5.- Particularidad y universalidad de cristiandad y cristianismo

 

§ 56.- Historicidad, universalidad y espiritualidad del cristianismo

En las sociedades agrícolas, el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera son los momentos de inicio y culminación de la vida de la semilla, y en la sociedad cristiana urbana, esos momentos se toman como signo y símbolo del inicio y culminación de la vida cristiana.

¿Por qué no se toman esos momentos como comienzo y culminación de la vida en sí? Se toman como comienzo y culminación de la vida religiosa cristiana, porque así está establecido en el judaísmo y el cristianismo es su continuación, porque en las sociedades urbanas complejas, estatales, es un acontecimiento que pertenece al orden histórico empírico, cuyo cumplimiento está imperado por una ley promulgada empíricamente y cuya culminación es revelada en esa historia empírica para esa sociedad empírica.

Con la era axial se descubre el nous, se descubre la nada y se descubre el ser, y el orden trascendental en toda su amplitud, y algunos de los grandes maestros de la Antigüedad, como Buda, Sócrates, Orígenes o Plotino, perciben la articulación entre el orden empírico particular de la religión y el orden trascendental del principio y fundamento del ser, y la perciben como unidad de ambos órdenes intelectualmente. Pero esa articulación no se da realizada en el orden jurídico-institucional, ni en el orden cultural general, en el de la interpretación pública de la realidad. En ese orden hay que realizarla.

La falta de articulación entre la religión particular institucionalizada y el principio trascendental, no plantea problemas en oriente porque las religiones son de tipo místico, y no profético, y porque además no tienen un grado de institucionalización muy elevado. Pero en occidente, donde son de tipo empírico-histórico, sí plantea graves problemas. Más aún, la universalidad del cristianismo se interpreta como obligatoriedad de difusión empírica de un sistema moral empírico y de una ortodoxia empíricamente elaborada.

La interpretación de la universalidad del cristianismo en clave empírica histórica, y solo en esa clave, se mantiene en la autoconciencia cristiana hasta el desarrollo de la teología de las religiones en el siglo XX.   

Modo de pertenencia al cristianismo católico
Por el bautismo se entra a formar parte de la Iglesia Católica. Imagen 1

Solamente se puede pertenecer a una comunidad humana si se es aceptado y acogido en ella, y solamente en ese caso se puede también asumir su historia como tradición propia y sus tareas como propias.

Por eso solo se puede ser del pueblo elegido integrándose en el pueblo elegido mediante los procedimientos establecidos, y solamente se puede pertenecer a la iglesia integrándose en la iglesia por los procedimientos establecidos.

Pero ocurre que el pueblo elegido y la iglesia no son solamente comunidades humanas, sino comunidades de los hombres con Dios, y ocurre que las relaciones de esos hombres con Dios contemplan promesas y cambios en la relación a lo largo del tiempo. Uno de esos cambios, y así aparece en la predicación de Pablo, consiste en que la relación de los hombres con Dios no requerirá necesariamente la pertenencia a la comunidad humana constituida históricamente como primordial, sino que puede adoptar muchas formas.

La aceptación de esta posibilidad dentro de una comunidad humana que se relaciona con Dios muy determinadamente, es vivenciada por los miembros de esa comunidad como una destrucción de la comunidad y como una traición a ella, que es lo que se plantea en el Concilio de Jerusalén, e incluso antes.

En efecto, así es como viven los saduceos monarquistas y los cristianos ebionitas la creencia en la resurrección de los fariseos de la corriente apocalíptica. Así es como viven los judíos la interpretación de la predicación de Jesús por parte de Pablo y los que le siguen.

Fieles musulmanes. Imagen 2

Pero también, así es como viven los cristianos católicos la doctrina protestante del libre examen. Así es como viven los católicos tridentinos la proclamación de las libertades del Vaticano II. Así es como viven los musulmanes suníes la relativización de la literalidad y de la genealogía de los chiitas, etc. etc.

Hay una alianza empírica de Dios con una comunidad humana empírica, mediante la cual los hombres van a ser salvados. Esa alianza se interpreta según el principio “fuera de la iglesia (de la alianza) no hay salvación” (“extra ecclesia nulla salus”). Por eso si se rompe la unidad y la continuidad de esa comunidad se pierde el criterio y la clave de la salvación. Esa es probablemente la posición conservadora.

Pero también puede suceder que la primera comunidad histórica no tenga como único destino posible ser el Arca de Noé para salvación de los vivientes. Puede suceder que ese sea su destino durante un periodo de la historia, pero no durante toda ella y no para todos los seres humanos. Puede suceder también que la función de esa primera comunidad en su relación con Dios sea mostrar en parábola, escenificada en un caso singular, cuál va a ser a partir de un momento y para todos los tiempos posteriores, la relación de cuidado y solicitud de Dios con todo el género humano, con todas y cada una de las comunidades empíricas existentes y por existir, y con todas y cada una de las criaturas de su creación, en relación individual, como es el caso de la relación con los místicos solitarios de las diversas religiones, o de los patriarcas preabrahámicos.

Si eso fuera así, la ley y la fe en las promesas tendrían su sentido para esa comunidad histórica durante el periodo de maduración del  género humano hasta la etapa en que forma una comunidad autoconsciente de comunidades autoconcscientes mutuamente reconocidas. Entonces es cuando el conjunto de comunidades empíricas puede articularse libre y conscientemente, con una comunidad autoconsciente trascendental.

Esa posibilidad está formulada en el cristianismo de varias maneras.

Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre busca que tales adoradores le adoren (Juan 4:23).

Este texto se puede interpretar para legitimar posiciones inclusivistas de las corrientes religiosas más de vanguardia.

Las religiones occidentales con enfoques proféticos están muy arraigadas en la temporalidad empírica, tienen muy marcado el empirismo, el materialismo y el exclusivismo, por una parte, y por otra, la inalterabilidad de la ley y de la fe, y tienen dificultades para el inclusivismo. Es el caso del judaísmo, el cristianismo y el islam.

Las religiones orientales, con enfoques místicos, referidas a la armonía universal y sincrónica o espiritual con el universo, son de suyo ecuménicas, y no resultan proclives a exclusiones. Eso no quiere decir, desde luego, que el soporte nacional político de las religiones orientales no pueda sumir la religión como una legitimación para las exclusiones, y que no pueda interpretarla ideológicamente para guerras, limpiezas étnicas, etc.

El cristianismo de la cristiandad, es decir el de la línea de Pablo, y a partir de algunas de sus interpretaciones, se despliega más en el sentido de la adoración en espíritu y en verdad, como las religiones orientales y en convergencia con ellas, y más en el sentido del amor, que en el de la ley y de la fe[1].

El cristianismo se puede interpretar como una religión que pasa por las distintas formas de culto, moral, revelación y unión mística, que aquí se toman como formas de la religión en la evolución de la humanidad, y que coinciden con los sentidos de la escritura de Orígenes, o de las formas de comunicación de Dios con los hombres.

Es posible que la relación de la ley y la fe con el amor universal y el reino de los fines no sea constante a lo largo de la historia, y que la disolución de la ley y la fe en el amor universal no sea solamente propio de un momento escatológico final, según el texto de Pablo en 1 Corintios 13, 8-13,  sino que se produzca paulatinamente a lo largo de la historia.

8. La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. 9. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. 10. Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial. 11. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño. 12. Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido. 13. Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.

Es una perspectiva que ha sido propuesta por la teología de la historia en diversos momentos, y cuya dilucidación corresponde también a la teología de la historia[2].

 

Para consultar la entrada anterior

 

 

NOTAS

[1] Y quizá se puede interpretar en ese sentido la frase de Jesús «Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? (Lucas 18:8)».

[2] Las interpretaciones más conocidas en este sentido son las de La ciudad de Dios de Agustín en la Antigüedad y las de Joaquín de Fiore (1135-1202) en el medievo. Sobre la relevancia de estos planteamientos en la teología de la historia contemporánea, cfr., Henri de Lubac, La Postérité spirituelle de Joachim de Flore, Paris: Lethielleux, 1979 y 1981; Gian Luca Potestà, Il Tempo dell’apocalisse – Vita di Gioacchino da Fiore, Bari: Laterza, 2004.

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Jacinto Choza ha sido catedrático de Antropología filosófica de la Universidad de Sevilla, en la que actualmente es profesor emérito. Entre otras muchas instituciones, destaca su fundación de de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica (SHAF) en 1996, Entre sus última publicaciones figuran Antropología y ética ante los retos de la biotecnología. Actas del V Congreso Internacional de Antropología filosófica, 2004 (ed.). Locura y realidad. Lectura psico-antropológica del Quijote, 2005. Danza de oriente y danza de occidente, 2006 (ed).

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