2.- Categorías históricas y esquemas trascendentales de la religión

 

§19.2.- Ortodoxia y burocracia. «Y el logos se hizo aparato»

Desde un punto de vista institucional, la historia del conocimiento de Jesús y de la difusión de su doctrina en Europa, es la historia de un conjunto de organizaciones cada vez más complejas, inseparables, y de articulación frecuentemente problemática. Es la historia, desde un punto de vista weberiano, de un sistema administrativo y un aparato burocrático gigantescos.

La recepción y el desarrollo del cristianismo en Europa es la historia de un cristianismo comprendido según la capacidad del recipiente, muy diferente de la de otros receptores como el mundo semita, las culturas africanas y las culturas asiáticas del siglo I. Es la historia de un cristianismo recibido en una subjetividad social o subjetualidad de una profunda y amplia autoconciencia, y en unas conciencias personales con poderosos recursos reflexivos, volitivos e intelectuales, como se apunta en los apartados de este y del capítulo anterior.

En Europa el cristianismo recibe inmediatamente, en cuanto religión, amplias y profundas configuraciones administrativas, y amplias y profundas formulaciones intelectuales. Debido al clima de hostilidad que encuentra por parte de las autoridades romanas en diferentes momentos de los primeros siglos, desarrolla un arte mueble clandestino y poco relevante, pero despliega una organización territorial, una jerarquía sacerdotal y una disciplina de culto y sacramentos amplias, y unas formulaciones teológicas muy elaboradas.

 

La organización administrativa del cristianismo europeo sigue las pautas del sistema de administración romano, y sus formulaciones intelectuales las de las escuelas filosóficas de Alejandría en Egipto, Antioquía en Anatolia y Atenas en Grecia.

Conforme la religión cristiana se difunde, la iglesia se profesionaliza en diferentes órdenes, y el cristianismo pasa a estar, por una parte, a cargo de profesionales, que lo viven según la forma de vida ética en el sentido de Kierkegaard mencionado anteriormente, y por otra parte, a cargo de esos profesionales y del conjunto de los creyentes.

Las formas de la oración personal y de la experiencia mística se dan en diverso grado en todos ellos, el conjunto de todos los fieles vive la religión según el modo que se ha llamado antes “normal”, y el conjunto de los profesionales encarnan la gracia y los poderes divinos en costumbres colectivas, procedimientos y, en general, mecanismos administrativos, es decir, en burocracia.

Max Weber [Imagen 1]

Como señala Weber, los líderes carismáticos tardan unos años o quizá generaciones en crear un aparato y constituir un amplio grupo de funcionarios, y en general, de prebendados[1]. Por eso la iglesia, tras los primeros siglos, genera sus propias corrientes de renovación, de vuelta a los orígenes y de búsqueda de la autenticidad, que sin cesar emergen periódicamente desde entonces.

La institucionalización del cristianismo es la burocratización de la gracia, los sacramentos, el poder entregado por el fundador a los continuadores y la doctrina misma. Esa burocratización es encarnación de la voluntad y la inteligencia humana, y de la divina, en signos, pergaminos y papeles, rutinas, calendarios, edificios, etc. Ese es el modo en que una vida humana, y también divina, puede hacerse histórica, como se ha dicho antes, el modo en que puede transmitirse y desarrollarse. Y así sucede con la misión mesiánica.

La institucionalización y gestión de la religión a partir de la antigüedad en Europa, quiere decir traducción a lenguaje escrito, normativo y descriptivo, a procedimiento y a rutina, de todo lo relacionado con la salvación. 

A medida que se desarrolla el logos, la historia sagrada empieza a contarse también según el logos. Cuando los relatos se empiezan a construir según las características del logos nace lo que se llama filosofía y teología. Cuando la filosofía y la teología se desarrolla en sintonía con la autoconciencia pública se llama dogma, ortodoxia.

Los Padres de la Iglesia, defensores de la ortodoxia
San Atanasio [Imagen 2]

El dogma es una elaboración del contenido del proceso de salvación en el que se busca la congruencia y concordancia de unos relatos con otros y, en general, de unos saberes con otros. El dogma busca la concordancia de la religión con los saberes desarrollados en las demás esferas de la cultura. Por una parte, hace la creencia religiosa más consistente y más clara según las formas de los saberes y de los lenguajes en las diferentes épocas, y por otra, dota al mundo nuevo, ampliado y profundizado por los nuevos saberes, de una fundamentación más consistente y acorde con la totalidad de lo verbalizado y conceptualizado (y quizá de lo real).

Por así decirlo, el dogma es una expresión del carácter sistemático de la cultura, que le proporciona un fundamento en la religión. Pero como el dogma y la religión están normalmente vinculados al poder político, la formulación dogmática es conflictiva si promueve una comprensión de la religión distinta de la oficial, es decir, de la asumida por el poder político.

Este conflicto es tanto más frecuente cuanto menos se ocupa el poder político de desarrollar la religión, y cuanto más se ocupan de desarrollarla los intelectuales alejados del poder político. Por eso los primeros teólogos griegos, y una gran parte de filósofos y teólogos en la historia de la cultura occidental, han sido acusados de ateísmo o de impiedad, empezando por Sócrates. 

Cuando el cristianismo es acogido en Europa, la vida y la doctrina de Jesús es acogida en una subjetividad social o subjetualidad, en una conciencia común, cuyo esqueleto es el sistema administrativo y la burocracia romanos, y ese esqueleto le da una consistencia y unas capacidades de reelaboración y difusión, que no tiene en ninguna otra cultura de esa época.

El cristianismo europeo muestra el proceso de desarrollo de una religión, más allá del paleolítico, el neolítico y el calcolítico, durante un periodo de tiempo con unas características que no se dan en las demás culturas ni áreas geográficas, y que se denomina “época histórica”[2].

 

Para consultar la entrada anterior, pincha aquí

 

NOTAS

[1] Weber, M., El político y el científico, Madrid: Alianza, 2012.

[2] No se trata de una denominación hegeliana o gadameriana, por más que tanto Hegel como Gadamer hayan elaborado tesis sobre el tema del comienzo y culminación de “la historia”. La expresión “época histórica” designa el conjunto de etapas de la cultura occidental, periodizadas como Antigua, Media, Moderna y Contemporánea, aceptado en los tratados y enciclopedias del siglo XXI, y aceptado por ahora en un diálogo permanente sobre las categorías históricas, cfr., https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_time_periods.  

 

DIRECTORIO DE IMÁGENES DE «ORTODOXIA Y BUROCRACIA»

Imagen inicial: http://www.pravoslavie.cl/es/%E2%80%8Blos-santos-padres/

Imagen 1: http://ahoraeducacion.com/docentes/max-weber-cien-anos-de-sociologia

Imagen 2: https://es.wikipedia.org/wiki/Padres_de_la_Iglesia

About the author

Jacinto Choza ha sido catedrático de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla, en la que actualmente es profesor emérito. Entre otras muchas instituciones, destaca su fundación de de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica (SHAF) en 1996, Entre sus última publicaciones figuran Antropología y ética ante los retos de la biotecnología. Actas del V Congreso Internacional de Antropología filosófica, 2004 (ed.). Locura y realidad. Lectura psico-antropológica del Quijote, 2005. Danza de oriente y danza de occidente, 2006 (ed).

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