ESPAÑA INVERTEBRADA 100 AÑOS DESPUÉS

Una lectura metafísica

 

Resumen

Es bien sabido que este libro centenario, pensado originariamente por Ortega y Gasset como una serie de sucesivos artículos en el diario El Sol, realiza un diagnóstico sobre la situación y las posibilidades de España. Tanto el título como algunas de las reflexiones que contiene, que son tangentes con la realidad de su tiempo, pueden hacer pensar que es un libro político; sin embargo, este “ensayo de ensayo”, como le llamó su autor -que adquiere atmósfera de hospital más que de parlamento-, es más bien un ejercicio de metafísica, entendida desde la perspectiva profunda, abarcante, generosa, que es la metafísica de la razón vital. Es una pieza de su teoría de la realidad.

En el presente artículo se analizará sucintamente la metafísica de la vida humana de Ortega y Gasset para después aplicar esta óptica al tema de la realidad española.

Palabras clave: Filosofía española contemporánea, Ortega y Gasset, metafísica, España invertebrada

Abstract

ESPAÑA INVERTEBRADA 100 YEARS LATER.

A metaphysical reading

It is well known that this centenary book, originally thought by Ortega y Gasset as a series of successive articles in the newspaper El Sol, makes a diagnosis of the situation and the possibilities of Spain. Both the title and some of the reflections that contains, which are tangent to the reality of its time, can make us think that it is a political book; however, this «ensayo de ensayo», as its author called it – which takes on the atmosphere of a hospital rather than a parliament – is rather an exercise in metaphysics, understood from the deep, encompassing, generous perspective, which is the metaphysics of the vital reason. It is a piece of his theory of reality.

In this article, the metaphysics of human life of Ortega y Gasset will be briefly analyzed and then this perspective will be applied to the subject of Spanish reality.

Keywords: Spanish contemporary Philosophy, Ortega y Gasset, metaphysics, España invertebrada

 

 

Ortega, España invertebrada

Es bien sabido que este libro centenario, pensado originariamente por Ortega y Gasset como una serie de sucesivos artículos en el diario El Sol, realiza un diagnóstico sobre la situación y las posibilidades de España. Tanto el título como algunas de las reflexiones que contiene, que son tangentes con la realidad de su tiempo, pueden hacer pensar que es un libro político; sin embargo, este “ensayo de ensayo”[1], como le llamó su autor -que adquiere atmósfera de hospital más que de parlamento-, es más bien un ejercicio de metafísica, entendida desde la perspectiva profunda, abarcante, generosa, que es la metafísica de la razón vital. Es una pieza de su teoría de la realidad.

No se trata solamente de que el propio Ortega lo señale así en el propio escrito en varias ocasiones, con la ingeniosa metáfora -metáfora de profundidad- de “coger el rábano por el rábano”; desde el comienzo, adopta una actitud de distancia respecto de la política, mostrando que la suya genuina es más bien la de un “amigo de mirar”, utilizando la bella denominación platónica para referirse a los cultivadores de la filosofía. Es decir, la de quien toma los hechos como un motivo de contemplación serena, sin apasionamientos, capaz de mirar lo que pasó y lo que pasa con la tranquilidad de 25 siglos de sabiduría.  Cuando va a hablar de la ausencia de los mejores, en la segunda parte, vuelve a avisar de que no se trata tanto de un tema político, sino de algo más hondo:

 

De esta manera puede contribuir este estudio a dirigir la atención hacia estratos más hondos y extensos de la existencia española, donde en verdad anidan los dolores que luego dan sus gritos en Barcelona o en Bilbao[2].

Y llega a decir directamente que el problema de España no es tanto la política como un estrato mucho más profundo, es más bien que no termina de ser una sociedad como tal. Como se puede comprobar, Ortega traslada el problema hacia niveles profundos, propiamente metafísicos, por eso el libro está atravesado de cuestiones tales qué es una sociedad, en qué consiste una sociedad sana (dinámica entre los individuos mejores y la masa que estructuran), cómo se hace para ampliar el horizonte vital, en qué consiste la conexión y en qué la inconexión.  

Para este punto de vista, la política se muestra más bien como un escaparate, una epidermis de tejidos más hondos, que son los que interesan de verdad a una mente metafísica; es este reajuste de lectura -la situación española del siglo XX como motivo de contemplación metafísica- el que permite comprender plenamente el ritmo, el estilo y el objetivo de este libro. Si hubiese sido un mero ensayo político, hubiese quedado confinado temporalmente a la época que le vio nacer y hoy tendría el valor que tiene una mera noticia de periódico de hace cien años, sujeta a su temporalidad. Pero los problemas de los que habla toman una perspectiva radical porque han querido ir -siguiendo la etimología de ese término- a la raíz de las cuestiones. España invertebrada sigue teniendo una asombrosa actualidad precisamente porque fue una perspectiva metafísica sobre España.

En las siguientes líneas se mostrará una sucinta panorámica sobre la metafísica orteguiana, para después conexionarlo con su visión sobre España que, en último término, muestra un notable realismo y una formidable ilusión por una alta cultura española.

 

1. Un breve esbozo de la metafísica orteguiana

José Ortega y Gasset, hijo de director de periódico y lector gustoso desde muy jóvenes años, recorrió la filosofía antigua, la medieval y la moderna a través de los libros. A su inicial vocación por el Derecho se le superpuso la de la Filosofía, de manera que completó ese recorrido por toda la Historia de la Filosofía con la contemporánea, la que recibió directamente en Alemania y la que creó él mismo, consciente de que en su circunstancia española faltaba irremediablemente el ensayo metafísico, la posibilidad de pensar una idea de la realidad entera desde su lengua española[3].

El hecho de haber estudiado la obra de Immanuel Kant directamente de filósofos neokantianos como Paul Natorp y Hermann Cohen y de haber conocido el desenvolvimiento de la naciente fenomenología -así como sus inevitables limitaciones-, le hizo concebir en su veintena la necesidad de realizar algo que no había sido aún pensado en español y que además sería una nueva altura metafísica para toda la Filosofía occidental.

Como señalaría en la España invertebrada años adelante, su situación no era la de un hombre engreído que se dispone a criticar lo recibido y a tachar con rebeldía todo lo anterior, sino la posición de un náufrago que lucha por su supervivencia y se aferra a lo que tiene, que es bien poco, para mantenerse a flote.

¿Por qué esta metáfora de vivencia tan extrema, que conlleva una cierta resonancia homérica, de héroe a la busca de aventuras?

metáfora de España invertebrada
Naufragio

 

1.1. El naufragio de la razón occidental

Lo que Ortega pensaba que había naufragado era la razón occidental, que había hecho un primer ensayo con el realismo aristotélico-tomista, apoyándose en la noción de que nuestra mente refleja un mundo de cosas y tiene la capacidad de conocerlo sin más, sin posibilidad de error o de engaño.

El advenimiento de Descartes y su atención a la subjetividad hace que esa primera manera de plantear la realidad del mundo que rodea al hombre fuese insuficiente. Vendrá entonces un cultivo apasionado del idealismo, que culmina con Hegel y su sólido sistema. Pero el hecho es que este segundo planteamiento, basado en la convicción de que la realidad fundante es el pensamiento, que más bien crea la realidad y no la refleja, también tendrá sus limitaciones, pues conlleva el riesgo del encerramiento del yo en sí mismo, de la desconfianza respecto al mundo que nos rodea, del desequilibrio en la relación yo-cosas.

Ortega, hombre apacible y poco dado a los extremos, apoyándose en sus lecturas previas, así como en sus conocimientos neokantianos, entendió que era necesario atravesar el umbral de la primacía del yo sobre las cosas o de éstas sobre aquellas. Consideró que era preciso ir más allá de la razón cartesiana y de la razón pura kantiana, también. Se dio cuenta de que no se puede ya ser, a la altura del siglo XX, ni realista ni idealista. Pues ambas posiciones han mostrado con largueza sus aciertos y sus errores, siendo necesario intentar su combinación, diálogo y, sobre todo, superación.

 

1.2. La gestación de una metafísica de la vida humana

La metafísica de la razón vital nace entonces como una superación a la vez de realismo e idealismo, concediéndole a cada una la parte de razón que tienen, pero a la vez mostrando un estrato nuevo, en el que ninguna de las dos parece haber reparado: tanto el yo como las cosas son elementos de una misma realidad previa, que subyace a ambas. Ese elemento es la vida humana, donde se dan uno y las otras, como si fueran la cara y la cruz de la misma moneda. Se hacía preciso, según Ortega, superar el realismo, pero también el idealismo. Las experiencias europeas que todavía estaban recientes en 1921 y que habían conducido al desastre, dejando a Europa entera desmoralizada y sin ilusiones por el mañana, lo requerían urgentemente.

Se hacía imprescindible el desarrollo de un tipo de razón que superase esas posiciones y, sobre todo, que -a diferencia del idealismo y su tendencia a la abstracción- estuviera en contacto con la realidad y las vivencias cotidianas del hombre. Esto será lo que empuje a Ortega a dar a luz su metafísica de la razón vital o metafísica de la vida humana, al estar construida sobre el estrato que él consideraba fundante de la razón y las cosas.

En este nuevo planteamiento metafísico, el yo tendrá desde luego su importancia, pues es, como subjetividad, un componente esencial de la realidad; pero lo tendrán también las cosas, que son parte de la misma. No se detiene aquí Ortega, pues su honda reflexión le lleva a darse cuenta de que esa mutua relación que tienen el yo y las cosas no es estática, sino que la vida consiste precisamente en tener que estar haciendo algo con las cosas de continuo, pues la vida se nos da, pero no se nos da hecha, con lo cual es necesario hacer algo con lo que encontramos en la circunstancia, con el objetivo de llegar yo a ser alguien determinado. Sin las cosas, no hay yo, por lo tanto. Son precisas para el desarrollo de ese yo proyectivo.

Este es uno de los sentidos contenido en la conocida frase que el filósofo introdujo en su primera obra, Meditaciones del Quijote: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”[4]. Es una frase que contiene la superación del yo cartesiano y de su aislamiento respecto del mundo.

 

1.3. La realidad… y la irrealidad

Pero esta consideración del yo proyectivo necesariamente obliga a incluir en la teoría de la vida humana la virtualidad, es decir, todo aquello que corresponde al ámbito de la imaginación, de la futurición; en suma, de la irrealidad. Dentro del ser hombre está incluido el hecho de tener que proyectar con las cosas para poder llegar a ser alguien. En este sentido, Ortega acuñó una de sus espléndidas metáforas, para describir este ser dual del hombre. En su Meditación sobre la técnica, afirmará:

El ser del hombre y el ser de la naturaleza no coinciden plenamente. Por lo visto, el ser del hombre tiene la extraña condición de que en parte resulta afín con la naturaleza, pero en otra parte no, que es a un tiempo natural y extranatural, una especie de centauro ontológico, que media porción de él está inmersa, desde luego, en la naturaleza, pero la otra parte trasciende de ella[5].

Imagen de España invertebrada
El hombre es visto por Ortega como un centauro

Desde la metafísica de la razón vital, el hombre es contemplado, pues, como un “centauro ontológico”, como una criatura dual, que tiene la mitad de su ser en la realidad, pero la otra en la irrealidad (fantasía, ilusión, imaginación). Las consecuencias de ello son asombrosas, pues obliga a tomar en consideración la facultad imaginativa del hombre como componente esencial de una teoría metafísica completa. Y a romper las barreras de una metafísica griega del ser, ciertamente fijista, en favor de una metafísica del estar, mucho más dinámica.

No es el lugar para señalar cómo era preciso hacer una metafísica en español, que diese cuenta de las magníficas posibilidades de este verbo, del que otras lenguas no disponen[6], pero se puede intuir por qué Ortega consideraba que era preciso hacer este ensayo español: sin él faltaría una interpretación compleja y nueva de la realidad, que no podían ofrecer ni el griego, ni el latín, ni el alemán, el francés o el inglés.

 

1.4. Adán en el Paraíso o el yo y la circunstancia

En este momento es más adecuado orientar la mirada hacia una de las cuestiones que encuentra un lugar interesante en el sistema orteguiano, como es la circunstancia. Desde su punto de vista, es literalmente ‘circum stare’, lo que está alrededor de nosotros, entendido en su sentido físico-espacial literal, pero también en un sentido mucho más amplio: circunstancia humana es también el haber nacido en un país determinado, a una altura de la historia, con un haber cultural concreto reflejado en una lengua decantada durante cientos de años, con unas vigencias y usos concretos y un sistema estimativo de preferencias y post-ferencias.

La Historia de la que procedemos y que explica quiénes somos ahora es también parte de la circunstancia, como había intentado expresar, también de forma metafórica, en su escrito “Adán en el Paraíso”[7]. En él revelaba Ortega que el hombre, Adán, es la vida biográfica y que esta incluye no solo el paisaje en torno, sino también su herencia histórica, espiritual, humana. La circunstancia es la otra mitad de la persona, de mi persona. El hombre está llamado, con su vida proyectiva y por hacer, a una labor de reabsorción de la circunstancia concreta que le ha tocado vivir. Vivir es justamente ir incorporando al propio proyecto todos esos elementos circunstanciales.

 

1.5. La perspectiva como componente metafísico

Esto solo puede hacerlo desde otro de los componentes de la metafísica de la vida humana y, en último término, de la vida misma, que es el perspectivismo. A la vida humana le corresponde una perspectiva única, concreta, no solo determinada por el momento histórico que a una persona le ha tocado vivir, sino por su situación particular, debida a la sociedad que le lleva en su seno.

Y este perspectivismo es una situación radical en sentido pleno, pues solo podemos acceder a la realidad mediante ese punto de vista. Por otra parte, si yo no existiese, sería una pérdida metafísica, pues mi perspectiva no se produciría tampoco:

Cada hombre tiene una misión de verdad. Donde está mi pupila no está otra: lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra. Somos insustituibles, somos necesarios[8].

 

1. 6. La razón vital como superación de la res cogitans y de la razón pura. La vida como “faena poética»

La última gran aportación metafísica de Meditaciones del Quijote es su concepto de la razón vital, que el filósofo madrileño propone como una superación de la res cogitans cartesiana, pero también de la razón pura kantiana y del polo opuesto a ambas, esto es, el irracionalismo. Ortega confía en la razón humana, pero esta tiene que estar en contacto con la vida, no en una doliente escisión, como en Descartes, o en una tendencia a la abstracción, como en Kant.

Con ello, Ortega va hasta la raíz de viejos problemas filosóficos, de una manera nueva y audaz. Pues el problema metafísico ya no es el ser de las cosas, al que la mente debe adaptarse, ni tampoco la manera de conexionar la mente con la materia, sino el vivir, la propia vida humana, que es quehacer precisamente porque hay que ir haciéndola con el uso de la razón, la cual además de lógica es vital. Es decir, la tarea de la metafísica no será tanto averiguar el qué de las cosas, externas al hombre, sino más bien saber en qué medida las necesitamos, no para un mero conocimiento frío, sino para algo más importante, que es el vivir. Y vivir, no de cualquier manera, sino de forma esmerada, pues la vida es constante elección, siendo como somos necesariamente libres.

Conceptos incluidos en España invertebrada
Diario

 

Al contemplar la contextura metafísica de la vida, Ortega se distanciará de toda cosificación y la definirá, más bien, como una obra de arte, o como dijo con mayor precisión en el “Prólogo para alemanes” [9], como una “faena poética”. La labor metafísica fundamental será justamente esta, la de hacer de la propia vida una obra de arte, de tal manera que ese ser imaginado pueda desarrollarse en la circunstancia, pueda llegar a plenitud.

 

 

 

También como un intento de distanciamiento de toda cosificación o animalización del hombre, formula su principio de que el hombre no tiene naturaleza, sino historia. En muchas ocasiones se ha querido leer aquí un arranque de relativismo en el pensamiento de Ortega, pero con el planteamiento metafísico expuesto hasta aquí, se puede comprender con claridad que no es ese el contenido de su aseveración, sino una verdad más asombrosa y del todo evidente a la razón: del humano no podemos decir que tenga una ‘naturaleza’ como la tiene el roble o el tigre, que viven vidas biológicas y repiten un esquema sin apenas variación.

El humano tiene un haber que hace que se escape a los límites impuestos a la vida vegetal o animal y ese haber es el que le proporciona la Historia, es decir, todo lo que han ido generando e innovando los humanos previos a nosotros, desde el lenguaje con el que hablamos hasta los métodos con los que nos desplazamos o divertimos. Todo ese haber es ajeno a la naturaleza, pues precisamente el humano lo ha ido desarrollando porque ha dado la espalda a una existencia solo natural, esto es, dictada por la biología. La Historia humana, como memoria colectiva, es justamente la vía de escape a una existencia solo biológica, porque hace al humano ingresar en el ámbito de lo biográfico.

De manera que nuestra vida, por su misma contextura histórica, ya está desde el comienzo habitada por otras muchas vidas, incluso aunque no sepamos la de quiénes: la lengua que hablamos ahora es derivación de que la empleó el desconocido autor del Cantar del mío Cid, que nos habita de este modo misteriosamente. Al igual que nos habitan, sin haberlos conocido personalmente, Velázquez con sus Meninas, Manuel de Falla con su Amor brujo o el constructor de la catedral de León.

La vida colectiva, social e histórica, es un componente de nuestra misma realidad humana, desde este punto de vista. La realidad biográfica de la vida humana implica que esta es necesariamente social y convivencial y que para ser nosotros mismos, necesitemos ponernos en claro sobre esa herencia que ya llevamos inserta en nuestro ser, de manera más irremediable que con nuestros genes. Ortega desarrolla lo que se conoce como “teoría de las generaciones”, para explicar cómo se puede comprender el hecho de que vivimos con coetáneos y con contemporáneos y la dinámica entre las estimaciones de las distintas edades que viven juntas, que es la que va marcando el paso de la Historia.

 

2. Cómo se ve España desde la metafísica de la razón vital

Después del recorrido anterior, a vista de dron veloz, por la metafísica orteguiana, enfoquemos la cámara del mismo sobre un punto concreto, el de la realidad española, para mostrarla con mayor detalle desde la óptica que estamos ensayando.  

Ortega y Gasset, cuando se publica España invertebrada, es un catedrático de 38 años, que vive en una capital europea de un país que está todavía asimilando su nueva posición -perdedora- en el mundo: cuando él era todavía un adolescente, en 1898, el ejército español había sido vencido por el norteamericano, produciendo este hecho no tanto desastres materiales cuanto morales, por la situación de desaliento y profunda desilusión que se va a producir en la conciencia española colectiva. Este lúcido muchacho madura rápido precisamente porque su juventud va a estar rodeada de tal desmoralización generalizada; crece con la firme convicción de que es preciso buscar un anclaje nuevo para la recuperación del pulso español.

autor de España invertebrada
J. Ortega y Gasset

Por primera vez en muchos siglos, la realidad de España empieza a ser solo la peninsular y aunque le van a seguir uniendo a los países iberoamericanos y a Filipinas muchos lazos, comenzando por la lengua, su preocupación primaria va a ser qué va a hacer de sí misma. La situación de España a partir de 1898 va a ser la de todo líder que ha vivido en la tensión de la responsabilidad durante largo tiempo y percibe que no las tiene ya, teniendo que lidiar de ahí en adelante con los sentimientos encontrados del aligeramiento y de la gravedad.

Ortega llegará a la edad adulta con esta conciencia atmosférica de fracaso e introspección. Su voluntad, manifestada desde 1914, es la de ser yo con sus circunstancias, la de tener que ser un yo orteguiano reabsorbiendo su circunstancia española irremediablemente. Pues si no, como se ha analizado con anterioridad, no podría ser él mismo. Lo que el metafísico madrileño va a acometer, pues, es una labor de amor intelectuallis[10], como señaló, tomando el término de Spinoza: una labor de conexión, de llevar a plenitud cada realidad española, por pequeña que fuese, porque eso sería lo que condujese a una moralización progresiva de la sociedad española. Había llegado a la conclusión de que, para reabsorber su propia circunstancia y poder ser él, era preciso empezar a ejercer sobre su patria, sobre sus compatriotas, un amor inteligente, capaz de alumbrar un nuevo proyecto colectivo.

Este es el trasfondo de la España invertebrada, en la que señala con gran agudeza el problema de la desestructuración, del particularismo, que es, metafísicamente, lo contrario de la conexión. Ortega necesitaba sanar a la sociedad española porque esta era la otra mitad de su persona y para llegar a plenitud, necesitaba una España respirando a pleno pulmón, capaz de vivir a la altura de los tiempos y de hacer de sí misma una faena poética. Su España invertebrada es un ensayo de conexión con los españoles, una manifestación de la voluntad de contar con cada uno, para acometer juntos faenas de gran velamen y proyectos sugestivos de vida en común[11].

 

NOTAS DE ESPAÑA INVERTEBRADA 100 AÑOS DESPUÉS

[1] J. Ortega y Gasset, J. (20125ª): España invertebrada, en Obras completas III (1917-1925). Madrid: Taurus, p. 423.

[2] Ibid., p. 476.

[3] Ortega ha explicado su metafísica en varios escritos, pero sin duda para lo aquí tratado son decisivas El tema de nuestro tiempo, en Obras completas III (1917-1925), ¿Qué es filosofía? y Principios de metafísica según la razón vital –ambas en Obras completas VIII (1926-1932). Obra póstuma-, así como la exposición sistemática realizada por su alumno y discípulo, también filósofo, Julián Marías, en el capítulo “Ortega y su filosofía de la razón vital”, de Historia de la filosofía. 19964ª reed.. Madrid: Alianza Universidad. También son muy iluminadoras de este último sus obras Ortega: circunstancia y vocación (1973. Madrid: Revista de Occidente) y Ortega: Las trayectorias. (1984. Madrid: Alianza Universidad) y, de manera mucho más reciente, el curso “Ortega en doble perspectiva”, impartido en el Colegio Libre de Eméritos de Madrid en 2002.

[4] Ortega y Gasset, J. (2010): Meditaciones del Quijote. Edición de Julián Marías. Madrid: Cátedra. Letras Hispánicas, p. 77.

[5] Ortega y Gasset, J. (2006): Meditación de la técnica, en: Obras completas V (1932-1940). Taurus, Madrid, pp. 569-570.

[6] Se pueden consultar en este sentido mis artículos Gómez Álvarez, N. (2011): “El español como lengua filosófica”. Revista Iberoamericana de Personalismo Comunitario (17), disponible en: http://personalismo.net/persona/revista/diecisiete y Gómez Álvarez, N. (2015): “El filósofo y las palabras: Julián Marías en la Real Academia Española”. Boletín de la Real Academia Española. Tomo XCV · Cuaderno CCCXII, pp. 391-421, disponible en: http://revistas.rae.es/brae/article/view/54/206

[7] Ortega y Gasset, J. (2004): “Adán en el paraíso”, en Obras completas. Tomo II (1916), pp. 58-76.

[8] Op.cit., “Verdad y perspectiva”, en El espectador I, p. 163.

[9] Ortega y Gasset, J. (2009): “Prólogo para alemanes”, en Obras completas. Tomo IX (1933-1948) Obra póstuma, p. 125 y ss.

[10] Meditaciones del Quijote, op. cit., p.45.

[11] Esta labor fue continuada por su discípulo Julián Marías, quien décadas adelante escribiría su obra España inteligible. Razón histórica de las Españas (2005. Madrid: Alianza Editorial). Sobre la continuidad filosófica entre ambas, se puede consultar mi artículo Gómez Álvarez, N. (2015). “De la España invertebrada a la España inteligible”, en: Burgos, J. M. (ed.). España vista por sus intelectuales. Madrid: Palabra, pp. 51-73.

About the author

Nieves Gómez Alvarez
Doctora en Filosofía, Profesora en el Máster de Antropología (AEP- UDIMA)

Nieves Gómez Álvarez, Doctora en Filosofía, Profesora en el Máster de Antropología (AEP- UDIMA).

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