5.- El cristianismo, la cristiandad y los estados nacionales en occidente

 

§28.- Objetividad, realidad y ateísmo. Hipócritas y fanáticos

Como se ha dicho antes (§ 4 y § 4.2) la ortodoxia es la forma en que las subjetividades integrantes de la comunidad comparten la verdad a cerca de ella misma, su génesis, su fundamento y su destino. Esta comunión de las subjetividades en la verdad de la comunidad es una participación que admite muchos grados.

El grado propio y adecuado en la era de la globalización, transcurrida la época histórica de la cultura occidental, es el que corresponde a una comunidad en la cual todas las subjetividades son reconocidas según su esencia, el que se da cuando tiene lugar el reconocimiento de la libertad esencial de las subjetividades.

Acrópolis de Atenas (Imagen 1)

 

El reconocimiento del arbitrio y de la libertad de los individuos por parte de la comunidad, del estado y del gobierno, es un problema que marca todo el periodo histórico, desde Atenas y Roma, hasta la época global, justamente en los países de la cultura occidental.

Pero no en todos los países de la cultura occidental la sociedad se encuentra en el mismo grado de desarrollo de su reflexión y autoposesión, ni tampoco en los países de los demás continentes.

 

E. Roosevelt junto a la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Imagen 2)

Aunque la declaración de los derechos humanos de 1948 esté suscrita por casi todos los países, y las declaraciones de libertad religiosa han sido acogidas en una gran cantidad de ellos, los derechos y las libertades formales, declaradas a nivel oficial, tienen un alcance y una vigencia real muy diferente en los distintos países, dependiendo del grado de madurez y reflexión de esa sociedad.

La historia, en cuanto proceso de reconocimiento de la libertad como articulación del individuo y la sociedad mediante el estado, tiene muchas fases. Al menos en occidente las ha tenido. Y en esas fases la vida individual y grupal tiene diversas dimensiones.

Esas dimensiones de la vida individual y grupal, que se articulan a lo largo de la historia, son lo externo, o el derecho, y lo interno o la moral. Lo público y lo privado. Lo personal, lo grupal y lo estatal. Lo político y lo religioso.

Si se entiende como religión la referencia al fundamento que hace ser al individuo y a la sociedad, la secularización del siglo XXI puede no tener mucha relevancia, pues ese fundamento del ser y de la identidad individual y colectiva, tiene el mismo poder de convocatoria y de cohesión designándole con el nombre de Dios, con el de planeta tierra, con el de nación.

Las fases de la historia son, en alguna medida, fases de diferenciación de esas dimensiones y grados de articulación entre ellas. La vida religiosa, o menor dicho político-religiosa, de los individuos y los grupos, viene dada por la articulación entre las dimensiones de la vida individual y grupal con el fundamento.

Esa articulación de la vida individual y grupal con el fundamento, con la mediación de las instituciones, es, en las sociedades occidentales del siglo XXI, la articulación de lo que estamos llamando “forma de vida normal”, que oscila como se ha dicho ante (§ 17) entre dos extremos que son el fanatismo, la identificación absoluta con la idea o con el papel, que es también idolatría,  y la hipocresía, que es la incapacidad para identificarse con un papel en referencia a unos objetivos o a unos ideales[1].

Los extremos del fanatismo y la hipocresía, afectan a la vida religiosa de los individuos y de las comunidades. Los afectan cuando las ideas y los papeles, que pertenecen al mundo ideal, al mundo objetivo, no se perciben como medios que refieren al individuo y a los grupos al fundamento y a los ideales realmente reales.

religión
Grupo de mujeres consagradas a una vida religiosa (Imagen 3)

Cuando se perciben de ese modo, la ortodoxia cumple bien su papel de unificar en la verdad del conocimiento de sí y la valoración de sí al individuo y a la comunidad. Entonces hay evolución de la ortodoxia, progreso en el conocimiento de la verdad y el bien, y desarrollo adecuado en cuanto a la realización de la esencia humana. 

Entonces puede haber cosmopolitismo sin desarraigo, y diálogo y comprensión sin relativismo. Y probablemente ese es una de los frutos de una adecuada articulación entre religión y política, entre iglesia y estado, y una marca de que los procesos socioculturales juegan a favor de esa esencia humana.    

 

 

Una vez estudiado el contexto cultural y social del momento en que el ser humano llega a plenitud de su esencia, con la emergencia y madurez del espíritu, se puede examinar cómo se vive y se piensa la religión en la Antigüedad y en la época histórica, en tanto que diálogo directo con el fundamento desde el sí mismo, en tanto que encuentro directo con lo divino desde el fondo del espíritu.

Se puede estudiar cómo asume la antigüedad la religión del culto que viene del paleolítico, la religión de la moral y de la ley que proviene del neolítico, y la religión de la revelación y la fe que proviene de la edad de los metales, y cómo integra esas dimensiones en una religión de las instituciones eclesiásticas, que es también una religión de la oración y la contemplación personales en la intimidad humana y divina.   

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NOTAS

[1] Newman, Jay, Fanatics and hypocrites (Frontiers of Philosophy), New York: Prometeus Books, 1986; cfr., Inauthentic Culture and Its Philosophical Critics, Montreal: McGill-Queen’s University Press 1997.

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About the author

Jacinto Choza ha sido catedrático de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla, en la que actualmente es profesor emérito. Entre otras muchas instituciones, destaca su fundación de de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica (SHAF) en 1996, Entre sus última publicaciones figuran Antropología y ética ante los retos de la biotecnología. Actas del V Congreso Internacional de Antropología filosófica, 2004 (ed.). Locura y realidad. Lectura psico-antropológica del Quijote, 2005. Danza de oriente y danza de occidente, 2006 (ed).

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