Personalismo urbano:

Gentrificación en la obra de David Simon

Una de las problemáticas urbanas que más aborda David Simón en sus series es la derivada por la gentrificación. Es el tema principal que subyace en The Duece (2017-2019), Treme (2010-2013) y Show me a hero (2015). Sin embargo, también suele formar parte del contexto de otras producciones que el autor ha dedicado a otros asuntos con mayor protagonismo, como por ejemplo sucede en The Wire (2002-2008) o en The Corner (2000).

Las series de Simon más personalistas

Sin embargo, de todas estas series, aquellas que de verdad tienen una auténtica mirada personalista sobre la cuestión de la gentrificación son Show me a hero y Treme, desde dos perspectivas distintas que se complementan. En cualquier caso, aunque apenas cuente con algunos rasgos personalistas, la serie The Deuce resulta imprescindible para comprender los inicios de estas iniciativas administrativas que han cobrado especial relevancia en las políticas de las ciudades desde los años 70, socavando los derechos civiles de los que se preocupa la corriente personalista.

De manera progresiva, The Duece muestra el inicio de un proceso de gentrificación, Treme su desarrollo y Show me a hero las consecuencias de una parte de los procesos de gentrificación inconclusos. En todos los casos, las producciones muestran las consecuencias de este tipo de remodelación urbana. Sin embargo, la última serie que se desarrolla en Yonkers, sirve para comprender, desde la perspectiva de la propaganda y del racismo, los problemas de la integración derivados de la gentrificación, cuando no puede marginarse en los extrarradios a las poblaciones desplazadas, como es habitual.

En este artículo vamos a analizar cómo David Simón ofrece con estas tres series una respuesta personalista, racional y humana, a esta grave amenaza para la convivencia social, que ha pasado a convertirse en uno de los problemas más graves para la integración en las sociedades de consumo. En cualquier caso, se tomarán como referencia aspectos de otras series del autor para complementar el estudio de estas tres grandes obras que ya forman parte de la historia de la Televisión.

THE DEUCE: UNA BREVE INTRODUCCIÓN A LA GENTRIFICACIÓN

Vale la pena analizar, al menos en sentido cronológico, la gentrificación que se retrata en la ciudad de Nueva York, en concreto en The Deuce, un barrio marginal en las inmediaciones de Times Square que, en 1970, pasaba por ser uno de los principales centros de la prostitución y del porno de la ciudad. Es en este contexto donde un agente, Chris Alston, trata de acabar tanto con la corrupción policial como con el proxenetismo y la floreciente industria audiovisual del sexo. Sin embargo, Alston solo es una pieza más en manos del proceso de gentrificación de Manhattan, impulsado por Gene Goldman, un burócrata que lidera el Midtown Enforcement Project, una organización formada por el alcalde de Nueva York Ed Koch, a finales de los años 70.

En principio, la estrategia que desarrolla la administración pasa por una remodelación urbana que permita acabar con el negocio del sexo, la droga y la delincuencia, algo que en sí y dada la degradación del barrio parece razonable. Tanto es así que resulta fácil empatizar con el agente de policía Chris Alston, con quien uno puede identificarse, comprendiendo sus motivaciones. Este espejo que David Simon sitúa delante del espectador sirve para comprender cómo el ciudadano corriente, funcionarios con buenas intenciones y, en definitiva, personas de bien, pudieron y pueden ser manipuladas por un sistema al que poco le importa el bienestar del común de las personas.

Problema de fondo de la gentrificación

Son un buen número de urbes las que, en la actualidad, están pasando por diferentes procesos de gentrificación, que con agrado aceptaron una buena parte de los habitantes que deseaban una vida mejor. Hoy sabemos que nada filantrópico hay en este tipo de desarrollo, que simplemente es una manera más que el capital ha encontrado para hacer negocios a costa del bienestar de los ciudadanos, expulsando de sus hogares a aquellas poblaciones que resultan molestas para las clases más pudientes.

Esto es lo que se retrata en The Deuce: cómo tras la fachada de los grandes rascacielos que emergieron en los aledaños de Times Square, lo que se ocultaba era la expulsión de los vecinos originarios para atraer habitantes con mayor capacidad de consumo. En definitiva, la gentrificación no deja de ser otra forma de pelotazo, tal y como comúnmente se conoce en España. El matiz es que los terrenos a desalojar siempre están habitados por amplias poblaciones en peligro de exclusión.

personalismo urbano
The Deuce, de David Simon, como ejemplo de gentrificación

De hecho, uno de los efectos nocivos de la gentrificación que se deja ver en muchas ciudades, quizás gracias a la experiencia neoyorkina, es el abandono a la degradación de ciertos barrios por la administración, para su posterior promoción; algo que se puede ver en Treme, The Wire e intuir en The Corner. En definitiva, esta es la primera fase que permite, por un lado, comprar barato suelo e inmuebles y, por otro, reducir el número de personas que pudieran resistirse: las clases trabajadoras con cierta formación y sentido social. En la serie, este personaje es representado por Abby, quien desde el bar de copas que administra, el Hi-Hat, trata de llevar algo de dignidad a las personas que malviven en el barrio.

Elementos personalistas

En lo que respecta a esta serie, solo ella y ciertos personajes que la circundan, como la ex-prostituta Ashley, representan algo del personalismo que está plenamente desarrollado en otras series. Sin embargo, The Deuce difícilmente puede inscribirse dentro del personalismo, ni siquiera la acción desarrollada por Abby y quienes son como ella resulta tan determinante como para opacar la realidad de un barrio degradado, donde muy pocas personas pueden llevar dignidad a sus vidas, algo que contrasta con el sentido comunitario de Treme.

Sin embargo, a pesar de la presencia anecdótica del personalismo, la serie sirve para introducir la cuestión de la gentrificación, identificando al espectador con una problemática de modo que al principio parece razonable, aceptable. Sólo conforme avanza la serie uno se da cuenta, como el agente Alston, de que lo que está sucediendo es una simple desposesión y expulsión; que en los procesos de gentrificación no se busca la mejora de las condiciones de vida de los habitantes del barrio, porque el verdadero negocio está en expulsarlos, y cuánto mayor sea el abandono más margen de beneficio para el capital privado.

TREME. EL DESARROLLO DE LA GENTRIFICACIÓN FRENTE AL SENTIDO COMUNITARIO

Un caso distinto de gentrificación

Treme es otra de las grandes series de David Simon, cuya esencia del relato es la gentrificación. Sin embargo, a diferencia de otras series como la analizada anteriormente o The Wire, la degradación no sucede por un plan a largo plazo pactado por la administración y los promotores urbanísticos, sino por un hecho catastrófico natural.

Esta es una de las circunstancias que puede llegar a favorecer a la gentrificación, tal como denuncia Naomi Klein en su obra La doctrina del Shock (2012), que señala cómo en los momentos de crisis se aprovecha para privatizar y regular en contra del común de las personas, que solo puede preocuparse por sus necesidades más inmediatas.

ejemplo de personalismo  urbano
Treme o el desarrollo del proceso de gentrificación

El huracán Katrina y el abandono del Gobierno fueron una combinación perfecta para el deterioro de los barrios afectados, en los que no se invirtió para su restauración, ni se permitió que sus antiguos habitantes lo hicieran. Con el paso del tiempo y bajo la amenaza de la inseguridad de las casas, finalmente el Ayuntamiento pudo iniciar promociones que significaban demoler barrios enteros para construir nuevos inmuebles para gente pudiente, expulsando a las poblaciones originarias.

Treme y The Duece

La diferencia entre Treme y The Duece es que ya no se trata de barrios ocupados por la prostitución y la industria del porno. En el barrio de Treme, aunque existe un alto grado de delincuencia, lo que habitan son clases trabajadoras, principalmente. Por tanto, la excusa empleada en Nueva York no sirve para Nueva Orleans. De hecho, en la serie, uno de los promotores urbanísticos, Nelson Hidalgo, muestra con todo lujo de detalles cómo se aprovecha de la información privilegiada y de la especulación para enriquecerse. Al menos, como personaje es transparente, lo que contrasta con los políticos y grandes constructores con los que trata, que se ocultan tras la hipocresía del servicio social, tal como lo hace Gene Goldman en The Duece.

En Treme, como en el barrio neoyorquino, también se combina la corrupción con el poder político y el capital. Sin embargo, a diferencia de lo que sucede en The Duece, donde a través del agente Alston vemos como la administración se vale de sus servicios para cometer acciones fuera de la ley, entre las que se incluyen la extorsión y el incendio provocado, en Treme esta conjunción entre la corrupción política y policial es más perversa. De facto, el retrato en Treme es más completo, ya que la degradación de los cuerpos de seguridad del estado se aborda desde distintos flancos. Por un lado tenemos la propia inmoralidad de ciertos agentes que durante la crisis del Katrina dieron rienda suelta a sus instintos más bajos y xenófobos, por otro, la alineación de la policía con el gobierno estatal criminalizando a los ciudadanos.

En realidad, es la combinación de ambas cosas la que permite que cualquier intento de cambio sea extremadamente difícil, tal como se puede apreciar con la renovación de la policía que trata de llevar a cabo el Teniente Terry Colson, quien es víctima del acoso de la policía de Nueva Orleans.

El problema de la corrupción

Frente a este Leviatán, que ni siquiera tiene un propósito estatal, sino que es simplemente un monstruo desbocado producto de un sistema que ha dejado sus funciones para entregarse al capital, encontramos a una abogada dedicada a luchar por la dignidad de los ciudadanos de la ciudad. Se trata de Toni Bernette, quien de manera incansable trata de resolver los abundantes casos de abuso policial, siendo hostigada por el cuerpo de policía, que no duda en amenazar su seguridad y la de su propia hija.

El fenómeno de la corrupción, que como señala Bauman tiene un efecto acumulativo en las sociedades de consumo, es un grave problema para cualquier propósito democrático contemporáneo. De hecho, la corrupción, inherente a cualquier forma de gobierno, en las democracias formales se convierte prácticamente en la única y más eficaz herramienta que encuentran las minorías con poder económico para secuestrar la representatividad política. Esto ya se aprecia en los textos de Plutarco sobre Temístocles o Pericles en la Grecia Clásica —no parece haber cambiado tanto desde entonces—.

El problema es que en las sociedades democráticas actuales, la degradación que ciertos cuerpos funcionariales puede alcanzar es tal, que la connivencia de la corrupción con ciertos estamentos que se amparan en el sistema, se presenta como un grave peligro para el contrato social. De hecho, The Duece y Treme muestran una perspectiva poco halagüeña para los ciudadanos de bien, en donde solo heroínas como Abby, Bernette y Colson permiten vislumbrar lo mejor de lo que es capaz una persona, frente a Estados cada vez más autoritarios al servicio del capital.

Son las personas las que dan sentido al barrio, no los edificios

En este contexto, la serie de David Simon nos muestra cómo son las personas que habitan Treme las que dan sentido al barrio. No son tanto los edificios como quienes los habitan. El problema reside en que sin esos lugares se expulsa a las personas que realmente representan el espíritu del barrio. Esto se aprecia muy bien cuando Dj Davis hace un tour turístico del jazz por los barrios en donde ya no queda rastro alguno de aquellos lugares donde nació esta música, sustituidos por plazas vacías, edificios de oficinas y casas deterioradas sin vida ni personalidad.

A pesar de todo, Treme continua siendo una comunidad, donde la música, la buena cocina y la acción social articulan las relaciones entre las personas que allí habitan. Sin ellas no existiría Treme, y ese precisamente es el mensaje que se puede aplicar a cualquier barrio objeto de la gentrificación. Al fin y al cabo, este fenómeno desprovee de personalidad y humanidad los espacios de la urbe que en algún momento fueron habitables, para volverlos simplemente transitables, idóneos para el consumo o para llegar a otro lugar, de la oficina al barrio acomodado en las afueras. Pero existen otras formas de vida que proveen, no solo de una cultura invaluable, sino de los lazos humanitarios que dan sentido a la existencia en las ciudades.

Importancia de esta serie desde el personalismo

Por estas razones, la serie de Treme es importante en un sentido personalista. De facto, probablemente sea la serie de David Simon que se ajuste mejor al personalismo. En definitiva, a través de la serie y de sus personajes encontramos la dignidad de una población que trata de salvar la cultura y la dignidad de las personas que allí habitan, muchas veces de manera altruista.

Lo interesante de la serie es que la cuestión del personalismo se aborda desde distintas facetas de la existencia para confluir en lo que significa vivir en la comunidad de Treme. Los hay que luchan por la dignidad de los habitantes del barrio mediante la ley y la seguridad, otros mediante la cultura gastronómica, otros mediante la música, muchas veces de manera altruista, los hay que son activistas o que simplemente resisten manteniendo a flote lugares emblemáticos de Nueva Orleans. La comunidad de Treme es todo eso, y nos recuerda lo que han perdido muchas de las ciudades que han sucumbido a la gentrificación, perdiendo su personalidad y las cualidades que las hacían más humanas y dignas para la vida.

SHOW ME A HERO. LA GENTRIFICACIÓN COMO PROCESO INCONCLUSO

Siempre se pueden crear lazos de afinidad

No se puede comprender el efecto completo de la gentrificación sin ver Show me a Hero, una serie que muestra como los barrios atomizados donde residen los desclasados, desplazados por la gentrificación y por otras razones, pueden convertirse en un problema civil de difícil solución. Obviamente, esto no es un problema cuando se trata de lugares que no afectan a la política, como ocurre en muchas ciudades donde se aglutinan en el extrarradio distritos abandonados de los que jamás se preocupa el Gobierno, como sucede con el barrio de la droga retratado en The Corner.

Sin embargo, en otras ocasiones estos barrios quedan en medio de zonas residenciales, adquiriendo un valor significativo, no solo en un orden económico sino social. Es cierto que siempre se puede optar por más degradación y abandono, hasta que el barrio esté listo para su promoción urbanística. No obstante, puede suceder que los habitantes lleguen a resistirse, debido a que sean personas que no han conocido otra vida, inmigrantes que no tengan un lugar al que ir o sujetos que hayan sufrido los efectos de la gentrificación en alguna otra ocasión. De alguna manera, las personas pueden desarrollar lazos de afinidad y dependencia con el mundo que conocen, incluso en la marginación, dotando de sentido a su existencia.

Esto se ve en Show me a hero, pero también gracias a un espléndido episodio de The Wire cuando una anciana le explica al comandante Colvin que no desea abandonar su casa familiar, por mucho que el barrio haya caído en manos de la droga y a pesar de que se le conceda una casa en mejores condiciones en un mejor barrio.

Show me a Hero

Personalismo urbano
Show me a hero,la serie más representativa del personalismo urbano de D. Simon

En Show me a Hero, gran parte del conflicto reside en esta cuestión. En la serie de David Simon, la postura es justo la contraria de lo que hemos sido testigos, por lo general, en otras series. En esta ocasión, pese a la ineficacia política, la corrupción y la dejación de las funciones gubernamentales, la justicia obliga al Ayuntamiento a reubicar a las personas que viven en los barrios marginales, llevándoles a otros de mayor calidad de vida. El proyecto, de orden cívico, no pasa por desplazar nuevamente a los vecinos a lugares de exclusión, a aquellos espacios más apartados de la ciudad, sino de integrarlos en los barrios con un buen nivel de vida y seguridad.

Hasta aquí todo puede parecer correcto, sin embargo, es aquí donde entran en juego las dinámicas sociales que entran en conflicto en las ciudades. Por un lado, están los habitantes de los barrios deprimidos que, a pesar de todo, no quieren abandonar sus hogares; por otro, los ciudadanos de los barrios con un nivel de vida aceptable, que creen amenazado su estilo de vida con la llegada de los nuevos vecinos.

En definitiva, lo que muestra la serie de David Simon es que los conflictos sociales generados por los procesos de gentrificación no son fáciles de resolver, ni siquiera cuando existe la obligación y el propósito.

Cultura de exclusión urbanística

Generar espacios de exclusión en la ciudades significa desarrollar culturas de clases compartimentadas que resultan difíciles de integrar. Es más, por lo general, los espacios deprimidos aglutinan poblaciones generalmente marginadas, como los son los inmigrantes de toda clase. Esta circunstancia, en combinación con la delincuencia que suele medrar en este tipo de espacios, incentiva el rechazo y el racismo hacia los habitantes de estos barrios que se presentan como una amenaza para la convivencia pacífica. Y este fenómeno es el que irresponsablemente pueden llegar a utilizar los políticos y movimientos xenófobos con intereses electorales, tal como muestra la serie.

Por desgracia, en las democracias occidentales está prosperando cada vez más el pensamiento excluyente que se aprovecha de las continuas crisis económicas y sociales que se han venido desarrollando en los últimos años, sobre todo a partir de la crisis de 2008. En vez de discutir y promover soluciones que intervengan el cada vez más injusto reparto de la riqueza, se achacan todos los problemas económicos y sociales a quienes no tienen la posibilidad de defenderse, dejando las cosas como están o peor. En esta coyuntura, el oportunismo político que no necesita proyecto alguno, tal como muestra Simon en la serie, puede difundir discursos vacíos que aprovechen el descontento social y los miedos inherentes al ser humano, despertando las bajas pasiones a través de bulos y sospechas.

Las actitudes populistas

Show me a hero expone esto y cómo los políticos, sabiendo la verdad de una sentencia que deben de cumplir y con la que, en realidad y en esencia, muchos están de acuerdo, para ganar votos defienden justo lo contrario. Del modo que se muestra en la serie resulta hasta cierto punto novedoso. La razón es que, por lo general, las actitudes populistas muchas veces parecen incentivadas por los políticos; pero, tal como se muestra en la serie, es un fenómeno en el que tanto los políticos como las poblaciones más radicales se retroalimentan.

Este es el caso concreto de la serie, que demuestra cómo cuando impera la sinrazón, aquellos que tienen la responsabilidad pueden verse arrollados por aquellos que actúan y piensan movidos por el miedo al otro. Eso es lo que le sucede Nick Wasicsko, un político con proyección que movido por la ambición se pone de lado de los ciudadanos encolerizados que protestan contra el Ayuntamiento por la redistribución vecinal de los habitantes de los barrios desclasados.

Ambiciones y fracaso político versus solidaridad

Una vez Nick gana la alcaldía descubre unas cuantas verdades. La primera de ellas es que no puede eludir la responsabilidad de llevar a cabo la recolocación vecinal debido a una orden judicial y a la pena millonaria a la que se enfrenta el Ayuntamiento si no acata la sentencia. Segundo, que el plan en realidad es justo y que resuelve la vida de muchas personas del distrito de Yonkers. Tercero, que de esto también tienen conocimiento sus oponentes y miembros de su propio partido, incluso el alcalde saliente al que en realidad le ha hecho un favor al presentarse. En definitiva, que todos los políticos se han aprovechado de esta circunstancia y lo siguen haciendo, sin que realmente exista el propósito de solucionar la situación. De hecho, incluso las personas más cercanas a él lo traicionan, para sacar rédito político, lo que acaba destruyéndole.

Lo interesante de la serie es que no es el protagonista el que realmente representa el personalismo de una manera categórica. A pesar de todo, Wasicsko sigue teniendo ciertas ambiciones que lo llevan a un desenlace fatal, sin esperanza. Siente, ante todo, que ha fallado como político, que ha fracasado, incluso comprendiendo el bien que ha hecho. Lo interesante de la serie es que, tal como muestra el personalismo en sus innumerables vertientes, cuando las redes de solidaridad se ponen en marcha, se puede conseguir cualquier cosa. En la serie el personalismo lo representan categóricamente el juez Leonard Sand, Oscar Newman, el arquitecto responsable de poner fin a la segregación; Michael H. Sussman, el abogado que lucha intensamente por el proyecto en favor de las poblaciones desclasadas; o Robert Mayhawk, el asesor que ayuda al realojo, entre otros muchos personajes.

La importancia de crear lazos comunitarios para cambiar la situación

En definitiva, lo que muestra la serie es que los movimientos comunitarios que focalizan sus esfuerzos en la mejora de la vida de los demás pueden producir cambios. De hecho, lo que demuestra es que frente a la tragedia de Wasicsko, que no es capaz de ver más allá de lo que ha perdido con un carácter personal, el movimiento social que integra personas de toda clase logra vencer tras muchos más años de lucha que los protagonizados por el alcalde. Esta es una lección del personalismo que se deja ver un otras propuestas audiovisuales, entre las que destacan como en Las uvas de la ira (1939), 7 minutos (2016) y Qué bello es vivir (1946).

El personalismo no trata de lo que puede hacer una persona para su propio éxito personal, sino de lo que uno puede hacer por los demás y de qué manera esto genera lazos comunitarios de solidaridad que pueden permitir sobrellevar los fracasos personales. En la comunidad, finalmente hay dignidad, y eso es lo que puede dar la energía para producir cambios.

Nick no afianza ningún vínculo con el movimiento y equivoca sus esfuerzos al tratar de desarrollar lazos solo con los políticos que le rodean, que movidos por la ambición le dan la espalda y se aprovechan de su fracaso. Finalmente, Wasicsko queda desvinculado de todo el mundo, incluso de quienes le quieren, al no poder superar la contradicción de haber logrado un hito solidario y humano sin precedentes, en un ambiente que premia justo lo contrario. Esa es la diferencia entre los movimientos que integran redes de solidaridad frente a los sistemas que premian el egoísmo y la insolidaridad.

Un ejemplo de conciliación

De hecho, contrasta que al contrario de lo que sucede en la alcaldía, en las reuniones vecinales que organiza Robert Mayhawk, lo que sucede es que de manera horizontal los vecinos disgregados y aquellos que no quieren recibirles en sus barrios, acaban conciliando posiciones. En este contexto, destaca el desarrollo de Mary Dorman, personaje que evoluciona desde la protesta contra la inclusión vecinal hasta la participación activa en la integración de sus vecinos. Con ella se muestra cómo una vez las personas entran en contacto se pueden superar barreras que sólo se justifican en lo ideológico. Y esto sucede sin edulcoramientos, porque obviamente la integración no siempre sucede en todos los casos, pero eso no significa negar la oportunidad a aquellas personas que por su origen jamás han tenido la posibilidad de tener un vida digna, como le sucede a Carmen Febles, inmigrante y madre soltera.

Una historia de personalismo

En definitiva, el relato de Show me a hero es una historia de personalismo, realizada desde una perspectiva original pero manteniendo la configuración coral propia de las series de David Simon. El protagonismo es de Wasicsko, pero es meramente formal, porque lo que realmente importa es el hecho extraordinario de la solidaridad que sucede en Yonkers. Nick es el símbolo de aquello que está mal en la política, el callejón sin salida de la ambición que entra en conflicto con cualquier interés social verdaderamente democrático. Su personaje y quienes le rodean demuestran algo que es una constante en las producción de David Simon, que no es otra cosa que el hecho de que la política está desprovista de cualquier rasgo personalista. De alguna manera, Wasicsko nos recuerda a Juan Nadie (1941) y su tragedia, cuando es arrollado por las realidades oscuras y egoístas del poder.

También nos ofrece una perspectiva contraria a la adoptada por otro famoso alcalde retratado en The Wire, Carcetti, quien no duda en sacrificar el bienestar de Baltimore por su propia ambición política. Uno triunfa y el otro no, lo que demuestra todo aquello que daña a nuestras sociedades. Conviene recordar que Nick podría no haber acatado la orden judicial, sin embargo al final cede por un sentido de responsabilidad.

CONCLUSIONES

El personalismo de las series de David Simon

Dentro de la corriente personalista, David Simon tiene una producción considerable que se puede inscribir dentro de esta corriente audiovisual. Es cierto que no toda su obra puede adscribirse al personalismo, pero algunas de sus obras lo son de manera categórica, como por ejemplo Treme y Show me a Hero. En cualquier caso, lo interesante respecto a su producción es que casi todas sus obras tienen un carácter urbano considerable, en donde las relaciones sociales tienen un gran protagonismo. Eso conlleva que el tema de la gentrificación esté presente en la mayoría de sus producciones de manera directa e indirecta, lo que necesariamente remite a la dignidad de la vida de las personas, tema central del personalismo.

Eso significa que David Simon es uno de los realizadores que más ha contribuido a la corriente personalista desde las series, lo que de algún modo le convierte en uno de los pioneros con mayor éxito del personalismo en la Televisión. Sus series reactualizan las problemáticas abordadas por las producciones dirigidas al gran público, pero desde una perspectiva crítica con la política desarrollada en las sociedades de consumo, prestando especial atención a los problemas de la convivencia derivados por el progresivo deterioro de las sociedades occidentales.

Un personalismo urbano

Hemos analizado tres series que son fundamentales para comprender los procesos de gentrificación, pero también hemos señalado otras del mismo autor que inciden en la misma problemática. De alguna manera, se podría decir que la gentrificación forma parte del trasfondo en crisis de las narrativas de David Simon, cuya respuesta se encuentra en el personalismo. Eso define una perspectiva narrativa del autor en donde la gentrificación y el personalismo se correlacionan.

Es cierto que Simon siempre aborda el tema de la dignidad de las personas en gran parte de sus series, lo que puede remitir al personalismo, pero es esta faceta personalista, focalizada en la problemática de las urbes y la convivencia, lo que define al autor en una categoría que le es propia. Podría decirse que David Simon es un autor que ha sido capaz de desarrollar un personalismo cuyas narrativas enfrentan el problema de la gentrificación, podría reducirse a la categoría de un personalismo urbano, que englobaría mejor toda su producción.

En este sentido, el personalismo urbano de David Simon no solo se focaliza en las consecuencias de la gentrificación, sino que presta también atención a sus causas, a los problemas urbanos que pueden anteceder a este proceso. Esto se puede apreciar en The Deuce, The Corner, The Wire y en Treme, donde se muestra cómo los procesos de gentrificación vienen precedidos y/o favorecidos por problemas existentes en los barrios, derivados de la pobreza y la marginación. Muchas veces estas dificultades sociales pueden aprovecharse, como sucedió en los barrios aledaños a Times Square a finales de los años 70, pero otras veces pueden incentivarse como sucedió en el barrio de Treme tras el paso del Huracán Katrina.

La solidaridad como solución

El problema es que en las sociedades actuales las poblaciones han perdido gran parte de su poder político secuestrado por el capital. Y, en estas circunstancias, la vida de cualquier persona puede verse socavada en su dignidad para el beneficio de unas pocas personas. Es así como el autoritarismo se ha reactualizado en las sociedades actuales, desproveyendo de poder político a los ciudadanos e invalidando cualquier contrato social. Es en estos momentos, como ha sucedido a lo largo de la historia, cuando las redes de solidaridad y el sentido comunitario se ofrecen como única alternativa para la defensa de la dignidad de las personas.

Eso es lo que muestran las series de David Simon, que siempre cuentan con un trasfondo verídico que retrata el poder de quienes se dan cuenta de su propia naturaleza solidaria y capacidad política, como le sucede a Mary Dorman. Todos podemos ser como ella, pero para ello es necesario desprenderse de todo prejuicio y actuar con solidaridad, sin dejarse manipular por cualquier corriente xenófoba que solo responda al miedo al otro y al interés de aquellos que ven en el pueblo la fuente de su provecho.

Para acceder a la entrada anterior, en la que se explica qué es el personalismo fílmico

BIBLIOGRAFÍA DE PERSONALISMO URBANO: GENTRIFICACIÓN EN LA OBRA DE DAVID SIMON

Bauman, Z. (2017). Vidas desperdiciadas: la modernidad y sus parias. Paidós. Bauman, Z. (2017). Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Gedisa.

Klein, N., 2012. La doctrina del shock. Barcelona: Paidós.

Plutarco y Pérez Jiménez, A. (2010). Pericles-Fabio Máximo. Madrid: Gredos.

Plutarco y Ranz Romanillos, A. (2009). Vidas paralelas Teseo, Rómulo, Licurgo, Numa, Solón, Publícola, Temístocles, Camilo. Losada.

About the author

Josep F. Sanmartín Cava es graduado en Bellas Artes y Máster en Producción Artística. Actualmente es miembro del Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano (México).

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