apoyada por una amplia mayoría de ciudadanos. También en ambos casos se da una aceptación voluntaria de la muerte por parte de los ajusticiados, para hacer un bien a todo el pueblo. Sócrates y Jesús son condenados a muerte por “herejía”, por delitos contra la ortodoxia.

En el caso de las sentencias contra Séneca y Ovidio, la ortodoxia es ejercida más bien por voluntad imperial, sin observar los procedimientos legales. Es una cuestión de ortodoxia menor, pues los escritos de ambos autores tienen un efecto nocivo sobre el orden vigente, sea por criticar vicios ciudadanos o vicios de autoridades políticas en ejercicio, sea por ensalzar comportamientos considerados como inmoralidad pública[2].

En el caso de Sócrates y Jesús, hay un reconocimiento de su doctrina y su mensaje después de su muerte, y en el caso de Séneca y Ovidio también. Ovidio no es idealizado en un sentido hagiográfico, pero Séneca sí, y pasa a ser considerado un maestro de la virtud, también en el seno del cristianismo[3].

Jesús acusado por la ortodoxia judía

Jesús acusado (Infografía)

Es un ejercicio de la ortodoxia por parte del Senado el edicto de prohibición de las bacanales en 186 AdC, al igual que las persecuciones de los cristianos, desde la de Nerón (64-68) hasta la de Diocleciano (303-313)[4].

Después del Edicto de Tesalónica promulgado por Teodosio en 380, y el establecimiento del cristianismo como religión oficial del imperio, el estado romano tutela la ortodoxia del nuevo signo apoyando los concilios de Nicea en 325, Constantinopla I en 381, Éfeso en 431 y Calcedonia en 451, donde se define la ortodoxia cristiana, como más adelante se verá.

Último acto de afirmación de ortodoxia en la antigüedad

Justiniano (Infografía)

La clausura en 529 por parte de Justiniano, cabeza del Imperio Romano de Oriente, de todas las academias filosóficas de Atenas, por temor a que perjudicaran la religión oficial, es quizá el último acto de afirmación de la ortodoxia de la Antigüedad, y el último de un conjunto de ejemplos que las iglesias y los estados de la historia posterior siguen.

La ortodoxia es uno de los elementos clave del eurocristianismo o de la cristiandad (no de las otras formas de cristianismo) a lo largo de toda su historia, y lleva consigo algunos de sus rasgos señalados antes como esenciales. Un conocimiento científico de la doctrina de Jesús, una unificación religioso-moral, a través de la confesionalidad de los estados, de la conciencia de los sujetos individuales y de estos en el estado, y una simbolización de la divinidad mediante el poder de los estados eurocristianos.

Esta configuración de la ortodoxia en la cristiandad, lleva consigo una connotación recíproca inmediata entre el nombre de Dios y el poder político, entre el poder y la opresión, lo cual constituye un estado de cosas favorable a la formación de planteamientos laicistas, ateos y anticlericales. Estos planteamientos, al final de la época histórica se consolidan en ideologías, y modos de pensamiento generalizado, con la caída del antiguo régimen y la crisis de la metafísica y de la modernidad[5].

La ortodoxia, esa determinada forma en que las subjetividades integrantes de la comunidad comparten la verdad a cerca de ella misma, su génesis, su fundamento y su destino, tiende de suyo a ser participada por todos de modo pleno, pero esa participación no tiene lugar de un modo común, pacífico y concorde. Incluye también en su propio ámbito y en su propia historia la dinámica de las luchas por el poder, tanto civil como eclesiástico.

Cronológicamente la ortodoxia se realiza como una participación paulatina que aumenta en cantidad de individuos que la aceptan y en profundidad en el conocimiento de lo participado, es decir, que admite muchas formas y muchos grados. Es la historia de la integración y reconocimiento de las propuestas objetivas institucionales en las subjetividades personales, y de la integración y reconocimiento de las legítimas aspiraciones de los individuos, de los derechos subjetivos, en el derecho público, o sea, la historia de la realización de la esencia personal del individuo y de los grupos en la comunidad a través del derecho[6].

El grado propio y adecuado, el que corresponde a una comunidad en la cual todas las subjetividades y grupos son reconocidos según su esencia, es el que se da cuando tiene lugar el reconocimiento de la libertad esencial de las subjetividades individuales y de los grupos singulares.

Este reconocimiento pleno del arbitrio y de la libertad de los individuos y grupos por parte de la comunidad, del estado y de la iglesia, es un problema que marca todo el periodo histórico, desde Atenas y Roma, hasta la época global.

NOTAS

[1] https://en.wikipedia.org/wiki/Trial_of_Socrates

[2] https://en.wikipedia.org/wiki/Ovid, https://en.wikipedia.org/wiki/Seneca_the_Younger

[3] El valor y la función de Séneca como guía espiritual no se refiere solo a la Antigüedad, sino que llega hasta el presente, quizá más en el mundo anglosajón que en el latino. Cfr. Zambrano, María, El pensamiento vivo de Séneca, Madrid: Cátedra, 1987.

[4]  Blázquez Martínez, José María, “El Edicto sobre las bacanales del año 186 antes de Jesucristo”, Jano 63, 1973, pp. 105-108. https://es.wikipedia.org/wiki/Persecución_a_los_cristianos, https://en.wikipedia.org/wiki/Persecution_of_Christians

[5] Esta relación que aquí se enuncia en términos muy generales puede verse con más detenimiento en Derrida, J. y Vattimo, G., La religión, Buenos Aires: La Flor, 1997 (orig. 1996).

[6] Esa es la concepción del derecho y de la historia de Hegel. Para los momentos del proceso empírico de realización de esa idea, Cfr., Weber, M., Economía y sociedad, cit., especialmente II, V, 5-7, y II, VII, 3, “La forma de creación de los derechos subjetivos”, pp. 532-588.

About the author

Jacinto Choza ha sido catedrático de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla, en la que actualmente es profesor emérito. Entre otras muchas instituciones, destaca su fundación de de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica (SHAF) en 1996, Entre sus última publicaciones figuran Antropología y ética ante los retos de la biotecnología. Actas del V Congreso Internacional de Antropología filosófica, 2004 (ed.). Locura y realidad. Lectura psico-antropológica del Quijote, 2005. Danza de oriente y danza de occidente, 2006 (ed).

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