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LA REVELACIÓN ORIGINARIA: LA RELIGIÓN EN LA EDAD DE LOS METALES (XII)

59.- Marginación social, ateísmo teórico, ateísmo práctico y anticlericalismo.

En un momento anterior (MORN § 42) se indica que las condiciones históricas y gnoseológicas del ateísmo no se dan en el neolítico y que empiezan en el calcolítico. No se dan hasta el momento en que el mundo eidético, formado por un conjunto de signos abstractos, como los números de un calendario, los cálculos de la astronomía y los mensajes escritos en una tablilla, tienen suficiente densidad en la vida y en la cultura urbana como para lexicalizarse y reificarse, de manera que absorban toda la atención del espíritu y no alcancen para referirse también al fundamento de la existencia y de la vida.

Las condiciones históricas y gnoseológicas del ateísmo no se dan en el neolítico

Eso no ocurre en el neolítico porque entonces los signos abstractos son todavía poco numerosos, y todo el lenguaje, religioso y no religioso, se basa en símbolos con significante natural, como se ha dicho (MORN §§ 6-7). Cuando la cantidad de significantes formados por signos abstractos y convencionales supera una masa crítica, la atención se centra más en ellos y puede quedar completamente captada por ellos, es decir, en el mundo eidético, y el espíritu tiene más dificultades para referirse al fundamento de la existencia y de la vida[1]. Entonces la vida religiosa empieza a basarse más en el contenido de la memoria, en los signos abstractos, y menos en la experiencia inmediata de lo sagrado. Esas son las condiciones gnoseológicas del ateísmo.

Por otra parte, los grupos humanos que constituyen las sociedades estatales, pueden estar más o menos integrados en la sociedad de solidaridad orgánica que se ha descrito (ROREM §§ 6-7), más o menos inspirados por su principio formalizador, y más o menos unificados en la interioridad social. Los grupos más marginales y menos integrados son los que mantienen conductas y vidas religiosas anteriores a la constitución de la sociedad estatal, y por lo tanto no inspiradas por el espíritu creativo de la nueva sociedad, no alentadas por los nuevos dioses, por el nuevo espíritu de la divinidad.

Estos grupos sociales, ya estén constituidos por prisioneros de guerra, pueblos cautivos, migrantes pacíficos de extracción heterogénea (como algunos gentiles en Israel, algunos metecos y casi todos los esclavos en Atenas, los judíos en Babilonia, etc.) o por comunidades integradas mediante pactos en el nuevo estado, están desvinculadas de la vida religiosa de la comunidad social civil y estatal, y en su dinamismo autónomo pueden desarrollar formas positivas de vida religiosa, como ocurre en algunos casos con las religiones mistéricas, o formas mortecinas que llevan a la extinción completa de cualquier tipo de vida religiosa.  Eso, que ocurre actualmente en los suburbios de Sao Paulo, Manila o Beijing, empieza a ocurrir en la edad de los metales en los suburbios de Troya, Micenas, Jerusalén o Memphis.   

Grupos marginales y ateísmo práctico     

Si los grupos marginales no mantienen sus religiones antiguas e igualmente marginales, o bien éstas llegan a desaparecer, lo que les queda de vida religiosa es el conjunto de símbolos religiosos abstractos de la sociedad nueva, que no siempre les permite referirse al fundamento como lo hacían sus símbolos naturales antiguos. Desde el punto de vista de la religión oficial, la estatal, a veces es difícil distinguir entre marginales, que no participan en la vida religiosa ciudadana, y ateos, y los grupos marginales, o algunos elementos singulares dentro de ellos, desembocan en una situación de ateísmo, o de una especie de idolatría de adoración de lo nuevo que no llega a tener para ellos el sentido que tenía la religión antigua[2].    

De esta manera surge un ateísmo práctico, que consiste en la ausencia de referencia al fundamento, y no todavía un ateísmo teórico, que consiste en la formulación de teorías según los cuales los dioses, es decir, los dioses representados en el lenguaje mítico imaginativo del calcolítico, no existen o no pueden existir, es decir, no pueden ser representados en el nuevo lenguaje abstracto conceptual de la antigüedad.  Este ateísmo teórico es más propio de la antigüedad que de la edad de los metales, en la que resulta difícil probar la existencia de un ateísmo teórico propiamente dicho.

Fuentes del ateísmo teórico antiguo            

El ateísmo teórico antiguo, y quizá todo ateísmo, tiene dos fuentes principales. La primera es la dificultad o la imposibilidad de representar en un lenguaje, con un tipo de formalización más refinada, los poderes sagrados o las dimensiones del fundamento representados en lenguajes menos formalizados o con tipos diferentes de formalización. O dicho de otra manera, los poderes sagrados, y en especial sus representantes, se encuentran con la dificultad, o la imposibilidad, de hablar de modo elocuente, al yo que se pone en el intelecto, con el lenguaje con el que antes hablaban al yo que estaba puesto en la imaginación afectiva.

La segunda fuente del ateísmo teórico es que el empeño que las autoridades civiles y religiosas ponen para mantener cualesquiera cultos vigentes, para honra y servicio de los poderes sagrados, es el mismo que ponen para honra y servicio de ellas mismas en cuanto que detentadoras del poder. Dicho de otro modo, la segunda fuente de ateísmo es que el servicio de las autoridades civiles y religiosas a los poderes sagrados es, indiscerniblemente, instrumentalización de la religión para el servicio y el refuerzo del propio poder civil y religioso.  Esta instrumentalización de la religión es normalmente percibida por parte de los ciudadanos, que la denuncian en la forma de crítica y ataque a la religión y a los poderes sagrados.

Anticlericalismo

Esta crítica a la religión y a los dioses, que es típica de algunos intelectuales, especialmente de algunos atomistas griegos, y de Lucrecio y otros, se denomina a veces ateísmo, pero está mejor designada con el nombre de anticlericalismo, que es crítica a los poderes religiosos y a los poderes civiles que apoyan a los poderes religiosos, y que puede no implicar una negación de la existencia de los poderes sagrados.

Puede ser que el anticlericalismo lleve de suyo a un ateísmo práctico primero, y a un ateísmo teórico después, pero inicialmente son y tienen raíces diferentes.

 

NOTAS

[1]Podría tratarse de una situación de mente cautiva o mente captus (coloquialmente, situación de “mentecata” o “mentecato”).

[2]Situaciones parecidas a estas describen los cronistas y misioneros de los países europeos cuando empiezan los periodos colonizadores de la modernidad.

About the author

Jacinto Choza
Jacinto Choza

Jacinto Choza ha sido catedrático de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla, en la que actualmente es profesor emérito. Entre otras muchas instituciones, destaca su fundación de de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica (SHAF) en 1996, Entre sus última publicaciones figuran Antropología y ética ante los retos de la biotecnología. Actas del V Congreso Internacional de Antropología filosófica, 2004 (ed.). Locura y realidad. Lectura psico-antropológica del Quijote, 2005. Danza de oriente y danza de occidente, 2006 (ed).

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