4.- La cristiandad en el orden intelectual. La ortodoxia

 

 §52.- Corrupción de lo público urbano y virtud rural. Las comunidades de élite

En los inicios de la Antigüedad, incluso en el calcolítico, a medida que las sociedades se van haciendo más complejas, y los individuos van alcanzando una mayor madurez intelectual, el culto público va resultando cada vez más insuficiente para aquellos en quienes surge una mayor inquietud intelectual y espiritual.

Cuevas de Qumram, donde vivían los esenios. Imagen 1

La expresión de esa insatisfacción, y el remedio para ella, son las religiones mistéricas, que aparecen en diversos lugares de la cuenca mediterránea, con la forma privada de cofradías, santuarios, peregrinaciones, y cultos diversos para grupos más o menos numerosos, que se suelen celebrar en lugares apartados, fuera de la ciudad, como se ha indicado (ROREM §§ 21, 29).

El culto público pertenece a la ciudad y el culto interior a los individuos que se sustraen del bullicio urbano y se concentran en los bosques, grutas u otros lugares apartados.

Cuando se difunden las enseñanzas de Jesús, ya hay numerosas agrupaciones de cultos privados y pequeñas comunidades, como las de los judíos en la diáspora, las de los esenios entre los hebreos, los seguidores de Isis, Mitra, Dionisos y otras divinidades.

Para muchas de ellas, son familiares las enseñanzas de Pitágoras, Orfeo, Platón, y de sus discípulos, y cuando reciben las enseñanzas de Jesús, la acogen y le dan expresión según esos trasfondos culturales y religiosos. Ese es el lugar y la dinámica de las diferentes corrientes religiosas y también de las cristianas, que ya se han mencionado (OORA § 26).

A partir del edicto de Milán, y sobre todo a partir del Edicto de Tesalónica, los cultos públicos del imperio empiezan a ser también momentos del culto interior y personal de los cristianos. Pero a medida que la actividad urbana es más ajetreada, las formas de vida más diversas, y los cristianos más numerosos, quienes de entre ellos tienen una inclinación específicamente religiosa, como por lo demás, quienes de entre los judíos, paganos, y seguidores de las religiones de oriente, experimentan eso mismo, sienten la necesidad de buscar situaciones sociales más favorables a esas aspiraciones vitales. Así nace el monacato, que  no es una institución específicamente occidental y cristiana, y que se encuentra también en oriente.

Hay numerosos maestros y guías espirituales de todas las religiones, que forman cenobios y comunidades apartadas de la vida urbana común. Ya varios siglos antes, Platón en la República, y Aristóteles en la Política y en los libros de ética, advierten que en las sociedades complejas los individuos están más inclinados a un tipo de virtud que a otro, e incluso a unos tipos de humor y de diversión más que a otros.

comunidades de élite
San Benito. Imagen 2

De ese tipo de maestro y guía espiritual son Marción, Ammonio Saccas, Orígenes, Jámblico, y también Benito de Nursia (480-547), fundador de la orden de San Benito y de su regla correspondiente, que inspiraría numerosos tipos de monasterios. Se le considera por eso fundador del monacato cristiano, del tipo de establecimientos autárquicos y sostenibles en cualquier territorio, gestionado por personas dedicadas a la vida de contemplación y al trabajo (ora y trabaja, ora et labora, es su lema).

Benito también es considerado fundador de Europa, de lo que aquí se está denominando Cristiandad. Los monasterios son la avanzada de la predicación evangélica en la Europa rural, y en ellos, además de realizarse trabajos agrícolas, se realizan todas las actividades mediante las que se difunde la cultura greco-romana en los territorios que están siendo evangelizados y colonizados, en los territorios europeos.

Los monasterios aglutinan comunidades de élite que tienen un protagonismo particular en la construcción de la ortodoxia, en colaboración con las autoridades institucionales, y aportan ellos mismos numerosos personajes heroicos. Frecuentemente, aportan los protagonistas más decisivos de la evangelización como Máximo el confesor (580-662) en Bizancio, Bonifacio (680-754) apóstol de los germanos, Patricio (385-46) evangelizador de Britania, Beda el Venerable (672-735) que difunde la orden benedictina en el Reino Unido, y otros.

A través del sistema de la administración romana y de las comunidades de élite, la cristiandad se constituye como una articulación del culto público y el culto interior personal, tanto en el orden civil como en el religioso. En esa articulación las formas de las diversas esferas de la cultura (política, derecho, economía, por una parte, y técnica, arte, ciencia y sabiduría, por otra) resultan indisociables e indisociadas de las de la religión.

En la perspectiva de la época histórica en su conjunto, la diferenciación y el desarrollo autónomo de las esferas de la cultura se percibe como secularización y, finalmente, como muerte de Dios y como ateísmo. Esta perspectiva da lugar a cierta confusión entre cristianismo y un determinado tipo de organización cultural, a una cierta identificación entre cristianismo y cristiandad.

En ese punto de vista, la “regeneración” espiritual de “occidente” se entiende, desde algunos enfoques, como una articulación de un cierto orden social, según el modo platónico y aristotélico de entender la correspondencia entre tipos de organización social y tipos de virtud cristiana[1].

La articulación entre cristianismo y cultura puede adoptar formas muy diversas, como se advierte al examinar las formas del cristianismo medio-oriental antiguo, y los cristianismos africanos y asiáticos derivados de formas antiguas.

 

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NOTAS de Corrupción de lo público urbano y virtud rural. Las comunidades de élite

[1] Es un punto de vista característico de algunas corrientes marxistas, y particularmente de MacIntyre, Alisdair, Tras la virtud, Barcelona: Crítica, 2004.

 

 

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