José Alfredo Peris Cancio

José Sanmartín Esplugues

José Alfredo Peris Cancio y José Sanmartín Esplugues

El impacto del discurso de Gettysburg en Ruggles of Red Gap de Leo McCarey (1935)

Resumen:

Ruggles of Red Gap (1935) muestra cómo se consolida en McCarey su personalismo fílmico. En esta película se está haciendo el retrato de la conversación sobre la libertad y la igualdad que está presente en la sociedad americana. De una manera más precisa, se centra este dibujo en el discurso de Gettysburg de Abraham Lincoln. Y lo que aporta de una manera decisiva es una representación acerca de si ese modo de vivir está interiorizado por los que componen el pueblo americano, o tiene el riesgo de haber quedado en un icono ejemplar, alejado de la vida cotidiana. Lo analizaremos con detalle en el texto filosófico fílmico.

Esto nos lleva a entender con claridad que el lenguaje de lo ordinario sea un modo de hacer filosofía que se beneficia del cine. Un modo de hacer filosofía en el que Emerson y Thoreau son relacionados por Cavell con la herencia de J.L. Austin y de Wittgestein que él sigue.

Los planteamientos de Cavell no está alejados de la propuesta de Juan Manuel Burgos sobre la experiencia como fuente originaria del conocimiento. Lo que se pretende es rescatar la experiencia en primera persona sobre lo que aportan los visionados de las películas, por medio de realizar buenos textos filosófico-fílmicos. Sólo una interpelación filosófica que valore la experiencia fílmica estará en condiciones de conversar de modo adecuado con las películas, porque se trata de un modo adecuado de superar el escepticismo filosófico sin trivializarlo.

En esta sexta contribución dedicada a Ruggles of Red Gap, seguiremos analizando el texto filosófico-fílmico en torno a los siguientes núcleos temáticos: a) el giro desde el propósito de despedir a Ruggles al inesperado encumbramiento social de Mrs. Floud; b) la sucesión de encuentros y desencuentros; c) el discurso de Gettysburg como nuevo punto de partida; d) el discurso de Gettysburg y su efecto en las relaciones de pareja de Egbert Floud y de Ruggles.

Palabras claves:

Personalismo fílmico, Stanley Cavell, Karol Wojtyla, Juan Manuel Burgos, Emerson, Thoreau, Leo McCarey, Charles Laughton, Zasu Pitts, lenguaje ordinario, discurso de Gettysburg, libertad, igualdad, trascendentalismo.

Abstract:

Ruggles of Red Gap (1935) shows how McCarey consolidates his filmic personalism. In this film he is making the portrait of the conversation about freedom and equality that is present in American society. More precisely, this picture is centered on Abraham Lincoln’s Gettysburg Address. And what it brings in a decisive way is a representation about whether this way of life is internalized by those who compose the American people, or it has the risk of having remained an exemplary icon, far from everyday life. We will analyze it in detail in the filmic philosophical text.

This leads us to clearly understand that the language of the ordinary is a way of doing philosophy that benefits from cinema. A way of doing philosophy in which Emerson and Thoreau are related by Cavell to the heritage of J.L. Austin and Wittgestein that he follows.

Cavell’s approach is not far from Juan Manuel Burgos’ proposal on experience as the original source of knowledge. What is intended is to rescue the first-person experience on what the viewing of films brings, by means of making good philosophical-filmic texts. Only a philosophical interpellation that values the filmic experience will be able to converse adequately with the films, because it is an adequate way to overcome philosophical skepticism without trivializing it.

In this sixth contribution dedicated to Ruggles of Red Gap, we will continue to analyze the philosophical-filmic text around the following thematic nuclei: a) the turn from the purpose of Ruggles’ dismissal to the unexpected social rise of Mrs. Floud; b) the succession of encounters and misencounters; c) the Gettysburg discourse as a new point of departure; d) the Gettysburg discourse and its effect on the couple relationships of Egbert Floud and Ruggles.

Keywords:

Filmic personalism, Stanley Cavell, Karol Wojtyla, Juan Manuel Burgos, Emerson, Thoreau, Leo McCarey, Charles Laughton, Zasu Pitts, ordinary language, Gettysburg Address, freedom, equality, transcendentalism.

 

Prunella Judson (Zasu Pitts) y Ruggles (Charles Laughton): el buen encuentyro desde la diferencia en Ruggles of Red Gap. Imagen 1

 

1. LA FILOSOFÍA DEL LENGUAJE ORDINARIO Y EL ANÁLISIS FÍLMICO DE STANLEY CAVELL

La filosofía también debe entenderse estéticamente

En esta contribución buscamos continuar con la justificación más adecuada para entender el texto filosófico fílmico, al mismo tiempo que nos proponemos avanzar en la comprensión del propio de Ruggles of Red Gap. En la contribución anterior hemos reflexionado sobre el papel de la experiencia fílmica, principalmente en los escritos de Stanley Cavell y del personalismo integral de Juan Manuel Burgos. Ahora vamos a indagar cómo esa misma experiencia permite una comunicación sin restricciones, no sometida a los corsés de la especialización, por parte de quienes acceden al cine desde una perspectiva filosófica amplia, afín a los casos propuestos.

Para Cavell, en efecto, cotejar filosofía y cine es algo necesario para el interés que tiene en una y en otra. En The World Viewed. Enlarged Edition (Cavell, 1979: 2017) ya había justificado que el cine es inherentemente autorreflexivo, tiene en sí mismo una parte inevitable de ansia de especulación. Así se ve con claridad en el género de la comedia de renovación matrimonial, que realiza un retrato de la conversación filosófica y de sus causas. Si se considera que el cine es una de las bellas artes, Cavell no ve problema en considerar que la filosofía también debe entenderse estéticamente.

Una conversación sobre la libertad y la igualdad

Esta pista de lectura del cine nos permite comprobar que en Ruggles of Red Gap se está haciendo el retrato de la conversación sobre la libertad y la igualdad que está presente en la sociedad americana. De una manera más precisa, se centra este dibujo en el discurso de Gettysburg de Abraham Lincoln. Y lo que aporta de una manera decisiva es una representación acerca de si ese modo de vivir está siendo interiorizado por los que componen el pueblo americano, o tiene el riesgo de haber quedado en un icono ejemplar, alejado de la vida cotidiana. Lo analizaremos con detalle en el texto filosófico fílmico.

Esto nos lleva a entender con claridad que el lenguaje de lo ordinario sea un modo de hacer filosofía que se beneficia del cine. Un modo de hacer filosofía en el que Emerson y Thoreau son relacionados por Cavell con la herencia de J.L. Austin y de Wittgestein que él sigue[1]. Un pasaje de Emerson en The American Scholar resulta profundamente revelador.

“No busco lo grande, lo remoto, lo romántico”

En efecto, en dicho texto Emerson, según el acertado juicio de Cavell, “adopta lo familiar y lo sencillo como objeto de su estudio, su guía, su gurú”. (Cavell 1981: 14; 1999: 25).

No pregunto por lo grande, por lo remoto, por lo romántico; por lo que se hace en Italia o Arabia; qué es el arte griego, o la juglaría provenzal; abrazo lo común, exploro y me siento a los pies de lo familiar, de lo bajo. Dadme una visión de la actualidad y puedo tener los mundos antiguos y futuros. ¿De qué podríamos saber realmente el significado? La comida en el caldero; la leche en la cacerola; la balada en la calle; las noticias del barco; la mirada de los ojos; la forma y el andar del cuerpo; muéstrame la razón última de estos asuntos; muéstrame la sublime presencia de la más alta causa espiritual que acecha, como siempre acecha, en estos suburbios y extremidades de la naturaleza; déjame ver cada minucia erizada de la polaridad que la hace girar instantáneamente sobre una ley eterna; y la tienda, el arado y el libro mayor, referidos a la causa semejante por la que la luz ondula y los poetas cantan; ⎯ y el mundo ya no es una aburrida miscelánea y un trastero, sino que tiene forma y orden; no hay nimiedades; no hay rompecabezas; sino que un diseño une y anima el pináculo más lejano y la trinchera más baja. (Emerson, 1837; 2010a)

“Es una lista que compendia lo que podríamos llamar fisonomía de lo ordinario»

Comenta Stanley Cavell el sentido de esta cita y la vincula a los orígenes de la fotografía y, por tanto, más remotamente, a los del del cine.

… es una lista que compendia lo que podríamos llamar fisonomía de lo ordinario, una forma de lo que Kierkegaard denomina la percepción de lo sublime en lo de cada día. Se trata de una lista elaborada tres o cuatro años antes de que Daguerre exhibiera sus planchas de cobre en París… En una ocasión[2] señalé que Baudelaire, en su elogio del pintor de la vida cotidiana, había tenido una especie de premoción del cine. Aquí me gustaría añadir que sin el modo de percepción que inspirara en Emerson (y en Thoreau) lo cotidiano, lo cercano, lo familiar, uno estaría abocado a la ceguera ante parte de la mejor poesía cinematográfica, ante la sublimidad que encierra. (Cavell 1981: 15; 1999: 25)

Lo ordinario y la experiencia como fuente originaria del conocimiento

Los planteamientos de Cavell no está alejados de la propuesta de Juan Manuel Burgos sobre la experiencia como fuente originaria del conocimiento (Burgos 2021). Ambos planteamientos conducen a una práctica filosófica de revisión de la propia experiencia, como vimos en la contribución anterior. Ahora podemos extender esa apreciación y expresar en leguaje de Cavell que las dos propuestas permiten una conversación sobre lo humano, lo común, lo cotidiano a través del cine.

Si tuviéramos que señalar una diferencia entre ambas aproximaciones la encontraríamos en lo siguiente. La propuesta personalista del profesor Burgos articula adecuadamente entre conocimiento ordinario y experiencia integral/inducción y saberes/ciencia y filosofía… por su parte, la propuesta de Cavell se centra en el papel que realiza la filosofía como una actividad intelectual que no se subordina ni se reduce a la ciencia, que genera una conversación con otras tradiciones filosóficas, pero que, sobre todo, ayuda a vivir con coherencia[3].

La importancia de realizar un buen texto filosófico fílmico

Las consecuencias de esta diferencia de orientación se aprecian en el método de trabajo. La práctica cavelliana pone en relación los textos filosóficos y los fílmicos para seguir haciendo filosofía a través de ellos. La propuesta del personalismo incluye también la reflexión sobre las aportaciones de otras filosofías y teorías fílmicas[4], que en ocasiones se echan de menos en los trabajos de Cavell. En esta pauta de trabajo nos venimos moviendo en nuestras contribuciones sobre filosofía y cine.

Pero como se puede comprobar, la aproximación entre ambas es mayor que la diferencias, pues lo que se pretende es rescatar la experiencia en primera persona sobre lo que aportan los visionados de las películas, por medio de realizar buenos textos filosófico-fílmicos.

Lo importante reside en dejar que las películas puedan expresar el contenido que ellas mismas llevan, y que siguiendo a Julián Marías, supone una sabiduría sobre lo humano (Marías, 2017). Sólo una interpelación filosófica que valore la experiencia fílmica estará en condiciones de conversar de modo adecuado con las películas, porque se trata de un modo adecuado de superar el escepticismo filosófico sin trivializarlo. (Domenach, 2011)

 

2. EL TEXTO FILOSÓFICO DE RUGGLES OF RED GAP (IX): EL GIRO DESDE El PROPÓSITO DE DESPEDIR A RUGGLES AL INESPERADO ENCUMBRAMIENTO SOCIAL DE MRS. FLOUD

“¡No permitiré que me patee un sirviente inglés o lo que sea!”

McCarey va a diseñar una escena muy divertida, marca de la casa, en su afición por la ineluctabilidad de los acontecimientos (Bogdanovich, 2008). Ruggles va a pasar de recibir todo tipo de improperios, a ser de nuevo ensalzado.

La escena muestra en el primer plano a Ma Pettigill, de lado. Está sentada leyendo el periódico local. En segundo plano vemos a Ruggles muy firme flanqueado por su lado izquierdo por Mr. Belknap-Jackson, que se mueve nervioso, y por el derecho a Mrs. Floud que de espaldas a la cámara también da pasos hacia delante y hacia atrás. Al lado de Mrs. Floud se encuentra su hermana, Mrs. Belknap-Jackson. Están comentando la escena con la que cerrábamos la escena anterior: la patada de Mr. Belknap-Jackson a Ruggles que éste le había devuelto.

Mrs. Belknap-Jackson (airado): “¡No permitiré que me patee un sirviente inglés o lo que sea! (dirigiéndose a Mrs. Floud) ¿Vais a seguir alojando al rufián?”

Mrs. Belknap-Jackson (apoyando a su marido): “¡Es un anarquista!”

Mr. Belknap-Jackson (echando más leña al fuego): “¡Es un asesino! (Se escucha una risotada de “Ma” Pettingill mientras sigue leyendo la prensa, lo que su estirado yerno no recibe muy bien) No le veo la gracia, Ma.”

“Ma” Pettingill (en un primer plano, muy segura de sí): “Ya la verás, ya la verás.”

Mrs. (a quien vuelve la cámara para mostrarla con Ruggles y los Belknap, mostrando la altivez con la que se dirige a su progenitora): “Silencio, madre.”

“Tal vez dejé que saliera el bruto que hay dentro de mí”

Mrs. Floud prosigue con su regañina a Ruggles, prolongación de la que ya aconteciera en París. Y vemos que Ruggles se excusa de una manera muy análoga. Ha dejado escapar el bruto que lleva por dentro. Pero esta segunda vez que lo pronuncia transmite menos compunción y más reconciliación con una expresión que, aunque abrupta, tiene algo de indicio de su verdadera personalidad.

Mrs. (afeándole de nuevo su conducta, en este caso por el puntapié: “¿Ruggles, cómo fuiste capaz de hacer eso?”

R. (sin mucho arrepentimiento): “Tal vez dejé que saliera el bruto que hay dentro de mí.”

Mr. (con firmeza): “Mr. Belknap-Jackson tiene razón. (En primer plano “Ma” Pettingill sigue riendo, lo que enfada a su hija, a la que enfoca la cámara) ¿Puedes callarte, madre? (Sigue amonestando al mayordomo). En París, pervertiste a mi pobre esposo…  y ahora atacas a nuestra familia. Ruggles, tendrás que irte.» (Tras haber expuesto su determinación Mr. Belknap-Jackson y Mrs. Floud vuelven a caminar nerviosos).

“¿Quiere decir que seré libre en este asentamiento remoto?”

La respuesta de Ruggles muestra que algo en su interior se está removiendo. Por primera vez hace alusión a la libertad referida a su persona. Se trata de un claro indicio de su deseo de personalización.

R. (con flema). “¿Quiere decir que seré libre en este asentamiento remoto?”

Mr. Belknap-Jackson (saltando indignado): “’¿Asentamiento remoto?’ ¿Ves, Effie? Este hombre es imposible. Será mejor que haga su equipaje de inmediato». (Obedeciendo las instrucciones, Ruggles da media vuelta y emprende el camino hacia la escalera. El plano muestra a los demás de espaldeas, salvo “Ma” Pettingill que se encuentra de medio lado).

Un giro inesperado de los acontecimientos

Una escena que relatábamos en la contribución anterior tiene ahora unas consecuencias inesperadas. El periodista de Red Gap, Jake Henshaw (Clarence Wilson), había entrevistado al “coronel Ruggles”, convencido que era una celebridad. Entusiasmado por hacer un buen reportaje el director del rotativo de Red Gap desarrolla un relato con sus propias aportaciones. Eso es lo que está leyendo “Ma” Pettingill.

“Ma” Pettingill (levantándose de la mecedora): “Un momento, Bill. Antes de que echéis a Bill, será mejor que leáis este artículo.» (Le da el periódico a Mrs. Floud entre carcajadas y se va el fondo de la sala, detrás de los sofás).

Mrs. (lee y comienza a lamentarse): “Oooooh. (Le da la mano buscando el apoyo de Mr. Belknap-Jackson. Se siente en un sofá que hay a sus espaldas. Se siguen escuchando las risas de Ma.) ¡Esto es tan…!”

Mr. Belknap-Jackson (muy alarmado): “¿Qué dice?”

Mrs. “¡Es terrible!” (Plano de Mrs. Floud leyendo, con Mr. Belknap-Jackson a su izquierda, y su hermana a su derecha. Comienza a leer): ‘El coronel Marmaduke Ruggles, retirado del ejército británico, y amigo íntimo del duque de Burnstead es huésped de honor…’ (Ruggles se acerca en un segundo plano. La cámara sigue centrada en Mrs. Floud y los Belknap-Jackson) ¡Mira! Es lo que dice ‘huésped de honor de Mr. y Mrs. Floud’.»

“¡Un desastre, un verdadero desastre social!”

Rápidamente Mr. Belknap-Jackson da su veredicto de fatalidad.

Mr. Belknap-Jackson (sentencioso) “¡Un desastre, un verdadero desastre social!” (El plano muestra a Mr. Belknap-Jackson junto a Mrs. Floud que llora sin control y a su hermana que le acompaña con el gesto despavorido. En el segundo plano, Ruggles permanece impasible)

Mrs. (sigue leyendo): “’Para los entretenimientos se organizan fiestas de señoras de la alta sociedad… (Plano de Ruggles desplazándose hacia la izquierda del espectador. Mrs. Floud intensifica los gemidos, que apenas le permiten pronunciar) … incluyendo a Judy Ballard y a Mrs. Wallaby.»

“Ma” Pettingill (muy divertida, sin aminorar sus risotadas): “Continúa en la página 5.” (Vuelve Ruggles con una bandeja con sales. Pasa a primer plano y se las ofrece a Mrs. Floud).

Mrs. (a Ruggles): “Gracias.” (Y sigue gimoteando. Ruggles pone en una mesa la bandeja de las sales. Mr. Belknap-Jackson pone la mano en la mejilla desolado. Se oye el timbre de la puerta. Mr. Belknap-Jackson toma de las sales de su cuñada.)

“¿Qué más puede suceder?”

McCarey ha conseguido que los acontecimientos cambien por completo las expectativas de los personajes. Mrs. Floud lo reconoce de modo expreso. Su visión de la ineluctabilidad de los acontecimientos de nuevo en la pantalla.

Mrs. (sobrepasada): “¿Qué más puede suceder?”

En el plano se ve caminar a Ruggles hacia la puerta, que es abierta por Libby (Libby Taylor), la sirvienta. Entran tres mujeres. Pronto sabremos que son Judy Ballard (Brenda Fowler), Mrs. Myron Carey (Sarah Edwards) y Miss Sarah Grant.

Judy Ballard (entra en la casa alargando las manos para saludar a Ruggles): “¡Encantada! ¡Usted debe de ser el Coronel Ruggles! Yo soy Judy Ballard. (Plano del sofá. Mrs. Floud se gira para mirar, y los demás pronto le siguen. Mrs. Floud y Mr. Belknap-Jackson intercambian miradas de asombro.) Tenía que conocerle. (El plano vuelve a las tres mujeres y a Ruggles, que se encuentra de espaldas) Le presento a Miss Myron Carey.”

Miss Myron Carey (saludando a Ruggles):”¡Encantada!”

Judy Ballard (continuando con las presentaciones): “Y a Miss. Sarah Grant.”

Miss. Sarah Grant: “¡Encantada!”

Judy Ballard (mientras cogen del brazo ella y Miss Myron Carey a Ruggles): “¡Estaban locas por conocerle!”

“¡Que afortunada por tener un invitado tan distinguido!”

La transformación se ha producido por completo. Ruggles, pasa de estar a punto de ser defenestrado a convertirse en el centro de la envidia social.

Miss Myron Carey (mientras avanza hacia ella, con la seguridad de quienes piensan que su prestigio las hacer ser siempre bienvenidas): “¡Hola, Effie, querida! ¡Que afortunada por tener un invitado tan distinguido!”

Mrs. (en su sitio, haciendo un verdadero rectificado): “Sí, sí.”

Judy Ballard (aduladora). “Esto es lo más notable que haya ocurrido en Red Gap.”

Mrs. (como intentando mostrar empatía): “¡Y a mí también!»

Un plano muestra a “Ma” Pettingill riéndose a gusto mientras sube las escaleras. Puede resultar no forzado ver en ella, en su modo de reaccionar un trasunto en la pantalla del propio sentir de McCarey.

Un relato muy del gusto de la que pretende ser la alta sociedad de Red Gap

Las escenas que se suceden a continuación muestran lo fácil que es mantener una situación falsa si se dan ciertas condiciones. En efecto, McCarey muestra cómo el periodista Jake Henshaw ha tejido un relato muy del gusto de la que pretende ser la alta sociedad de Red Gap. Y esa necesidad de sentirse superiores disminuye drásticamente el sentido crítico de los notables. A todos les conviene decir que está viviendo un momento excepcional.

Vemos a Ruggles en el centro del plano y junto a él a Mrs. Floud, rodeados de las mujeres de la mejor sociedad de Red Gap.

Mrs. (a una de las mujeres que se destaca): “Mrs. Wallaby, nuestro viejo amigo el coronel Marmaduke Ruggles del ejército británico”.

Mrs. Wallaby (Augusta Anderson): “Me moría por conocerle, coronel.”

R. (con gesto divertido): “Encantado.”

Mrs. Wallaby (haciendo una pregunta normal pero comprometedora, dado el caso). “Cuál era su regimiento?”

“¡Que se vea a todo el mundo feliz!”

Una vez más el periodista va a actuar a favor de su propio relato. Va a evitar que la ausencia de respuesta de Ruggles pudiera dar que pensar. Con naturalidad los acontecimientos se van desarrollando como profecía que se cumple a ellas mismas. Un personaje los va dirigiendo, el periodista Jake Henshaw. Otro los registra, el fotógrafo (Harry Bowen).

Jake Henshaw (que irrumpe desde fondo, librando a Ruggles de tener que contestar): “Ya estamos listos para la foto. Colóquense en sus lugares (Todos se dan media vuelta y caminan hacia donde está enfocando una gran cámara de pie). Tan rápido como puedan. ¡Que se vea a todo el mundo feliz! Coronel, frente a la mesa. (Le señala una mesilla baja que hay en el centro y que permite ordenar la disposición de todos los que salen en la foto. En primer término del plano se ve a un fotógrafo con una cámara de pie) Miren todos al coronel y sonrían”

Los ajustes para que todos efectivamente aparezcan felices

La felicidad de apariencia que busca Jake Henshaw requiere de muchos retoques. El periodista aparece como un verdadero constructor de ese aparente mundo feliz. McCarey subraya adecuadamente su carácter falso y forzado.

Voz de Jake Henshaw (el plano es ahora de Ruggles entre Mrs. Floud y Mrs. Wallaby) Coronel, relájese un poco. (Ruggles dobla un poco las rodillas). ¡No, el rostro! Ahora, sonría (A la dueña de la casa) Mrs. Floud, mire al coronel y sonría. (La cámara se acerca a ellos y se comprueba el rictus forzado de Mrs. Floud. Jake Heshaw se lo hace ver a Mrs. Floud). ¿Una sonrisa mejor? (El plano muestra que ella la amplia un poco, ante el gesto de contención de Ruggles y la sonrisa franca de Mrs. Wallaby al otro lado) Coronel, mire a Mrs. Floud. Mrs. Floud al Coronel. ¡Una gran sonrisa!¡Bien grande! Eso es (Han dilatado la sonrisa y el reflejo del flash hace ver que la foto por fin se ha hecho).

Una escena muda muy elocuente

McCarey intercala una escena muda que muestra cómo al rey de las apariencias, Mr. Belknap-Jackson, la ficción de que Ruggles sea “un coronel retirado”, “un huésped de honor para los Floud” le resulta cada vez más gravosa. Se le ve que ha acudido a recoger el correo. El plano muestra que las cartas son cuantiosas, pero ninguna para él y todas para Ruggles. Las deja con rabia, dando un sonoro golpe, en la mesilla.

La tensión entre Mr. Belknap-Jackson y Ruggles es otro vector que dinamiza la película. En cierto modo ambos estarán llamados a competir por la mejora de las costumbres en Red Gap. Pero mientras el primero lo hará desde una perspectiva de supremacía y prestigio, Ruggles acabará convencido de que los valores americanos y los valores británicos pueden y deben conjugarse para mejorar la convivencia. Suscribe el principio que nuestro tiempo Martha Nussbaum ha descrito como que “no hay nada negativo en que unas culturas aprendan de otras” (Nussbaum, 2015: 125).

El choque es inevitable: Ruggles desmiente más con sus hechos que con sus palabras las maniobras de Mr. Belknap-Jackson.

“¿No les gustaría conocer algunas de las experiencias militares del coronel Ruggles?”

La siguiente escena muestra una cena de homenaje a Ruggles en casa de una de las damas de la alta sociedad, Judy Ballard. Una mesa oblonga presidida por la anfitriona muestra a su derecha a Ruggles y a continuación a Mrs. Floud, y enfrente a Mr. Belknap-Jackson.

Judy Ballard (de pie, alzando la copa): “Les propongo un brindis, a la salud de nuestro invitado de honor, el coronel Marmaduke Ruggles. (El plano muestra a Ruggles, Mrs. Floud y Mr. Belknap-Jackson, todos ellos con gestos de saber estar) ¿No les gustaría conocer algunas de las experiencias militares del coronel Ruggles?”

R. (con habilidad): “¡No! No podría hablar sobre mis experiencias.”

Judy Ballard (atribuyendo a Mrs. Floud un ascendiente sobre él que el espectador sabe que no tiene): “¡Effie, haz que hable!”

Mrs. (mostrando por el contrario una gran torpeza en su intento de disimular): “No, en serio, el coronel ha estado muchos años en el África negra. Estuvo al cuidado de negros, ¿verdad, coronel?” (Ruggles corresponde con un gesto inexpresivo, y se produce un fundido).

La alusión a la población africana y a su color de piel muestra un nuevo apunte por parte de McCarey. La frivolidad con que Mrs. Floud ha introducido el tema hace ver hasta qué punto la igualdad entre todos los seres humanos más allá de etnias y razas era una cuestión pendiente en la sociedad estadounidense -que lo sigue siendo, y, no sólo en Estados Unidos (De Lucas, 2020)-.

 

3. EL TEXTO FILOSÓFICO FÍLMICO DE RUGGLES OF RED GAP (XII): LA SUCESIÓN DE ENCUENTROS Y DESENCUENTROS

Prunella Judson y Ruggles, el mundo ordinario como lugar de encuentro en Ruggles of Red Gap. Imagen 2

Los avances con Prunella Judson frente al enfrentamiento con Mr. Belknap-Jackson

Las escenas de falsedad y fingimiento que han acompañado a la presentación de Ruggles como si se tratara de un coronel retirado van a tener ahora un declarado contrapunto. Ruggles va a visitar a Prunella Judson en su casa, que aparece cuidada, encantadora, con una clara sensibilidad femenina. En el curso de la visita se van a ir estrechando sus lazos de una manera sutil, lo que contrasta a su vez con la relación cada vez más tensa y opuesta que tiene con Mr. Belknap-Jackson.

El encuentro con Prunella también servirá para mostrar la posibilidad de conjugar la cultura inglesa y americana, simbolizando respectivamente cada una como “cultura del té” y “cultura del café”. Algo sólo posible en la medida en que el encuentro se produce en lo cotidiano, en lo ordinario, en una casa, en su jardín y en su cocina, alejados de la realidad de diseño para exhibir y fotografiar a la que aspiran Mr. Belknap-Jackson y Mrs. Floud, siguiendo los dictados de la prensa social y de las damas influyentes.

Lo que vemos a continuación muestras a las claras, una vez más, el acierto de McCarey en su dirección de actrices y actores. El personaje de Zasu Pitts complementa a las mil maravillas el de Charles Laughton, y ambos salen potenciados de su interacción. Prunella Judson sigue apareciendo, como en la contribución anterior, como una mujer libre y decidida que actúa con su propio criterio. Al mismo tiempo, el gusto por la cocina de Ruggles sirve para romper estereotipos de división del trabajo en el hogar, y, por tanto, para facilitar una complementariedad más libre y creativa (Burgos, 2011)

“Ese vestido estampado le sienta muy bien”

Vemos a Ruggles con atuendo de jinete británico que va cabalgando y se detiene ante un jardín. Del mismo emerge Prunella Judson, que estaba agachada, y se levanta para saludar. Se ven plantas y flores muy cuidadas. Un plano nos muestra a Prunella de espaldas y a Ruggles que se quita el sombrero para saludar.

Prunella Judson: “¡Coronel Ruggles!”

R.: “Buenas tardes, Mrs. Judson”. (Baja con dificultad del caballo. Como se ha detenido en una valla lateral, avanza hacia la parte frontal donde está la puerta. Antes de llegar a la entrada se encuentra con Prunella, hacia la que tiene un comentario galante): “Ese vestido estampado le sienta muy bien.”.

Prunella Judson (en un plano en el que Ruggles está de espaldas y ella adopta una actitud entre tímida y halagada: “Oh, ¿Le gusta?”

R.: “¡Oh, sí! (siguiendo con su tono admirativo) ¡Qué jardín tan bonito tiene!”

Prunella Judson (muy respetuosa, pero ilusionada): “¿Sería demasiada confianza invitarle a tomar el té?”

R. (muy contento): “¡Claro que no!”

“Él nunca ha visto un cowboy inglés”

Vemos a Ruggles que, animado por la invitación, con algo de euforia, intenta saltar la valla para entrar. No se decide porque no le resulta fácil. Camina hacia la izquierda del espectador hacia la puerta. Abre decidido. Un breve fundido muestra que a continuación entran en la vivienda. Allí un perro pequeño comienza a no darle la bienvenida, sino a molestarle.

R. (retrocediendo algo asustado): “Aaah”

Prunella Judson (recriminando al can): “¡Buck! ¡Ven aquí! Fuera. (Prunella lleva en las manos una pala de jardín. La mueve con nerviosismo. Excusa al perro de una manera original) Lo siento mucho. Él nunca ha visto un cowboy inglés”.

R. (extrañado del cumplido indirecto):”¿Cowboy?”

En la novela (Wilson, 2013) que sirve de base al guion, el cuadro familiar de Prunella Judson varía levemente: tiene un hijo y el perro es amable con Ruggles. Aquí no hay presencia de ningún descendiente de la viuda, lo que permite a McCarey centrarse en la relación de tú a tú entre ambos personajes, sin interferencias. Que el perro hostigue levemente a Ruggles, casa mejor con el personaje creado por Charles Laughton. Permite mostrar una vez más la rigidez que habrá de saber trasformar el mayordomo.

“¡Debo decir que su hogar es muy hermoso!”

Salvado el incidente del perro, Ruggles reanuda el cortejo sutil que está ejerciendo sobre Prunella.

R. (dando una mirada circular al entorno: “¡Debo decir que su hogar es muy hermoso!”-conviene recordar que no fue esa su reacción cuando entró en la mansión de los Floyd, a pesar de ser grandiosa-.

Prunella Judson (muy orgullosa). “Yo misma lo decoré todo.”

R. (cortés): “¿Sí?” (Sigue caminando por el salón y se detiene ante una pecera) ¡Peces de colores! Siempre he sentido una gran satisfacción con su silenciosa compañía.

Prunella Judson (un tanto sorprendida por el comentario tan trascendente): “¿Sí?»

“Lo pateó su mula favorita y nunca se recuperó”

A continuación se nos va a presentar quien fuera el marido de Prunella Judson. Hay un contraste entre lo que se ve en el retrato (un personaje acicalado) y que su fin viniera por una coz de su mula favorita. Podemos pensar que una vez más la fotografía hace presente una realidad deseada según la cual se posa, pero no la verdadera cotidianidad.

R. (mirando hacia la pared de enfrente) “¡Qué gracioso! ¿Quién es?” (la cámara muestra al caballero de porte más bien atildado).

Prunella Judson (con mucha naturalidad): “Era Elmo (Plano de los dos mirando la fotografía), Mr. Judson. Lo pateó su mula favorita y nunca se recuperó. Coronel, quiere disculparme mientras voy a poner agua para el té. (Camina hacia el fondo del salón, hacia la cocina)

R.: “¿Puedo ayudarla?” (Antes de ir hacia la cocina, se detiene a reparar mejor en el retrato de Elmo, quizás como comparándose con él. Camina con pasos muy animaos -casi saltitos).

“¡Oh, no! Los hombres no saben qué hacer en la cocina”

La presencia de Ruggles en la cocina va a ser un claro ejercicio de la igualdad y la complementariedad desde la diferencia. Mujeres y hombres pueden guisar, sin que ello sea propio de ellas. Los estadounidenses pueden aprender de los americanos y viceversa. La cámara nos muestra cómo entra Ruggles en la cocina, situándolo en el primer plano, con Prunella en segundo término.

Prunella Judson (calentando algo en el fuego): “Hace mucho calor”

R.: “¿Puedo ayudarla en algo?”

Prunella Judson: “¡Oh, no! Los hombres no saben qué hacer en la cocina.” (Va hacia un lado para bajar los utensilios de cocina desde una estantería hasta la mesa, donde los pone. Toma del fuego el hervidor y lo acerca a la tetera).

R. (con determinación): “¡Oh, no! Siempre se lleva la tetera al hervidor, y nunca al revés.”

Prunella Judson (resistiéndose a la corrección): “Coronel, hago té desde que tengo memoria…”

R. (al mismo tiempo firme y delicado): “No lo dudo, pero debe escuchar a un inglés cuando se trata del té. Si fuera café, yo sería su alumno, pero estamos haciendo té. Y siempre se lleva la tetera al hervidor y no a la inversa.”

“Yo mismo tengo clara vocación para preparar la comida”

La conversación va a derivar hacia algo decisivo para el desarrollo de la personalidad de Ruggles. Su vocación de cocinero puede suministrarle esa “capacidad” (Nussbaum, 2015) que le permita desarrollar su propio programa de vida.

Prunella Judson (admirada): “Coronel, su conocimiento es sorprendente.”

R. (muy seguro): “No veo de qué se sorprende. Los mejores cocineros siempre son hombres. (Plano de Ruggles sonriendo) Yo mismo tengo clara vocación para preparar la comida.”

Prunella Judson. “¿Ah, sí?”

R.: “Sí”.

Prunella Judson (indicándolo con el dedo en otro gesto característico): “¿Sabe hacer algo rico que quede bien con el té?”

“Me resulta difícil explicar la intensa satisfacción que me proporciona cocinar”

Uno de los puntos de encuentro entre el enfoque de las capacidades de Martha Nussbaum (Nussbaum 2015, 2017) y el personalismo integral de Karl Wojtyla (Wojtyla, 2017) y Juan Manuel Burgos (Burgos, 2017) lo constituye la revelación de la persona a través del desarrollo de sus capacidades o de su acción. Comenzar a guisar en la cocina de Prunella permite a Ruggles manifestarse como es.

R. (muy animado con la propuesta): “Sí, sí. Los ingredientes son simples. ¿Tiene usted harina?”

Prunella Judson (asombrada porque cree que es un militar, no un mayordomo): “De verdad, Coronel”

R.: “¡Claro! (Va hacia la puerta de la cocina y se quita la chaqueta)  Necesito harina, mantequilla, leche y sal.” (Cuelga la chaqueta en un gancho)

Voz de Prunella Judson: “Se le ve tan cómodo en la cocina”. (un plano muy próximo muestra a Ruggles extendiendo el delantal junto a ella ordenando la mesa. Sin duda conlleva un tipo de intimidad)”

R.: “Me resulta difícil explicar la intensa satisfacción que me proporciona cocinar.”

Prunella Judson (creyendo encontrar un paralelismo es te este placer y el de la contemplación de la pecera): “¡Como los peces!”

“Usted debería abrir un restaurante”

La culminación de la escena dará lugar a una indicación de Prunella decisiva para Ruggles.

R. (un poco confundido por la asociación que ha hecho la viuda Judson) “No, no” (Un fundido rápido muestra en el plano siguiente a Ruggles metiendo la bandeja en el horno, bajo la mirada atenta de Prunella)

Prunella Judson (admirativa): “¡Coronel! ¿Me escribirá esta receta?”

R. (feliz): “Nada me daría tanto placer.”

Prunella Judson (abriéndole horizontes): “Usted debería abrir un restaurante.” (Ruggles abre la puerta de la cocina y sale al jardín para sacudirse la harina del delantal. Buck, el perro, aprovecha para entrar)

R. (asustado, da una vuelta por la mesa de la cocina perseguido por el can): “Aaah”

Prunella Judson. “¡Vete de aquí! ¡Fuera!”

Los mimbres de una pareja

La escena muestra que entre Ruggles y Prunella Judson se está fraguando una relación de pareja adulta. No exactamente lo que plantea Stanley Cavell con la renovación matrimonial (Cavell, 1981), pues no ha habido un matrimonio previo, ni siquiera una relación. Pero dada la edad de los personajes -Charles Laughton tendría unos 36 años y Zasu Pitts unos 41- sí que existe analogía en lo que las parejas de estas comedias expresan de madurez, lo que les hace merecedoras del calificativo de “comedias de la igualdad”.

Lo que les aproxima es la posibilidad de compartir un mundo ordinario, un hogar, una actividad compartida…  (Cavell 1981; 1999) en el mutuo respeto de dejar de ser el otro quién es. Esto se verá favorecido cuando Prunella descubra que Ruggles no es un coronel retirado, sino un humilde mayordomo.

La conspiración de Mr. Belknap-Jackson contra Ruggles

De nuevo McCarey va a hacer pasar al personaje de Ruggles de la experiencia de encuentro personal y felicidad que experimenta con Prunella Judson, a la aversión que Mr. Belknap-Jackson experimenta contra él. En la contribución anterior considerábamos como el cuñado de Mrs. Floud arrancaba a Ruggles de la situación feliz de estar bailando con la viuda Judson. Ahora lo hemos visto sintiéndose alguien digno, que comparte momentos de intimidad con una mujer que parece significar algo en su vida. Lo captamos a continuación leyendo tranquilamente en casa de los Floud, cuando Mr. Belknap-Jackson lanza contra él todo su veneno.

El plano muestra a Mr. Belknap-Jackson que mira con disimulo desde un ventanal, apartando levemente el visillo. Quiere ver cómo Mr. Floud y “Ma” Pettingill dejan la casa. De este modo Ruggles se quedaría sin sus valedores.

Mr. (mientras se asegura del equipaje que ha subido a un carruaje, en el que también se encuentra “Ma” Pettingill, habla con uno de sus empleados): “Vamos a descansar unos días. A alejarnos un poco de todo.”

Empleado (de espaldas a la cámara): “¿Con Ma?”

Voz de “Ma” Pettingill: “Esa es la idea.”

Empleado: “¡Está bien!”

Mr. (riendo, mientras arranca): “¡Vámonos!»

“¿Lo está pasando bien?”

El plano siguiente muestra a Mr. Belknap-Jackson en el mismo ventanal. Suelta el visillo, pues ya ha comprobado lo que quería ver. Ahora medita su acción. Como en otras ocasiones, va vestido de casa, con una elegante bata. Camina hacia Ruggles.

Plano de Ruggles que lee cómodamente, sentado en un confortable sillón orejero, mientras fuma en pipa. Mr. Belknap-Jackson se le acerca por detrás. Antes de que hable, McCarey ya ha presentado visualmente que algo ha tramado contra el mayordomo tenido por coronel.

Mr. Belknap-Jackson (con irónica familiaridad, como ya hiciera cuando se aproximó a la casa de Nell Kenner, cuando Ruggles bailada con Prunella Judson): “¿Lo está pasando bien?”

R. (muy educado): “Si, señor. Gracias. (A continuación se levanta) Me he tomado la libertad de leer la vida de sus presidentes. (A Mr. Belknap-Jackson, que tiene gestos animados mientras camina de un lado a otro) Parece estar de buen humor”.

“¡Es un placer decirle que esto ha terminado!”

Mr. Belknap-Jackson le asesta el golpe, algo que el espectador intuía que podía pasar desde la escena muda con las cartas dirigidas al Coronel Ruggles.

Mr. Belknap-Jackson (con aires de victoria): “Lo estoy.  ¡Es un placer decirle que esto ha terminado!” (Le entrega un papel. Vemos un plano de Ruggles con gesto desencantado)

R.: “¿Dice que…?”

Mr. Belknap-Jackson (triunfal): “¡Está despedido! Mrs. Floud me dijo que le diera dinero para el billete a San Francisco.”

R. (en un plano, completamente compungido): “Sí, señor.”

Mr. Belknap-Jackson (imperativo): “El tren sale a mediodía. No llegue tarde.”

R. (aturdido): “¿Qué? Ah, el tren. Sí, señor. (El plano muestra a Ruggles de espaldas y a Mr. Belknap-Jackson apoyado en el orejero. Ruggles camina hacia el arco que divide esta habitación de la contigua. Se despide). Adiós, señor.”

 

4. EL TEXTO FILOSÓFICO FÍLMICO DE RUGGLES OF RED GAP XIII): EL DISCURSO DE GETTYSBURG COMO NUEVO PUNTO DE PARTIDA

Un nuevo punto de partida

De nuevo la ineluctabilidad de los acontecimientos se hace presente. Ruggles se siente desolado por la agresiva actitud de Mr. Belknap-Jackson disfrazada por sus buenas formas. Pero en el fondo sabe que por fin se le abre un nuevo punto de partida para poder ser él mismo. Se ve a Ruggles caminando con dos maletas, camino de la estación. Va abrigado y se nota el viento. Si en las escenas iniciales estábamos en la primavera parisina, ahora parece que estamos en un tiempo otoñal. Llega a la estación del tren.

R. (al Agente de la Estación de Tren): “¿Llega con retraso?”

Agente (Frank O’Connor. Está haciendo anotaciones en la pizarra de la estación): “Sí”.

R.: “¿Puede decirme algún sitio dónde comer que no sea muy caro?”

Agente: “Vaya al Dólar de Plata. Hoy es el día de la comida gratis.”

R.: “Gracias. ¿Podría dejar aquí mi equipaje?”

Agente: “Déjelo ahí. Yo lo vigilaré.”

R.: “Gracias.” (El agente lo mira extrañado -¿el coronel se va y pide comer barato?-. Ruggles camina hacia el Saloon.)

Los saludos afectuosos hacia el coronel

Ruggles entra temeroso en el Saloon. Cruza y se ve extraño ante la gente que lo mira. Puede que sea la primera vez que entra por sí solo en un local así. Pero pronto encuentra saludos afectuosos. En primer lugar por parte del dueño, Sam (Dell Henderson), que se da cuenta de su presencia y lo saluda antes de que él llegue a la barra.

Sam (efusivo): “¡Hola, Coronel!”

R.: “¿Cómo está?”

Sam: “¿Qué va a tomar?”

R.: “Un vaso pequeño de cerveza”

Sam (poco acostumbrado a esa petición): “¿Pequeño, eh?”

En la barra están dos vaqueros, Hank Adams (Frank Rice) y Curly (Victor Potel). También quieren saludarle con aprecio.

“En perfecta salud. Gracias”

El temor con el que Ruggles ha entrado en el Saloon de Sam se ve desmentido por la cálida acogida de quienes fueron presentado en casa de Nell Kenner como amigos de Egbert Floud.

Hank Adams: “Hola, Coronel.” (por detrás suyo, vemos como Curly se estira para ver a Ruggles).

R. (comedido): “¿Cómo está?”

Otro vaquero: “Hola, Coronel”

R. (igualmente contenido): “¿Cómo está?”

Hank Adams (intentando entablar conversación): “¿Cómo va todo?”

R. (educado pero poco comunicativo): “En perfecta salud. Gracias” (Ruggles necesitará convencerse de que su amistad no es una cortesía fingida como la de Mr. Belknap-Jackson).

El reencuentro con Mrs. Floud y “Ma” Pettingill

De nuevo un acontecimiento inesperado cambiará radicalmente la situación. Ruggles -como Mr. Belknap-Jackson- pensaba que Mr. Floud y “Ma” Pettingill habían abandonado ya Red Gap. Pero no es así.

T. (a Sam): “No me vendría mal comer algo.”

Sam (convencido): “Hoy tenemos un menú muy bueno. Venga por aquí. (le señala el otro extremo de la barra hacia el que Sam se encamina. Ruggles también. En el trayecto sigue recibiendo saludos afectuosos de otros cowboys) Unas buenas patas de cerdo. (Sam lo dice señalando unos platos que hay en unos mostradores de cristal. Ruggles los ve, y no le atraen lo más mínimo).

Mr. (habla desde una mesa al fondo del plano, a través del arco que separa el salón principal con lo que parece un pequeño reservado -donde puede beber “Ma” Pettingill con más libertad-): “¡Eh, Bill! Mira, Ma. Es Bill. Ven aquí, lobo solitario. (Ruggles camina hacia ellos con tristeza. Plano de Mr. Floud y “Ma” Pettingill que están bebiendo). ¿Tratabas de pasar desapercibido?”

“Ma” Pettingill (mientras fuma y se ladea el sombrero): “Hola, Bill”.

“Esto es muy incómodo”

Mr. Floud desarrolla una cordialidad con Ruggles, que contrasta con la noticia que Mr. Belknap-Jackson le acaba de comunicar, por lo que se encuentra desazonado.

Mr. (despejando una silla): “Siéntate, siéntate”.

R. (serio, todavía de pie): “Pensé que estaría viajando, señor.”

“Ma” Pettingill: “Nos detuvimos para echar un trago. Siéntate.”

R. (sin sentarse): “Esto es muy incómodo.”

“Ma” Pettingill: “¿De qué está hablando?”

Mr.: “No lo sé.”

“Ma” Pettingill: “¿Ha bebido?”

Mr. (confirmando que lo de París fue algo inusual): “¿Él? No.”

“Quisiera decirles que les aprecio mucho a los dos”

Ruggles ya no puede no mostrar sus sentimientos. Un paso más en su personalización.

R.: “Quisiera decirles que les aprecio mucho a los dos.” (El plano muestra a Mr. Floud encendiendo la pipa junto a “Ma” Pettingill)

“Ma” Pettingill: “¡Está loco!”

Mr.: “¡No, no! (A Ruggles) Vamos, relájate, Bill. ¿Qué te ocurre?” (Plano de “Ma” Pettingill y Mr. Floud sentados. Ruggles le da el papel que le ha entregado Mr. Belknap-Jackson unos momentos antes). Sí. ¿Qué es eso? (Lee) ‘… ya no se requieren sus servicios…’ Belknap-Jackson… ¡Le cortaré la tráquea!”

“Ma” Pettingill (también indignada): “¡Coyote escurridizo!”

Mr. (con agudeza mordaz): “Bill, ¡no te despediríamos ni aunque te parecieses a él!”

“No podían hacerme más feliz”

Ahora el plano muestra el cambio interior de Ruggles. Lo muestra sonriendo, con gesto de felicidad.

R.: “No podían hacerme más feliz.” (Se acerca a ellos, y les da la mano para sentarse)

Al fondo del plano aparece Prunella Judson, que ha entrado por una puerta que da directamente al reservado. Su presencia será determinante, avanzando en el sentido de lo que compartió con Ruggles en su casa.

“Ma” Pettingill (con relación a lo que ha señalado Ruggles de que no puede ser más feliz): “¡Claro que puedes! Toma, bebe esto.” (Le acerca un vaso)

Mr. (mientras le acerca otro vaso): “Y prueba con esto. Ese Belknap no es más que un presumido de Boston. ¿Tú trabajas para mí, no es cierto?”

“¡Es una noticia maravillosa!”

Entra en acción Prunella Judson. Pide unas aclaraciones que van a poner de relieve que la felicidad en la pareja está en función de que se trate de una relación de mutuo reconocimiento verdaderamente igualitaria.

Prunella Judson (que ha avanzado hasta quedarse de pie detrás de la mesa. Lleva una botella vacía): “Perdonen. No he podido dejar de escuchar. ¡Pero no comprendo!” (Al verla, Ruggles se levanta).

Mr.: “Cuéntaselo tú, Ma.”

“Ma” Pettingill (a Prunella Judson): “Ven y siéntate.” (Prunella se sienta junto a Ma, aunque su mirada sigue puesta sobre Ruggles. Fuera de campo se produce la conversación breve entre las dos mujeres)

Prunella Judson (impactada): “¡No!”

“Ma” Pettingill: “Así es.”

Prunella Judson (muy contenta): “Entonces es sólo… ¡Es una noticia maravillosa!” (Vemos a Prunella y a Ruggles estrechándose las manos como si se saludasen -y reconociesen- por primera vez)

“Ma” Pettingill (a Prunella): “¡Toma un trago!”

Prunella Judson (contenida y educada): “No, vine sólo a buscar un jerez para cocinar”.

“No deseo seguir como sirviente, señor. Quiero hacer algo mío. Quiero pararme con mis propios pies”

Llegamos a uno de los momentos críticos de la película, el primero que de manera expresa Ruggles muestra su deseo de ser libre. La presencia de Prunella no parece un dato menor.

Mr. (revocando la determinación de Mr. Belknap-Jackson): “Vamos a hacer esto…Tomamos un trago más y volvemos a casa con Bill. ¿Qué os parece?”

R. (con un primer plano): “No, señor. Preferiría que no”.

Voz de Mr.: “¿Por qué no?»

R. (con toda su persona en lo que dice): “Bueno, no puedo seguir simulando ser otra persona, y.… no deseo seguir como sirviente, señor. Quiero hacer algo mío. (Plano de Ma y de Prunella que escuchan muy atentas) Quiero pararme con mis propios pies. (Plano de Mr. Floud) Es una tierra de grandes oportunidades… dónde todos son iguales (de nuevo con plano de Ruggles).

Mr. (entusiasmado). “¡Eso es lo que traté de…! ¡Ahora sí estás hablando!»

“Como dijo Lincoln en Gettysburg… Dio en el clavo cuando dijo… ¿Qué es lo que dijo?”

Un momento tan solemne, McCarey lo sabe aderezar con una nota excelente de buen humor. El entusiasmo de Mr. Floud le lleva a citar a Lincoln en Gettysburg[5], pero no sabe recordarlo.

Mr.: “Como dijo Lincoln en Gettysburg… Dio en el clavo cuando dijo…»

Ma: “¿Qué es lo que dijo?”

Mr.: “Es gracioso, te iba a preguntar lo mismo. ¿Qué dijo?”

“Ma” Pettingill. “No lo sé”.

Prunella Judson: “No lo sé”

Mr. (a Sam, que el plano nos lo muestra de espaldas mirando a Ruggles, Mr. Floud, Ma y Prunella que están al fondo): “¡Sam! ¿Qué dijo Lincoln en Gettysburg?”

Sam: “No lo sé, pero lo averiguaré.”

¿Qué dijo Lincoln, en Gettysburg?

La pregunta se va extendiendo por todo el salón sin obtener respuesta. El discurso de Gettysburg se aprendía en las escuelas de los Estados Unidos en muchos territorios. Saberlo o no saberlo era casi una seña de identidad. Por eso, que la pregunta no tenga respuesta parece un aviso de McCarey acerca de que si no se mantiene la memoria de los valores fundamentales que unen a un pueblo, esos mismos valores pueden quedar desvirtuados.

Sam (en primer plano caminando hacia la derecha de la barra, le pregunta a un vaquero que está comiendo): “¿Qué dijo Lincoln, en Gettysburg? (El cowboy balbucea que no lo sabe. A continuación pregunta a su camarero que está junto a él tras la barra) Harry, ¿Qué dijo Lincoln, en Gettysburg?”

Harry (Harry Bernard): “No lo sé, jefe.”

Sam (que ve a Hank Adams y a Curly frente a la barra): “Curly, ¿qué dijo Lincoln en Gettysburg?”

Curly: “No lo recuerdo. Pregunta a Hank. Él lee los periódicos.”

Sam (a Hank Adams): “¿Qué dijo, Hank?”

Hank Adams: “No lo sé.”

Sam (por las otras personas en el Saloon): “Preguntadles a los muchachos, queréis?”

Hank Adams y Curly: “Claro.” (Y se van a preguntar a las mesas)

“No lo sé. No estuve allí”

Sam, avergonzado, extrema su celo en conseguir la información sobre lo que dijo Lincoln en Gettysburg.

Sam (caminando cabizbajo): “Averígualo por mí, Harry.”

Harry: “Claro”. (Camina hacia las mesas con dos jarras de cerveza en la mano. Ve un vaquero que duerme apoyado en la columna sobre las patas traseras de una silla. Le pregunta) ¿Qué dijo Lincoln, en Gettysburg?”

Vaquero dormido (Jim Corey, sin implicarse): “No lo sé. No estuve allí.”

Harry (a los clientes a los que acaba de servir las jarras de cerveza): “¿Qué dijo Lincoln, en Gettysburg?”

Cliente: “No lo sé. ¿Qué dijo?”

Harry (enfadado): “Soy yo quién te lo pregunta a ti. (Regresa a la barra y pasa junto al vaquero que duerme apoyado en la columna. Le dice) Con que no estuviste allí… » (Le da un puntapié a las patas de apoyo, que le hace caerse).

“¡Qué buen grupo de americanos!”

Harry vuelve donde Sam, que está junto a Hank Adams y Curly.

Sam: “¿Lo has averiguado?”

Hank Adams: “¡Nadie lo sabe!”

Harry: “Ni uno solo lo sabe.”

Sam (abochornado, con un plano en el que salen los cuatro): “¡Qué buen grupo de americanos!”

La cámara vuelve con Mr. Floud y Ruggles.

Mr.: “Es gracioso.” (Ruggles, de perfil, comienza a musitar el discurso de Gettysburg. Mr. Floud lo mira de reojo, deja caer su pipa, y le pregunta asombrado.) ¿Qué pasa? Bill, no me digas que tú lo sabes.

“Ma” Pettingill:”¿Cómo es, Bill?”

Discurso de Gettysburg
Ruggles comienza a recitar el discurso de Gettysburg. La dicción de Charles Laughton consigue un pasaje memorable en Ruggles of Red Gap. Imagen 3

El recitado espectacular del discurso de Gettysburg por parte de Charles Laughton y también de los gestos de los demás actores: “una nueva nación concebida en la libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales”

La expectativa ha sido creada. McCarey deja que Charles Laughton en su papel de Ruggles recite de manera memorable las palabras de Lincoln. Y las va subrayando con planos y gestos de los demás actores. Lo verbal y lo visual se conjugan de manera admirable.

R. (enfático, solemne): «Hace 87 años (Mr. Floud mira asombrado hacia Ma)… nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales.

(Plano de Mr. Floud, Ma y Prunella que escuchan con plena absorción): Ahora estamos envueltos en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación… o cualquier nación así concebida o consagrada… pueda perdurar en el tiempo.

(Plano de Harry, Curly, Han y Sam muy atentos. Se ve cómo Sam y Harry se acercan a Ruggles) Nos hemos reunido en un gran campo de batalla de esta guerra. Hemos venido para consagrar una porción de este campo como último lugar de descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación pudiera vivir.»

“Somos, más bien nosotros, los vivos los que debemos consagrarnos aquí a la tarea inconclusa que, aquellos que aquí lucharon, hicieron avanzar tanto y tan noblemente”

El clima de silencio expectante en torno a la pronunciación de Ruggles está plenamente logrado por McCarey. Sam y Harry llegan al final de la barra. Se van sumando, a modo de coro silente, todos los demás vaqueros.

R.: “Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa. Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar no podemos consagrar, no podemos santificar este campo. (Un plano muestra cómo todos los que estaban en el Saloon ahora se han acercado a escuchar al ambiente del reservado, dejando vacías la barra y las mesas). Los valientes, hombres vivos y muertos que lucharon aquí lo han consagrado ya muy por encima de nuestro pobre poder de añadir o restarle algo.

El mundo apenas advertirá y no recordará por mucho tiempo lo que aquí decimos, (Ruggles se pone de pie, de espaldas, delante de los cowboys que aparecen en el plano) pero no podrá olvidar lo que ellos hicieron aquí.

(Primer plano de Ruggles) Somos, más bien nosotros, los vivos los que debemos consagrarnos aquí a la tarea inconclusa que, aquellos que aquí lucharon, hicieron avanzar tanto y tan noblemente.»

“Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no desaparecerá de la tierra”

La emoción sube en las frases conclusivas del discurso.

R. (plano de los vaqueros que han venido de las mesas del Saloon escuchando atentamente): “Somos más bien los vivos los que debemos consagrarnos aquí a la gran tarea que aún resta ante nosotros: (Plano de Hank y otros vaqueros) que, de estos muertos a los que honramos tomemos una devoción incrementada a la causa por la que ellos dieron hasta la última medida de celo. (Plano de Mr. Floud con la boca abiertas) Que resolvamos aquí, firmemente, que estos muertos no habrán dado su vida en vano.

(Plano de Sam muy atento y detrás de él Harry) Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. (Primer plano de Ruggles) Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no desaparecerá de la tierra.”

Sam (estableciendo el eco adecuado, en un plano con Ruggles de espaldas y mirando hacia los otros vaqueros que estás de cara): “¡Yo pago un trago!” (Todos se acercan a la barra, salvo Sam que va donde Ruggles. Fundido)

Un ideal que sólo puede preservar un pueblo consciente de su misión

El discurso sobre la igualdad y la libertad contenido en las palabras de Lincoln no se limitan a una proclamación política formal. Apelan a la vida real de los ciudadanos, forman parte de la misión y el legado de los Estados Unidos. (Cavell, 2013) Por eso, la advertencia ante su posible olvido es necesaria.

Pero todavía resulta más urgente el reconocimiento de que alguien venido de fuera (Ruggles) pueda hacer suyo ese legado con más fuerza que los residentes hace tiempo. América se reconoce a sí misma como una tierra de la libertad y de la igualdad, por encima de cualquier otra circunstancia que acompañe a las personas. Un ideal que sólo puede preservar un pueblo consciente de su misión, que entiende a sus gobernantes como personas al servicio de ese mismo pueblo.

“Yo creo que debe de abrir un restaurante”

La cámara se desplaza. Vemos a Curly brindando con la cerveza.

Curly: “¡Por el coronel Ruggles!”

 A continuación vemos los planos de Ruggles, Mr. Floud, Ma y Prunella, que se han sumado a la celebración en la barra. Ya no se siente a gusto en el reservado. Vemos a Ma bebiendo sin complejos.

Mr. (habla mientras enciende la pipa): “Bueno, Bill, ya tenemos presidente, pero si quieres postularte para intendente o sheriff, sólo tienes que decírmelo.”

R. (con los brazos cruzados, animado): “No tengo ambiciones en la administración pública”

“Ma” Pettingill (práctica): “¿Y qué se te ocurre, además de pararte con tus pies?”

Prunella Judson (haciendo valer lo que ya ha intimado con él): “Yo creo que debe de abrir un restaurante.”

“Ma” Pettingill (asintiendo): “¡No es mala idea!”

“Si me permitís decirlo… sois lo mejor”

La idea prende entre los que ya tienen el estatuto de amigos de Ruggles. McCarey crea entre ellos una verdadera comunidad de iniciativa compartida.

Mr. (asintiendo también): “Sí. Red Gap nunca tuvo un buen lugar para comer.»

“Ma” Pettingill (avanzando en la viabilidad del proyecto): “Y yo te llevaré al mejor lugar que no te costará un centavo. Gratis. Yo soy la propietaria. Un chino quería vender chop suey y lo mataron.» (Plano de gestos de extrañeza de Ruggles y Prunella)

 Mr. (corroborando la tesis de Ma): “No podía cocinar huevos con jamón. ¡Sólo tenía música china!”

Prunella Judson (cariñosa y humilde). “Yo podría ayudarte en la cocina. Hasta dejaría que me ayudases con mi salsa de carne”.

Mr. (completando con los asuntos de financiación): “¿Cuánto en efectivo crees que necesitas, Bill?”

R.: “Si me permitís decirlo… sois lo mejor.”

“¡Un brindis a la salud de la nueva empresa!”

La aplicación del discurso de Gettysburg ha sido directa. Un pueblo con libertad e iniciativa que busca a hacer tierra de oportunidades favorece el espíritu emprendedor.

Mr. (mientras le da una palmada, mientras Ma y Prunella bjan la mirada emocionadas): “¡Tú, tú eres más que eso!” (En el primer plano pasan Sam y Harry de modo rápido pues siguen atendiendo la barra). ¡Un brindis a la salud de la nueva empresa! (Se detiene) Un momento… ¿Cómo vamos a llamarla?” (Todos ponen gestos de pensar. Expondrán con libertad sus ideas, y con la misma confianza las rebatirán. Estás compartiendo un sueño con generosidad mutua). Eh, eh…”

“Ma” Pettingill; “¿Qué tal La Abeja Ocupada?”

Mr. Floud y Prunella Judson: “No, no, no”

Mr.: “El mustang Ruggles.”

Ma y Prunella: “No”.

Prunella Judson: “Algo bonito como La Antigua Taberna Inglesa.”

Los demás. “¡No, no, no!”

Mr.: “Mirad, mirad. Ya lo tengo. La Casa de Costillas del Caballo Dorado.”

Los demás: “No”

Mr. (insistiendo). “Pero ¿no os imagináis un caballo dorado en el techo?”

Los demás. “¡No!”

La propuesta de encuentro cultural de Ruggles

Ruggles no ha intervenido hasta el momento. Ahora lo hará planteando lo que le gustaría desarrollar; un lugar de encuentro entre la cultura inglesa y la americana.

R. (en un plano junto a Prunella Judson): “¿Puedo sugerir algo? El Grill Anglo-Americano.”

“Ma” Pettingill: “No está mal, ¿eh?”

Prunella Judson (apoyando a Ruggles): “A mí me gusta

Ma: “¿Y a ti, Egbert?”

R. (un poco tozudo): “Está bien, pero sigo pensando en un caballo ahí arriba…”

Los demás: “No, no, no.”

 

5. EL TEXTO FILOSÓFICO FÍLMICO DE RUGGLES OF RED GAP (XIV): EL DISCURSO DE GETTYSBURG Y SU EFECTO EN LAS RELACIONES DE PAREJA DE EGBERT FLOUD Y DE RUGGLES 

El anuncio de la visita de lord Burnstead como acontecimiento de desestabilización

Un nuevo acontecimiento va a desestabilizar el ritmo de la narración. Lord Burnstead anuncia que viene a visitar a los Floud, con intención de llevarse a Ruggles. Esto hará vacilar a Ruggles en sus propósitos. Pero no a Mr. Floud, cuya determinación de conseguir una relación más igualitaria con su mujer es firme. El que en primer lugar queda muy cuestionado es Mr. Belknap-Jackson por haber despedido a Ruggles sin el consentimiento de Mrs. Floud.

La escena comienza con un plano de Mrs. Floud que llega a su casa. Cierra la puerta y saluda a Mr. Belknap-Jackson.

Mrs.: “Hola, Belknap”.

Mr. Belknap-Jackson (acercándole una carta): “¡Effie! Ha llegado una carta de Lord Burnstead esta tarde.”

Mrs. (mientras la abre): “¡Querido George! ¡Querido George! ¡Viene aquí! ¡Viene a visitarnos!”

Mr. Belknap-Jackson (con gesto de agrado por poder conocerlo, sujetándose la pajarita): “¿Viene aquí?”

“¡Mi triunfo supremo en Red Gap!”

Mrs. Floud se las promete muy felices. Está sacando provecho al máximo de su relación con lord Burnstead. Pero de inmediato verá que las cosas se complican por culpa de Mr. Belknap-Jackson.

Mrs. (sigue transmitiendo el contenido de la carta): “Sí. Se llevará a Ruggles de regreso con él. (Deja escapara risas de satisfacción) ¡El querido Lord Burnstead en nuestra casa! ¡Mi triunfo supremo en Red Gap! (A Mr. Belknap-Jackson le cambia la expresión del rostro) ¿Qué pasa?”

Mr. Belknap-Jackson (apurado): “Ruggles se ha ido”.

Mrs.: “¿Qué?”

Mr. Belknap-Jackson: “Va camino de San Francisco.”

Mrs.: “¿De qué hablas?”

Mr. Belknap-Jackson: “Yo lo despedí.”

Mrs. (nerviosísima): “¿Tú lo has despedido? ¡No puedes! ¿Cómo te atreviste? (Arroja al suelo la carta fuera de sí. Da vueltas a la mesa del recibidor) ¿Qué podemos hacer? ¿Qué que vamos a hacer? Oh, ¿qué podemos hacer? ¿qué podemos hacer? Me voy a desmayar. (Rectifica – ¿podemos leer que busca su verdadero apoyo en su marido?-) No, no… Vamos a buscar a Egbert”.

“Un hombre cuyo futuro y decisiones estén sus propias manos”

La siguiente escena muestra a Ruggles y a Prunella Judson en lo que va a ser la Anglo American Grill. Se nos muestra un nuevo paso de maduración en la pareja, que parece que va a ser definitivo, a raíz de lo que Inspira a Ruggles el discurso de Gettysburg. Sin embargo, el anuncio de la vista de Lord Burnstead supondrá una prueba para Ruggles. Vemos a Ruggles de espaldas y a Prunella inspeccionado la situación en la que se encuentra el futuro local. Hay multitud de trastos y objetos rotos.

Prunella Judson: “¡Está hecho un desastre, verdad!”

R. (mirando hacia otro lado con las manos detrás): “¡Es maravilloso!”

Prunella Judson: “Yo no veo lo maravilloso.”

R.: “¿No?”

Prunella Judson (realista): “No.”

R. (fijándose en el sentido de lo que están haciendo, no en su materialidad): “Mi padre fue el valet de un caballero, igual que antes su padre, y de esa línea surge un hombre. Una persona importante, no importa cuán pequeña sea, un hombre cuyo futuro y decisiones estén sus propias manos.”

Prunella Judson (conmovida): “Es maravilloso, ¿verdad?”

La pérdida de control de Mrs. Floud sobre Ruggles y sobre Mr. Floud

McCarey pasa de las escenas de Prunella y Ruggles arreglando el local, a otra protagonizada por Mrs. Floud. En ella se suministran evidencias de que su poder manipulador sobre su marido y el mayordomo va en declive. En el caso de su marido un efecto del discurso de Gettysburg.

Vemos a Mrs. Floud a la izquierda y a “Ma” Pettingill a la derecha, apoyando el modo en una cómoda. La actitud un tanto defensiva de Ma muestra que Mrs. Floud las está en cierto modo inquiriendo.

Mrs.: “¿Un restaurante? ¿Ruggles va a abrir un restaurante?”

“Ma” Pettingill: “Si, dónde estaba el lugar del chop suey.”

Mrs. (como poniendo entre paréntesis que han despedido a Ruggles): “¡Claro que no hará nada de eso! (Da media vuelta y según su costumbre da pasos nerviosa) ¿A quién se le ocurrió algo tan horrible?

Voz de Mr.: “¡Ma! Han hecho un buen trabajo, ¿verdad?”

Mr. (entra en escena con un traje a cuadros muy llamativo, y ve a su esposa a la que no esperaba): “Hola, Effie.”

“Mira, es un traje de hombre y voy a utilizarlo”

Mrs. Floud va a comprobar que Egbert ya no es tan sumiso. A pesar de sus amenazas, el eco de los deseos de libertad del discurso de Gettysburg está presente.

Mrs. (de espaldas a la cámara, camina despacio hacia su marido. Cuando lo alcanza se gira y le dice): “¡Perros de la pradera! ¿De dónde has sacado esa manta para caballos?”

Mr. (tomando fuerza): “Mira, es un traje de hombre y voy a utilizarlo.”

Mrs.: “¿Y tu otra ropa?”

Mr. (determinado): “No volverá más”.

Mrs. (en primer plano, muy enfadada): “¡Egbert Floud, quítate esa ropa!”

Mr. (en un plano junto a Ma): “¡No lo haré!”

Mrs. (insistiendo): “¡Quítate esa ropa!”

Lincoln “dijo que todos los hombres son iguales… y se refirió a todos, no a unos cuantos… Y eso me incluye a mí»

McCarey establece de modo explícito que haber escuchado a Ruggles recitando las palabras de Lincoln es lo que suministra a Mr. Floud una nueva energía para defender sus gustos.

Mr. Floud entre la rigidez de su esposa, Mrs. Floud (Mary Boland) y la amplitud de su suegra, “Ma” Pettingill (Maude Eburne) en Ruggles of Red Gap. Imagen 4

Mr. (se gira y de espaldas a la cámara va donde ella): “No lo haré. Podemos discutirlo ahora y aquí si quieres. (Quedan los dos en un plano) ¿Qué dijo Lincoln en Gettysburg? No, no lo sabes, yo te lo diré. Dijo que todos los hombres son iguales… y se refirió a todos, no a unos cuantos… Y eso me incluye a mí. Yo también soy un igual».

Mrs. (irónica): “¿Igual a qué?”

Mr. (nervioso): “¿Igual a qué? Igual a… (Camina hacia Ma que sigue con el mismo ademán) ¡Cambio de tema! (Vuelve al plano con su esposa)¡Los hombres son creados iguales a las mujeres! Por eso, no tienes derecho a mandarme así. Lincoln lo dijo”.

Mrs. (hablando muy rápido, cita una frase que se suele atribuir a Lincoln): “También dijo que puedes engañar a algunos durante un tiempo y no a todos todo el tiempo. ¡Pero tú a mí no me puedes engañar nunca, Egbert Floud! Especie de botarate.” (Sale de la habitación)

Mr. (se sobresalta y casi le cae la pipa): “¡Effie!” Fundido.

La aparición de Mrs. Floud entre Ruggles y Prunella Judson

Mrs. Floud irrumpe en los planes de Ruggles. Visita el local que están reformando y ni siquiera saluda a Prunella. No es de la gente que le interesa. Al comunicarle los planes de Lord Burnstead hace que Ruggles vacile en su determinación. Tras el fundido vemos a Prunella ordenando las cosas en lo que será la Anglo American Grill.

R. (a Prunella, viendo que quiere mover una caja muy pesada). “¡No, no! Déjame hacerlo a mí.”

Mrs. (que aparece por la puerta corriendo, sujetándose el sombrero): “¡Ruggles!

R. (con excesiva naturalidad, como si todavía estuviera a su servicio): “Sí, señora.”

Mrs.: “Lord Burnstead está de camino, esta es su carta.” (el plano muestra al fondo a Mrs. Floud y a Ruggles mientras hablan. En primer plano, y de espaldas a la cámara, Prunella se sienta, sujetando la escoba con las rodillas. Mrs. Floud la ignora por completo).

“Claro que estoy ocupadísima organizando cenas, fiestas y recepciones. Pero dependo de ti, Ruggles”

La visita de Mrs. Floud es completamente utilitaria. Necesita a Ruggles. Por eso no se plantea tomarse en serio su determinación. Cree que la sola mención de Lord Burnstead le hará volver a su antiguo estatuto.

R. (muy interesado): “¿Viene aquí?”

Mrs.: “Sí, ¿no es glorioso? Claro que estoy ocupadísima organizando cenas, fiestas y recepciones. Pero dependo de ti, Ruggles. ¿Qué haces? ¿Estás ocupado?”

R. (respetuoso): “Sí, Señora.”

Mrs. (muy despectiva con respecto a Ruggles): “Claro está que eso es inconcebible. Una idea estúpida. Pero estoy perdiendo el tiempo y nuestro George está a punto de llegar. ¡No sabes lo que esto significa para mí! ¡Au revoir!” (Sale con las mismas prisas con las que entró).

“¿Entonces, vas a dejar todo esto para abotonarle los abrigos?”

Ruggles se ha quedado bajo una profunda impresión. Lee la carta caminando hacia la ventana, a la derecha del espectador. Plano de Prunella expectante. Plano de Ruggles leyendo. Termina la lectura y pliega el papel.

R.: “Está viniendo a buscarme”.

Prunella Judson (con gesto muy preocupado): “No dejarás que lo haga, ¿verdad?”

R. (con gesto infantil, como viviendo una regresión): “Supongo que me necesita.”

Voz de Prunella Judson (muy decepcionada). “¿Entonces, vas a dejar todo esto para abotonarle los abrigos? ¿Qué ha hecho él por ti?”

R.: “Bueno, me desilusionó. (Plano de Ruggles y Prunella frente a frente): “Y yo sería el primero de mi familia en desilusionarlo. Y usted ni tiene ni idea, Mrs. Judson. No es sólo abotonarlo. Es serenidad y lealtad y supongo que puedes llamarlo también hábito.”

“Será mejor que tú mismo descubras lo que eres»

La actitud de Ruggles enerva a Prunella. No es sólo su debilidad ante el mundo de Mrs. Floud, que desprecia a ambos. Es su inconsistencia a la hora de aplicar las ideas que ha pronunciado tan solemnemente al reproducir el discurso de Gettysburg. Más directamente, su incomprensión de las exigencias de una ética trascendentalista (Emerson 2009a y 2009b) (Pérez-Chico, 2006), que exige tomar las riendas de la propia vida. Algo que coincide con los planteamientos éticos de Finnis y Martha Nussbaum[6].

Prunella Judson (con indignación creciente): “Odiaría decirte cómo lo llamaría. ¿Por qué no practicas lo que estuviste predicando? Primero descubro que no eres coronel. Ahora descubro que no eres un hombre. Será mejor que tú mismo descubras lo que eres”. (Coge la toca para marcharse.)

R. (caminando melancólico hacia la ventana): “Oh. Tengo ganas de tirarme al río.”

Prunella Judson (muy dolida, se para antes de salir): “Oh, adelante con ello. Y salta a la altura de la curva. ¡Allí es más profundo!” (Ruggles se queda mirando por la ventana por donde ella va. Ella le mira cuando pasa, y sigue caminando sin detenerse.)

Hacia una comedia de renovación matrimonial

El conflicto entre Ruggles y Prunella Judson adquiere una mayor proximidad con las comedia de renovación matrimonial (Cavell, 1981). El argumento trascendentalista (Emerson 2009a y 2009b) de “ser lo que uno es” se lo planteará con claridad el hasta ahora ha venido siendo mayordomo a partir de las duras palabras de la viuda Judson.

Unos momentos antes él había marcado distancias con ella al decirle que no tenía ni idea de lo que suponía ser un sirviente. Ante ello Prunella no tiene más alternativa que enfrentarle consigo mismo y lo que desee de verdad. Aunque el exceso verbal de haberle deseado que se tire al río por lo más profundo, le genere remordimientos.

El discurso de Gettysburg también le plantea a ambos el reto del mutuo reconocimiento y la igualdad.

 

Para consultar la entrada anterior de Ruggles of Red Gap, acudir a este enlace.

 

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NOTAS

[1] Al respecto señala en In Quest of the Ordinary. Lines of Skepticism and Romanticism (En busca de lo ordinario. Líneas de escepticismo y romanticismo): “… el sentido de lo ordinario que mi obra deriva del ejercicio del segundo Wittgenstein y de J.L. Austin, en su atención al lenguaje de la vida ordinaria o cotidiana, está respaldado por Emerson y Thoreau en su devoción al tipo de cosas que ellos llaman lo común, lo familiar, lo cercano, lo bajo. Esta conexión significa que yo entiendo ambos desarrollos -filosofía del lenguaje ordinario y trascendentalismo americano como respuestas al escepticismo, a esa ansiedad concerniente a nuestras capacidades humanas en tanto cognoscentes que, cabe asumir, abre la filosofía moderna con Descartes, ansiedad interpretada por esta filosofía como sujeción humana a la duda” (Cavell 1988: 4; 2002: 62) La literatura sobre la importancia del concepto de lo ordinario en Cavell es amplia. Destacan las obras de Espen Hammer (Hammer, 2002) y Stephen Mulhall (Mulhall, 2006 ), así como entre nosotros la aportación de David Pérez-Chico (Pérez-Chico, 2006, 2008)

[2] En The World Viewed (Cavell 1979: 42-43; 2017:77).

[3] Señala en el prólogo a la edición en español de The Claim of Reason (1979), titulada Reivindicaciones de la razón: “… está en la naturaleza de la filosofía, al menos como este libro la entiende, reconocer perpetuamente la necesidad de empezar de nuevo, de volver atrás, como si se hubiese perdido algo en el camino, o como si se hubiese perdido el camino mismo” (Cavell, 2003: 13)

[4] Un estudio muy clarificador sobre las distintas propuestas de filosofía sobre cine lo encontramos en la obra de Horacio Muñoz-Fernández (Muñoz-Fernández, 2020)

[5] Citamos aquí la traducción castellana, aunque en nuestro texto sigamos la que presentan el guion y los subtítulos: Pero, en un sentido más amplio, no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este suelo. Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí, ya lo han consagrado muy por encima de nuestro escaso poder para añadir o quitar. El mundo no tomará nota ni recordará por mucho tiempo lo que digamos aquí, pero no podrá olvidar nunca lo que ellos hicieron. Más bien es a nosotros, los vivos, a quienes toca dedicarnos ahora al trabajo inacabado que quienes lucharon aquí hicieron avanzar de un modo tan noble. Más bien es a nosotros a quienes toca dedicarnos a la gran tarea que tenemos por delante: que de estos muertos a los que honramos tomemos nuestra devoción a la causa por la que dieron hasta la última medida de su devoción; resolver aquí, por encima de todo, que estos muertos no murieron en vano; que esta nación, bajo la mirada de Dios, tendrá un nuevo nacimiento de la libertad, y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparecerá de la Tierra. (Lincoln, 2005: 254)

[6] Los hemos estudiado por extenso en la contribución, La verdad de que toda persona es sede de la plena realización humana en Ruggles of Red Gap de McCarey (1935), https://proyectoscio.ucv.es/filosofia-y-cine/la-verdad-de-que-toda-persona-es-sede-de-la-plena-realizacion-humana-en-ruggles-of-red-gap-de-mccarey-1935/

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Profesores de la UCV San Vicente Mártir en el Grado en Filosofía.

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