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¿Por qué es filosóficamente relevante el transhumanismo?

Reflexiones sobre el transhumanismo

§1. BEBÉS BIOMEJORADOS

En febrero de 2019 la revista MIT Technology Review, en un artículo firmado por el periodista científico Antonio Regalado (Regalado, 2019), daba cuenta de la creación de una empresa que se iba a dedicar al “diseño de bebés” mediante el uso de la ingeniería genética, introduciendo modificaciones en la línea germinal humana, algo que está prohibido por todas las legislaciones promulgadas hasta el momento presente.

Niños transgénicos

Entre sus objetivos, los responsables de la empresa ofrecen a los padres la posibilidad de tener niños transgénicos que puedan lucir una gran musculatura sin ir al gimnasio, que puedan aspirar a ser supercentenarios o que tengan sangre del tipo AB+, convirtiéndoles en receptores universales.

Lo que pretende, pues, esta empresa es crear bebés biomejorados y así se nos anuncia explícitamente.

Sobre la fiabilidad de estas pretensiones

Sin embargo, la fiabilidad de estas pretensiones es más bien dudosa, y es de suponer que nadie habría prestado demasiada atención al anuncio de sus fundadores si no fuera porque solo un par de meses antes había saltado a todas las agencias del mundo la noticia de que el científico chino He Jiankui declaraba haber conseguido el nacimiento de dos niñas modificadas genéticamente por él y su equipo.

Una enérgica condena

Casi a las pocas horas de saberse lo que He Jiankui decía haber hecho, miembros destacados de la comunidad científica y conocidos expertos en bioética expresaron una enérgica condena, y la propia universidad bajo cuyos auspicios se había desarrollado la investigación se desvinculó de la misma y negó que concediera su autorización para realizarla (convenciendo a pocos sobre esto, todo sea dicho).

El filósofo oxoniense Julian Savulescu, bien conocido por su defensa de la necesidad del biomejoramiento moral de los seres humanos, publicó un post sumamente crítico en el que calificaba de monstruoso el experimento realizado.

Tarde o temprano algo así se podrá realizar

Casi todo el mundo coincidió en que era demasiado pronto para atreverse a hacer algo semejante, dado el estado actual de la tecnología usada, pero quedó patente también en la discusión que no pocos científicos creen que tarde o temprano esto se podrá realizar de forma segura y generalizada, es decir, tendremos humanos que habrán sido genéticamente editados en su fase embrionaria y quizás en algunos casos esos individuos habrán sido biomejorados.

La revista Nature

No es de extrañar, dada la preocupación suscitada, que el 13 de marzo de 2019 la revista Nature publicara un artículo colectivo, escrito por dieciocho científicos y bioéticos. Entre ellos figuraban algunos de los que más han contribuido al desarrollo de la técnica de edición de genes CRISPR-Cas9.

En este artículo se reclamaba una moratoria de cinco años en cualquier investigación encaminada a la modificación de la línea germinal del genoma humano que pudiera pasar a las generaciones venideras, es decir, excluyendo las modificaciones in vitro de embriones que no van a ser implantados (Lander et al. 2019).[1]

El artículo pedía que no se efectuara por el momento ningún intento más en tal sentido y que se iniciara un periodo de “discusiones sobre las cuestiones técnicas, científicas, médicas, sociales, éticas y morales que deben considerase antes de que la edición de la línea germinal sea permitida.

Este periodo proporcionaría tiempo para establecer un marco [regulativo] internacional”.

Como puede apreciarse en esta cita, el artículo daba por sentado que la edición en la línea germinal sería alguna vez una realidad, cuando se dieren las condiciones científico-técnicas y sociales adecuadas, si bien, en párrafos posteriores los autores se manifestaban favorablemente acerca de las “correcciones” de mutaciones causantes de enfermedades, con las precauciones necesarias, mientras que eran escépticos con la manipulación genética de seres humanos con el objetivo de su mejora (pero sin cerrarle la puerta por completo para el futuro). De hecho, el artículo deja abierta todas las posibilidades:

En esta fase [de la discusión], no debe descartarse ningún resultado. El mundo podría concluir que el uso clínico de la edición de la línea germinal es una frontera que no debería cruzarse por ningún propósito. O, por el contrario, algunas sociedades podrían defender la corrección de genes en aquellas parejas que no tengan otro modo de tener hijos biológicos, pero dejando fuera cualquier forma de mejoramiento genético. O podrían algún día aceptar el uso del mejoramiento de forma limitada o generalizada. (Lander et al, 2019: 167)

Un tópico central

Así pues, para consternación de algunos, el asunto del biomejoramiento humano se ha convertido ya en un tópico central en los debates científicos y éticos, y poco a poco también en los debates políticos, antropológicos y metafísicos.

De hecho, la posibilidad de tal biomejoramiento lleva tiempo siendo criticada desde posiciones políticas conservadoras (Leon Kass, Francis Fukuyama o Michael Sandel), pero también, y de forma creciente, desde posiciones progresistas (Jürgen Habermas, ecosocialismo).

El problema es que aún nos falta mucho por andar en el debate ético y mucho también en la investigación científica que sirva para extraer conclusiones mejor fundamentadas y más realistas.

Debate sobre el transhumanismo

Pero lo que es indudable es que ese debate ha comenzado, frecuentemente bajo el paraguas de una discusión más amplia que se conoce como el debate sobre el transhumanismo.

§2. TRANSHUMANISMO. LA BÚSQUEDA TECNOLÓGICA DEL MEJORAMIENTO HUMANO

En el año 2015, mientras realizaba una estancia de investigación en el Oxford Uehiro Centre for Practical Ethics, uno de los centros principales de investigación sobre estos temas, dirigido por Julian Savulescu, pensé que no sería mala idea escribir un libro que iniciara en ellos al lector en lengua española. En inglés y en otros idiomas europeos había ya abundante literatura, pero no tanta en español. Al menos en forma de libro, había todavía muy poca, y la que existía era de desigual calidad.

Entre las reflexiones que más me habían influido por entonces, estaba, por un lado, el libro pionero de José Sanmartín, publicado en la temprana fecha de 1987, Los nuevos redentores. Reflexiones sobre la ingeniería genética, la sociobiología y el mundo feliz que nos prometen, libro que adelantaba algunas de las cuestiones que luego han recibido particular atención en relación con el biomejoramiento humano, y, por otro lado, el libro del genetista y filósofo Andrés Moya (2011) Naturaleza y futuro del hombre, sobre el que escribí una reseña al poco de su publicación (Diéguez, 2012).

El resultado de este empeño iniciado durante esa estancia en Oxford fue el libro que publiqué en 2017 en la editorial Herder de Barcelona bajo el título de Transhumanismo. La búsqueda tecnológica del mejoramiento humano, que es el que aquí quiero comentar brevemente.

El propósito principal del libro Transhumanismo. La búsqueda tecnológica del mejoramiento humano

Digamos que el propósito principal del libro fue aclarar al lector (y de paso a mí mismo) las tesis principales del transhumanismo, los argumentos empleados en su favor, las posibles réplicas y los datos científico-técnicos en los que podían apoyarse los argumentos transhumanistas y los de sus críticos.

Un crecimiento exponencial

No era tarea fácil porque la cantidad de artículos y de libros que se han publicado sobre el transhumanismo, especialmente en el ámbito cultural anglosajón, había crecido exponencialmente. Pero el tema me interesaba cada vez más y me parecía que mi aportación podía tener alguna utilidad, como creo que así ha sido.

Clarificar conceptos y realizar algunas distinciones

Como suele ser habitual en los trabajos filosóficos, había que comenzar por clarificar conceptos y realizar algunas distinciones.

Buena parte de esa tarea, sin embargo, estaba ya hecha a lo largo de las discusiones suscitadas en los últimos años.

Para empezar, el transhumanismo puede ser calificado de movimiento cultural, pero tiene especial repercusión en la filosofía, en el arte, en la popularización de la ciencia, y en la religión.

Este movimiento se define por la defensa activa de la necesidad de mejorar al ser humano por medio de la aplicación de las nuevas tecnologías, particularmente las biotecnologías, la biónica y la Inteligencia Artificial.

Las mejoras

Los aspectos a mejorar pueden ser físicos (fortaleza, resistencia a enfermedades, longevidad), mentales (inteligencia, nuevos sentidos y capacidades perceptivas, intensificación de la experiencia sobre el mundo, nuevas sensaciones placenteras, mayor bienestar), emocionales (fortaleza de ánimo, resistencia a las depresiones, estabilidad, potenciación de las emociones placenteras y disminución de las perturbadoras), y morales (mejor juicio moral, empatía reforzada, mayor motivación para la acción, prudencia acentuada). Una amplia gama de rasgos, como puede apreciarse, que cabe ampliar dependiendo de la imaginación del autor transhumanista que consideremos.

Transhumanismo radical-Posthumanismo

Cuando el transhumanismo se hace radical y no se conforma con la mejora del ser humano, sino que busca traspasar los límites mismos de la especie y crear una nueva especie a partir de la nuestra, superior a ella incluso en varios órdenes de magnitud, estamos entonces ante lo que suele designarse como ‘poshumanismo’.

Este es un término que, sin embargo, induce a cierta confusión, porque en la actualidad nombra a corrientes de pensamiento bastante diferentes, e incluso enfrentadas, dependiendo de la dispar actitud que mantengan ante el humanismo clásico, así como ante la ciencia y la tecnología.

Grosso modo tenemos por un lado lo que podríamos calificar de poshumanismo tecnocientífico y, por otro lado, el poshumanismo cultural.

A)    El posthumanismo tecnocientífico.

Es el que acabamos de caracterizar como la pretensión de crear una nueva especie superior a la humana por medio de la tecnología.

Se considera a sí misma como una corriente continuadora, cuando no radicalizadora, de los viejos ideales humanistas (aunque no pueda dejar de señalarse la paradoja que aquí se encierra, puesto que se trata de reemplazar al ser humano por algo distinto).

Sus partidarios creen que el humanismo clásico subrayó desde el principio la capacidad autocreadora del ser humano, que de ningún modo debe ser visto como un ente creado en su forma definitiva. A tal efecto, suelen citar como apoyo el Discurso sobre la dignidad humana, de Pico della Mirandola, en donde este autor renacentista deja expresión cabal de esa visión.

Por supuesto, dado que tienen a la tecnología por la principal herramienta para esta transformación, su actitud ante el progreso científico-técnico es sumamente positiva y esperanzada.

B)    El poshumanismo cultural.

Se ha desarrollado sobre todo dentro del pensamiento feminista (Donna Harawey y Rosi Braidotti serían dos de sus más destacadas representantes), rechaza el ideal de ser humano contenido en el humanismo clásico.

Piensan que es un ideal sesgado desde el punto de vista cultural, racial y de género, y que, por tanto, no es universalizable, como pretendían y pretenden los humanistas.

Su actitud ante el desarrollo de la tecnología es mucho más crítica que la de los del primer grupo. Por ejemplo, manifiestan claramente su escepticismo ante las promesas desmedidas de inmortalidad mediante el volcado de nuestra mente en un ordenador. Sin embargo, creen que la tecnología y su cada vez mayor integración en el cuerpo humano puede ayudar a disolver la dicotomización radical de género que caracteriza aun a nuestras sociedades, y puede llevar al abandono de algunas otras dicotomías cuestionables, tales como la distinción tajante entre lo natural y lo artificial, o lo animal y lo humano.

§3. ARGUMENTOS DEL TRANSHUMANISMO TECNOCIENTÍFICO

El transhumanismo o poshumanismo tecnocientífico, que es al que aquí ceñiré mi comentario, cuenta en su haber con muy buenos argumentos que no son tan fáciles de rebatir como algunos piensan, y que desde luego no pueden ser exorcizados con grandes palabras o gestos de indignación moral o denuncias ideológicas. Al menos, reclaman algo más que eso.

Merecen una buena contra-argumentación basada en razones y en datos científicos. Estos argumentos pueden rastrearse (y esa ha sido una de las tareas del libro) en los trabajos de los más importantes defensores del transhumanismo tecnocientífico, como Jonathan Glover (2006), John Harris (2007), Allen Buchanan (2011a y 2011b), Julian Savulescu (2012), o Nick Bostrom (2013), por citar solo algunos nombres muy significados.

Tres argumentos del transhumanismo tecnocientífico

Entre todos esos argumentos transhumanistas, hay tres que me parecen especialmente interesantes para promover el debate.

Primer argumento.

El primero de ellos sostiene que, una vez que tengamos una tecnología segura para hacerlo, no solo debería estar permitido, sino que tendríamos la obligación moral de buscar la mejora de nuestros descendientes. Entre otras razones porque no hacerlo implicaría ponerles en una situación de desventaja comparativa objetiva frente a los niños cuyos padres sí hubieran optado por la mejora.

Segundo argumento.

El segundo es que, si admitimos que las nuevas tecnologías, y en particular la edición de genes, puede ser aplicada de forma moralmente aceptable en funciones terapéuticas, al menos en algunos casos, no debería haber a priori una condena moral por su aplicación al mejoramiento humano, puesto que la frontera entre lo terapéutico y lo mejorativo es bastante borrosa y, además, hay situaciones concebibles en las que es muy dudoso que esa distinción sea moralmente relevante.

Tercer argumento.

En tercer lugar, desde una perspectiva naturalista, hay buenos motivos para no aceptar una noción fuerte (esencialista) de naturaleza humana desde la que puedan derivarse criterios morales acerca de lo que debe o no debe hacerse en relación con su propia modificación; no hay nada en dicha supuesta naturaleza humana por la que ésta deba ser considerada como intocable incluso en sus aspectos más negativos.

Una petición de principio

Como puede inferirse del tercer argumento mencionado, los intentos de menoscabar las pretensiones del transhumanismo mediante una defensa cerrada de una noción fuerte de naturaleza humana, que sería el sustento de la dignidad de los seres humanos y la base de sus derechos fundamentales, y que, por tanto, nunca debería ser modificada si no queremos que se derrumbe todo el edificio de la moralidad, constituye una petición de principio desde la posición transhumanista, puesto que da por sentado aquello mismo que está en cuestión en este debate.

Esto no significa que no podamos obtener cierta orientación ética desde un conocimiento empírico acerca de nuestra condición de seres biológicos que son el resultado de una determinada historia evolutiva.

Este conocimiento empírico es, por supuesto, conveniente para cualquier proyecto ético y político realista, puesto que, cuanto menos, permite descartar exigencias incompatibles con un despliegue satisfactorio y armónico de nuestras capacidades y deseos naturales.

Tampoco significa que no haya ninguna noción de naturaleza humana defendible desde el compromiso con los resultados de la ciencia, y particularmente de la biología evolucionista. Sí que puede haberla (véase a este respecto Diéguez, 2017b y 2018, y Marcos y Pérez, 2018).

Pero es dudoso, en mi opinión, que la noción de naturaleza humana compatible con ese compromiso tenga la suficiente fuerza normativa como para obtener de ella los principios éticos que los críticos del transhumanismo enarbolan, en algunos casos para pedir incluso la prohibición total de la investigación sobre edición genética en seres humanos. Sin embargo, a nadie se le oculta que este asunto —de gran calado filosófico— es probablemente uno de los que más discusión generará en los próximos años.

Modos más efectivos de criticar el transhumanismo

Hay formas más efectivas y realistas de criticar los objetivos y promesas del transhumanismo que la enmienda a la totalidad que se realiza desde la defensa de una naturaleza humana intocable.

Preguntarse por la base científica del transhumanismo

Para empezar, resulta bastante útil preguntarse por las bases científicas reales sobre las que buscan apoyo las promesas transhumanistas.

Por ejemplo, podemos indagar acerca de lo que el estado actual de la investigación sobre envejecimiento y extensión de la vida permite predecir acerca de los logros que podrán obtenerse al respecto en los próximos años, y ver si la promesa de inmortalidad, que algunos transhumanistas dan ya como algo al alcance de la mano en pocos años, recibe un respaldo real de los más prestigiosos investigadores en este campo (véase Diéguez, en prensa 2019).

O también podemos analizar si la visión cercana al determinismo genético que es presupuesta en muchas defensas del biomejoramiento humano es compatible con los avances científicos realizados en campos como la Biología Evolutiva del Desarrollo (Evo-devo) o en la Epigenética, que han mostrado la complejidad de factores causales que intermedian entre el genotipo y el fenotipo (Carey, 2012).

Solo la realización de estas dos tareas puede bastar para desinflar bastante la fuerza retórica tan persuasiva del discurso transhumanista más en boga.

Efectos políticos y sociales del transhumanismo

En segundo lugar, cabe preguntarse también por los efectos políticos y sociales que tendría la consecución de algunos de los objetivos transhumanistas, y si son tan deseables como se nos quiere hacer creer.

¿Qué efectos tendría sobre los sistemas sanitarios públicos y sobre las pensiones una extensión significativa, aunque no fuera radical, de la vida humana? ¿Quiénes tendrían acceso a los beneficios logrados por estas nuevas tecnología sobre la salud humana y sobre la longevidad? ¿Qué tipo de sociedad sería aquella en la que la búsqueda del mejoramiento tecnológico fuera una meta central de los individuos? ¿Cómo afectaría una longevidad prolongada durante centenares de años (si es que tal cosa fuera posible) a la experiencia del mantenimiento de la identidad personal? ¿Qué relaciones sociales y familiares cabría esperar entre individuos cuyas vidas tuvieran una duración semejante? ¿Qué consecuencias tendría esto sobre el genoma humano, sobre las generaciones futuras y sobre el medio ambiente? ¿En qué medida todos estos avances tecnológicos son controlables y quién podrá ejercer dicho control, si es que es posible que lo haya? Ya sabemos que los defensores del transhumanismo tienen cumplidas respuestas para todas estas preguntas, pero no son siempre tan convincentes como ellos asumen.

Los análisis coste/beneficios son insuficientes

Y, ciertamente, dada la magnitud de los problemas políticos y sociales que están detrás del posible uso de las tecnologías de mejoramiento, se hace cada vez más evidente que los análisis coste/beneficio son insuficientes para valorar todos los aspectos relevantes de la cuestión. Habría que pensar también con detenimiento sobre los motivos que promueven y los fines que persiguen estas transformaciones en el ser humano. Precisamente por ello, mi libro termina con un capítulo titulado “Hay que saber qué desear”. Un título motivado por un párrafo del historiador israelí Yuval Noah Harari que dice así:

Si realmente el telón está a punto de caer sobre la historia de los sapiens, nosotros, miembros de una de sus generaciones finales, deberíamos dedicar algún tiempo a dar respuesta a una última pregunta: ¿en qué deseamos convertirnos? Dicha pregunta, que a veces se ha calificado como la pregunta de la Mejora Humana, empequeñece los debates que en la actualidad preocupan a los políticos, filósofos, estudiosos y gente ordinaria. […]

[…] Puesto que pronto podremos manipular también nuestros deseos, quizás la pregunta real a la que nos enfrentamos no sea «¿En qué deseamos convertirnos?», sino «¿Qué queremos desear?». (Harari 2014: 453-4)

Ortega y Gasset

José Ortega y Gasset, autor de Meditación de la técnica

Harari acierta al señalar que esa es una pregunta clave en la situación en la que estamos, solo que Ortega y Gasset ya se dio cuenta mucho antes, en los años treinta del siglo XX, de que, en efecto, ante lo que él llamaba “la hipertrofia de la técnica”, lo primero que había que hacer es saber orientarse en la “crisis de los deseos” en la que habíamos quedado sumergidos. Crisis que se manifestaba en la ausencia o en el olvido de los fines, en la incapacidad para elegirlos con acierto, en la delegación en otros de esta tarea de elección.

Por eso, recurro en ese capítulo al fértil pensamiento de Ortega, y particularmente a sus inspiradoras reflexiones en su Meditación de la técnica (Ortega, 2015) para obtener algunas indicaciones de un modo prudente, pero no reactivo, de acercamiento a la filosofía transhumanista.

Argumento, en suma, que la filosofía de Ortega muestra que es posible una respuesta crítica al transhumanismo sin necesidad de recurrir a un concepto esencialista de naturaleza humana, sino tomando en consideración la noción de proyecto vital y de bienestar.

Al fin y al cabo, si los transhumanistas tienen algo de razón en sus propuestas, cosa no descartable en absoluto, debemos afrontar este debate con buenas herramientas conceptuales, dada la exigencia de tomar decisiones acertadas en los próximos años.

REFERENCIAS

Baltimore, D. et al. (2015). “A Prudent Path Forward for Genomic Engineering and Germline Gene Modification,” Science, 348(6230), 36-38.

Bostrom, N. (2013). “Why I Want to be a Posthuman when I Grow Up”, en M. More y N. Vita-More (eds.), The Transhumanist Reader: Classical and Contemporary Essays on the Science, Technology, and Philosophy of the Human Future (28-53). Chichester: John Wiley & Sons.

Buchanan, A. (2011a). Better than Human. The Promise and Perils of Enhancing Ourselves. Oxford: Oxford University Press.

—— (2011b). Beyond Humanity? Oxford: Oxford University Press.

Carey, N. (2012). The Epigenetics Revolution. London: Icon Books.

Diéguez, A. (2012). “¿Puede la ciencia faústica ofrecer una salvación del nihilismo?”, Pasajes(38), 121-128.

—— (2017a). Transhumanismo. La búsqueda tecnológica del mejoramiento humano. Barcelona: Herder.

—— (2017b). “Concepto fuerte de naturaleza humana y biomejoramiento humano”, en J. Sanmartín y R. Gutierrez Lombardo (eds.), Técnica y ser humano (81-99). México: Centro Lombardo Toledano.

—— (2018) “Antropotécnica y naturaleza humana”, en J.M. Díaz Álvarez y J. Lasaga (eds.), La razón y la vida. Escritos en homenaje a Javier San Martín, (460-470). Madrid: Trotta.

—— (en prensa 2019). “¿Podremos vencer a la muerte?”, Pasajes. Revista de Pensamiento Contemporáneo(57).

Glover, J. (2006). Choosing Children. Genes, Disability, and Design. Oxford: Clarendon Press.

Harari, J.N. (2014). De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad. Barcelona: Debate. (En ediciones posteriores en español, el libro ha recuperado parte de su título original: Sapiens. De animales a dioses: una breve historia de la humanidad).

Harris, J. (2007). Enhancing Evolution. The Ethical Case for Making Better People. Princeton: Princeton University Press.

Lampier, E. et al. (2015). “Don’t edit the human germ line”, Nature, 519(7544), 410-11.

Lander, E. et al. (2019). “Adopt a moratorium on heritable genome editing”, Nature(567), 165-168. https://www.nature.com/articles/d41586-019-00726-5?fbclid=IwAR1vyQZ-wbOrhSBAFxJAF3EP7nqcTpzNJybS-86vFLwrtrX2VnuWJjBt3wU

Marcos, A. (2018). “Bases filosóficas para una crítica al transhumanismo”, ArtefaCToS. Revista de estudios de la ciencia y la tecnología, 7(2), 2ª Época, 107-125. DOI: http://dx.doi.org/10.14201/art201872107125

Marcos, A. y M. Pérez (2018). Meditación de la naturaleza humana. Madrid: BAC.

Moya, A. (2011). Naturaleza y futuro del hombre. Madrid: Síntesis.

Ortega y Gasset, J. (2015). Meditación de la técnica. Madrid: Biblioteca Nueva. Edición crítica de Javier Zamora Bonilla y Antonio Diéguez.

Regalado, A. (2019). “The DIY designer baby project funded with Bitcoin”, MIT Technology Review, 1 February.

https://www.technologyreview.com/s/612838/the-transhumanist-diy-designer-baby-funded-with-bitcoin/   (Consultado el 01/03/2019).

Sanmartín, J. (1987). Los nuevos redentores. Reflexiones sobre la ingeniería genética, la sociobiología y el mundo feliz que nos prometen. Barcelona: Anthropos.

Savulescu, J. (2012). ¿Decisiones peligrosas? Una bioética desafiante. Madrid: Tecnos.

Savulescu, J., J. Pugh, Th. Douglas & Ch. Gyngell (2015). “The Moral Imperative to Continue Gene Editing Research on Human Embryos”, Protein Cell, 6(7), 476-479.

[1] Cuando empezaron a aparecer los primeros artículos notificando la edición de genes en embriones humanos, una moratoria similar fue reclamada, sin ningún efecto real, en dos artículos publicados en 2015, uno en Nature (Lampier et al. 2015) y otro en Science (Baltimore et al. 2015). Para una opinión contraria a este tipo de moratorias en la investigación con embriones humanos, puede verse Savulescu et al. (2105). Bien es cierto que el artículo de Lander y coautores no pide que la moratoria incluya la investigación con embriones, como hemos señalado. Savulescu y coautores, sin embargo, argumentan que dicha investigación no solo no debe ser dificultada o impedida, sino que tenemos la obligación moral de continuarla.

About the author

Antonio Diéguez

Es catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Málaga. Fue presidente electo de la Asociación Iberoamericana de Filosofía de la Biología. Entre sus libros están La evolución del conocimiento. De la mente animal a la mente humana (Biblioteca Nueva, 2011), La vida bajo escrutinio. Una introducción a la filosofía de la biología (Biblioteca Buridán, 2012) y Transhumanismo: La búsqueda tecnológica del mejoramiento humano (Herder, 2017)

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