2.- Formación de la cristiandad en el orden político y social

 

§ 47.- Prohibiciones, persecuciones y canonizaciones civiles y religiosas. Constantino

Constantino
Emperador Constantino. Imagen 1

Las fiestas son el momento en que el espacio sagrado acoge los diferentes tiempos sagrados, y el momento de la plenitud máxima de los diversos tiempos. Pero esos tiempos sagrados y esos espacios sagrados pertenecen al espacio empírico y al tiempo empírico de un pueblo empírico. Ese pueblo empírico tiene una historia empírica que es la historia de la ocupación de su territorio.

Esa historia y ese territorio, sin dejar de ser empíricos, quedan sacralizados al integrarse y elaborarse en sus ritos conmemorativos, cultos y relatos. Al sacralizarse, adquieren en la Antigüedad una cierta dimensión universal, que llega a percibirse como trascendental por parte de algunos maestros espirituales como Pitágoras, Orígenes o Plotino.    

En la fiesta se celebra la unión de las subjetividades en la verdad y en el bien, y eso es la ortodoxia, como se dijo. Se celebra el momento en que la comunidad, con sus héroes y jefes en el centro, alcanza el cumplimiento de las promesas mesiánicas y el momento escatológico, si se trata de una religión profética, o la felicidad eterna si se trata de una religión mística.

En la fiesta se celebra y se conmemora la culminación y plenitud de la existencia humana, y, para las religiones proféticas, se celebra una anticipación de la culminación de la historia. Esas fiestas son pausas de historia, recuerdo insistente de que la historia es algo provisional y transitorio[1].

Las fiestas y las costumbres se configuran de un modo cada vez más urbano y menos rural, según las necesidades de organización de la vida en circunstancias nuevas, según las preferencias políticas, y otros factores.

El desbordamiento de la vida propio de las saturnales y de otras fiestas agrícolas lleva, ya en los tiempos más urbanos de la República, a recortarlas, depurarlas de formas de expresión “salvajes”. O sencillamente a prohibirlas, como hace la República en el 186 AdC. con las bacanales[2].

La República romana establece en las representaciones teatrales la censura, para evitar “que se critique a los gobernantes sin que estos puedan defenderse”, como aprecia Cicerón[3]. En los albores del imperio Augusto promueve el decoro de la vida sexual mediante la Lex Iulia de Adulteriis Coercendis (17 AdC), y, en general, la vida ordenada mediante el conjunto de las Leyes Julia[4].

En la Roma de los primeros siglos del Imperio, sus habitantes celebran las saturnales, aplauden la abolición de las dionisiacas o las siguen practicando en la clandestinidad, evitan el adulterio, etc. Quienes se convierten al cristianismo, dan culto a Jesús y a los santos en lugares discretos, en la clandestinidad si han sido prohibidos, o en los primeros templos cristianos si la ley los acepta.

A partir del acceso de Constantino al poder (306-337), y especialmente a partir del edicto de Milán de 312, se suceden una serie de leyes mediante las cuales se produce una humanización y una cristianización simultánea y creciente, que se prolongan hasta Teodosio y más allá de él.

Símbolo del cristianismo desde Constantino
“Chi-Rho” o “Monograma de Cristo”. Imagen 2

Además de la ya mencionada “ley del domingo”[5], Constantino adopta la cruz como símbolo del cristianismo, construye los primeros templos oficiales, establece la celebración de cultos en el ejército, prohíbe los juegos de gladiadores, suprime la crucifixión como sistema de ajusticiamiento, establece pena de muerte para los recaudadores de impuestos fraudulentos, prohíbe el secuestro de las niñas, promueve el concilio de Nicea y la celebración publica de la pascua, y concede una serie de privilegios al clero cristiano en igualdad de condiciones con el clero pagano, entre otras medidas legislativas[6].

Después de Constantino, sigue habiendo canonizaciones civiles, que es el modo en que el estado honra a sus héroes, y religiosas, que es el modo en las iglesias honran a los suyos. Hay condenas y persecuciones civiles y religiosas, mediante las cuales las comunidades preservan su identidad y rechazan lo que las amenaza[7].

Las fiestas, las canonizaciones y las condenas son el modo en que la comunidad y las subjetividades singulares viven la relación con las divinidades, la ortodoxia, personal y comunitariamente a la vez.

La sistematización de las fiestas en la ortodoxia es la articulación entre el orden empírico y el orden trascendental, es el modo de darle, a los acontecimientos particulares de las diferentes comunidades, un alcance universal. Este alcance universal se debe a la extensión de la ecúmene y al reconocimiento en la Iglesia Universal, por una parte, y, más radicalmente, por otra, porque alcanza su madurez el nous de cada ciudadano singular y el de la subjetualidad social, aunque sea con un grado mínimo de conciencia reflexiva.

Precisamente es la madurez del nous de los individuos singulares, lo que hace que las expresiones sobre la universalidad tengan sentido, para quienes las dicen y para quienes las escuchan. Así es como las comunidades cristianas, tanto si se escinden como si permanecen unidas entre sí, confieren universalidad a lo particular.

En el siglo XX las iglesias cristianas, y entre ellas la católica, perciben que este otorgamiento de universalidad es empírico, y no trascendental. Perciben que la particularidad de un gesto o una enseñanza, por alto que sea su valor, vale para quienes tienen un conocimiento empírico del gesto o de la doctrina en cuestión, pero no el valor universal que tienen de suyo los contenidos de un intelecto.

Los gestos de las Iglesias cristianas tienen valor empírico histórico, que contrasta con el valor cósmico universal del amor de Dios “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.” (Mateo 5, 45)[8], y que, sobre todo, contrasta con el valor, el poder y la misericordia universales y trascendentales del Uno de los platónicos y del Dios Trino cristiano.

La doble dimensión empírica y trascendental de las religiones a partir de la Antigüedad, y la incapacidad de articularlas, es lo que genera los conflictos y las guerras violentas entre las religiones. A su vez, la capacidad de articularlas en el orden intelectual trascendental (y no solo en el político y administrativo), es lo que genera los ecumenismos y la reconciliación de los antagonismos religiosos.

Independientemente de la cristiandad, las canonizaciones y persecuciones religiosas, la exaltación y la defensa de la identidad étnica y religiosa, se da y se mantienen en todas las culturas desde la antigüedad hasta la actualidad.

En la Cristiandad, en concreto, se mantienen durante toda la antigüedad y la Edad Media. En la formación de la Europa moderna juega un papel importante la expulsión de los diversos territorios nacionales de los que profesan una fe diferente.

En el mundo contemporáneo y postcolonial, y en el siglo XXI con especial violencia y extensión, se producen sacralizaciones de los héroes religiosos y persecuciones de los credos opuestos, en los territorios en que se crean estados post-coloniales y, en general, en gran número de estados de todo el mundo[9].

 

 

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NOTAS de Prohibiciones, persecuciones y canonizaciones civiles y religiosas. Constantino

[1] Pieper, J., Una teoría de la fiesta, Madrid: Rialp, 2006; Guardini, R., El mesianismo en el mito, la revelación y la política, Madrid: Rialp, 1948.

[2] Blázquez Martínez, José María, “El Edicto sobre las bacanales del año 186 antes de Jesucristo”, Jano 63, 1973, pp. 105-108.

[3] Cfr., Balthasar, Hans Urs von, Teodrámática, Madrid: Encuentro, 1992, vol I, Prolegómenos.

[4] https://en.wikipedia.org/wiki/Lex_Julia

[5] Codex Justinianus 3.12.2.

[6] https://en.wikipedia.org/wiki/Constantine_the_Great; Moreno Resano, Esteban, “El elogio del emperador Constantino en la literatura cristiana de su época”, Anuario de Historia de la Iglesia / vol 22 / 2013 / 83-109.

[7] Entre los muchos documentos disponibles sobre estos y análogos acontecimientos, cfr. Cudorge, Justine, La destruction des sanctuaires païens par les chretiens de Constantin a Justinien, mémoire Departement d’Histoire, Faculte des Lettres et Sciences Humaines, Universite de Rouen, Mont-Saint-Aignan, 2015.

[8] Es decir, ningún gesto ni enseñanza tienen la vigencia universal del sol y la lluvia, y menos aún la vigencia trascendental de la solicitud divina, que genera los movimientos ecuménicos a partir de la Ilustración, y especialmente a partir del siglo XX.

[9] Una visión amplia y de las persecuciones religiosas de la historia pasada y del presente puede verse en https://es.wikipedia.org/wiki/Intolerancia_religiosa, https://en.wikipedia.org/wiki/Religious_persecution

 

 

About the author

Jacinto Choza ha sido catedrático de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla, en la que actualmente es profesor emérito. Entre otras muchas instituciones, destaca su fundación de de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica (SHAF) en 1996, Entre sus última publicaciones figuran Antropología y ética ante los retos de la biotecnología. Actas del V Congreso Internacional de Antropología filosófica, 2004 (ed.). Locura y realidad. Lectura psico-antropológica del Quijote, 2005. Danza de oriente y danza de occidente, 2006 (ed).

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