REFLEXIONES EPISTEMOLÓGICAS SOBRE LAS CIENCIAS SOCIALES

 

1. El concepto de ciencia

Una definición como punto de partida

Punto de partida: la definición de ciencia. Imagen 1

Un punto de partida para analizar epistemológicamente las Ciencias Sociales puede ser el defi­nir el concepto de «ciencia», y no porque al partir de una definición se parta de algo inamovible, si­no porque las definiciones, aunque no sean perfectas, pueden plantear de entrada problemas fecundos. Además ya que el concepto de ciencia no ha sido un concepto unívoco, generalmente aceptado a lo largo de la historia de la ciencia, es necesario poner de manifiesto  lo que se entiende por ciencia. De las muchas definicio­nes que se han propuesto parece que la del filósofo An­dré Lalande puede resultar válida y útil para tratar de su epistemología:

Conjunto de conocimientos y de investiga­ciones que poseen un grado suficiente de unidad y generalidad, susceptibles a conducir a los hombres que se consagran a su cultivo a conclusiones concordantes, que no sean producto ni de convicciones arbitrarias ni de los gustos o intereses individuales que les son comunes, sino de las relaciones objetivas descubiertas gra­dualmente y confirmadas por métodos de verifi­cación netamente definidos[1].

¿Cuándo es ciencia una disciplina académica?

Indudablemente la definición lleva implícita la idea de verdad, la idea de conocimiento verdadero. La naturaleza de la verdad y su unidad nos llevaría a dis­quisiciones que no serían propias del objetivo de este artículo; sin embargo, resulta imprescindible plan­tear las siguientes preguntas una vez establecida la de­finición de ciencia:

¿Cuándo se puede decir que una determinada disciplina académica es una ciencia?. ¿Existe un criterio para determinar cuándo un conocimiento es científico y cuándo no lo es? En el caso de que aceptemos la existencia de un criterio, ¿debe ser considerado como algo absoluto o tiene un valor sólo relativo, desde un punto de vista histórico? El intento de contestar a estas preguntas puede re­sultar particularmente útil cuando hay que tratar del carácter científico o no de una exposición sobre la realidad.

La importancia del principio de «cientificidad» es patente y  preocupa a la Filosofía de la Ciencia; en nuestro caso parece oportuno explicar las razones que se esgrimen para adoptar la definición anteriormente transcrita de «ciencia».

Una primera aproximación a la definición sugiere la idea de que bajo dicho concepto se comprende un tipo de saber objetivo, transmisible entre distintas personas y susceptible de verificación. Las cualidades de objetivi­dad, intersubjetividad y verificabilidad merecen desta­carse en la definición, puesto que delimitan el concep­to hasta tal punto que la falta de cumplimiento de algu­na de dichas cualidades invalida la posibilidad de consi­derar un determinado saber como científico.

Origen de la preocupación por la ciencia y sus métodos

Una vez establecida la significación de los vocablos empleados por medio de una definición, desde un punto de vista lógico, hay que atenerse a ellos, con lo que tal vez se consiga hacer menguar las muchas controversias habidas con respecto a la ciencia y sus métodos, porque gran parte de ellas se han debido al diverso uso que la palabra ha tenido, por ejemplo en los economistas Richard von Mises, Josef A; Schumpeter, Otto Neurath y Karl Menger; los físicos Phillipp Frank y Schroedinger; los matemáticos como Ludwig Witgenstein y los filósofos como Rudolf Carnap, Friedrich Waismann y Moritz Schlick.

La tarea de todos los que se preocuparon de la epistemología y metodología de la ciencia fue decisiva para llegar a la  situación actual que comenzó, en el tránsito del siglo XVI al XVII, con la separación entre metafísica y ciencia. Sin embargo, ciertos conceptos elaborados por la escuela neo-positivista -en su rama extrema- son difícilmente sostenibles. Pero este tema nos llevaría a otra disgresión fuera de lugar para nuestro objetivo. Baste con repetir la importancia del neo-positivismo en el surgimiento del moderno concepto de ciencia, lo que no implica la admisión de todos los extremos de dicha escuela.

Delimitación de la etapa precientífica

Junto con la separación de la ciencia y de la meta­física, que como se ha dicho ya se inició en el siglo XVI, uno de los problemas que más ha preocupado a la epistemología de la ciencia es el de la separación entre el «ser» y el «deber ser».

De lo dicho, se puede considerar la etapa precientí­fica, o etapa de confusión entre ciencia y metafísica, aquella en la que se sostiene que es posible llegar a las verdades últimas, que son las fuentes del conocimiento. Todo lo demás sería derivado de ellas. De ahí la relevancia del proceso deductivo y del método axiomático y de ahí también la significación decisiva de la «verdad última», fuente del conocimiento.

Problema de las fuentes primeras del conocimiento

Conocer las ideas originarias y conocer las deriva­das nos lleva a un conocimiento completo, lo que plantea el problema de la jerarquía de las fuentes. Las diferen­tes escuelas filosóficas, al abordar el problema, dieron diferentes respuestas: para el empirismo la fuente primera es la evidencia sensible, para el espiritualismo la evidencia interna y para el racionalismo las verdades de razón.

En este momento de la Historia de la Filosofía se llegó a una polarización entre el sujeto y el objeto, y se consideraba el mundo como independiente de los actos del pensamiento, y el conocimiento consistía en captar la «forma preestablecida”. Pero en el siglo XVIII cambia el planteamiento; el problema básico pasa a ser el  de cómo se constituye el mundo de la conciencia, a cuya tarea se aplican Kant y Brentano y, más tarde, en el siglo XX,  Husserl.

Con la fenomenología de Husserl se llega a la conclusión de que no se puede considerar un juicio perceptivo de la realidad como una simple constatación de impresio­nes sensibles, sino que incluye series abiertas de supuestos, referidas a una comprobación intersensorial, inter­temporal e interpersonal, es decir, intersubjetiva. Con ello se llega a la conclusión de que el mundo se «‘constituye» en el pensamiento y que, por tanto, puede ser des­crito únicamente mediante conceptos referentes a hechos de conciencia.

Los límites de la ciencia

Max Weber. Imagen 2

 

Max Weber (1864-1920) en su célebre artículo sobre la objetividad del conocimiento científico-social y político-social, publicado en 1904, pero que no fue editado en español hasta 1956[2]; acierta al señalar el cam­po científico y fijar los límites dentro de los que debe permanecer la ciencia. En cierto modo expone el método del relativismo axiológico moderno sin utilizar dicho nombre. En definitiva, viene a afirmar Weber que una ciencía empírica no puede enseñar a nadie lo que debe hacer sino sólo lo que puede hacer y, en algunos casos, también lo que quiere hacer.

La importancia de los juicios de valor en las cien­cias sociales requiere un tratamiento más exhaustivo pero merece la pena exponer el punto de vista personal del que suscribe al respecto, aunque sea brevemente. Probablemente la carga emocional e ideológica de toda persona dedicada al quehacer científico ha­ya contribuído a la desorbitación de un problema que, en sus justos términos, debería estar ya complertamente superado. El hecho de que existan valores absolutos últimos es algo que preocupa a muchos hombres, que los asumen, pero en tanto que científicos, no hay inconveniente en fundamentar un determinado valor en otro de orden superior, aún reconociendo que la ciencia no tiene por objeto la determinación de valores.

 

 

Relación entre valores y objetividad en las ciencias

En las ciencias sociales la utilidad de aceptar ciertos tipos de valores no comporta más que una cierta orientación expositiva, un sesgo, pero en nada importa a la objetividad e intersubjetividad del conocimiento. En los momentos actuales en que es difícil coincidir plenamente en las apreciaciones valorativas, nada impide la constitución de amplias tipologías de valores de distintos órdenes para que se logre una aceptación generalizada de los resultados de una investigación.

Si la objetividad, que es uno de los requisitos imprescindibles para que un conocimiento sea cientí­fico, se entiende en sentido absoluto, universal, no hay ciencia social posible, puesto que no se puede prescindir de los valores; pero si la objetividad se entiende en un sentido relativo, como aceptación de amplios grupos de valoraciones, entonces sí hay ciencia, de acuerdo con el concepto expuesto y con el método de investigación mencionado para que un conocimiento pueda ser calificado como  «científico».

Hubo que esperar hasta principios del pasado siglo XX para que se aceptara la doctrina de la «censura lógica insalvable» entre el ser y el deber ser, y su fundamenta­ción en el «relativismo axiológico científico». A partir de este momento se está de acuerdo en la incapacidad de la ciencia como tal para establecer valores o categorías absolutas, pero también es cierto que el conocimiento no se agota con el saber científico[3].

 

2. El método científico

El concepto de ciencia presupone el empleo de un método de investigación, que incluyen diversas técnicas, pero lo importante consiste en que un método científico es preciso distinguirlo de los métodos acientíficos, que ni siquiera suelen ser métodos en muchas ocasiones.

Se considera como método científico al que se denominará «relativismo axiológico científico»: el conjunto de pasos que hay que recorrer en toda investigación para poderle dar se calificativo de “científico”. La enumeración de estos pasos del método científico no implica que las operaciones enumeradas, basadas en las que propone Arnold Brecht,queden perfectamente separadas en la práctica.

Pasos del método científico

Son los siguientes[4]:

Arnold Brecht. Imagen 3

Paso 1°.- Observación de lo que pueda ser observado y aceptación o recusación de las observa­ciones como suficientes.

Paso 2°.- Descripción de lo observado y aceptación o recusación provisional de la descripción como correcta y adecuada.

Paso 3º.- Medición de lo que pueda ser medido.

Paso 4º.- Aceptación o recusación (provisional) de lo observado, descrito y medido.

Paso 5°.- Generalización inductiva (provisional) de los hechos particulares, aceptados como «hipótesis fáctica».

Paso 6º.- Intento de explicación, presentado como «hipótesis teorética», o sea, intento de explicar los hechos particulares aceptados (paso 4º) o las generalizaciones fácticas conseguidas inductivamente (paso 5º), mediante apelación a determinadas conexio­nes, especialmente causales.

Paso 7°-.Deducción lógica a partir de las generali­zaciones fácticas inductivamente conseguídas (paso 5°), o de los intentos hipotéticos de explicación (paso 6º), con objeto de expresar claramente (explicitar) en palabras u otros signos lo que queda dicho implícitamente en las generalizaciones y en los intentos de explicación respecto de otras observaciones posibles (paso l°), o respecto de hechos (paso 4°) ya aceptados, generalizaciones fácticas (paso 5°) e in­tentos hipotéticos de explicación (paso 6º) también ya aceptados.

Paso 8º.- Comprobación mediante observaciones ulte­riores (pasos 1º y 4º) de si la aceptación  provisional de observaciones, descripcio­nes y mediciones (pasos 1º, 2° y 3°) han sido correctamente ejecutadas, y de si sus resultados se  justifican con los hechos (paso 4º) y las expectativas (paso 7°) deriva­das de sus generalizaciones e intentos de explicación, es decir si resultan también cumplidas.

Paso 9º.- «Censura lógica  insalvable” entre el ser y el deber ser. Se trata de comprobar la corrección de la aceptación provisional de observaciones y de sus resultados (pasos 1º , 2°, 3° y 4°), y de las generalizaciones inductivas (paso 5º) y las explicaciones hipotéticas (paso 6°), en la medida en  que resultan inconcilia bles con otras observaciones, generaliza­ciones o explicaciones previamente aceptadas; o bien, corrección de lo previamente aceptado a causa de la contradicción entre el modelo explicativo (deber ser) y la realidad que no encaja (ser)

Paso 10º.- Recusación, o sea eliminación de entre las proposiciones aceptables, de todas las afirmaciones que no han sido conseguidas ni confirmadas por medio de los pasos anteriormente descritos , especialmente de to­das las proposiciones «a priori», con la excepción de aquellas que son «inmanentes al método científico» o que se utilizan meramente como supuestos provisionales o hipótesis  de trabajo.

Inducción con tipos justificados de generalización

De todos los pasos enumerados parece que el acuerdo deja de ser general con respecto a la lógica inductiva (paso 5°). En este sentido se puede afirmar que resulta im­prescindible en cualquier ciencia empírica el empleo de los dos proceso: inductivo y deductivo; aunque subsista el problema de decidir en cada investigación si  se acepta o se rechaza la generalización inductiva.

Aceptar la inducción no supone aceptar de mo­do absoluto la generalización inductiva, en el sentido de que en cualquier caso existe uniformidad porque, evidentemente, no la hay en todos los casos. Pero parece razona­ble afirmar que en ciertos casos sí existe tal uniformi­dad, por lo que parece cierto el punto de vista de Kauffmann según el cual, de determinadas regularida­des observadas en la naturaleza, en general, y en deter­minados campos de la investigación en particular, se pueden inferir «reglas de procedimiento» provisionales acerca de tipos justificados de generalización. Se trata de admitir la posibilidad de la «generalización prudente», no de afirmar rotundamente «una vez es igual a siempre» o de que «frecuentemente equivale a siempre».

Es cierto que, en determinados terrenos científicos, basta una sola observación para poder generalizar, mien­tras que en otros son necesarias muchas observaciones. Desde luego, las ciencias sociales responden al segundo caso, y quizás las generalizaciones nunca puedan llegar a justificarse de una forma completa; en cualquier caso, la prudente admisión de unos «tipos justificados de generalización» es bastan­te útil para el avance científico, sin que ello implique que se puedan modificar las reglas de la lógica.

Deducción

El método científico, pues, sólo admite, siguiendo la argumentación lógica, como prueba plena a las inferen­cias lógicas cuando son estrictamente analíticas. En este sentido, la lógica deductiva es la única rigurosamente analítica. De hecho, las inferencias analíticas no añaden nada nuevo al sentido de una determinada expresión o proposición; por lo que no basta con dichas inferencias analíticas para el desarrollo científico porque solamente expresan, de forma explícita, lo que implícitamente está contenido en ellas, por ello se hace necesaria la aclaración deductiva de proposiciones generales que ha llevado a re­sultados muy positivos. A pesar de todo, no se puede soslayar el hecho de que, para el avance científico es necesa­rio que las consecuencias analíticas sean absolutamente verdaderas, pero también que las proposiciones sean útiles.

Confrontación entre hipótesis y resultado

En definitiva, cualquier ciencia empírica debe reflejar la realidad; en caso contrario, de poco sirve un sis­tema axiomático completo acompañado de una completa deducción lógica. Por ello una vez establecidos todos los pa­sos, o mientras se dan, cabe preguntarse si el modelo explicativo se ajusta a la constan­te información que nos llega de la realidad a través de la investigación. Si no se ajusta es preciso cambiar al­gunos elementos del modelo o todo él si fuera necesario.

Por el método de la «cesura lógica insalvable», es decir, por la confrontación permanente de las «hipótesis teoréticas» con la información recibida, o sea, la com­probación entre el resultado de nuestras deducciones ló­gicas partiendo del modelo explicativo y el resultado de la investigación empírica, se tendrá la seguridad de en­contrarnos con conocimientos científicos, pero sabiendo que nuestros juicios, nuestras afirmaciones son siempre un permanente «estado actual de la cuestión». Porque nuestros sistemas explicativos e interpretativos no co­rresponden con exactitud a la realidad, que sólo los in­genuos creen posible conocerla a la perfección.

El «relativismo axiológico científico” permite  profundizar en el conocimiento de la realidad porque deja la posibilidad de establecer sistemas válidos hasta que nuevas investigaciones encuentren las contradicciones entre el ser (los datos que nos ofrece la realidad) y el deber ser (lo que debería haber resul­tado según las deducciones alcanzadas).

Por supuesto que la coincidencia entre el ser y el deber ser, la ausencia de contradicción, nos indica que se ha alcanzado un cierto grado de verdad, es decir, que ese conocimiento logrado es científico.

 

 3. La unidad de la realidad y la clasificación de las ciencias

El pensamiento se ha visto en ocasiones ten­tado de llegar a un tipo de saber que insertara todos los fenómenos humanos en un solo sistema, que pudiera basarse en un solo principio. Ejemplos de ello lo encontramos en los sistemas ideados porSpinoza y Hegel o, incluso, en Newton.

Rudolf Carnap. Imagen 4

En nuestros días tales intentos suelen ser considerados pu­ra ilusión, sin embargo cobra fuerza, entre las corrientes más diversas, el ideal de una ciencia unificada. Pero el modelo de la ciencia entera sería un saber enciclopédico, una enciclopedia, no un sistema; por tanto podemos considerar el enciclopedismo  como plantea­miento del problema y el fisicalismo como solución del mismo.

Si la respuesta a la unidad de la realidad puede llegar por medio del fisicalismo como solución a los recientes intentos de unificación de la ciencia, se hace necesa­rio aclarar qué entienden sus mentores por fisicalismo. Según la explicación de Carnap,

la clase de predicados observables constituye una base suficiente de reduc­ción para todo el lenguaje de la ciencia, comprendida la parte cognoscitiva del lenguaje común[5].

Se trata, pues, del desplazamiento del problema de la unidad de la ciencia desde el plano de las leyes al plano del lenguaje. Esta unidad de términos es menos eficaz de lo que sería la unidad de las leyes, pero es la condición necesaria preliminar de la unidad de la ciencia. Se puede observar que Carnap y otros fisicalistas consideran únicamente los aspectos semántico y sintáctico del problema pero olvidan el aspecto pragmático, este aspecto es necesario integrarlo para la construcción de una teoría general de la ciencia.

 

El aspecto pragmático

Al ser la ciencia una institución social, es necesa­rio considerar su aspecto pragmático. Por ello, en todo intento de teorizar sobre la unidad de la ciencia como respuesta global a la unidad de la realidad deben comprenderse sus tres aspectos: el semántico, el sintáctico y el pragmático.

La idea de la unidad de la realidad debe tener como meta final la integración del conocimiento en un solo sistema  y, a ser posible, basado en un sólo principio. Ya  se ha  dicho que es  un ideal que nunca podrá al­canzarse. Pero la unificación de la ciencia, si bien teóricamente posible, también va a resultar difícil, incluso en el lenguaje clásico; pues en rigor las tesis expuestas del fisicalismo sólo podrían probarse si fuera posible que todos los conceptos de las ciencias naturales y sociales se redujeran al lenguaje cósico. Es decir el lenguaje formado exclusivamente por enunciados cósicos que, en Lógica, son aquellos enunciados que no designan signos, sino cosas. Cosa es todo lo que puede ser pensado, supuesto, afirmado o negado; todo lo que tenga existencia mental o física.

En cualquier caso parece interesante meditar sobre la unidad de la ciencia aunque sea para comprender que estamos muy lejos de alcanzar resultados téóricos esti­mables. Sin embargo no se debe olvidar que si se presta atención a la Historia de las Ciencias se observa cómo el desarrollo de una de ellas ha propiciado el avance de las demás.

Una realidad, pero distintos métodos para conocerla

El afán de dar un sentido unitario al conocimiento científico, porque la realidad es una, no ha llevado a uniformar el modo de alcanzar dicho conocimiento; al contrario, el modo de profundizar en la realidad mediante el conocimiento científico no es único. Tampoco hay una correspondencia biunívoca entre el método que se  emplea y una determinada ciencia, y desde la Física y la Química, por citar dos naturales; a la Demografía y la Sociología, por citar dos sociales, son claros ejemplos de ello por su coincidencia metodológica en algunas de sus partes

De ahí que la clasificación de las ciencias, siempre es convencional, se realiza en orden a su utilidad, sin necesidad de que deba adscribirse un determinado método a cada ciencia o a cada tipo de ciencia. Hoy en día, por ejemplo, los problemas que aborda cualquier ciencia, natural o social, son tan complejos que la forma de llegar a dominarlos puede requerir distintas técnicas y métodos. Este hecho plantea el problema de la clasificación de las ciencias, de la que se puede deducir cual o cuáles son los métodos más adecuados para los distintos tipos de  problemas que aborda.

La reflexión sobre la ciencia hoy

El haber admitido anteriormente como indispensable la separación entre metafísica y ciencia no implica que nos tengamos que desprender de cualquier reflexión filo­sófíca fundamental; al contrario, ciertas reflexiones son indispensables para entender los problemas de los que estamos tratando, que no son otros que los relativos a las fuentes del conocimiento.

Para llegar a la actual afirmación, universalmente admitida, de que ningún resultado de la experiencia elevado a teoría puede considerarse un logro definitivo, lo que significa aceptar un relativismo científico de tipo histórico,­ ha habido que superar las fases previas por las que ha pasado la teoría de la ciencia. Ahora interesa esencialmente, a modo de conclusión, el aceptar la unidad de las ciencias en el sentido enciclopédico manifestado y el carácter puramente convencional de la clasificación de dichas cien­cias.

La clasificación entre ciencias naturales y ciencias sociales

Kaufmann. Metodología de las ciencias sociales
F. Kaufmann en esta obra presenta una clasificicación de las ciencias. Imagen 5

En principio, la separación que a menudo se hace entre ciencias de la naturaleza y ciencias sociales  resulta útil porque señala la diferencia entre un saber que intenta conocer preferentemente la realidad espacio-­temporal y material, y otro que se centra en conocer la realidad de la vida en sociedad. Las implicaciones metodo­lógicas son palmarias, pero la división de las ciencias es convencional.

A partir de esta convención hay que recordar la feliz idea de Félix Kaufmann[6] al colocar en los extremos de un segmento de izquierda a derecha las ciencias naturales y las ciencias sociales. En el centro del segmento estaría la Geografía, cuya parte Física correspondería a las ciencias de la naturaleza, y la Humana a las sociales. Y la Historia estaria situada en la parte más a la derecha del segmento, mientras que la Física estaría en la parte más a la izquierda por sus mayores posibilidades de matematización. En conclusión el segmento de las ciencias ideado por Kaufmann nos sirve para encuadrar los métodos cientificos y poner de manifiesto las controversias metodológicas y esclarecer las polémicas que se establecen respecto a las zonas fronterizas de unas ciencias con otras.

 

4. El ámbito de las ciencias sociales

Una vez puestas de relieve las teorías en el conocimiento científico y su valor, así como la clasificación de las ciencias atendiendo a un criterio de utilidad basado en la distinción naturaleza-sociedad, el paso siguiente consiste en la delimitación del ámbito de las ciencias sociales.

Si bien hay que aceptar que las ciencias sociales comprenden todas aquellas cuyo objetivo es el conoci­miento científico de la actividad de las personas co­mo miembros de un grupo; no se debe olvidar que las rea­lidades sociales no son independientes de la experiencia psico-física, por ello la tarea fundamental en la concepción de las ciencias sociales debe arrancar de los elementos empíricos que deben conservarse como invariables.

Los elementos empíricos de base son la acción social y la relación social, entendiendo por acción social la que se relaciona con el comportamiento de los otros y por relación social se entiende «un comportarse de varios que, por su contenido de sentido, está referi­do en reciprocidad y orientado por esta referencia». Esta definición la aclara Max Weber:

la relación social consiste total y exclusivamente en la probabilidad de que se actuará socialmente de un modo indicable, siendo indiferente sobre qué descanse esta probabilidad[7] .

Disciplinas del ámbito de las ciencias sociales

Una vez delimitado el ámbito de las ciencias socia­les, conviene dilucidar si es posible la existencia de una ciencia social cuyo ámbito sea el estudio de todas las relaciones sociales  o si sólo es posible el estudio de determinadas re­laciones sociales. Es necesario afirmar que, a lo largo del tiempo, el estudio de las relaciones sociales se ha llevado a cabo por diversos caminos específicos, más que partiendo de un enfoque global.

La más antigua de las ciencias sociales es, posiblemente, la ciencia política gestada en las discusiones de la Grecia clásica, en la que los filósofos griegos trataban de la «polis» como la forma más alta de gobierno comuni­tario. Entre las ciencias sociales más antiguas se com­prenden también la Jurisprudencia y la Historia, aunque esta última por el afán totalizador de la historiografía contemporánea se ha convertido en la síntesis de todo el conocimiento social.

Entre las más modernas tenemos la economía, la antropología, la psicología, la lingüística y la sociología, que no llega a dos siglos de existencia y puede considerarse como la más nueva de las ciencias sociales.

Con respecto a la Historia  es necesario señalar que no puede prescindir de singularidades; ello no quiere decir que no se pueda generalizar alguna vez, sino que, en el análisis de los procesos históricos, sólo puede considerarse suficiente una explicación cuando se apoya en datos singulares.

¿Pueden las ciencias naturales tener un sistema de proposiciones como las ciencias naturales?

Tras fijar el objeto de las ciencias sociales y las disciplinas que se incluyen en ellas, cabe preguntarse si es posible el conocimiento científico de la realidad so­cial que encaje dentro del concepto de ciencia expuesto ­en el primer epígrafe de este artículo. Dicho de otra ma­nera, la cuestión básica a la que hay que contestar es la siguiente: ¿Existe en las ciencias sociales la posibili­dad de llegar a un sistema de proposiciones que posean las ventajas heurísticas de las proposiciones de la ciencia natural ? En realidad, para responder hay que tener en cuenta previamente los siguientes puntos: a) unidad de las leyes; b) sencillez de las ecuaciones; c) campo de validez de las leyes; y d) exactitud de  las leyes.

a) Unidad de las leyes

Con respecto a la unidad de las leyes hay que afirmar  que no existe en las ciencias sociales por lo que, como consecuencia de la  ausencia de una base unitaria no se puede hablar de una unidad sistemática de deducciones de las ciencias sociales.

b) Sencillez de las ecuaciones

En lo relativo a la sencillez de ecuaciones tampoco se puede hablar de ella en las ciencias sociales, debido a la complicada estructura de las relaciones sociales, complicación que es consecuencia de la existencia de los elementos socíales en sistemas abiertos y dinámicos. En pocas ocasiones se pueden expresar ecuaciones en términos matemá­ticos, por ejemplo en Economía, y los enlaces entre las relaciones son difícilmente matematizables.

c) Campo de validez de las leyes

Con respecto al campo de validez  de las leyes hay que aclarar las exigencias que se imponen a una ley social, es decir, con qué supuestos se dirá que existe tal ley. Existen casos en los que es posible establecer leyes, o actitudes generalizadas, que se pueden comprobar histó­ricamente a través de muchos años y en diversos lugares; ello no implica que los hechos futuros tengan necesaria­mente que estar determinados mediante dichas leyes. Si se desea partir de puntos de orientación eficaces para un obrar racional con arreglo a unos fines y para un plazo largo, se debe tener en cuenta que sólo es posible se­ñalar de una manera imperfecta los futuros sucesos.

d) La exactitud de las leyes

La exactitud de las leyes, por tanto, es mucho menor que en las ciencias naturales en las que, en muchos casos, se da un determinismo en el cumplimiento de la ley general, por lo que se puede expresar en una fórmula matemática.

La ausencia de leyes generales en las ciencias so­ciales obliga a un particularismo metodológico, cuya conse­cuencia más importante es la necesidad de buscar dominios en los que se puedan establecer conexiones causales den­tro del amplio mundo del acontecer social. Esta afirma­ción aumenta considerablemente la significación de las situaciones históricas determinadas como puntos de partida para la investigación social.

Diferencias con las ciencias naturales

Como se ha indicado, la gran dificultad de las ciencias sociales radica en que los elementos que componen los conjuntos sociales pertenecen muchas veces a conjun­tos abiertos y dinámicos, a diferencia de los elementos naturales, cuyos sistemas son puramente mecanicistas. Pero esta limitación no es suficiente para negar el carác­ter científico del conocimiento de la realidad social ya que cumple los pasos del método científico que debe recorrer toda investigación con este carácter, según el con­cepto de ciencia que se ha  establecido anteriormente.

Normalmente, la realidad social es tan complicada que se hace sumamente difícil establecer las debidas conexiones entre los esquemas interpretativos parciales, pero ello se  debe llevar a una mayor adecuación del modelo interpretativo de la situación real. Lo dicho nos indica que un modelo interpretativo tendrá mayor significación heurística cuanto mayor sea su capacidad de integrar los motivos aislados sin necesidad de modificarlo por su incapacidad de superar la censura lógica insalvable entre el ser y el deber ser.

Con lo hasta aquí expuesto se puede considerar  superada la polémica según la cual «las ciencias sociales no son ciencias porque no se les pueden aplicar los métodos científicos naturales», o bien que «las ciencias natura­les  proporcionan un saber exacto mientras que las sociales se hallan en el umbral del conocimiento científico».

Si tenemos en cuenta que las ciencias naturales son nomotéticas, es decir, generalizadoras, y su objeto es llegar a proposiciones tan generales como sea posible; mientras que las ciencias sociales son idiográficas, es decir, individualizadoras; además de ser más pru­dentes en sus generalizaciones también seleccionan y re­saltan hechos singulares especialmente significativos.

Los campos de estudio de las ciencias sociales no son sistemas cerrados.
Los campos de estudio de las ciencias sociales no son sistemas cerrados. Imagen 6

 

5. Los métodos científicos de las ciencias sociales

No hay un único método

De las consideraciones expuestas sobre el ámbito y la conceptualización en las ciencias sociales, no parece que se pueda llegar a la conclusión de que un determina­do método es el único bueno. La complejidad de las rela­ciones sociales es tan evidente que no es posible el que la aplicación de los métodos de las ciencias naturales llegue a dar resultados positivos, por lo que el método, o mejor los métodos, que requieren las ciencias sociales deben ser idóneos para ellas y distintos de los aplica­dos en el saber científico-natural.

Ya se ha comentado que las relaciones sociales se dan en sistemas abiertos y dinámicos y no en sistemas cerrados y estáticos, cosa que  ocurre en las ciencias naturales, al menos en muchos casos. Al matizar más se debe afirmar que dicho problema no es privativo de las ciencias sociales, puesto que en ciertos dominios de las ciencias naturales también se da. La diferencia estriba en que el ámbito en que se da es mucho más amplio en las primeras que en las segun­das.

Hay que poner en relieve que también se dan en las ciencias sociales -por lo menos en algunas de ellas- sistemas cerrados, dentro de los cuales es posible actuar de forma análoga a la que se actúa en las ciencias natu­rales, y establecer esquemas interpretativos que tienen mucho de mecanicistas. Esto confiere la posibilidad de aplicar métodos científicos naturales, en especial la matematización, aunque en dominios limitados.

Conviene afirmar que existen métodos científicos que son idóneos para las ciencias sociales; ahora bien, como ya se ha dicho, no parece que se pueda establecer un sistema cerrado de méto­dos para todas las ciencias sociales ni una jerarquía de métodos.

Datos empíricos, sí; predicciones exactas, no

Neceisdad de datos empíricos en las ciencias sociales
Neceisdad de datos empíricos en las ciencias sociales. Imagen 7

La necesidad de conseguir puntos de apoyo empíricos es palmaria, en cualquier caso, y en el estado actual de los estudios metodológicos relativos a las ciencias sociales, es preciso reparar en los resultados conseguidos hasta el presente con los distintos métodos. Ello nos indica hasta qué punto los distintos métodos se pueden aplicar, dada la información utilizable y dado el grado de conocimiento actual de la distintas ciencias sociales.

Antes de plantearse problemas de jerarquía y pureza de métodos dentro de las ciencias sociales, conviene plantearse otros como los de ámbito. Es decir, las ciencias sociales deben plantearse como objeto de conocimiento el contestar qué es lo que podemos y qué es lo que no podemos conocer de la realidad social.  Una vez fijados los fines que perseguimos y planteado el problema en estos términos, no se debe olvidar la posibilidad, si no de establecer leyes, sí de señalar ciertos límites dentro de los cuales los sucesos futuros acaecerán. Lo dicho puede  ayudar a resolver los problemas de ámbito que las ciencias sociales tienen planteados en la actualidad, en la que se demandan estudios prospectivos.

Volviendo a los problemas metodológicos se podría decir que, probablemente, los repetidos fallos en la in­vestigación social en el siglo XX, se derivaron de haber intentado construir una ciencia social calcada de la ciencia natural, en el sentido de pretender llegar a un conocimiento universal basado en la exactitud de las predicciones. De hecho el conocimiento científico social sin dejar de ser cientifico, tiene un objeto distinto del de las ciencias natura­les, y no es su tarea la de hacer predicciones exactas. En este sentido, los caminos elegidos para llegar a su  tipo de conocimiento deben ser distintos de los empleados en las ciencias naturales; y el gran error de muchos investigadores sociales tal vez haya sido y sea el no haber visto con claridad la diferencia fundamental que el objeto de la investigación tiene en los dos tipos de ciencia.

Conclusión

Constituye un fallo grande el pretender avanzar en forma análoga a como se ha hecho en las ciencias naturales y emplear los mismos métodos. Los fracasos son tan evidentes que maravilla el tiempo que numerosos investigadores han empleado en construir, para las ciencias sociales, esquemas interpretativos científico-naturales, cuando la naturaleza, el ámbito y el objetivo de las ciencias sociales es tan distinto.

Admitiendo la posibilidad de lograr un conocimiento científico de la realidad social según el concepto de ciencia manifestado, la labor de tipo metodológico que se debe realizar y una de las tareas bási­cas consiste en, partiendo dé una mayor precisión del objeto de las ciencias sociales, realizar una mejor demarcación de los límites hasta los que se puede llegar.

Pero estas dificultades parten de que las relaciones sociales tienen lugar entre elementos que, normalmente, pertenecen a conjuntos abiertos y dinámicos. Es perfectamente posi­ble que el conocimiento de las relaciones sociales avan­ce de la misma forma que en estos últimos años, incluso más deprisa, si se logra una comprensión más profunda de cuál es la verdadera naturaleza del conocimiento social, de cuáles son sus limitaciones y de cuáles  son los obje­tivos que se persiguen.

 

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NOTAS

[1] LALANDE, André.: Vocabulaire technique et  critique del  Philosophie,  Presses Universitaires de France, Paris, 1951, p. 954

[2] WEBER, M.: “La objetividad del conocimiento propio las Ciencias Sociales y de la Política Social”, en Revista de Economía Política, vol. VIII, nº 2 y 3, junio a diciembre, 1956, pp. 423 y siguientes.

[3] Nada tiene que ver el “relativismo axiológico científico” que pretende superar tanto el positivismo de ribetes dogmáticos como el escepticismo esterilizante con el “relativismo postmoderno”, que no tiene nada de científico ni de filosófico, pues huye de afrontar las cuestiones morales decisivas para el ser humano y las sustituye con el “pensamiento débil”, que al ser débil, no es propiamente pensamiento que conduce al conocimiento, “episteme” en terminología platónica.

[4] BRECHT, Arnold.: Teoría Política, Ariel, Barcelona, pp. 28 y ss.

[5]Vid. CARNAP, Rudolf: Matemáticas en las ciencias del comportamiento, Alianza Editorial, Madrid, 1974.

[6] KAUFMANN, F.: Metodología de las Ciencias Sociales, Fondo de Cultura Económica México, 1946, pp. 9 y 55

[7] WEBER, M.:  Economía y Sociedad, Fondo de Cultura Económica, México, 1944, p. 1

 

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