José Alfredo Peris Cancio

José Sanmartín Esplugues

José Alfredo Peris Cancio y José Sanmartín Esplugues

El amor a primera vista como regalo y el combate con uno mismo como fidelidad en Ruggles of Red Gap de Leo McCarey (1935)

Resumen:

Ruggles of Red Gap (1935) muestra cómo se consolida en McCarey su personalismo fílmico. En esta séptima y última contribución dedicada a Ruggles of Red Gap partiremos de las consideraciones de Franz Rosenzweig y de Josep Maria Esquirol para subrayar la idea de que el cine de McCarey -y esta película en particular- se propone mostrarnos cómo la vida humana sólo se vive si se la ama, y nos lleva a la alegría y la amistad.

Culminaremos el texto filosófico fílmico en el que comprobaremos cómo en esta cinta el amor a primera vista es una metáfora del enamoramiento que se vive como una obediencia, porque ha sido capaz de captar el carácter único e irrepetible de la persona amada. Al mismo tiempo el personaje de Ruggles mostrará que su camino de emancipación pasa por un combate consigo mismo, pues sólo siendo alguien, un sujeto personal,  tendrá la oportunidad de aprender a amar.

El estudio de la dilatada escena final nos permitirá leer en la pantalla cómo una vida vivida desde el amor y la amistad tiene capacidad de desbancar los falsos señoríos que se sustentan desde la dureza, la frialdad y la indiferencia. El Grill Anglo-Americano, el restaurante que crea Ruggles se concibe de modo análogo a la filosofía de la casa: un lugar para la conversación, el encuentro y la amistad.

El final de Ruggles of Red Gap es un claro precedente del que desarrolla el colega y amigo de Leo McCarey, Frank Capra. El mensaje del personaje del ángel interpretado por Henry Travers –“nadie es un fracasado si tiene amigos”-, serviría para sintetizar esta escena final.

La autonomía, la libertad, la independencia no son valores completos si no potencian que se desarrolle en las personas su capacidad de amistad, de amor, de entrega, de don. Esa es la quintaesencia del personalismo de McCarey, del que Ruggles of Red Gap puede ser considerada como un auténtico compendio.

Palabras claves:

Personalismo fílmico, Frank Rosenzweig, Josep Maria Esquirol, Stanley Cavell, Pablo Echart, Leo McCarey, Charles Laughton, ZaSu Pitts, lenguaje ordinario, discurso de Gettysburg, libertad, igualdad, casa, amor, amistad.

Abstract:

Ruggles of Red Gap (1935) shows how McCarey’s filmic personalism is consolidated. In this seventh and last contribution dedicated to Ruggles of Red Gap we will start from the considerations of Franz Rosenzweig and Josep Maria Esquirol to underline the idea that McCarey’s cinema -and this film in particular- intends to show us how human life can only be lived if it is loved, and leads us to joy and friendship.

We will culminate the filmic philosophical text in which we will verify how in this film love at first sight is a metaphor of falling in love that is lived as obedience, because it has been able to capture the unique and unrepeatable character of the beloved person. At the same time, Ruggles’ character will show that his path of emancipation goes through a fight with himself, because only by being someone, a personal subject, will he have the opportunity to learn to love.

The study of the long final scene will allow us to read on the screen how a life lived from love and friendship has the capacity to unseat the false lordships that are sustained from hardness, coldness, and indifference. The Anglo-American Grill, the restaurant that Ruggles creates, is conceived in an analogous way to the philosophy of the house: a place for conversation, encounter, and friendship.

The ending of Ruggles of Red Gap is a clear precedent for that developed by Leo McCarey’s colleague and friend Frank Capra. The message of the angel character played by Henry Travers -«no one is a failure if he has friends»-, would serve to synthesize this final scene.

Autonomy, freedom, independence are not complete values if they do not accompany the emergence in people of their capacity for friendship, love, dedication, and gift. This is the quintessence of McCarey’s personalism, of which Ruggles of Red Gap can be considered an authentic compendium.

Keywords:

Film personalism, Frank Rosenzweig, Josep Maria Esquirol, Stanley Cavell, Pablo Echart, Leo McCarey, Charles Laughton, Zasu Pitts, ordinary language, Gettysburg Address, freedom, equality, home, love, friendship.

El diálogo decisivo para la emancipación del mayordomo en Ruggles of Red Gap, de Leo McCarey. Imagen 1

 

1. LA FILOSOFÍA DEL AMOR A LA VIDA EN RUGGLES OF RED GAP

La filosofía del cine como ejercicio de la confianza en la realidad

Llegamos en esta contribución a la última de las dedicadas a Ruggles of Red Gap. Podemos anticipar que se el texto filosófico-fílmico nos promete una final vibrante, muy propio de la magistral escritura cinematográfica de McCarey. Pero el mensaje allí contenido, como por lo general cualquier acercamiento filosófico al cine será recibido de modo muy distinto según se quiera cultivar o no un ejercicio de la confianza en la realidad,

Unos años antes de la película que nos ocupa, exactamente en 1921, Franz Rosenzweig (1886-1929) escribía una advertencia cuya vigencia es necesario seguir teniendo en cuenta.

El sano sentido común se fía de lo real y de la actividad de esto real. El filósofo[1], desconfiando, se retira de lo real, que sigue actuando, al resguardado círculo mágico de su asombro y se abisma en la profundidad de lo propiamente auténtico […] Entonces ya no hay nadie que se fíe menos de sí mismo que él. Entonces el sano sentido común, de una vez, queda trastornado por el golpe. (Rosenzweig, 1994: 17-18)

Se trata de una invitación al cultivo de la confianza en la realidad, lo que resulta muy propicio cuando se contempla una película -especialmente del Hollywood clásico, y todavía de modo más intenso de la mano de maestros como McCarey-.

Lo que se nos ofrecen son partes del mundo

Una invitación que nos aproxima a lo que sostiene en su primera gran monografía sobre filosofía del cine Stanley Cavell (Cavell, 1979) cuando se refiere al “mundo visto”. El cine, con toda su ingenuidad propone mundos, ricos en detalles, desbordantes, difícilmente reducibles a una síntesis o una inducción. Lo experimentamos al redactar un texto filosófico-fílmico: por muchos detalles que se quieran recoger y analizar, lo escrito palidece ante la fuerza del visionado de la película. Para Rosenzweig esto tendría una clara explicación gnoseológica.

Los textos de Franz Rosenzweig iluminan la lectura del texto filosófico fílmico de Ruggles of Red Gap. Imagen 2

 

Es de buen tono tener una visión del mundo. Se diría que es una cosa de lo más natural y evidente eso de tener delante de uno el mundo para contemplarlo. Pero, en realidad, lo que uno se encuentra de manera inmediata son, a los más, partes del mundo: cosas, personas, acontecimientos. […] ya en la misma expresión “visión del mundo” se contiene una pretensión muy otra […] no es simplemente un cauce abierto por el cual fluye sin descanso el torrente de las cosas, de las personas y los acontecimientos, sino que se convierte en una copa que el espectador levanta más o menos llena de aquel torrente para, asombrado, contemplarla con calma. Para contemplar la copa, no el torrente. Pues el torrente eludiría el deseo que busca contenerlo y remansarlo: seguiría su curso. Pero la copa sí puede ser aislada y puesta de relieve. (Rosenzweig, 1994: 46)

 

 

 

 

Una doble moraleja de la no reducción del mundo a su recipiente

Podemos extraer una doble moraleja de la invitación de no reducir el mundo al recipiente, moraleja que vemos reflejada en el cine de McCarey y en esta película de un modo muy cuidado. Por un lado, cuantos más detalles concretos de un mundo- no necesariamente de una manera cuantitativa, sino más bien cualitativa, intensional- nos suministre un filme, más y mejor se alejará del riesgo de reducir lo humano a un esquema. La pantalla permite ser muy generosa con esta minuciosidad, algo que la escena del teatro no se puede permitir alcanzar.

Por otro lado está lo que McCarey llamaba “la ineluctabilidad de los acontecimientos”. Esto es más sutil. No se trata sólo de reflejar los aspectos del mundo y de las personas, sino su conexión. Es decir, queunas cosas llevan a las otras, y que el espectador acepta insertarse en una corriente de sentido que le permite interpretar una película.

Del esquematismo a la amplitud a la hora de mostrar las relaciones humanas

Ambos aspectos de la moraleja se trabajan magistralmente en Ruggles of Red Gap. En la primera escena vemos un mundo creado sobre dos pivotes, el del mayordomo y su señor. Mundo claro en sus normas, esquemático, previsible, humanamente pobre. Un acontecimiento fortuito -una deuda al jugar al póker- hará añicos ese contexto de relación. Asistimos a cómo el servidor va a crear su propio mundo -no por casualidad-en América tierra de las oportunidades.

Al final del arco, en las escenas que analizamos en esta contribución, el mundo personal del mayordomo se ha enriquecido de tal modo, que una multitud de amigos no sólo jalea y alaba su nombre como “a jolly good fellow”, “un muchacho excelente”, sino que en ese mismo contexto posibilita que el antiguo siervo anulado en sus decisiones, en su libertad, reconozca y viva con toda intensidad su enamoramiento de la mujer que ha sido decisiva para sacarle de la falta de confianza en sí mismo.

“Andar con Dios en la sencillez”

Ante ese espectáculo, el personaje de Ruggles no puede sino decir: “¡Amigos! ¡Que Dios les bendiga!”. Rosenzweig, en la conclusión de su obra magna, y con una tipografía singular, nos permite encontrar una reflexión que permite conceder la densidad de esta expresión.

Andar con tu Dios en la sencillez: lo que aquí se exige es, tan sólo, una confianza plenamente actual, presente. Confianza es una gran palabra. Es la simiente de la que crecen la fe, la esperanza y el amor, y es el fruto que de ellas madura. Es lo más sencillo y, justamente por eso, lo más difícil. A cada instante se atreve a decirle a la verdad amén y en verdad. Andar con tu Dios en la sencillez: estas palabras están sobre la puerta; sobre la puerta que lleva fuera del resplandor milagroso y lleno del santuario divino, en el que ningún hombre puede permanecer con vida. ¿Hacia dónde se abren las hojas de esta puerta? ¿No lo sabes? A la vida. (Rosenzweig, 1997: 496)

La vida es amor a la vida

Momentos antes de recibir el afecto de sus amigos, Ruggles ha experimentado una amarga sensación de fracaso. Reaccionar airadamente contra la actitud de Mr. Belknap-Jackson le ha robado la paz. En seguida volveremos sobre esto. Ahora queremos incidir que el afecto de sus amigos y la bendición de Dios invocada le devuelven a la vida, al amor la vida. Josep Maria Esquirol subraya esa conexión intrínseca entre estos dos elementos.

Vivir es, pues, vivir de, y los contenidos son la alegría de la vida. Ser yo significa sentir el gozo de la vida, y por la misma razón, también la tristeza, la preocupación o el sufrimiento, todos los cuales se definen a partir del gusto y el placer de vivir. Por eso la vida es amor a la vida. La vida de entrada se ama. (Esquirol, 2018: 51)

Hay quien afirma que quien ama el cine, ama la vida. Estamos de acuerdo con esta frase, aunque pensamos que exige acotar un poco más  qué películas de las que se aman ayudan a amar la vida. Desde luego las de McCarey entran de pleno en esta nómina y Ruggles of Red Gap de modo ejemplar. Muestran que la vida no es ni desnuda, ni una existencia pura sino “una relación continuada con contenidos” en los que se sustenta la alegría de vivir.

La humana dulzura frente a la inhumana frialdad

Ahora regresamos a la sensación de fracaso que Ruggles ha experimentado al expulsar -de modo airado- a Mr. Belknap-Jackson. Hay una iluminadora apostilla de Josep Maria Esquirol que nos permite situarnos mejor ante lo que se ve en la pantalla proyectado por McCarey.

Cuando Rilke sugiere que algunas mujeres han llegado a ser más humanas que algunos hombres, está pensando en la paciencia y en la dulzura que a menudo las distingue, es decir, en lo mismo que Spinoza cuando explica que al sabio se lo reconoce porque actúa con mansedumbre. Aunque esta palabra, mansedumbre, es hoy intempestiva, su significado sigue siendo tan valioso como siempre, o aún más: una articulación de paciencia, amabilidad, dulzura y paz. Sus antónimos serán: dureza, frialdad, agresividad… (Esquirol, 2021: 115)

Nell Kenner, rostro de humanidad

McCarey ha cuidado particularmente ese rostro de humanidad en el personaje de Nell Kenner, del que Mr. Floud señala que recibe críticas injustas porque tiene una bondad análoga a una iglesia. Es decir, inspira el bien. Cuando Ruggles escucha cómo Mr. Belknap-Jackson la difama, su reacción es de ira, sí, pero proporcionada. Está a la altura. No puede consentir que una vez más se infame a la inocente porque sea una artista que anima los corazones con la música y el baile. Ruggles quiere poner en su casa -su restaurante- una barrera clara frente a quienes cultiven la dureza, la frialdad, la agresividad.

Josep Maria Esquirol presenta la casa como lugar de retorno, la alternativa humana al eterno retorno. Cuando Lord Burnstead brinda por Londres, Ruggles lo hace por el Grill Anglo-Americano. Un lugar dónde antes que el negocio importa el encuentro humano. Participa de la filosofía de la casa.

Centro discreto del mundo. La casa centra el mundo y el hogar centra la casa. El hogar es el fuego de una casa, centro que calienta, en el que se hacía hervir el caldero y alrededor del cual se sentaban los de la casa para calentarse y para conversar. Este centro, no geométrico sino existencial, reúne y orienta. […] A casa no se va, se vuelve, y se suele volver a casa cada día. La filosofía de la casa no es la del eterno retorno, sino la del retorno; retorno que, ciertamente, se repite, pero sólo un número finito de veces. La dureza insoportable del eterno retorno contrasta con la dulzura del retorno […]. La vida es una parábola de los retornos. (Esquirol, 2019: 42-43)

Vamos a concluir a continuación el texto filosófico fílmico de Ruggles of Red Gap, que nos seguirá dando la oportunidad de comprobar cómo la cámara muestra con penetración los contenidos de la alegría de vivir.

 

2. EL TEXTO FILOSÓFICO FÍLMICO DE RUGGLES OF RED GAP (XV): LA FALLIDA RECEPCIÓN DE LORD BURNSTEAD Y SU ENAMORAMIENTO DE NELL KENNER

“¿Se sabe algo de Ruggles?”

La escena va a mostrar los preparativos que Mrs. Floud (recordamos, Mary Boland, abreviamos con Mrs.) está realizando para presentar a Lord Burnstead ante la mejor sociedad de Red Gap. Va vestida de gala. También Mr. Belknap-Jackson y ‘Ma’ Pettingill van ataviados así. Han organizado una cena recepción, de bienvenida. La cámara muestra a ella y a Mr. Belknap-Jackson (Lucien Littlefield) que se mueven nerviosos alrededor de la larga mesa de invitados.

Mrs. Floud: “Déjame ver… (Se para en la cabecera. Entonces se ve a ‘Ma’ Pettingill -Maude Edurne- en un segundo plano. Está sentada en un silloncito, mirando hacia la pared). Lord Burnstead a mi derecha, por supuesto. ¿Quién estará a su lado?”

Mr. Belknap-Jackson (ejerciendo su papel de asesor experto): “Judy Ballard.”

Mrs. (en un respingo, que muestra que su cuñado ha perdido predicamento con ella a raíz de que se extralimitara al despedir a Ruggles): “¡De ninguna manera! (El plano americano la recogen a ella y a Mr. Belknap-Jackson, que contrariado da la espalda a la cámara). No, la pondremos en.…”

‘Ma’ Pettingill  (para sacar a su hija de la duda): “Ponla en mi lado de la mesa.”

Mrs. (no le responde y vuelve a dirigirse a Mr. Belknap-Jackson): “¿Se sabe algo de Ruggles?”

Mr. Belknap-Jackson (que ahora entra en el campo): “Nada.”

“¡No puede abandonarme así cuando lo necesito!”

Pronto asistimos a la causa del nerviosismo de Mrs. Floud. La ausencia del valet como asesor le genera mucha inseguridad.

Mrs. (a Mr. Belknap-Jackson, en un tono amenazante): “¿No lo habrás echado otra vez?”.

Mr. Belknap-Jackson (a la defensiva con un tono exasperado): “No. Lo he buscado por todo el pueblo, por todas partes.” (Sale del plano, atufado).

Mrs. (la cámara la recoge en un primer plano): “¡No puede abandonarme así cuando lo necesito! (Ma sonríe en un segundo plano; se frota los pies porque los zapatos de gala le hacen daño, mostrando poco aprecio por guardar las apariencias). ¿Veis que le necesito para presentar a mi invitado de honor? (Algo suena. De nuevo Mr. Belknap-Jackson entra en el plano con ‘Ma’ Pettingill  al fondo) El timbre. Llegan temprano.”

‘Ma’ Pettingill (ofreciéndose para abrir): “Yo lo haré” (Se escucha un cuarteto que interpreta el famoso minueto de Boccherini).

Mrs. (muy nerviosa, al igual que Mr. Belknap-Jackson, que se estira la pajarita): “No hagas nada de eso. Dudo que Lord Burnstead esté aún preparado.”

“No podemos bajar con las corbatas sin anudar.”

Cambio de escena. En la habitación de invitados se ve a Mr. Floud (recordamos Charles Ruggles, abreviamos como Mr.) y a Lord Burnstead (Roland Young, abreviamos como B.). Ambos van vestidos de etiqueta, pero les falta un detalle, muy significativo para McCarey -no saben hacerse la pajarita, un gag cómico habitual del director, como sabemos-. El plano muestra a Mr. Floud de pie, en un segundo término. Delante, Lord Burnstead parece estar sentado en la cama. Ambos tienen en la mano un vaso de wiski. Se sigue escuchando de fondo la música del minueto.

B.: “Es un problema, ¿no?”

Mr. (mientras se atusa el bigote, que parece de nuevo crecido): “¿Cuál?”

B.: “No podemos bajar con las corbatas sin anudar.”

Mr. (como quien está maquinando algo): “Sí, podemos. Tal vez podamos no bajar sin más.”

B.: (asintiendo, aunque todavía sin captar lo que pretende su anfitrión): “Lo sé. Estas recepciones son aburridas, tediosas. No me gustan, ¿y a ti?” (Se toca los labios con gesto de contrariedad. McCarey señala con economía de recursos la distinta vibración que el noble tiene ante unos actos de pretendida distinción social con respecto a Mrs. Floud y sus amigas).

“¿Alguna vez tuvo la ocasión de saltar por una ventana?”

Mr. Floud va a sorprenderle con una respuesta paradójica, que sigue apuntando hacia su plan.

Mr.: “No me molestan para nada.”

B.: “¿No?”

Mr. (aclarando su salida): “Nunca voy a ninguna. (Mira con complicidad al noble). Soy lo que dicen, «ágil» ”.

B.: (que va comenzando a comprender): “¿Ágil?… Ah, tu quieres decir ¡ágil!”

Mr.: “Sí, así es. (Haciendo el gesto hacia un lado) Almirante… venga por aquí. (La cámara muestra como ambos caminan de espaldas a la misma hacia un ventanal amplio que hay en la habitación): Ahora, mire esa ventana.”

B.: (con flema británica): “Se parece a cualquier otra ventana.”

Mr.: “Sí, correcto. ¿Alguna vez tuvo la ocasión de saltar por una ventana?”

B.: (con algo de tono meditativo, como si estuviera recordando hechos del pasado): “Sí”.

Mr. (dejando el vaso en una mesa para liberar la mano y así ayudar a salir por la ventada a su amigo): “¡Odio dejar esto!”

B.: (mientras deja su vaso también): “Tal vez nos encontremos con otro más tarde”

Mr. (mientras lo sujeta en su descenso): “Con cuidado. Tenga cuidado. Hay un agujero en la pared para apoyar el pie. Yo lo hice.”

B.: (se gira, y se le vuelve a ver): “Gracias, ya lo veo.”

El contrapunto del lujo y la ostentación

McCarey introduce un contrapunto muy elocuente, además de una escena muy divertida. Se ve a Mrs. Floud que abre la puerta de una habitación que hace de vestíbulo. La siguen dos invitadas. El plano de un sillón en primer término muestra la profusión de abrigos de piel que ya han dejado las anteriores asistentes a la recepción.

Mrs.: “Pasen, señoras. Pueden dejar aquí sus abrigos.” ( Va al otro lado del sofá. Se percata de que por la ventana del fondo se ve deslizarse a Lord Burnstead. Reacciona alarmada por si acaso es visto. Pero sus invitadas están en otra cosa).

Una de las invitadas (mientras se atusa el peinado): “¿Me queda bien el pelo?”

La otra (con gesto similar): “Si, muy bien. ¿Y el mío?” (Mientras se ve el plano de Mr. Floud que baja por la ventana. Mrs. Floud que lee lo que está pasando, reacciona con un gesto de desolación. Así lo muestra un plano centrado sólo en ella. Va a la ventana e intenta atrapar a su esposo, sacando un brazo que oculta con las cortinas.”

Invitadas (en un plano en el que se acercan a Mrs. Floud… y a la ventana): “Disculpa por nuestro retraso.”

Mrs. (disimulando): “No importa. (les indica que se adelanten) Vayan ustedes primero…  yo iré luego. Estas cortinas me tienen preocupada.” (Ellas salen. Por fin consigue estirar a gusto. Pero se queda en la mano con la chaqueta de Mr. Floud. Se asoma por la ventana para comprobar que su invitado de honor y su marido han conseguido perpetrar su escapatoria”.

La fallida recepción de Lord Burnstead

Mrs. Floud no tiene más remedio que hacerse a la idea de que la recepción de Lord Burnstead, tal y como ella la tenía prevista, no va a tener lugar. Por el contrario, los planes de que Mr. Floud le tiene preparados van a posibilitar un encuentro con Nell Kenner que va a cambiar su vida. Se reproduce con respecto al noble la misma contraposición entre rigidez y flexibilidad que había experimentado el mayordomo Ruggles.

En una habitación del local de Nell Kenner (recordamos, Leila Hyams) asistimos a una animada sesión de canto. Se ve a un tenor que canta con una jarra de cerveza en la mano. Junto a él está Nell Kenner, y tres músicos, respectivamente, al piano, a la guitarra y al violín. En el fondo del plano se ve a Hank Adams. Todos interpretan la balada con dedicación. Nell acompaña además con gestos rítmicos, De repente se oye un ruido de cristales.

Nell Kenner (que reacciona alarmada): “¡Espero que no hayan sido las bebidas!”

Prunella Judson (recordamos, Zasu Pitts, mientras aparece por el fondo, con voz compungida): “Sí”. (le hace un gesto amplio con la mano -característico de la actriz-para que acuda donde ella)

Nell Kenner (al cantante): Perdone. (la cámara la acompaña mientras camina del salón a la antesala de este, que comunica con la cocina).

Es por Mr. Ruggles. Sé que le ha pasado algo. Algo fatal.

Plano de Nell Kenner en la antesala que es también el recibidor, en el que se perciben los vidrios en el suelo. Prunella Judson los agrupa con una escoba. Ambas mujeres se agachan para recogerlos. Se ve a Prunella Judson muy apurada.

Prunella Judson: “¡Miss Kenner, discúlpeme por esto! Estoy tan nerviosa”.

Nell Kenner (con dulzura): “No te preocupes, son sólo unos vasos”. (Ambas mujeres van retrocediendo hacia la puerta de la cocina).

Prunella Judson (confidente con su empleadora): “No es por eso, es por Mr. Ruggles. Sé que le ha pasado algo. Algo fatal.”

Nell Kenner (mientras ambas se incorporan, hablándole con un tono suave y tranquilizador): “Tonterías, ya vendrá”

Prunella Judson (apesadumbrada): “Es que no soy la de siempre”. (Entra en la cocina y se vuelve a escuchar el ruido de cristales rotos) Voz de Prunella: “¿Vé lo que le digo?” (Plano de Nell Kenner que cierra los ojos para encajar la contrariedad con paciencia y que frota levemente las manos en señal de autocontrol. Mientras se oye el timbre)

La preparación de un buen encuentro

En una composición diametralmente opuesta a la recepción que había preparado su esposa, Mr. Floud va a posibilitar el buen encuentro entre Lord Burnstead y Nell Kenner. Es un paso más en su actitud de flexibilidad. Su gesto de acercamiento tiene una base sólida. Está convencido de la bondad de ambos personajes. Recordemos que a Nell la consideraba tan buena como una iglesia.

Plano de la puerta de la casa. Nell abre y entra Mr.Floud en mangas de camisa. Juntan las manos tras saludarse.

Mr.: “¡Hola Nell!”

Nell Kenner: “¡Egbert! (fijándose en cómo va vestido): ¿Y tú chaqueta?”

Mr. “Effie quería que la usara, pero… luego te contaré como me salí con la mía. Quiero presentarte a alguien… (Se gira hacia el otro lado de la entrada).  Entra, George. Nell, te presento a mi compañero de póker, Lord Burnstead.

B.: (mirándola con mucho agrado desde el primer momento): “¿Cómo está?”

Nell Kenner (correspondiéndole con una sonrisa franca): “¡Encantada!”

“Me gustaría que os conocieseis, Nell.”

Mr. Floud continua con las presentaciones.

Mr.: “Ella es Nell Kenner. (Luego le da una palmada a Burnstead y lo toma afectuosamente por los hombros) ¡Es un Lord! ¿No es cierto? (Lord Burnstead hace un gesto de contrariedad hacia esta presentación de su persona). Pero puedes llamarle George. (Ahora el noble sonríe; prefiere la presentación llana de su persona). Me gustaría que os conocieseis, Nell, Él no conoce nuestras costumbres. Y de dónde él viene… (Burnstead le mira asombrado) Bueno, supongo que en todas partes es igual. (Toma la dirección del salón): “¿Alguien me trae algo para beber?” (sale del plano)

B.: (mirado embelesado a Nell, con expresión humilde): “Somos intrusos, ¿verdad?”.

Nell Kenner. “Para nada. ¿No ofrecía Mrs. Floud una cena en su honor esta noche?”

B.: (cayendo en la cuenta de la elección de preferencia que ha hecho su amigo, y que él ha consentido encantado): “Si… Ah, sí, entiendo. Bueno verá… Es que mi corbata…” (señala a su pajarita que cuelga de su cuello sin tener el nudo hecho).

El doble nudo de la pajarita

Hemos recordado del significado que tiene para McCarey el asunto de hacerse el nudo de la pajarita (Bogdanovich, 2008: 22-23), del que realizó diversos desarrollos. Con Laurel y Hardy dio lugar a las dinámicas del «tit-for-tat» (Bogdanovich, 2008: 23) ; en Wild Company (1930) le sirvió para mostrar la debilidad que el padre tiene por su hijo (Bogdanovich, 2008: 24)[2]. Ahora en Ruggles of Red Gap, añade un elemento más, quizás el más penetrante de todos. Es ocasión para desarrollar el enamoramiento entre Burnstead y Nell Kenner

Nell Kenner (aprovecha la ocasión de mostrarse amable): “No es tan difícil… ¿Quiere que le haga el nudo?”

B.: (respetuoso): “¿Lo haría?”

Nell Kenner (resuelta): “Por supuesto.”

B.: (ilusionado): “Qué bien”. (Ella comienza a arreglarlo, lo que les hace estar próximos. McCarey hace que Leila Hyams efectivamente realice el nudo de la pajarita ante la cámara)

Nell Kenner (por mantener la conversación): “¿Es su primer viaje a América?”

Burnstead parece verse envuelto en la realidad de Nell Kenner

A la pregunta educada y sencilla sin embargo Lord Burnstead no responde. Por unos instantes muy breves McCarey dibuja con finura lo que Julián Marías explica.

Ante la mujer como tal… el hombre se siente en estado de “alerta” -trasládese esta situación, aunque con las oportunas diferencias a la mujer- (…) Lo que llamo estado de alerta es ver en primer plano la condición masculina o femenina, darse cuenta de la constitutiva referencia al otro, de la menesterosidad personal, de la necesidad del otro sexo para ser el que se es. (…) La atención enfocada sobre el objeto de ese amor pone de relieve la unicidad de la persona amada, y establece entre ella y el sujeto una conexión que puede ser pasajera, pero no se presenta como tal. El que ama se ve “envuelto” en la realidad de otra persona, que es descubierta como tal. (Marías J. , 1996: 102-103)

La proximidad entre Lord Burnstead y Nell Kenner con el asunto de la pajarita ha creado un clima muy especial entre ellos.

B.: (Después de mirarla sin decir nada, contemplándola. Cuando ella hace un gesto de esperar respuesta, acaba reaccionado, como volviendo en sí mismo): “Eh, lo siento. (Habla desde ese embelesamiento) Es que me recuerda mucho a una chica que conocí… No recuerdo su nombre. Usted no la conoce, claro.”

Nell Kenner (con naturalidad): “No.” (y sigue con el nudo que, perdón por la insistencia, realmente Leila Hyams lo está haciendo)

B.: (ya casi haciendo una declaración, lo que pone a Nell Kenner un tanto a la defensiva): “Es la mujer más bonita de Inglaterra”.

“Dígame, ¿cree en el amor a primera vista?”

Escena de Ruggles of Red Gap
El amor a primera vista como obediencia entre Lord Burnstead y Nell Kenner en Ruggles of Red Gap. Imagen 3

McCarey va a regalarnos uno de los diálogos más sutiles del panorama de la comedia para expresar sin empalago alguno lo que supone el enamoramiento.

Nell Kenner (que ha terminado de hacer el lazo): “Listo. Me temo que es lo mejor que puedo hacer.”

B.: (entregado): “Debe de estar perfecto. Dígame, ¿cree en el amor a primera vista?”

Nell Kenner (con aparente naturalidad, mirándole a los ojos fijamente): “No. ¿Y usted?”

B.. (maniobrando a la perfección sobre la paradoja): “No. Por eso me gustaría quedarme un poco si me permite.” (Burnstead muestra creatividad para ser fiel a ese amor a primera vista. Da tiempo a Nell. Es perservarante. Actúa como en obediencia)

Nell Kenner (con una sonrisa encantadora, lo toma del brazo. Lord Burnstead corresponde con otra sonrisa luminosa). “Adelante”. (Caminan hacia el salón).

La interpretación conjunta de Nell Kenner y de Lord Burnstead; una confirmación del acercamiento

La profundidad sentimental que la escena anterior ha suministrado no hacía fácil su continuación. Pero McCarey es un maestro contrastado en el desarrollo de estas situaciones. Plantea una escena que puede parecer una ruptura (una interpretación musical entre Nell Kenner y Lord Burnstead). En realidad la música y los instrumentos se ponen al servicio de su ejercicio de aproximación.

El plano muestra a Lord Burnstead que golpea animadamente un instrumento de percusión compuesto de bombo y platillos.

B.: (muy convencido de lo que está haciendo): “Esa es mi idea de un ritmo americano”.

Nell Kenner (que aparece en el plano, sentada al piano, junto a Lord Burnstead, un poco asombrada): “¿Sí?”

Prunella Judson (desde el fondo del plano, refiriéndose a la cena): “Está lista”.

Nell Kenner (a Lord Burnstead): “¿Cenamos?”

B.: (muy a gusto con el juego de actuar como músico): “No, prefiero probar esto otra vez.”

Nell Kenner (complaciente): “Está bien. (Canta): Todos aman a una niña y por eso te amo a ti, niña bonita… bum.

El aprendizaje de Lord Burnstead, con el alegre y paciente magisterio de Nell Kenner

Nell Kenner tiene la aspiración de que lleguen a interpretar algo con coherencia. Lord Burnstead le sigue humilde y disciplinado, como un alumno interesado por la materia.

B.: “¿Por qué dices bum?”

Nell Kenner (paciente): “Ahí hay un bum.”

B.: (sorprendido): “¿Ah, sí?”

Nell Kenner (intentando ponerse en su lugar): “Me parece que no entiende. Repita conmigo- lo hace sin camtar-Todos aman a una niña y por eso te amo a ti, niña bonita, niña bonita… (Hace un gesto para que Lord Burnstead toque el bombo).

B. (en lugar de dar al pedal del bombo, lo dice de palabra): “Bum”

Nell Kenner (con dulzura): “No entiende. Debe hacerlo con el tambor”.

B.: (humilde): “¡Oh, por supuesto! ¡Qué estúpido!”

Nell Kenner (asiente con voz baja, sin llegar a ofender a Lord Burnstead)

Las demostraciones de un afecto que se exhibe a través de diferentes clases de juegos

Una de las reglas que Stanley Cavell para detectar la verdadera pareja que aspira a la renovación matrimonial es que no importa tanto lo que hacen como que lo hagan juntos, que compartan juegos infantiles (Cavell, 1981). Pablo Echart lo explica magistralmente.

… su cortejo se aleja por completo de los empalagos del amor romántico tradicional, y 8…) en su relación, más importante que las palabras de amor son las demostraciones de un afecto que se exhibe a través de diferentes clases de juegos, que retrotraen a los protagonistas hacia un territorio colindante con la infancia. (Echart, 2005: 19)

Estas consideraciones nos ayudan a entender lo que estamos viendo en la pantalla. El juego de aprendizaje musical de Lord Burnstead con Nell Kenner no es sino una manera de cortejar, nueva, renovada, propia de quien busca una relación igualitaria. Sí, el noble británico tradicional se está abriendo a una transformación. El rostro de Nell Kenner parece haber activado en él una mayor calidad humana.

“No. Prefiero el bum, si no le molesta.”

Nell Kenner sigue ejerciendo su paciente magisterio, vuelve a cantar la cancioncilla que están ensayando.

Nell Kenner: “Todos aman a una niña y por eso te amo a ti, niña bonita, niña bonita… (Hace de nuevo un gesto para que Lord Burnstead percuta el tambor. El noble lo hace. Ella repite las últimas palabras): niña bonita, niña bonita… (pero Lord Burnstead no vuelve a darle al pedal. Ella humilde se excusa por el fallo). Lo siento. Hay otro ahí.”

B.: (atento): “¿Un doble?”

Nell Kenner: “Sí, un doble bum.”

B.: (entusiasmado): “Me gusta.”

Nell Kenner (un tanto sorprendida o incluso a la defensiva por la ambigüedad de la expresión): “¿Qué?”

B.: (muy metido en el juego): “Un doble bum.”

Nell Kenner: “¿Vamos a cenar?

B.: “No. Prefiero el bum, si no le molesta.”

Nell Kenner (concesiva, pero sonriendo muy dulce): “Está bien. Haremos el bum.”

Una armonía creciente, pero frágil…

Se nota que entre ellos se consigue algo de armonía. Ella canta y toca el piano. Él acierta en algunos compases con el acompañamiento.

Nell Kenner. “Todos aman a una niña y por eso te amo a ti, niña bonita, niña bonita… (Lord Burnstead da con el pedal al tambor), niña bonita, niña bonita… (el noble vuelve a percutir el bombo). Le gusta a tu hermana, a tu padre y a tu madre, niña bonita, niña bonita (Burnstead acierta con el tambor en ambos casos)

B.: (casi seguro de sí): ”¡Lo pongo en cualquier lugar!”

Nell Kenner (sigue cantando y Lord Burnstead acompaña adecuadamente): “Niña bonita, niña bonita. No le gustaría dejarme sola en mi cuna de amor.”

B.: (añadiendo un bum): “Idea mía.”

Nell Kenner: “Lo sé.” (Sigue con la canción): “Quiero a mi amor y podría ser…” (Le indica con gestos que haga dos bums). Eso sería demasiado pedir”

B.. (entusiasmado): “¡Claro que no!”

Nell Kenner (que teme que haya podido resultar una expresión ambigua): “Quiero decir… dos bums”.

B.: (muy aplicado para tocar bien): “Ah, entiendo.”

El final abrupto del juego

El entusiasmo de Lord Burnstead acaba con la armonía y con el juego.

Nell Kenner (cantando): “Quiero a mi amor y podría ser…” (Pero Burnstead da con tal fuerza al pedal que desgarra el bombo. Se acerca un hombre con gesto circunspecto).

B.: (al hombre): “¿Es su tambor? (el hombre asiente en silencio). ¿No se podrá coser…? (Igualmente en silencio el hombre lo niega; le entrega dos billetes al dueño del bombo). Compre uno nuevo. ¡Compre dos! Uno para mí.” (la experiencia ha merecido sobradamente la pena).

La confirmación de la derrota del modelo de la rigidez

Frente a la sensación de alegría ante las dificultades que experimenta Lord Burnstead en casa de Nell Kenner, la cámara vuelve a casa de los Floud. Busca mostrar la sentencia del fracaso del modelo de la rigidez de Mrs. Floud. Un plano picado muestra desde arriba la cena de recepción de Lord Burnstead, una mesa muy cuidada, con quince comensales, velones y vajilla de lujos, servida por camareros con librea. Mrs. Floud la preside y está de pie. De ella están ausentes tanto el lord como Mr. Floud. Mrs. Floud sólo excusa al noble. Lo hace de pie, mientras la cámara se le va aproximando hasta dejarla a ella sola en el plano.

Mrs.: “Estoy segura que Lord Burnstead nos disculpará por no esperar más. Se nos unirá en cuanto termine su conversación telefónica. Debe ser muy importante, tal vez con el rey…  o posiblemente con el Presidente de Canadá… ¿Comenzamos?” 

‘Ma’ Pettingill (la cámara la muestra al otro extremo de la mesa, en el lado derecho de su hija. Se muestra tan desinhibida como siempre): “¡Buena idea! ¡Vamos, ataquen!” (la cámara vuelve a Mrs. Floud, que se va sentando con un gesto de absoluta desolación.

 

3. EL TEXTO FILOSÓFICO FÍLMICO DE RUGGLES OF RED GAP (XVI): LA EMANCIPACIÓN DE RUGGLES

La atención vuelve a Ruggles

Durante las escenas anteriores, justo las que venimos analizando en esta contribución, el foco de atención se ha desplazado de Ruggles (recordamos, Charles Laughton, abreviamos con R.) a su señor, Lord Burnstead. Pero en realidad se trata de una elipsis. La liberación afectiva que experimenta el noble va a permitir que el mayordomo complete su proceso de liberación, con la ayuda de Prunella Judson.

Podemos expresarlo así: ambos recuperan la conciencia de que tienen corazón (von Hildebrand, 1996a), o, en la acertada expresión de Josep María Esquirol, el repliegue del sentir que permite reconocerlo.

El corazón es el símbolo de la sensibilidad y, por eso mismo, la quintaesencia de lo humano. Sintetiza la patética, la sensibilidad y la bondad, y de ahí las expresiones afines: “con toda el alma” o “de todo corazón”. Sensibilidad y sabiduría. Los hombres de corazón son los hombres sabios, y la mejor memoria es la cordial, la del recuerdo que se lleva en el corazón. (Esquirol, 2018: 39)

La muerte y resurrección de Ruggles en el corazón de Prunella Judson

Pero McCarey dota de una especial densidad a la reaparición de Ruggles. Para el personaje de Prunella Judson, que se ha enamorado del antiguo mayordomo, es un proceso de muerte y resurrección. Permítasenos explicarlo un poco. Para Prunella Judson que Ruggles se hubiese planteado regresar con Lord Burnstead a su condición de mayordomo era una auténtica muerte. Tan claro lo ve, que se permite desafiar a Ruggles a que se tire al río, pues no encontraría de ese modo una autodestrucción menor. Lo hemos visto en la entrada anterior[3]. Ahora está arrepentida de esas palabras. Pronto le consolará la doble resurrección de Ruggles.

En el plano vemos a Mr. Floud que sale de la cocina con Prunella Judson tomada de la mano, mientras se sacude la camisa. Avanzan hasta sentarse en un banco lateral del recibidor.

Mr. (quejoso): “¡No puedo entrar si me van a verter las bebidas encima!”

Prunella Judson (llorosa): “Discúlpeme… Es que estoy tan nerviosa.”

Mr. (cambia al tono hacia un afecto más paternal): “¿Quieres sentarte y contármelo?”

Prunella Judson (mira hacia el salón y sigue gimoteando): “No sé cómo pueden divertirse cuando él tal vez esté… ya sabe.”

“Del coronel Ruggles. Creo que se ha arrojado al río”.

La convicción negativa de la mujer tiene tal fuerza, que acabará haciendo a Mr. Floud plenamente partícipe de su temor.

Mr. (mirándola). “¿Él? ¿De quién hablas?”

Prunella Judson (asustada): “Del coronel Ruggles. Creo que se ha arrojado al río.”

Mr. (incrédulo): “No, ¿por qué iba a hacer eso?”

Prunella Judson (indignada consigo misma): “¡Por culpa de una mujer que lo trató muy mal! Yo estaba allí”

Mr. (cada vez más alarmado): “¿Cómo lo sabes?”

Prunella Judson (insistiendo): “Yo estaba allí. Ella le dijo cosas terribles, y sé que…”

La reacción de Mr. Floud

Persuadido de que Prunella Judson tiene razón en estar muy preocupada, Mr. Floud reacciona con la energía propia de quien quiere ir al rescate de un amigo.

Mr.: “¡Esto es grave!”

Prunella Judson (al menos algo aliviada al ver que le está comprendiendo): “¡Es lo que estoy diciendo!”

Mr. (decidido): “Tendremos que buscarle ya mismo. Avisaré a los muchachos.“ (se lo ve levantándose y caminando hacia el salón). ¡Amigos! Eh, chicos… venid aquí. (Va a intentar crear una patrulla de rescate. Pero no será necesario. En efecto, suena el timbre).

La “resurrección física” de Ruggles

El plano muestra la puerta de la casa de Nell Kenner. Prunella Judson se acerca y la abre. Aparece Ruggles caminando con los andares afectados con los que Charles Laughton ha caracterizado al personaje.

Prunella Judson (casi asustada): “¡Es un fantasma! ¡Estás vivo!” (podemos decir que a los ojos de la mujer se ha producido ya una resurrección física, corpórea)

Voz de Mr.: “¡Vamos a buscarle!” (aparece en el plano Mr. Floud acompañado de un nutrido grupo de personas que estaban cenando en el salón).

Mr. (ya en pantalla, se encuentra con Ruggles): “Por fin aparece. ¿Cuál es el propósito de ir asustando a las damas?”

B. (que ha entrado en el plano, pues se acerca a su antiguo mayordomo. Con ironía y buen humor): “Creí que los indios te habían atrapado, Ruggles. Me alegro de verte.”

R. (conmovido): “Es un placer verlo, Milord”. (Rápidamente recupera su rol con respecto a Lord Burnstead) “Disculpe que no fuera a esperarle a la estación, señor.”

B. (de un modo apenas audible, acepta sus excusas): “Está bien.”

La “resurrección espiritual” de Ruggles

Hemos hablado de que para Prunella Ruggles temía una doble muerte de Ruggles, una física como mal menor frente a la espiritual. Salvada la primera ahora toca plantearse si se ha producido una resurrección espiritual, es decir, si verdaderamente quiere llevar las riendas de su nueva vida. El hasta hace poco mayordomo pide a Lord Burnstead tener una conversación con él.

R. (a Lord Burnstead): “¿Puedo hablar con Ud. a solas, señor?”

B. (con flema): “Supongo que sí. ¿Por qué no?” (El plano muestra, de izquierda a derecha, por este orden, a Ruggles, Lord Burnstead, Mr. Floud, Nell Kenner y  Prunella Judson)

Nell Kenner (tomando amistosamente a Mr. Floud de los hombros): “ Vamos, déjales solos”.

Mr. (cabeceando mientras se retira con Nell hacia el salón): “ Yo no comprendo nada”.

Nell Kenner (ejerciendo de anfitriona, a Prunella Judson ): “Tráeles algo de beber.”

Mr. (que sigue con su confusión, expresión de que estaba verdaderamente asustado… a diferencia de la reacción flemática de Lord Burnstead): “Estuvo en el río y no se mojó.”

Una conversación para hacer emerger el nuevo Ruggles

El diálogo entre Ruggles y Lord Burnstead que tiene lugar a continuación es una escena climática de la película, sólo superada por la que McCarey prepara para el final. En estos momentos se hace explícita la evolución del personaje, elemento esencial de la trama.

B. (dominando la situación): “¿Sucede algo, Ruggles?”

R. (confidencia, algo que un mayordomo no se puede consentir): “Milord, tuve un día terrible. Un combate increíble.”

B. (con flema, dando un sentido literal a la expresión): “¿Eran un gran número?”

R. (en el mismo tono de apertura de corazón): “Era de igual a igual.”

B. (inspeccionando): “¿Una mujer?”

R.: “No, milord. Yo luchaba conmigo mismo.”

B. (irónico): “¿Ganaste?”

R. (grave): “Dejé de pelear.”

B. (restándole hierro a la cosa): “Una buena movida. ¿No heriste a nadie?”

“Verá que soy un hombre muy distinto, Milord”

Hay en Lord Burnstead una clara resistencia a querer empatizar con Ruggles. En parte porque no está acostumbrado a hablar así con él. Pero en parte porque sabe que un cambio así en la relación también supondría una trasformación para él. La cámara se fija en Ruggles. McCarey quiere acentuar la importancia de lo que está comunicando.

R. (muy conmovido): “Verá que soy un hombre muy distinto, Milord. Yo no sé cómo explicárselo. Pero aquí, en Red Gap, piensan que soy importante… Una personalidad.”

B. (divertido): “Te llaman ‘coronel Ruggles’, ¿verdad?”

R. (disfrutando de que así sea): “Sí, coronel Marmaduke Ruggles, de la guardia británica. (Cae en la cuenta de que Lord Burnstead sí conoce quién es verdaderamente). ¡Fue todo un error, Milord!”

B. (rebajando la importancia del hecho): “Podría declararse una guerra.”

“Pero Milord…  cuando la gente cree que uno es alguien, también uno lo cree.”

Ruggles es capaz de mirar en su interior y analizar la importancia que este modo de relacionarse ha tenido para él.

R.: “Pero Milord…  cuando la gente cree que uno es alguien, también uno lo cree. Es la razón por la que estuve luchando conmigo mismo todo el día, Milord. ¿Soy alguien o soy…?”

(torpemente evasivo): “Yo acabo de llegar y no puedo saberlo.”

(intentando superar la frialdad del noble): “¡Yo soy alguien, Milord!”

(refugiándose en la ironía, ejerciendo todavía una insoportable superioridad que pronto será una carga para él): “Déjame felicitarte primero. ¿Cómo lo supiste?”

La fuerza del discurso de Gettysburg

Ruggles no desmaya. Contesta la ironía de su antiguo señor con datos sólidos sobre lo que ha vivido. Hace memoria del discurso de Gettysbug.

R. (respetuoso): “Ah, ¿Ha oído hablar de Abraham Lincoln, Milord?”

B. (mostrando su ignorancia por todo aquello que no le afecta directamente): “¿Alguien del territorio?”

R. (firme ante la ligereza del noble). “No, señor. Generó mi deseo genuino, Milord… de decirle que no regresaré a Londres. Me quedo en Red Gap.” (Ruggles acaba de ganar el combate de la confianza en sí mismo)

B. (perdiendo por primera vez el control y la flema): “¡Un momento!”

R. (determinado). “Milord, mi decisión está tomada. Voy a abrir un restaurante, Milord.”

El brindis de la libertad de Ruggles

Lord Burnstead hace un último intento de modificar la determinación de Ruggles, previsible y poco eficaz.

B. (paternalista): “No es bueno para ti, Ruggles, no tienes experiencia en cuestiones comerciales.”

R. (con confianza en sí mismo): “Puede ser, Milord, aun así quiero intentarlo.”

B. (la cámara se cetra ahora n él): “Nunca te vi tan obstinado. Supongo que te volveré a ver en Londres. (Aparece Prunella Judson con una bandeja con los vasos de whisky).

Prunella Judson: “Disculpen, sus bebidas.”

B. (toma su vaso y brinda): “¡Por Londres!”

R. (la cámara lo toma de medio lado, toma su vaso y también brinda): “Por el Grill Anglo-Americano, Milord.” (Sale por la puerta de la cocina Prunella Judson con un vaso y hace un gesto de brindar con Ruggles. Certifica así la resurrección espiritual del antiguo mayordomo)

 

4. EL TEXTO FILOSÓFICO FÍLMICO DE RUGGLES OF RED GAP (XVII): EL GRILL ANGLO AMERICANO COMO LUGAR DE LA EMANCIPACIÓN DE RUGGLES

El Grill Anglo-Americano y sus significados

La última escena, de bastante extensión -casi diez minutos- sucede en el Grill Anglo-Americano, el lugar de la emancipación de Ruggles, por el que había brindado, en contraposición a la invocación de Londres realizada por Lord Burnstead. Son muchos los significados que el restaurante de Ruggles comporta.

En primer lugar, podemos insistir, es el lugar de su emancipación, de la toma de sus decisiones personales, de la asunción de los riesgos que conlleva tomar la propia iniciativa.

Por ello mismo, y es el segundo significado, es el espacio donde Ruggles va a desarrollar sus relaciones más personales. A su vez, con ámbitos diferenciados. En la cocina compartirá, más allá del trabajo, la intimidad amorosa con Prunella Judson. En el comedor, podrá desarrollar las relaciones de amistad, en la medida en que como dueño también ejerce el derecho de admisión.

El encuentro de culturas y la primacía del corazón

Es, en tercer lugar, un ámbito de encuentro entre lo mejor de la cultura americana (la amistad sin formalismos) y de la cultura inglesa (la delicadeza en las formas como expresión de respeto al que se tiene cerca). Ruggles educa en ambos sentidos. Sólo casos como los de Mr. Belknap-Jackson se sitúan al margen de cualquier mejora, y acaban haciendo imposible algo que no sea la expulsión.

En esa educación, cuarto significado, tiene una clara primacía la bondad del corazón por encima de las normas. Se podrán perdonar las torpezas, pero no la malicia. Pero sobre todo será el lugar propicio para expresiones de afecto intenso, bien de corte matrimonial -entre Prunella Judson y Ruggles o entre Nell Kenner y Lord Burnstead- bien de afecto y amistad, como hace patente Mr. Floud y sus cálidos saludos, lo que tendrá su culminación cuando canten dedicado a Ruggles la célebre “For He´s a Jolly Good Fellow”.

Lugar de oportunidades y de trasformación

En definitiva, y es el quinto significado que resume los anteriores, es un lugar de oportunidades y de trasformación. Existe la posibilidad de rectificar el orgullo de creer que se guisan las salsas de manera insuperable (Prunella Judson). De estar dispuesto a jugárselo todo por la mujer amada, y de valorar así más la libertad, incluida la de su antiguo mayordomo (Lord Burnstead). De acoger a la prometida del noble, olvidando antiguos prejuicios (Mrs. Floud). De aceptar la acogida de quienes antes la criticaban (Nell Kenner). De valorar que unas formas más delicadas no tienen que estar en contra de la autenticidad (Mr. Floud, ‘Ma’ Pettingill). Pero sobre todo, una renovación de la confianza en sí mismo, incluso en los momentos en los que hay que tomar decisiones difíciles (Ruggles)

Sólo quienes siguen profesando una adhesión inquebrantable a la rigidez se ven privados del beneficio de un cambio que permite que cada uno sea “humano, más humano” (Esquirol, 2021)

La inauguración del Grill Anglo-Americano

Volviendo al texto filosófico-fílmico, asistimos a un plano en el que se ven las puertas del Grill Anglo-Americano, y una multitud en torno a las mismas. Hay un letrero explicativo  en el frontispicio: GRAN INAUGURACIÓN ESTA NOCHE. A continuación la cámara muestra el interior del restaurante, y nos muestra un local confortable, sin un lujo ostentosos, con todas las mesas ocupadas, y un quinteto con piano en primer término. Se ve en el centro del salón a Ruggles que da órdenes, ejerciendo como dueño y maître. Se escucha de fondo la música de la obertura Guillermo Tell de Rossini.

La cámara se desplaza a la cocina, donde se ve a Prunella Judson con gorro de cocinera, afanada entre los pucheros. Ruggles actúa como responsable último, supervisando también la cocina.

R. (a un cocinero, tras pinchar una bandeja de asados): “Está bien. Estará listo en 10 minutos. (A continuación, dirigiéndose a Prunella Judson): Adoran tu salsa de carne.”

La cocina como ámbito de intimidad: la trasformación de Prunella Judson

La reacción de Prunella va mucho más allá del agradecimiento del cumplido profesional. Le permite rectificar su error pasado, como un gesto de amor hacia Ruggles, al que él también corresponde. La cocina, en efecto, es un ámbito propicio para la proximidad e incluso para la intimidad de Prunella y Ruggles.

Prunella Judson (en un gesto de humildad): “Nuestra salsa de carne. Porque le agregué un poco de esto y un poco de aquello”. (lo hace con sus característicos gestos con las manos e inclinando la cabeza con sencillez, reconociendo lo orgullosa que fue su primera reacción ante las sugerencias de Ruggles)

R. (de modo casi inaudible, lo que suena como un “yo también te quiero”): “Yo también”. (Vuelve al salón, caminando de espaldas para no dejar de mirar a Prunella… choca con la mampara que oculta la cocina cuando se abre la puerta. Sonríe y se va hacia el salón. Prunella vuelve a sus pucheros)

Los encuentros amistosos en el salón-comedor

El ámbito del comedor salón favorecerá su vez otro tipo de encuentros. Los de la amistad. El plano nos muestra a dos matrimonios que acaban de entrar en el Grill Anglo-Americano.

Uno de los esposos (a Ruggles): “Coronel, ¿vamos bien vestidos?” (se les ve elegantes, pero de alto copete, es decir, no de una etiqueta excluyente)

R. (sin vacilar): “Perfectos. (Todos sonríen muy contentos. Camina aceleradamente, a grandes zancadas y les muestra su lugar). Una mesa para cuatro. (plano de la calle. Se ve un coche de caballos que llega. En él van Mr. Floud, Mrs. Floud y ‘Ma’ Pettingill. Dada la popularidad de Mr. Floud, la multitud que hay en la entrada del restaurante le saluda con afecto.

Mr. (aludiendo a su esposa con algo de ironía mientras la ayuda a bajar del carruaje): “¿Recuerdan a Effie, muchachos?”

‘Ma’ Pettingill (a la que también ayuda a bajar Mr. Floud, se dirige a la gente con desparpajo: “¿Qué les parece, hienas sonrientes?”

Un hombre, mientras los demás se ríen: “¡Escuchad a Ma!”

Otro hombre a Mr. Floud, mientras entra en el salón: “¡Perro amargado! ¿De dónde sacaste esa capa?”

‘Ma’ Pettingill (dándose media vuelta para contestar por él): “De Paris, Francia. ¿No es horrible? (Nuevas risas)

Voz de Mr. Floud (la cámara ya enfoca el interior del Grill Anglo-Americano): “Apenas me cubre la cabeza y costó 20 dólares.”

Los saludos de Mr. Floud en el salón

El plano en efecto muestra cómo entran Mrs. Floud, ‘Ma’ Pettingill y Mr. Floud en el salón. Éste último va saludando a los comensales, ya que son amigos que va encontrando. A pesar de que va vestido elegantemente, no sigue la circunspección de los que van de etiqueta. Más bien, actúa con la calidez y la espontaneidad habitual.

Mr.: “¡Hola Monk! ¡Hola, Frank! ¡Hola, Fred” (le da la mano)

Fred: “¿Cómo estás?”

Mr. (a la esposa de Fred): “¡Hola, Sue!”

Sue: “¿Cómo estás?”

Mr. (a otro comensal): “¡Qué bien vestido vas, Virgil! (sigue caminando y se encuentra con Ruggles) “Hola, Bill. ¿dónde nos sentamos?” (Los sienta en una mesa en la que ya están los Belknap-Jackson) “¡Tan atento como siempre!”.

La presencia de la rigidez

Con todo, la invitación de Ruggles ha sido abierta. No ha habido exclusión de aquellos que habitualmente  practican la rigidez, la distinción, la crítica del prójimo. Lo vemos en una invitada que no duda en hacer preguntas impertinentes

Una dama quisquillosa (desde otra mesa le pregunta a Mrs. Floud, para ponerle en una situación violenta): “Effie, ¿dónde está Lord Burnstead?”

Mrs. (aguantando el tipo): “Supongo que llegará con retraso. ¡Es un hombre muy ocupado! (Luego se gira hacia Ruggles. El plano nos la muestra agachada, en todo de confidencia, hablando en voz baja): “Ruggles”.

R. (con la misma discreción): “Sí, señora”.

Mrs.: “¿Dónde está Lord Burnstead?”

R. : “Pensé que venía con Ustedes, señora…”

Mrs.: “Así era, pero no ha venido. No lo entiendo”.

Mr. Belknap-Jackson (ácido, con indisimulada aversión hacia Ruggles): “Tal vez a Lord Burnstead no le interesó venir a un lugar como este.”

La pugna entre rigidez y flexibilidad llega a sus últimos compases

La expresión de Mr. Belknap-Jackson muestra con toda claridad lo que supone el modo propio de proceder de los que siguen una cultura de la superioridad y del desprecio. No tiene ninguna duda acerca de debe disfrutar de unos privilegios merecidos que le permiten mirar al otro que no es de los suyos por encima del hombro. Frente a ello quienes practican la flexibilidad desarrollan una cultura de la acogida. Lord Burnstead hará de juez entre ambas maneras de entender la vida. Siendo un conde, un lord, puede marcar dónde se encuentra la verdadera tendencia a seguir.

Mrs. Floud comienza a experimentar dudas.

Mrs. (en un plano junto a su esposo): “¡Muy bonito! ¡Sin mi invitado de honor!” (A Mr. Floud, que no hacía caso sino que se llenaba la mano agitando el salero) “¿Tú sabes dónde está George, verdad?”

Mr.: “¿Quién? ¿George?” (Lo dice con tono de voz alto y Mrs. Floud le pide que lo baje) “¿George? No he visto a George en todo el día.”

El modo correcto de servir

McCarey intercala un gag, que sirve tanto para valorar la tarea formativa de Ruggles como la predisposición de Mr. Belknap-Jackson a expresar que no está en su lugar. Se ve a Hank Adams, que trabaja de camarero, sirviendo un plato de sopa a Mr. Belknap-Jackson. Ruggles le corrige la posición.

R.: “No. Con la mano izquierda.”

Para rectificar, Hank se pasa el plato de una mano a otra por delante de Mr. Belknap-Jackson, rodeándolo, ante lo cual el cuñado de los Floud pone una cara de mortificación completamente desproporcionada. Ruggles también se queda de piedra. Hank saluda con una mano, satisfecho de haber salido del paso.

La sensación de derrota de los rígidos

Un plano muestra dos copas de cristal sobre el mantel de la mesa. Por las voces sabremos que es Mr. Floud el que cambia la copa vacía de su esposa por otra llena, con la intención de que sobrelleve mejor el disgusto.

Voz de Mr. Floud: “Mira, Effie, te lo tomas demasiado a pecho.”

El plano de la mesa muestra ahora cómo Mr. Floud mata el tiempo agrupando cerillas.

La siguiente escena muestra a Ruggles que intenta limar diferencias con los Belknap-Jackson.

R. (a Mr. Belknap-Jackson): “Pruebe nuestra salsa de carne, señor.”

Mr. Belknap-Jackson (tras hacer un gesto de asco, saliéndose de su pretendida exquisitez): “¿No tiene kétchup? No importa. Comeré cuando llegue a casa”. (Retira el plato y ante su incorrección, Ruggles retira el plato)

El plano vuelve a Mrs. Floud que gimotea, mientras Mr. Floud le ofrece champán.

Mr. (intentando que se anime: “Lo que necesitas es un poco más de esta risa encerrada… de los placenteros vinos de Francia.”

“No suelo odiar a nadie, pero me desgrada mucho Belknap-Jackson”

El desplante hacia la salsa ha hecho estallar a Ruggles. El plano lo muestra entrando en la cocina para dejar el plato descartado por Mr. Belknap-Jackson.

Un cocinero (al ver el gesto de Ruggles): “¿Algo va mal?”

R.: “No es sobre la comida.”

Prunella Judson (que se ha acercado): “¿Qué ocurre?”

R. (muy dolido): “No suelo odiar a nadie, pero me desgrada mucho Belknap-Jackson.”

Prunella Judson (resolutiva): “Te traeré algo para los nervios.”

R. (poco convincente): “Mis nervios están bien.”

Prunella Judson (precavida): “A pesar de ello voy a traer algo.”

Pronto veremos que la tensión entre Ruggles y Mr. Belknap-Jackson todavía no ha llegado a su punto máximo.

La entrada de Lord Burnstead con Nell Kenner

McCarey va a introducir otro golpe maestro dentro de la trama. Habíamos dejado a Nell Kenner y a Lord Burnstead jugando a tocar música, muy acaramelados hasta que se rompió el tambor. Ahora podremos comprobar que aquello no fue flor de un día. El plano muestra que ahora Mrs. Floud sí está bebiendo y Mr. Floud sigue jugando con las cerillas.

Voz de la dama quisquillosa: “Oh, Effie, ¿dónde puede estar Lord Burnstead?”.

Mrs.: “Ya te dije que es un hombre de negocios muy ocupado.” (ante esa repuesta la dama y los otros comensales hacen un gesto de escepticismo, más convencidos de que no va a llegar a hacerse presente)

El plano muestra la puerta por la parte de dentro. Se abre, entra Nell Kenner y a continuación Lord Burnstead, que da una propina.

Chófer: “¡Que lo pasen bien!” (y un ujier cierra la puerta)

Dama quisquillosa (mira hacia la puerta): “¡Oh, Effie!” (Mrs. Floud mira también hacia allí con unos binóculos, asombrada de ver a Nell Kenner junto al noble. Sonríe para mantener el tipo. El plano muestra a Nell Kenner y a Lord Burnstead que avanzan por el comedor hasta su mesa)

Debe de haber sido la emoción

Tras las presentaciones, pronto se sabrá por qué han entrado juntos.

Voz de Mr. Floud: “Hola, Nell.”

Mr. Floud (ya en el plano, muy contento, se adelanta a su encuentro): “¡Ya habéis llegado! ¡Almirante! ¿Dónde estaba? Effie le estaba buscando.” (Y les acelera para que se acerquen a la mesa)

Lord Burnstead (disculpándose a Mrs. Floud): “Lo siento mucho, no tengo excusa.”

Mr. (haciendo el gesto): “Sentaos, sentaos.”

B. (continuando con las autoinculpaciones): “No tengo excusa.”

Mrs. (extrañada): “¿No?”

B.: “No… Debe de haber sido la emoción.”

Mrs.: “¿Emoción?”

B.: “¿Cree en el amor a primera vista?”

Mrs. (considerándolo una vulgaridad): “Oh, no. No.”

“Nosotros tampoco, pero… querida, acércate.”

McCarey redondea el golpe. Conecta con su primer encuentro y vence el escepticismo de Mrs. Floud con un hecho más fuerte que cualquier argumento.

B.: “Nosotros tampoco, pero… querida, acércate.” (Nell Kenner se acerca a Mrs. Floud y le enseña en su dedo el anillo de prometida)

Mr. (contentísimo, felicita a Burnstead, ante el gesto de completo asombro de Mrs. Floud): “¡Viejo búfalo! ¡Felicidades!”

B.: “Gracias.”

Mr. (a la ya prometida de Lord Burnstead): “¿Qué ha pasado, Nell? ¿Te estás volviendo loca?”

B. (feliz): “¡Será condesa!”

Mrs. (repitiéndolo, con todo lo que supone): “¡Será una condesa! (a Nell Kenner). Siéntate cerca de mí, te lo ruego”. (Plano de Prunella Judson, que mira desde el óvalo de la puerta de la cocina)

Mr.: ”Yo me sentaré aquí… y Nell a su lado. (De pie sirviendo a Nell Kenner). Esta será mi fiesta, Nell, y tú ya sabes cómo son, ¿verdad?”

Mrs. Floud se cambia del bando de la rigidez al de la flexibilidad, dejando sólo a Mr. Belknap-Jackson

Mrs. Floud ha leído la nueva situación. Lord Burnstead tiene mucho más criterio que su cuñado acerca de dónde se encuentra el verdadero señorío. Decide optar de todas todas por la acogida y la liberación de prejuicios. Mr. Belknap-Jackson se queda solo y explota con toda su rabia.

Mrs. (llamando a su esposo): ¡Oh! ¡Egbert!”

Mr.: “Sí.”

Mrs.: “Yo seré dama de honor y haremos la boda en casa.” (Choca la mano con Lord Burnstead y se ríe a gusto. Ha liberado toda la tensión de la espera)

Plano de Ruggles que recoge la servilleta de Mr. Belknap-Jackson de debajo de la mesa y le escucha lo que va a decir con la peor intención.

Mr. Belknap-Jackson (farfullando): “¡Una condesa, cuando sólo era una bailarina barata!”

La reacción justiciera de Ruggles

El dueño del Grill Anglo-Americano no puede soportar lo que sus oídos acaban de escuchar. Reacciona contundentemente. Su enfrentamiento con Mr. Belknap-Jackson llega a la cima.

R. (muy serio): “Yo no diría eso, si fuera Usted, señor.”

Mr. Belknap-Jackson (sorprendido): “¿Cómo?” (Plano de Nell Kenner que mira hacia Ruggles, captando que algo ha pasado)

R. (firme): “Yo no diría eso, si fuera Usted.”

Mr. Belknap-Jackson (exasperado): “¡Estás insultándome, Ruggles!”

R.: “Disculpe. Usted estaba insultándola a ella, señor.”

Mr. Belknap-Jackson: “¡No sólo me insultas, sino que escuchas a escondidas!”

R.: “No era mi intención, señor.” (Deja delante suyo la servilleta que ha recogido)

Mr. Belknap-Jackson (sin mirar la servilleta): “Mientes, Ruggles.”

«No te olvides que sólo eres un lustrabotas.»

El ataque hacia Nell Kenner queda en nada con respecto a la acidez que va a descargar Belknap-Jackson contra Ruggles. Siendo esta película lo más parecido a un western que rodó McCarey, podemos considerar que el duelo propio de ese género está teniendo lugar, eso sí, sin armas de fuego, sólo con la fuerza de la palabra.

R. (firme): “Yo no diría eso si fuera Usted.”

Mr. Belknap-Jackson (fuera de sí): “Ya he tenido suficiente. No te olvides que sólo eres un lustrabotas.”

R. (con mucha fuerza): “No olvido que soy el dueño de este lugar y como tal le pido que se marche, señor.”

Mr. Belknap-Jackson (no dando crédito): “¿Qué?”

R.: “Le pido que se marche.” (Como en los duelos de los westerns, llegado a este momento la música se para)

Mr. Belknap-Jackson (amenazante): “Si yo me voy, todas las personas nobles vendrán conmigo.”

“Sólo puedo decir, Mr. Belknap-Jackson… es… ¡No me salen las palabras!”

A Ruggles ya no le saldrán las palabras. Todas las humillaciones recibidas del presuntuoso bostoniano van a tener ahora un remedo de reparación.

R. (indignado): Si mi éxito depende de gente como Usted, señor… todo lo que digo es… Sólo puedo decir, Mr. Belknap-Jackson… es… ¡No me salen las palabras!” (Lo agarra del cogote y lo arrastra hasta la salida)

Mr. Belknap-Jackson (mientras va siendo empujado a lo largo del salón): “¡Ruggles! ¿Cómo te atreves? ¡No puedes hacerme esto!” (Llegan a la puerta, lo lanza y le da una patada en los pantalones. El ujier cierra. Se oyen risas. Mrs. Belknap-Jackson hace intención de salir, y Ruggles respetuosamente le abre la puerta.

Dama quisquillosa (que desde su mesa ha contemplado junto a su marido la escena, quiere solidarizarse con Mr. Belknap-Jackson y se levanta): “¡Esto es lamentable!”

Marido de la dama quisquillosa (con otro juicio sobre lo que ha pasado: “¡Siéntate!”

La resaca tras la tensión

Ruggles no ha querido en ningún momento llevar las cosas hasta el extremo. Cuando la humillación recaía sobre él podía soportarla. Pero una ofensa gratuita a una mujer que se ha portado maravillosamente con él y con Prunella Judson, y que es la prometida de su señor y amigo, Lord Burnstead, entraba en el terreno de lo insoportable.

Ha hecho lo que tenía que hacer, pero ahora experimenta un cansancio infinito. El plano nos muestra a Ruggles que regresa agotado hacia la cocina. Los comensales en silencio lo ven pasar. Los que se habían levantado para ver aquello en lo que acaba la disputa, se sientan. Cuando ve que Ruggles ha entrado en la cocina, Lord Burnstead toma la palabra.

B.: “Damas y caballeros, quisiera decir unas palabras sobre el propietario, Mr. Ruggles…” (Pero nos las escuchamos. Sin embargo son un claro indicio del juicio de Lord Burnstead sobre la situación creada. Probablemente hablen tanto del valor de su antiguo criado como de su propia trasformación personal”.

“¡Soy un fracaso!”

En la cocina Ruggles abre su corazón a Prunella Judson, que intenta consolarlo.

R. (hundido, fumando): “¡Soy un fracaso!”

Prunella Judson (acumulando argumentos para consolarle): “No te preocupes. Yo siempre digo que está más oscuro antes del amanecer, que todo tiene su lado bueno, y que después de la lluvia…” (se queda casi llorando).

R. (intentando recuperar el autocontrol propio del que se atribuye a los mayordomos): “No estoy preocupado”.

Prunella Judson (haciéndole ver la realidad): “Sí. Mírate” (se escucha que en comedor están cantando “For He’s a Jolly Good Fellow”)

R. (pensando que la están cantando en honor de Lord Burnstead): “Parece que Milord les cae bien. Es un hombre feliz esta noche. Se casará con Nell Kenner.” (Prunella Judson sigue moviendo el puchero)

“¡Es el espectáculo más grande que haya habido aquí, en Red Gap!”

En ese momento irrumpe Mr. Floud. McCarey prepara una nueva vuelta de tuerca en su final.

Mr. (con un optimismo que contrasta con el estado de ánimo de Ruggles: “¡Bill! ¡Ven aquí! ¡Vamos! ¡Es el espectáculo más grande que haya habido aquí, en Red Gap!”

Entran en el salón y todos están cantando: “¡Porque es un muchacho excelente y nadie lo puede negar!”

Los camareros se suman a cantar que Ruggles es un muchacho excelente en Ruggles of Red Gap. Imagen 4

R. (creyendo que la alabanza está dirigida a Lord Burnstead, la canta igualmente): “¡Y nadie lo puede negar! ¡Y nadie lo puede negar!” (En la repetición se ha quedao sólo y desafinando. Todos se ríen y le aplauden)

Mr.: (explicándole lo que pasa): “¡Lo están cantando en tu honor! (Le aplauden. Plano de todos ofreciéndole copas)

R. (con lágrimas en los ojos): “¡Amigos! ¡Que Dios les bendiga!.”

Mr. (arreciando con el canto): “¡Porque es un muchacho excelente, y nadie lo puede negar! ¡Y nadie lo puede negar!”

Lo van a seguir cantando hasta el final de la película. Cantan todos los comensales -incluso la dama quisquillosa-. McCarey saca primeros planos de los que lo están cantando: de los camareros, Ma’ Pettingill, Mrs. Floud, Nell Kenner, Lord Burnstead (que se ríe feliz). Mr. Floud sigue dando bríos al canto. Prunella Judson desde la ventana ovalada de la puerta de l cocina, lo canta y lo baila. Ruggles se acerca e intenta que salga al salón. Ella se resiste. Forcejean en tres ocasiones. Finalmente Mr. Floud empuja a Ruggles para que entre con ella en la cocina, y la pueda besar. Al mirar por ese ventanal, da todavía más bríos a la canción.

“¡Porque es un muchacho excelente, y nadie lo puede negar! ¡Y nadie lo puede negar!”

 

5. A MODO DE BREVE REFLEXIÓN CONCLUSIVA

Sin duda el final de Ruggles of Red Gap es un claro precedente del que desarrolla el colega y amigo de Leo Mccarey, Frank Capra. El mensaje del personaje del ángel interpretado por Henry Travers –“nadie es un fracasado si tiene amigos”, serviría para sintetizar esta escena final.

La autonomía, la libertad, la independencia no son valores completos si no potencian en las personas su capacidad de amistad, de amor, de entrega, de don. Esa es la quintaesencia del personalismo de McCarey, del que Ruggles of Red Gap puede ser considerada como un auténtico compendio.

 

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NOTAS

[1] Rosenzweig tiene en mente sobre todo a los filósofos idealistas de su época y de todos los tiempos, que reducen el mundo a su percepción por el yo.

[2] En la versión original en inglés (Bogdanovich, 1998) estas citas están en las páginas 396-397, 397 y 399, respectivamente.

[3] El impacto del discurso de Gettysburg en Ruggles of Red Gap de Leo McCarey (1935), https://proyectoscio.ucv.es/filosofia-y-cine/el-impacto-del-discurso-de-gettysburg-en-ruggles-of-red-gap-de-l-mccarey-1935/

 

 

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Profesores de la UCV San Vicente Mártir en el Grado en Filosofía.

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