José Alfredo Peris Cancio

José Sanmartín Esplugues

José Alfredo Peris Cancio y José Sanmartín Esplugues

Mae West: la lucha contra el mal desde los humildes en Belle of the Nineties (1934), dirigida por Leo McCarey

 

 

     

                  Resumen:

El escepticismo hacia la relación que Ruby (Mae West) mantiene con su pupilo Tiger Kid (Roger Pryor) sirve al mánayer Kirby (James Donlan) como justificación para emplear una treta que les haga romper. Para culminarla. Pide a Kirby que actúe con nobleza y respete la carrera del púgil. A partir de ese momento la película entra en una dinámica en la que la determinación de la libertad de las personas frente a las manipulaciones de los demás es lo que domina en la pantalla.

En esta última contribución dedicada a Belle of the Nineties culminamos el análisis de lo que la figura de Mae West aportó al personalismo fílmico de McCarey. Especialmente nos detendremos en dos aspectos: a) la igualdad entre las personas más allá de la diferencia étnica o racial, particularmente entre la población afroamericana y la blanca en Estados Unidos; b) la escucha de la voz de los más humildes y su lucha contra el mal.

En la segunda mitad de la película tiene especial relevancia la presencia del combate de boxeo, de lo que se designa como campeonato mundial. McCarey lo presenta como una metáfora de que la vida exige valentía y aceptar los riesgos, pero al mismo tiempo reconocer el poco control que tenemos sobre la misma.

Las relaciones entre el personaje de Ruby y su sirviente Jasmine expresan un clima de igualdad y de mutua construcción. Es el contexto adecuado para que una educación en la igualdad alcance su estrato más profundo: los sentimientos de mutuo reconocimiento.

Los cánticos espirituales afroamericanos permiten a Mae West entrar en lo profundo de sí mismas, y albergar deseos de cambio y de misericordia. La autenticidad de los más humildes le permite aceptar el valor de sus deseos de luchar contra el mal.

Desde esa perspectiva de conversión y de cambio podrá afrontar una renovación de sus relaciones con Tiger, el único hombre al verdaderamente ha amado.

Palabras claves:

Mae West, Leo McCarey, boxeo, reconocimiento entre etnias, cultura afroamericana, derechos humanos y sentimientos, perdón, misericordia, espiritualidad.

Abstract:

In this last contribution dedicated to Belle of the Nineties we culminate the analysis of what the figure of Mae West contributed to McCarey’s filmic personalism. In particular, we will focus on two aspects: a) equality between people beyond ethnic or racial differences, particularly between the African-American and white populations in the United States; b) listening to the voice of the most humble and their struggle against evil.

In the second half of the film, the presence of the boxing match, of what is designated as the world championship, has special relevance. McCarey presents it as a metaphor for the fact that life demands courage and accepting risks, but at the same time recognizing how little control we have over it.

The relationship between the character of Ruby and her servant Jasmine expresses a climate of equality and mutual construction. It is the right context for an education in equality to reach its deepest layer: feelings of mutual recognition.

The African-American spiritual songs allow Mae West to go deep within themselves, and to harbor desires for change and mercy. The authenticity of the most humble allows her to accept the value of their desires to fight against evil.

It is from this perspective of conversion and change that she will be able to face a renewal of her relationship with Tiger, the only man she has ever truly loved.

Keywords:

Mae West, Leo McCarey, boxing, inter-ethnic recognition, African-American culture, human rights and feelings, forgiveness, mercy, spirituality.

 

1.    LOS COMBATES DE BOXEO COMO METÁFORAS DE LA APERTURA DE UNA VIDA QUE ARRIESGA

Los combates de boxeo en los largometrajes de Leo McCarey

Mae West
Mae West y Leo McCarey presentaron en «Belle of the Nineties» la voz de los humildes en la lucha contra el mal.  Imagen 1

En la contribución anterior dejábamos la trama en el momento en que a Ace Lamont se le comunica que se ha venido abajo su combate mundial de boxeo. El aspirante, un tal Lefty Dougan, ha abandonado. Y tiene que resolver el problema.

Vemos, por tanto, la otra dimensión del negocio de Lamont: los combates de boxeo. Pero el magnate seguirá mostrando en esta vertiente la misma cara: un comportamiento manipulativo e interesado.

Esta subtrama del combate de boxeo aproxima Belle of the Nineties al largometraje que McCarey filmó dos años después: The Milky Way (La vía láctea, 1936). Allí el productor con procedimientos mafiosos, Gabbie Sloan, es interpretado por Adolphe Menjou. El candidato favorito de las apuestas, el campeón Speed McFarland (William Gargan) es igualmente drogado, los acontecimientos en una ineluctabilidad también conducen hacia el final feliz, si bien en The Milky Way todos los personajes acaban bien, cosa que no ocurre en Belle of the Nineties, como ya sabemos y ahora analizaremos con más detalle. Añadamos que en una de las escenas de The Milky Way McCarey vuelve a rendir homenaje a Mae West, poniéndola como ejemplo prominente de “alguien que tiene carisma”.

El cambio de la narración a partir del combate

Resulta llamativo que Leo, cuyo padre, Uncle Tom McCarey, era un promotor de boxeo, realizara sendos retratos tan irónicos de esta figura en sendas películas. Quizás fueron travesuras de hijo compensadas por la impresionante Make Way for Tomorrow (Dejad paso al mañana, 1937), una reivindicación del cuarto mandamiento, honrarás padre y madre), filmada en homenaje al padre de Leo, que había fallecido recientemente.

Con todo, los combates de boxeo en los largometrajes de McCarey tienen algo de providencial. Como si fuera una metáfora de la vida misma, que sólo se disfruta cuando se arriesga y se pelea por ella. Entonces puede pasar de todo. Nadie tiene el control de los acontecimientos. Siempre hay un factor que escapa al cálculo humano.

“No olvidéis que tendréis que darlo todo esta noche”

La cámara nos sitúa en el gimnasio, reproducido con realismo. Sabemos que tanto el padre de Mae como el de Leo[1] estaban involucrados con el mundo del boxeo y actuaron como asesores. Se ven los habituales puchings de boxeo, sacos, pesas… y a quienes  practican con ellos. También se ve el cuadrilátero y a otros luchadores practicando el salto con la cuerda.

Lamont aparece caminando con decisión, seguido por Stogie.

Ace Lamont (en adelante A.): “Hola, chicos.”

Boxeadores: “Hola, Mr. Lamont.”

A. (ejerciendo un rol paternalista): “No olvidéis que tendréis que darlo todo esta noche. (A continuación se dirige a uno de los entrenadores). Hola, Jim.”

“Espera a que intente conseguir otra pelea”

El diálogo con Jim muestra que Ace quiere mantener su prestigio exhibiendo su capacidad de influencia en el mundo del boxeo.

Jim[2]. “¿Cómo estás, Ace? (Ace avanza hasta dejar a Jim fuera de plano. Se escucha su voz) ¡Oye, Ace! (avanza hacia él y vuelve al plano) Ace, ¿qué piensas de ese tipo, Dougan?

A. (manteniendo su autoridad): “No he terminado con él. Espera a que intente conseguir otra pelea. Me pondré en contacto con cada promotor…”

En ese momento ve que en cuadrilátero están combatiendo dos boxeadores. Uno reconocemos que es Tiger Kid. El otro debe ser uno de los habituales del gimnasio (Frank Mills). Ace, Stogie, Dirk y Jim se quedan gratamente impresionados por los movimientos de Tiger Kid.

Jim (insistiendo): “¿Qué vas a hacer? ¿Cancelar?”

Ace (práctico): “Si lo cancelo, tengo que pagarle al campeón de todos modos. La clase de dinero que recibe, es…”

Planos alternativos siguen mostrando la pelea de Tiger Kid.

“¿Quién es ese tipo?”

Ace muestra ya de modo expreso su interés por lo que está haciendo Tiger.

A.: “¿Quién es ese tipo?”

Kirby (que aparece por la izquierda del plano): “Ese es mi chico, el Tiger Kid.”

A.: “Hola, Kirby. ¿Cuándo has llegado a New Orleans?

K.: “Acabo de llegar esta mañana.”

A. (mostrando que conoce su nombre): “¿Así que ese es el Tiger Kid?”

K.: “Sí, es él.”

La película no nos suministra ningún indicio de por qué Kirby y Tiger se han desplazado de St. Louis a New Orleans. Podemos rellenar esa laguna aplicando los mismos argumentos que llevaron a Ruby a hacer el viaje. New Orleans es mucho más potente desde el punto de vista del espectáculo, o mejor, del dinero que se mueve entorno a él. En las palabras de presentación de Kirby que escucharemos a continuación se explica que lo ha ganado todo en St. Louis.

La conversación entre Kirby y Ace Lamont

Kirby solicita a Ace que se retiren para conversar.

K. (apoyando sus palabras con un gesto): “Ace, ¿puedo verte un minuto?”

A.: “Sí.”

Se desplazan hacia otra zona del gimnasio. Mientras lo hace, Ace no pierde detalle del modo de pelear de Tiger. Se sienta en un banco junto a la columna.

K.: (vendiendo su producto con convicción): “Ahora créeme, Ace, Kid es bueno. Lo ha ido ganando todo. Déjame que te diga que he visto muchos luchadores en mi época…”

Ace (frenándolo): “Y yo he escuchado muchas conversaciones.” (Busca pasar a los hechos). ¿Te importaría que tu chico hiciera un par de rondas con Joe Savage?”

K. (muy contento por el paso dado): “¡No! Me encantaría.”

A. (levantándose para ir dónde él): “Joe.”

K. (haciendo lo propio en dirección a Tiger): “Hola, Tiger” (el plano nos muestra cómo en el fondo el mismo Kirby musita algo a Tiger, probablemente el interés que se ha tomado Ace Lamont por él).

A. (a Joe): “No seas flojo con él, dale con todo lo que tengas. Me parece bien si lo atrapas… con el primer puñetazo. Adelante.

El combate y sus consecuencias

Comienzan a pelear. Mientras intercambian golpes de mutuo estudio, Ace si gira para aproximar una silla y sentarse. Mientras lo hace, Joe da un golpe al aire y Tiger le responde con un croché que lo derriba. Cuando Ace se sienta, Joe está en la lona fuera de combate. Un plano muestra gestos de admiración de Stogie y de Dirk. Unos jóvenes levantan a Joe. Tiger se pone la bata y se aproxima a Lamont.

T.: “Hola, Mr. Lamont.”

A.: “Hola, Tiger -se levanta y le indican que se vayan a un lugar más retirado-. Me gustaría tener una pequeña charla contigo. Ven aquí. – Sigue hablando conforme caminan- Me gusta la forma en que te manejas, tienes clase.”

Tiger: “Gracias”.

A la derecha del plano están Ace y Tiger. A la izquierda, en primer término, Stogie observa y le hace una seña para que se aproxime.

A.: “En un momento hablo contigo”.

T.: “De acuerdo”.

“Creo que he encontrado un boxeador que puede vencer al campeón”

Ace se acerca a Stogie.

A.: “Creo que he encontrado un boxeador que puede vencer al campeón. (Añade con un gesto malicioso). Y creo que encontré la respuesta a otra cosa, también. (Se dirige a Stogie con complicidad). Ahora que Ruby Carter tiene todos esos diamantes que Claybourne le dio… es muy difícil de manejar”.

S.: “Tiene razón, jefe”.

A.: “Hasta luego -y se va hacia un lado.”

“Estupendo, Mr. Lamont. Apueste por mí para recuperar su dinero”

El recurso narrativo más querido por McCarey, la ineluctabilidad de los acontecimientos, se pone en marcha (Bogdanovich, 2008). Una cosa lleva a la otra, más allá de las intenciones de los personajes. Lamont cree haber encontrado su recurso “anti Ruby”, cuando será todo lo contrario. Se ve en el plano a Tiger reuniéndose de nuevo con Ace Lamont.

T.: “Estupendo, Mr. Lamont. Apueste por mí para recuperar su dinero.”

A. (frenando el optimismo): “Sólo tienes dos semanas para entrenar. Estoy en forma, podría luchar contra él mañana.”

Kirby, irrumpiendo por un lado:

K. (a Ace): “No estás hablando de dinero, ¿verdad? Si hablas de dinero, habla conmigo.”

A. (con un gesto afectuoso en su pecho): “Arreglaré esa parte contigo más tarde, Kirby. Quiero hablar con el Tiger.”

K. (retirándose ya tranquilo): “Está bien.”

“Sabes, Kid, se necesita mucho dinero para organizar un combate del campeonato”

Ace comienza a tejer su telaraña en torno a Tiger Kid, el retorno inconfesable de su apuesta por él.

A.: Espero que aprecies lo que estoy haciendo por ti.”

T.: “Claro que sí, Mr. Lamont.”

T. “Tal vez algún día podré hacer por usted.”

(rápido, en un primer plano en cuyo fondo se ven boxeadores entrenando, como dejando patente la oposición entre deporte y negocio). “Voy a llegar a eso. Sabes, Kid, se necesita mucho dinero para organizar un combate del campeonato”.

T.: “Sí, lo sé”.

A.: “Y yo tenía un montón cuando firmé al campeón, pero… Bueno, las mujeres son mi debilidad”.

“A decir verdad, Kid, hundí prácticamente todo lo que tenía en una mujer”

Ace presiente la nobleza del boxeador y busca su empatía. Conseguirá hacerlo caer en su celada. Lo que Tiger no puede imaginar es hasta qué punto es falso el relato de Ace. Lejos de querer recuperar algo suyo, lo que busca es robarle para que con ello, pierda la independencia, la pueda dominar por completo.

T.: “¿La suya también?”

A.: “A decir verdad, Kid, hundí prácticamente todo lo que tenía en una mujer.”

T.: “Eso es malo.”

A.: “Ella tiene algo, ya sabes como es eso, que me hace pagar.”

T. (con gesto compungido): “Eso es peor.”

A.: “Y la he bañado con un montón de diamantes y joyas. Pero ella es el tipo de mujer que no puede jugar limpio.”

T.: (cada vez más consternado): “Eso es duro, Mr. Lamont.”

A.: “¿Duro? Es terrible. Aunque si recuperara esas joyas… podría invertir el dinero en la pelea (El primer plano de perfil de Ace y el plano de frente de Tiger, subrayan la simplicidad o inocencia del joven). Estaba pensando que si tu…”

“Quieres el título, ¿no?”

A Tiger le cambia la cara. Ya se da cuenta que no estaba ante un amigo que descargaba en él su alma. Todo lo contrario. Era una pura estratagema de manipulación.

T.: “Oh.”

A. (con actitud negociadora): “Quieres el título, ¿no?”

T. (simple): “Sí. Pero ella no lo tiene”.

A. (avanzando como si no le hubiese escuchado): “No habrá nada de eso. Tendré todo arreglado.”

T.: “¿Quién es ella?”

A.: “No necesitas saberlo. La llevaré a lo largo del lago esta noche, y todo lo que tienes que hacer es…”

El paseo por el lago

Ace es de los pocos personajes que en el cine de McCarey representan con largueza la actuación maligna. Es un verdadero precedente del aliado de los nazis, el barón Franz Von Luber de Once Upon a Honeymoon (Hubo una luna de miel, 1942)[3]. Ambos coinciden en su trágico final. Son las excepciones dentro de la tendencia de McCarey.

El modo de actuar de Ace queda muy bien representado en esta escena. Quiere hacer creer a Ruby que la ha invitado a un tiempo de relajación, a un paseo en coche de caballos a las orillas del lago. En realidad es la estratagema urdida con Tiger -que no sabe que Ruby es la víctima- para robarle los diamantes.

A. (falsamente expansivo): “Esto es lo que hay que hacer, conducir a lo largo del lago de esta manera. Tú y yo deberíamos convertirlo en un hábito”.

R. (manteniendo la distancia): “Un mal hábito es tan bueno como otro.”

A. (mirándola a modo de inspección): “No sabía que te gustaban tanto los diamantes. o te habría cubierto con ellos.”

R. (directa): “¿Por qué no lo hiciste?”

A. (con su propensión habitual al chantaje): “No me has animado mucho. Además, dudé porque…”

“El hombre que duda es el último”

Claramente Ruby conoce a Ace y sus intenciones. Su conversación con respecto a la semana de vacaciones fue reveladora. Nos encontramos ante un personaje que revela la fortaleza que ha de tener la mujer que quiera tener relaciones de verdadera igualdad con el varón.

R. (desacreditando sus excusas): “El hombre que duda es el último.”

A.: “Aún no he perdido las esperanzas contigo.”

R. (reconduciendo a Ace al único lugar que verdaderamente le interesa): “Pensé que me habías traído aquí… para hablar de negocios.”

A. (intentando aparecer romántico): “En una noche como esta, yo prefiero hablar…”

R.: “Pero te dije…”

El asalto de Tiger

Embozado, de modo que no se le puede reconocer, la cámara nos muestra un plano de Tiger que va a proceder al asalto. El disfraz no es sólo para cometer el delito. Es también una muestra de que la nobleza del joven desparece ante el acto que está perpetrando.

T.: (gritando): “¡Paren!” (Se asoma al carro, ve lo que lleva Ruby -pero a ella no la reconoce por estar su rostro a la sombra- y le intimida). Dame las piedras.”

A. (intentando levemente oponer resistencia): “Ahora, mire aquí.”

T.: (a Ace): “¡Cállate!” (Y de nuevo se dirige a Ruby). Vamos, date prisa. Dame esos brazaletes. Vamos, dámelos. Apresúrate. Y la cosa de tu cuello también.”

“Es curioso que no se haya llevado tu anillo”

La cámara muestra a Ace mirando de reojo. Controla la operación. Se subraya no sólo su complicidad sino su avidez.

R.: “Venga, no me entretengas. (Ella le hace la entrega de todas sus joyas). Muy bien, ahora ponte en marcha y no te detengas.”

El carruaje arranca y la cámara nos devuelve al interior de este, y a los intentos de disimulo de Ace.

A.: “Esto es un escándalo. Nadie puede hacer algo como esto a Ace Lamont y salirse con la suya. Voy a buscar a ese tipo. Aunque tenga que que recorrer el país por él.”

R. (sospechando de sus palabras): “Es curioso que no se haya llevado tu anillo.”

A. (no sabiendo cómo reaccionar): “Sí.”

 

2. EL REENCUENTRO ENTRE RUBY Y TIGER. LOS PRIMEROS PASOS HACIA EL REMATRIMONIO

Ruby Carter (Mae West) y Tiger Kid (Roger Pryor) y su necesario camino de reconciliación, de purificación del verdadero amor.Imagen 2

“Mira, no te vas a enamorar de ella de nuevo, ¿verdad?”

Se ve a Tiger acompañado de Kirby y del boxeador joven (Warren Hymer), aquél que fingió tener una relación con Ruby. Van a subir las escaleras que dan acceso a  “The Sensation Mouse”, cuando Tiger repara en un cartel a la izquierda. Baja a verlo porque anuncia:

17 APRIL. RUBY CARTER.

Se escucha una música instrumental animada.

T.: “No sabía que estaba en la ciudad, ¿y tú?”

K. (con una falta de sutileza sonrojante): “No, no lo sabía. Mira, no te vas a enamorar de ella de nuevo, ¿verdad? Si es así, tal vez sea mejor que no entremos.”

T. (aparentando indiferencia): “No te preocupes por mí. Vamos, Ace me está esperando.”

El joven (al que llaman “conejito” por haber usado falsamente ese mote en la conversación telefónica con Ruby) se acerca a mirar el cartel.

T. (reclamándolo): “Vienes, conejito?”

Joven luchador: “Sí, claro.”

¿Dónde está la fiesta para los boxeadores?

Acceden al interior de la “Sensation House”, con su decoración recargada. Kirby ve un camarero y le pregunta.

K.: “¿Dónde está la fiesta para los boxeadores?”

Camarero (por señas): “Justo ahí.”

Kirby y el joven se adelantan en esa dirección. La cámara muestra a Ruby en el fondo del plano. Tiger está en primer plano.

T.: (al camarero): “¿Ace está ahí?”

Camarero. “No, está arriba.”

T.: “Gracias.”

“Buen trabajo, Kid”

Ruby se detiene al ver a Tiger. Se escucha una música instrumental lenta. Cruza en primer plano una pareja conversando animadamente. Ruby se acerca. La vemos en silencio junto a una cortina, en el lateral de un arco. Un trávelin muestra cómo Tiger camina y sube unas escaleras para encontrarse con Ace. Se intercala un plano de Ruby observando todo. Tiger hace gestos a Ace para indicarle que tiene las joyas. Ace señala a Tiger que vayan a un lugar más reservado para la entrega. Cruzan el piso al que dan acceso las escaleras, entre mucha gente.

La cámara muestra que Ruby sigue atenta y a continuación a Ace entrando en una de sus habitaciones seguido por Tiger. Cierran la puerta y Ace le hace un gesto para que ahora sí ponga las joyas en su poder. Tiger las va depositando en sus manos: collar, brazaletes, pendientes, anillos… El gesto codicioso de Ace es de plena satisfacción.

A.: “Buen trabajo, Kid. Fue tan fácil y sencillo.”

La falsa seguridad de Ace y los temores justificados de Tiger

La confianza en su estratagema por parte de Ace es plena. Tiger, en cambio, duda. La actitud del joven resulta más sabia.

T.: “Espero que siga siendo así. Las cárceles tienen corrientes de aire en esta época del año”.

A.: “No te preocupes. Nadie te habría conocido en un millón de años. Apenas te reconocí yo mismo.”

T. (en algo tranquilizado): “Estupendo, Ace.”

A. (tras contemplar los diamantes con deleite): “Los guardaré y nos uniremos a la fiesta.”

Vemos a Ace acudir a su oficina. Mueve un panel de la pared y aparece la caja fuerte con su nombre. Desde su habitación, que es contigua a la de Ace, Ruby mira por la rendija de la puerta intermedia. Ve como Ace abre la caja, saca un cofre en el que mete las joyas, lo devuelve a la caja y cierra. El plano antes del fundido nos deja ante Ruby, que enciende un cigarro mientras piensa.

La cuestión racial como cuestión pendiente

Vemos ahora por primera vez a Duke Ellington al piano, dirigiendo la orquesta. Ya hemos señalado en la primera contribución de las dedicadas a Mae West[4] la importancia que tuvo para McCarey la presencia de este artista (Daney & Noames, 1965: 17-18). Su presencia en la película supuso una apuesta de Mae West y de McCarey por las aportaciones de la cultura afroamericana en Estados Unidos. La cuestión racial es una de las grandes fracturas de la sociedad americana que aún hoy se sigue experimentando.

Resulta ejemplar el estudio del profesor Javier de Lucas (De Lucas, 2020) a propósito de la película To Kill a Mockingbird (Matar a un ruiseñor, 1962), y los residuos de supremacismo y segregacionismo que dejan todavía pendiente una sociedad sin diferencias por el color de la piel. Desde esta perspectiva, Belle of the Nineties realiza diversas reivindicaciones que marcan la dirección hacia esa deseada igualdad: la música de Ellington, los diálogos de Ruby con Jasmine o la fusión de la canción “Troubled Waters” suministran argumentos en la pantalla para valorar la igualdad en dignidad de todos los seres humanos.

El blues de Memphis

Se escucha a la banda tocando una canción de blues. Tras el plano de Duke Ellington y su orquesta, sigue otro del público aplaudiendo entusiasmado. En el escenario de  “The Sensation House”, aparece Ruby vestida de negro. Canta el “Memphis Blues”, escrito por el músico afroamericano W.C. Handy (1873-1958), considerado el padre del blues. La letra[5] de la canción es completamente diegética, pues se hace eco del valor de la cultura afroamericana:

Amigos, acabo de bajar, de bajar de la ciudad de Memphis.

Ahí es donde la gente sonríe, te sonríe todo el tiempo. Hospitalidad.

Eran buenos para mí. No me gasté ni un centavo.

Me lo pasé genial. Salí a bailar con un tipo de Tennessee.

Había un tipo allí llamado Handy, con una banda que deberías escuchar.

Mientras los blancos se balanceaban suavemente,

todos esos negros tocaron armonía real.

Nunca olvidaré la melodía, que llaman el blues de Memphis.

Oh, sí tocaban unos blues.

La música y la interpretación de Mae tienen al público entregado. Se ve un plano que a modo de trávelin muestra a distintos rostros de hombre embelesados.

Los virtuosos del blues

La letra va singularizando a los distintos músicos. Y la pantalla nos lo va mostrando: el violinista, el del trombón, al propio Duke Ellington con su modo tan personal de tocar el piano, el trompetista y finalmente el batería.

Tienen un violinista ahí arriba, que siempre lleva el pelo peinado,

Y que sabe cómo arquearse, Y cuando el gran fagot,

Secunda el cantar del trombón, Oh, yeah.

Nadie puede hacerlo, como ese hombre del piano, tocaban una música,

que nunca podrías olvidar. Oh, toca, chico.

Cuando toca el batería, se vuelve loco. Madre, ven y coge a tu hijo.

Los he traído aquí porque no podía soportar que se perdieran esos blues de Memphis.

Cuando termina la actuación se escucha un verdadero torrente de aplausos.

“Se está armando demasiado alboroto alrededor de esa mujer”

Plano de Slade, Dick y otros hombres que miran a Molly como para echarle en cara quién es ahora la favorita. Ella no aguanta la ironía y se separa de ellos. Se ve un plano de las mesas y la gente aplaudiendo, mientras Ace lo contempla con satisfacción. Vuelve a sus estancias y Molly irrumpe de modo abrupto.

MB. (muy indignada): “Se está armando demasiado alboroto alrededor de esa mujer. No creas que me estás engañando. Estás enamorado de ella.

A. (con gesto de cansancio): “¿Otra vez eso?”

MB. (combativa): “Sí, y no pararé. He sido lo suficientemente buena para ti, hasta que llegó aquí.”

A. (hablando como hombre de negocios): “Trabajas aquí y te pago. Si no estás satisfecha, vete.”

MB. (agarrándolo de modo suplicante): “Ace, no puedes hacerme esto.”

A (muy cortante): “Te estás convirtiendo en una molestia.”

El primer reencuentro entre Ruby y Tiger

Se escucha a la banda tocando música animada. En la pantalla vemos a Ruby conversando con algunos de sus admiradores. Bajo de la escalinata se ve a Tiger, que el verla expresa contradicción en su gesto. Ella se separa de aquéllos con los que conversaba y el joven se decide por fin a subir los escalones.

T.: “Hola, Ruby. No esperaba encontrarte en esta ciudad.”

R.: (con gesto frío y distante): “¿No?”

T.: “No. Creí que no te volvería a ver?”

R.: “¿No me digas que me echaste de menos?”

T.: “Más que eso. No puedo sacarte de mi mente, Ruby. Pienso en ti todo el tiempo.”

R. (mostrando que no le cree): “¿Ah, sí?”

T. : “¿Alguna vez has vuelto a pensar en mí?”

R.: (con ambigüedad calculada): “¿Crees que podría olvidar un tipo tan bueno como tú?”

T.: “¿Lo dices en serio?”

R. (con la misma actitud): “Por supuesto.”

El descubrimiento de la treta de Kirby en St. Louis

En ese momento aparece el luchador joven (abreviamos LJ), el conejito, para invitar a Tiger a unirse a ellos.

LJ.: “¿Por qué no te unes a la fiesta, Tiger? Tienen vino, tienen whisky, tienen…”

R. (con su libertad que ahora es providencial): “¿Quién es tu amigo?”

T. (comenzando a sospechar): “¿No lo conoces?”

R.: “Pues no.”

T. (al luchador joven): “¿No la conoces a ella? ¿No la conoces?”

LJ. (apurado por haber sido descubierto en su actuación mentirosa): “Me alegra que lo hayas mencionado, iba a hablarte de eso.”

T.: “Ibas a contármelo, ¿eh? Volveré en un minuto, Ruby.” (Y se va con el luchador joven hacia un lado)

LJ.: “Mira, era una broma”.

T. (con indignación creciente): “¿Una broma?”

LJ.: “Kirby y yo…”

T.: “Tú y Kirby lo arreglasteis, ¿eh?”

La acción se desplaza a detrás de una cortina que muestra la cámara. Se oye un puñetazo. Los que lo han visto se alteran. El plano muestra a Tiger que sale de ese rincón frotándose el puño. Plano de Ruby con otros admiradores.

Primeros pasos -lejanos- hacia la reconciliación

Tiger, que a lo largo de la película se nos muestra como un inocente de fácil manipulación, cree que se pueden arreglar ahora las cosas. Lo que o sabe, ni puede saber es que a Ruby se le ha añadido otro motivo para estar desconfiada de él, no de menos importancia: el robo de los diamantes.

T. (regresando donde Ruby la saluda): “Hola”.

R. (despidiendo a sus admiradores): “Ahora mismo voy con vosotros, chicos.”

T. (sincero): “Hay muchas cosas sobre las que me gustaría poder hablar contigo, Ruby. (Mirando a la gente que pasa). Pero no hay mucha privacidad aquí.”

R.: “Tienes razón.”

Ruby deja que se coja de su brazo y suben las escaleras hacia las habitaciones de la artista. Se ve un plano del joven luchador secándose la nariz con un pañuelo, mientras gime de dolor.

Debiste saber que podías confiar en mí

En la habitación de Ruby comienza a desarrollarse una primera conversación para aclarar lo ocurrido.

R. (reprochándole su actitud en St. Louis): “Debiste saber que podías confiar en mí.”

T. (abrazándola por un lado): “Ruby, no te das cuenta de lo que me has hecho. Hace tanto tiempo que no estoy a solas contigo, desde que te tuve en mis brazos.”

R. (separándolo, sin corresponder a sus intentos por abrazarla, encendiendo un cigarro y fumando”): “Has dicho que tenías mucho que contarme. Espero escuchar lo que quieres decirme.”

T. (pidiendo explicaciones de su frialdad): “¿Qué pasa, Ruby?”

R. (intentando que salga el asunto del robo de diamantes): “¿Qué has estado haciendo últimamente?”

“Lo que quiero saber es si puedo hacerlo contigo”

Como Tiger no asocia el robo de diamantes con Ruby, su respuesta es sincera y esperanzada. Cree que se puede arreglar todo entre ellos. El joven deberá pasar por humillaciones que purifiquen mejor la veracidad de sus intenciones. Es la lógica del rematrimonio (Cavell, 1981), o, en su caso, de la restauración de la relación.

T.: “Sí, olvidé decírtelo. Voy a luchar contra el campeón. Acabo de hacer un trato con Ace.  Me ha ido bien.”

R.: “¿Te ha ido muy bien?”

T.: “Sí. Voy camino a la cima. Lo que quiero saber es si puedo hacerlo contigo.”

R.: “¿Y qué crees?” (como Tiger intenta volver a abrazarla, ella lo separa). Cariño, no me siento sentimental.”

“De ahora en adelante, vas a ser mi problema especial”

Tiger no hace autocrítica. No cree que con su fácil credulidad hacia el comportamiento de ella haya actuado de un modo que requiera reparación. Tampoco ha revisado la relación con Kirby, y su influencia contraria a Ruby. Cree que todo es cuestión de empatía y sentimiento. No ve a Ruby como a una persona completa. Sólo la ve desde su deseo.

T. (que cree que todo se puede resolver de modo simple): “¿Qué pasa, Ruby? Has cambiado. No puedo entenderte.”

R. (segura del proceso que va a seguir con él): “Lo harás.”

T. (una vez más simple): “¿Hay algún otro tipo?”

R. (persuasiva): “No. De ahora en adelante, vas a ser mi problema especial. Y no voy a descuidarte.”

T. (con algo de ligereza infantil, vuelve a acercarse a ella, que se ha aproximado al balcón): “Eso es lo que quería oírte decir. ¿Cuándo podré volver a besarte?”

R.: “A su debido tiempo.” (Y lo vuelve a separar).  Buenas noches.”

T. (entristecido): “Buenas noches, Ruby.”

Suena “My Old Flame”, de modo instrumental con un deje de tristeza. Él hace un amago de regresar antes de cerrar la puerta. Ella no cede.

Dice de nuevo Tiger: “Buenas noches”. Y sale.

R. (que ahora es ella la que piensa mal de él por el asunto de los diamantes: “Tratando de ser más listo que yo. Voy a engañarte como a un corderito. Engañar a una de las damas más inteligentes de las que alguna vez puso sus brazos alrededor.

 

3. LA LUCHA CONTRA EL MAL DESDE LOS HUMILDES: “TROUBLED WATERS”

“Cuanto más nos apeguemos al ser humano desarmado como lo encontremos en el niño, en el anciano o en el pobre”

Tras haber mostrado sus deseos de planificar en contra de Tiger, Ruby sale al balcón. Vamos a asistir a las escenas más meditativas de Bell of the Nineties, aquellas en que la huella de la conjunción entre Mae y McCarey resulta más honda. Una vez más el personalismo se visibiliza en la pantalla a través del rostro de los más humildes. Las conversaciones con Jasmine, las oraciones del hermano Eben, y los cánticos de su congregación muestran una humanidad que clama por su derecho a vivir bajo otro orden más acorde a su ser y sus aspiraciones, una civilización que pueda ser calificada como de la dignidad de toda persona, de la primacía del amor.

Parece oportuno recordar en este momento el pensamiento de Gabriel Marcel acerca de donde se manifiesta con mayor claridad el valor de la persona humana.

Gabriel Marcel: el ser humano desarmado, pobre, pequeño, indefenso, como epifanía de la verdadera humanidad.Imagen 3

Creo profundamente, en lo que a mí respecta, que sólo podemos tener éxito en la preservación del misterioso principio que está en el corazón de la dignidad humana si conseguimos hacer explícita la cualidad propia y sacral que le es propia, y esta cualidad será tanto más clara cuanto más nos apeguemos al ser humano desarmado como lo encontremos en el niño, en el anciano o en el pobre. Aquí, me parece apropiado reflexionar sobre una paradoja que a primera vista parece ser singularmente embarazosa. (Marcel, 1961: 241)

 

 

Veo que usted y el Mr. Tiger están juntos de nuevo

Jasmine, su sirviente, sale al balcón al encuentro de Ruby. Como ha visto salir a Tiger de su habitación saca la conclusión de que ha habido una reconciliación. La confianza y la franqueza con la que hablan las dos mujeres habla a la perfección del componente emocional de la igualdad entre las personas por encima de cualquier otra consideración. No en vano pensadores como Richard Rorty (1931-2007) pusieron más énfasis en la educación sentimental que en cualquier otra dimensión de los derechos humanos (Rorty, 1998).

J.: “Veo que usted y el Mr. Tiger están juntos de nuevo.”

R. (poco convincente, ante Jasmine Ruby habla con más sinceridad): “Crees que estamos juntos, eres un mal juez de la distancia. Aunque fuera el último hombre en la tierra, yo no lo haría… Yo no lo haría…”

J. (perpleja): “¿El último hombre?”

R. (recapacitando, alejada de su habitual seguridad): “Puede que esté hablando demasiado.”

Jasmine se ríe con ganas. Esas risas expresan muy a las claras una proximidad de corazones.

El hermano Eben

La cámara muestra ahora a un predicador evangelista, el hermano Eben (George Reed). La escena que se realiza a partir de él y su oración de exorcismo va a ser central en la película. En su monografía sobre Mae West (Louvish, 2018: 301) se muestra que McCarey tuvo que trabajar esta escena a fondo. Los censores no veían bien que Mae West pudiera mezclarse con una congregación afroamericana. El abominable criterio fue sabiamente bandeado por McCarey: mezclando imágenes de los cánticos y de la propia Ruby consiguió todavía una mayor identificación. La magia del cine frente a la dureza mental y de corazón de algunos.

Por su parte, Jim Watts, siguiendo los planteamientos de Lawrence W. Levine (Levine, 2007) considera que West, en esta escena, se está haciendo eco de que el diablo, para cierta cultura afroamericana se identifica con el hombre blanco y que se trata, por tanto, de una reivindicación sobre todo política lo que está promoviendo el hermano Eben (Watts, 2003: 191).

La interpelación cinematográfica frente a la lectura unidimensionalmente política

Sin embargo, lo que vemos en la pantalla más bien permite ir un poco más lejos: es el diablo el que ha seducido al hombre blanco para cometer esas acciones de explotación de sus hermanos negros. Pero sólo luchando contra el mal se podrá vencer estas esclavitudes. La raíz es más profunda y por ello el personaje de West puede reaccionar ante la seducción del dinero de la que ella mismas está siendo víctima.

No negamos que las observaciones de Watts sean correctas. Lo que creemos es que son insuficientes, y que el cine nos muestra la necesidad de un lenguaje más profundo que llegue al corazón de la persona, allí donde cada cual tiene su cuota de responsabilidad en la lucha contra el mal que se presenta en su vida cotidiana.

La raíz del mal humano

En efecto, la escena del hermano Eben muestra que la raíz más sólida de la lucha política por el reconocimiento de la igualdad entre todos los seres humanos sólo se capta si se acepta la interpelación de los más humildes. Sólo así su sufrimiento no es utilizado para otras finalidades. Sólo así se percibe su valor que se encuentra por encima de todo cálculo.

Resulta obligado regresar una vez más a Simone Weil:

La plenitud del amor al prójimo estriba simplemente en ser capaz de preguntar: ¿Cuál es tu tormento? Es saber que el desdichado existe, no como una unidad más en una serie, no como ejemplar de una categoría social que porta la etiqueta de desdichados, sino como un hombre, semejante en todo a nosotros, que fue un día golpeado y marcado con la marca inimitable de la desdicha. Para ello es suficiente, pero indispensable, saber dirigirle una cierta mirada. Esta mirada es, ante todo, atenta; una mirada en la que el alma se vacía de todo contenido propio para recibir al ser que está mirando, tal cual es, en toda su verdad. Sólo es capaz de ello quien es capaz de atención (Weil, 2009: pp. 72-73)

La capacidad de atención

El cine refuerza esa capacidad de atención y directores como McCarey lo sabían bien. Una atención que se extiende hacia una pluralidad de rostros todos tan reales. La cámara de Karl Struss (1886-1991) se puso plenamente al servicio de este cometido.

El liderazgo que ejerce el hermano Eben no es representativo, ni siquiera ético. Es espiritual y busca sacar de cada uno de los miembros de su congregación lo mejor de sí mismos. Esto supone también un contrapunto a las tesis de Watts: la humanidad de los últimos siglos está agotada de liderazgos políticos que se alejan del sufrimiento de aquellos a los que representan -más allá incluso de la fidelidad a sus bases-. El cine permite representar sin trivializarlos anhelos de tal naturaleza. Privilegios, en palabras de Cavell, de su chifladura.

La justicia del título de “comedias chifladas”, usado para nombrar un género de Hollywood que incluye indiscriminadamente las comedias de rematrimonio, reside en que esas comedias sugieren en conjunto que la elevada promesa que América se ha hecho a sí misma de ser algo nuevo para el mundo la deja sin protección contra el (auto)reproche de no vivir según esa promesa. Eso otorga a sus ciudadanos, en el mejor caso, la tendencia a estar -como en la descripción que hace Clark Gable en Sucedió una noche– chiflados. (Cavell, 2007:202)

Sólo acertamos a luchas contra el mal cuando nos situamos al lado de las víctimas y cuando no rebajamos la profundidad de su sufrimiento

Si leemos bien lo que se nos está presentando en la pantalla, la moraleja es clara: la remisión a un misterio del mal (el Diablo) permite mejor esta comprensión, que no quedarse encerrado en lo que la filosofía escolástica llamaba causas segundas (la política, la economía la cultura…)

La predicación del hermano Eben es explícita al respecto, y además lo hace en un tono de esperanza, de victoria. El cántico espiritual muestra que se puede confiar en la victoria contra el mal. Algo central en la espiritualidad común del cristianismo: Jesucristo ha vencido al pecado y a la muerte, y ya no es logro del esfuerzo humano sino colaboración responsable con la gracia divina lo que elimina el mal del mundo.

¿Quién es la causa de todo el mal? El diablo

Eben hace las preguntas y su congregación contesta.

E.: “¿Quién es la causa de todas las enfermedades? C.: “El diablo”.

E.: “¿Quién es la causa de las malas cosechas?” C.: “El diablo”.

E.: “¿Quién es la causa de todo el mal?”; C.: “El diablo”.

E.: “¿Qué hizo el diablo por nosotros?”; C.: “Nada”.

E.: “Nada de nada. Voy a realizar una colecta para luchar contra el diablo. Y quiero que todos ustedes me muestren cuánto lo odian.”

La multitud de los que forman la congregación bailan y rezan muy alegres. Es un momento de profunda alegría, no un mero gesto político. Todo ejecutado con un ambiente de música espiritual.

¿De dónde viene esa música?

La reacción de Ruby ante lo que escucha tiene un profundo significado. Las inadmisibles exigencias de la censura de evitar la mezcla entre etnias en la pantalla -por más que fuera algo muy habitual- ya hemos señalado que McCarey y Struss la resolvieron de modo tan magistral que se mostró de manera más elocuente la fusión de almas… en la separación de cuerpos.

R. (preguntando de un modo que admite más de un nivel de significado, bien como origen de lo que está oyendo, bien como interrogación sobre lo que mueve a quienes cantan así): “¿De dónde viene esa música?”

J.: “Es el hermano Eben y su reunión. Le predica al diablo con descaro. Estaba pensando que si no me necesita, me gustaría ir a esa reunión esta noche.”

R.: “Puedes irte después de que me haya vestido.”

J.: “Sí, señora.”

La revisión de Ruby con respecto a su relación con Brooks Claybourne

Jasmine, sin proponérselo, se sumará al clima interior que la canción está creando en Ruby. Sacará el tema de Brooks Claybourne, una relación que Ruby sabe que debe revisar, porque no está procediendo adecuadamente.

J. (al reparar todo lo que le ha venido recibiendo de él): “Mr. Brooks ha sido muy bueno contigo. ¿No estaba un poco nerviosa cuando te dio todos esos regalos?

R. (desenvuelta): “No, los cogí tranquila y serena. (Jasmine se ríe de la respuesta). No había razón para que me diera todos esos maravillosos regalos. No lo conozco mucho mejor de lo que conozco a Shakespeare”.

J. (a quién se le escapa la ironía): “¿Shakespeare? No me recuerdo ningún Mr. Shakespeare que te llamara.”

R. (para no humillar a Jasmine): “Eso fue antes de que vinieras conmigo.”

J.: “Ya veo.”

La determinación de esa revisión: devolver las joyas a Brooks

Vuelve a escucharse la música que suena de fondo. Parece que eso impulsa a Ruby en su determinación.

R.: “Me va a doler, pero voy a devolver todas esas joyas. Eso si las recupero.”

J. (extrañada por este último comentario): “¿Qué ha dicho?”

R.: “Estoy diciendo que no debería haberlas aceptado en primer lugar. (Irónica sobre sí misma). Cuando se trata de rechazar joyas, tengo tanta fuerza de voluntad como una pulga… que es débil.”

La fluidez del diálogo entre Ruby y Jasmine como ejercicio de igualdad

Es patente que Ruby dialoga con su sirvienta como se hace con una amiga, a la que abres tu alma, con la que dejas examinar, por cuyos problemas te interesas.

J. (confidente): “Toda mi vida he estado buscando a un hombre… que sea grande, guapo, y que tenga un montón de dinero.”

R. (con ironía dulce): “Lo que has estado buscando son tres hombres. ¿Estás enamorada?”

J. (afirmando): “Uh-huh. ¿Qué clase de marido debería conseguir?”

R. (compartiendo su propio código de conducta con ella): “¿Por qué no te llevas a un hombre soltero? Deja a los maridos en paz. Y eso es algo para recordar.

J.: “Sí, señora”.

Le podría gustar mucho y yo no le haría feliz. Y la gente hablaría mucho

El diálogo es fructífero también para Ruby. Conforme comparte con Jasmine sus principios, se le abre mejor el horizonte de lo que debe hacer. Al mismo tiempo muestra su empatía más profunda con la suerte de los más humildes: el riesgo de ser excluida por los que piensan bien de sí mismos.

J.: “Aun no entiendo por qué quiere devolver a Mr. Claybourne todas esas joyas.”

R. (responsable): “Voy a detener esto antes de que vaya demasiado lejos. Le podría gustar mucho y yo no le haría feliz. Y la gente hablaría mucho”.

J. (con admiración hacia su señora): “¿Qué podría decir alguien sobre usted, Miss Ruby?

R. (sagaz): “La gente obtiene su reputación de la gente que habla de la gente… cuando ni siquiera conocen a la gente.”

J. (siguiendo su razonamiento a la perfección): “Sí, diciendo cosas que no son ciertas”.

Cuando vayas a esa reunión de oración, reza una pequeña oración por mí

Lo que ve Ruby en la reunión del hermano Eben no es algo meramente social, político, inmanente… Es la posibilidad de que las personas sepamos que hay una mirada superior a las consideraciones humanas que mira a las personas con verdadero amor, que cree en su valor. La petición a Jasmine de que rece por ella es un indicio contundente.

R.: “Dame mi cartera. Cuando vayas a esa reunión de oración, reza una pequeña oración por mí.”

J. (alegre): “Sí, señora, seguro que lo haré.”

R. (coge un billete generoso): “Toma, ponlo en la colecta, y asegúrate de no aceptar ningún cambio.”

J. (riendo feliz): “No, señora.

Rezad niños, y os salvaréis

La pantalla nos muestra la oración de los sencillos, de los humildes. El hermano Eben es un pequeño entre los pequeños. Le acompañan una serie de hombres y mujeres que le refuerzan, todos ellos afroamericanos.

E. (cantando): “Rezad, niños. Rezad, reza niños y os salvaréis.”

Una primera mujer: “Predícalo, hermano, predícalo.”

Un primer hombre: “Dilo ahora, dilo ahora.”

E. (cantando): “Rezad, niños. Inclinaos, inclinaos.”

Una segunda mujer (cantando vivamente el espiritual): “Sí, Señor, sí, Señor. Inclínate, inclínate.”

Una tercera: “Dilo, ahora, dilo ahora.”

“Oh, me voy a ahogar en esas aguas turbulentas”

Parece como si Ruby recibiera en primera persona esa invitación a sacar lo que lleva dentro. Canta “Troubled Waters”, en dueto con el coro de la congregación evangelista. También le acompañan el cuarteto “The King’s Men”[6]. El carácter diegético de la letra es claro. Una vez más en el personaje de Ruby se vierten elementos autobiográficos de Mae West y la injusta persecución recibida. El canto muestra un deseo de purificación profunda, que marque un nuevo punto de partida.

 Oh, me voy a ahogar debajo en esas aguas turbulentas;

Se están arrastrando alrededor de mi alma; están más allá del control.

Y ellas lavarán mis pecados; antes de la mañana.

Dicen que soy, una de las hijas del diablo. Me miran con desprecio.

Nunca oiré esa corneta. Estaré debajo del agua.

Mañana del juicio. (A partir de ese momento la congregación hace unos coros alegres de la canción de Ruby, como si estuviera recibiendo ya la acogida y el perdón)

Oh, Señor, ¿debo culparme?

Debo inclinar mi cabeza en la vergüenza,

Si la gente va por ahí escandalizando con mi nombre…

Voy a ahogarme, debajo en esas aguas turbulentas.

Se están arrastrando alrededor de mi alma. Están más allá del control.

Y ellas lavarán mis pecados, antes de la mañana.

La acogida de “Troubled Waters” en la canción espiritual

A partir de ese momento se produce la magistral fusión entre las imágenes y el sonido de lo que canta Ruby y la congregación del hermano Eben.

Mujer primera: “Predícalo, hermano, predícalo.”

Ruby prosigue.

Oh, Señor, ¿tengo la culpa? Debo inclinar mi cabeza en la vergüenza.

Si la gente va por ahí escandalizando con mi nombre…

Voy a ahogarme debajo en esas aguas turbulentas.

Se están arrastrando alrededor de mi alma. Están más allá del control.

Y ellas lavarán mis pecados, antes de la mañana.

Y el canto de la congregación y las imágenes se siguen superponiendo:

E.: “¿Eres una pecadora?”

Una cuarta mujer: “¡No, no lo soy!”

Una quinta mujer: “¡Sí, sí! Aleluya!”

Un hombre: “Sí, mi alma es de Dios.”

El punto de inflexión de Belle of The Nineties

Para nosotros resulta claro que la escena que acabamos de analizar es crucial para el desarrollo de Belle of The Nineties. A partir de este momento, Ruby, un personaje a establecer relaciones que la idolatren, decide tomar nota de cómo vive la gente sencilla, aquélla que se aleja de las pompas de los triunfadores sociales y comparte su vida con autenticidad. McCarey ha conseguido imprimir en ella esa dimensión de interioridad, propia de sus películas[7] y no tan presente en otros filmes de Mae West.

Decidirá compensar a Brooks y romper con el juego de Brooks, en el que cree que ha entrado también Tiger. Pero ella misma deberá experimentar que las aguas que la salvan están fuera de su control. El combate de boxeo alterará completamente su estrategia, si bien consiguiendo un resultado mejor.

 

4. EL COMPLETO CAMBIO DE LA SITUACIÓN A PARTIR DEL COMBATE DE BOXEO DE TIGER KID

Para McCarey el combate de boxeo simboliza la ocasión de que desaparezcan las falsas seguridades y de que las personas sin excepción experimentemos nuestra vulnerabilidad.Imagen 4

“Vamos, Tony, date prisa. Llegaremos tarde a la pelea”

De la escena de orientación introspectiva que acabamos de analizar, pasamos al dinamismo que imprime en la trama la expectativa del combate de boxeo, de lo que designan como “el campeonato mundial”.

La trama narración muestra que el evento se vive a dos niveles: el pueblo sencillo que espera un juego limpio; lo especuladores que esperan hacer grandes negocios a sus cotas, entre los que se encuentran los propios organizadores. En medio de ambos se encuentran las apuestas. Modestas en los primeros. Cuantiosas en los segundos. Y, como se verá, decisivas para el desenlace.

McCarey ambienta indirectamente la expectación que crea el combate.

Voz de Joe (fuera de cuadro, tras salir corriendo de la peluquería): “Vamos, Tony, date prisa. Llegaremos tarde a la pelea.”

Tony (cerrando lo que debe ser su negocio): “Muy bien, Joe.”

“Puede hacer trampas en los dados pero no me engañará”

Tampoco Jasmine, la sirvienta de Ruby es ajena a todo ese entramado. El plano nos la muestra en el balcón usando unos binoculares. Otro objeto que, de modo análogo a las joyas o los diamante, va a tener peso en la narración.

R. (a Jasmine): “Vamos, dame mis pieles. ¿Qué haces ahí?”

J .(observando al conductor del que está enamorada): “Mirando a ese hombre de las apuestas. Puede hacer trampas en los dados pero no me engañará.

R. (comprensiva): “Quieres que sea un buen hombre.”

I.: (cariñosa): “Es un buen hombre.”

R.: “Quieres decir que es un buen hombre.”

J. (quizás no captando la sutileza del comentario de Ruby): “Eso es. Sí, señora”.

“Quiero que le digas que no apueste por el Tiger Kid porque ganará si apuesta contra él. ¿Entiendes?”

De la pequeña anécdota de las apuestas con los dados, Jasmine pasa al tema del día y a cómo se sitúa Ruby ante él. En la pantalla se nos muestra a Jasmine poniéndole las pieles ya en el interior de la habitación.

J.: “Espero que disfrute de la gran pelea.”

R.: “Lo haré, si todo sale como quiero.”

J.: “Sé que se muere por que gane Tiger Kid.”

R. (mientras va ajustando los binoculares, parece encontrar un medio de reparar su relación con Brooks): “Eso me recuerda… que Brooks Claybourne ha estado perdiendo un montón de dinero apostando. (comenzando a desarrollar su estrategia). Quiero que le digas que no apueste por el Tiger Kid porque ganará si apuesta contra él. ¿Entiendes?”

El doble lenguaje en el que Jasmine se pierde

Ruby comienza a emplear un doble lenguaje en el que necesariamente Jasmine se pierde. La artista se cuida de que su asistenta no experimente ninguna superioridad -que se va obligada a llamarla “señora”-, pero sus juegos estratégicos pueden ser necesarios, pero le alejan del lenguaje de la gente sencilla.

J.: “Sí.”

R.: “Sí, ¿qué?”

J. (tomando como que le está invitando al tratamiento respetuoso): “Sí, señora”.

R. (expresándose mejor y repudiando esa posible corrección de tratamiento) “No, no. ¿Qué te acabo de decir?”

J.: ¿Quieres que le diga a Tiger Kid que no puede ganar?”.

R.: “No, no.”

J.: “Lo sé. ¿Quieres que le diga a Mr. Brooks que apueste por el Tiger Kid.”

R. (consciente de que es imposible que Jasmine entienda su lenguaje cruzado): “No importa. Me ocuparé yo misma. Ve a buscar mi joyero. (Sigue ajustando los binoculares).

J.: “Sí.”

“Veo que estás lista”

Llaman a la puerta. Es Ace Lamont.

R.: “Entra.”

J. : (lo hace, como siempre, con su vestimenta cuidadísima): “Veo que estás lista”.

R.: “Sí (la respuesta es nuevamente ambigua: está preparada, pero no para lo que Ace Lamont espera). ¿Tienes los asientos?”

A.: “En la esquina de Tiger Kid. Ahí es donde los querías, ¿no?”

R. (con una pregunta necesaria para su estrategia): “Apuestas fuerte por él, ¿no?”

A.: “Nunca he hecho una apuesta más fuerte en mi vida.”

R.: “Debería ser dinero fácil para ti hoy.”

A.: “¿Nos vamos?”

R.: “Sí.”

Espera, Ace, quiero que pongas estas en un lugar seguro. Ya me robaron una vez.

Ruby va a continuar con los pasos de su estrategia para recuperar las joyas. Pronto sabremos que los binoculares los ha ajustado para llegar a ver la clave de la caja fuerte.

R.: “Espera, Ace, quiero que pongas estas en un lugar seguro. Ya me robaron una vez.” (le muestra las joyas que le quedan).

A. (encantado con la proposición): “Oh, sí.”

R.: ”No me siento como para llevarlas y y no quiero correr ningún riesgo”.

A.: “Muy bien, los guardaré.”

Ace va hacia su habitación no por la puerta intermedia -no la usa quizás por guardar apariencias de respeto con Ruby-, sino por la puerta de salida. El plano sí que muestra a Ruby que va a la puerta de comunicación para esperar lo que hace. El plano muestra a Ace que desliza de nuevo el panel y abre la caja fuerte. Plano de Ruby mirando con los binoculares cómo Ace mueve la rueda de la caja fuerte. Ace la abre. Vemos a Ruby que baja las lentes y cierra la puerta. A continuación avanza hacia el otro lado de la puerta y dejando los binoculares en un tocador. Plano de Acre regresando a la habitación de Ruby.

A.: “Ya está”.

R.: “Sí. Un momento.” (Apunta el código en un papel)

A.: “¿Lista?”

R.: (confirmando el sentido en que lo está): “Estoy más que lista”.

“Estamos aquí para el combate principal de esta tarde por el Campeonato del Mundo”

La siguiente escena es ya del combate de boxeo. La ambientación es completamente realista. Se han dispuesto gradas de maderas de distintas alturas en torno al cuadrilátero.

Presentador: “Damas y caballeros…Estamos aquí para el combate principal de esta tarde por el Campeonato del Mundo. En esta esquina, presentando al campeón, Battling Burke (la cámara lo muestra con sus saludos habituales). En esta esquina, el aspirante, de St. Louis, el Tiger Kid (la cámara muestra sus saludos; está acompañado de Kirby, Butch -Morrie Cohan- y Blackie -Benny Barker-, otro ayudante). El árbitro.

La cámara muestra como los combatientes se acercan al arbitro para que les dé las advertencias habituales. Suena la campana. Plano de Ruby con gesto preocupado acompañada por Ace. A continuación se ve a cada boxeador que camina hacia su esquina.

Un espectador (a Tiger): “Métete en esa pelea.”

Vuelve a sonar la campa. La pantalla se nos muestra un intercambio de golpes entre los contendientes. Unos planos disolventes muestran los distintos rounds (uno, dos, tres…) que se mezclan con imágenes de intercambios de golpes. Los números son mostrados por un empleado que los va cambiando con una manivela. Se llega al round 26.

Lo estás haciendo muy bien, Tiger

Han seguido los intercambios de golpes, pero se aprecia superioridad de Tiger. Van cada uno a su esquina. McCarey filma los mismos desde un plano general que da una sensación de equilibrio y objetividad.

R. (con intención de disimular): “Lo estás haciendo muy bien, Tiger”.

Plano de Ace y Ruby, que se dirigen a Tiger, que se encuentra fuera de cuadro.

A: “Tienes mucho dinero encima. Acaba de una vez.”

T.: “Sólo unos pocos rounds más. Quiero agotarle”

R. (irónica): “Claro, este es sólo el 27º asalto. Ace, dale tiempo.

Desde la otra esquina, se ven los ánimos que le dan al campeón.

Entrenador de Battling Burke:” Ve tras él rápido en esta ronda, campeón. Puedes acabar con él”.

Battling Burke (con gesto de asentimiento): “Sí, si puedo conseguirlo.”

“Ruby, parece un golpe de gracia”

Suena la campana. Es ya el round 27. McCarey muestra en la pantalla un momento culminante. El público grita emocionado. Los de las primeras filas se levantan y golpean en la lona. Plano de Ace y Ruby que miran hacia arriba muy atentos. Tiger la asesta un buen crochet al campeón.

A. (saboreando las mieles de la victoria) Ruby, parece un golpe de gracia -nuevamente la expresión de ella muestra la ambigüedad de la frase-.

Plano de Ruby que saca sigilosamente algo del bolso. Tiger golpea con fuerza. El campeón se cae. Plano de Ruby poniendo su estola de pieles delante de la botella para poder derramar algo en ella. La pantalla muestra cómo el campeón se levanta. La multitud de espectadores sigue el combate muy excitada. El campeón se levanta. Plano de Ace y Ruby que se sientan. Nuevo intercambio de golpes. Suena la campana. El árbitro los mandas a la esquina. Plano de Tiger sentándose, ante la sonrisa codiciosa de Ace y la forzosa de Ruby.

“Dale la botella”

Ruby ha ejecutado su treta de poner algo de droga en la bebida de Ace. Por eso se encarga de que sea él que le dé la botella. Como veremos, ello le permitirá proyectar sospechas sobre Ace a los ojos de Tiger.

R. (como preocupándose por Tiger): “Dale la botella.

A.: (visándolo para que Butch se la haga llegar) Oh, Tiger. (El boxeador bebe y Butch devuelve el agua a Ace para que la deje en el suelo).

R. (para dejar patente al espectador por qué está actuando así) “Ace, ¿has oído algo más sobre mis diamantes?”

A. (elusivo): “No, no lo he hecho, pero espero tener noticias cualquier día de estos”.

Plano de Tiger buscando la mirada de Ruby quien le dirige una sonrisa inexpresiva.

“Está terminado”

Suena la campana y con ella comienza el round. Lo espectadores rugen. McCarey combina planos desde arriba, generales y primeros planos para darle mucho dinamismo al combate. El campeón y Tiger intercambian golpes. Plano de Ace y Ruby mirando muy atentos. En un primer momento están igualados, pero pronto Tiger comienza a flaquear. Un primer plano agarrado al campeón muestra el sufrimiento del aspirante. Butch, Kirby y Blackie le animan desde su esquina. Llega el golpe definitivo. Tiger cae a plomo y queda tumbado en la lona. Ante el griterío del público. El árbitro comienza la cuenta.

K.: “¿Qué te pasa, Tigre?”

Butch: “Levántate.”

A. (alarmado): “No se levanta.”

R. (cáustica): “Está terminado”.

El árbitro termina la cuenta y levanta el brazo del campeón. Vítores del público. Butch, Blackie y otro ayudante llevan a Tiger a su esquina.

A. (desesperado): “¡Aposté mucho por él! ¡Aposté mucho por él!”.

Podría haber sido diferente si Ruby Carter no te hubiera dicho a quién apostar

Un primer plano muestra a Kirby que desde lo alto del cuadrilátero escucha una conversación. Son una serie de caballeros que en torno a Brooks se felicitan por haber ganado. Ruby ha ejecutado su plan en favor de Brooks con éxito. A sus ojos, es el único hombre que ha sido bueno con ella. No así Tiger y Ace que están recibiendo lo que ella cree que se merecen.

Un caballero: “Tengo tres menos que él.”

B. (ahora en pantalla): Caballeros, tuve mucha suerte”.

Otro caballero: “Diré que tuviste suerte. Podría haber sido diferente si Ruby Carter no te hubiera dicho a quién apostar. Me alegro de no haber apostado más.”

B.: “Gracias, caballeros.”

Un tercer caballero: “Me quedan unos cuantos dólares de todos modos.”

La cámara vuelve a Ruby ya Ace, el otro reverso de la moneda.

A.: “Me gustaría averiguar qué es lo que ha pasado.”

A. (irónica): “Eres un tipo listo, Ace, seguro que lo harás” -y mientras hablas se nos muestra cómo tira la botella de Tiger para que se rompa y desparezca la prueba-.

Están todos aquí, Ace, esperando que les paguen

En “The Sensation House” la música de piano suena animada. Entran unas parejas y a continuación lo hace Ace acompañado de Ruby. Él está muy contrariado. Les recibe Slade que anuncia malas nuevas.

SL.:  “Están todos aquí, Ace, esperando que les paguen.” Se ve un nutrido grupo de caballeros con caras de recelo. Quieren lo suyo y no parecen querer espera mucho

A.: “Está bien.”

Caballeros del grupo: “Hola, Ace.”

A. (intentando dar normalidad): “Hola, muchachos. Bajaré en un momento”.

“Lástima que hayas perdido, lo siento por ti.”

La cámara muestra Ruby y a Ace en la habitación de la artista. Ella comienza la fase de su estrategia para liberarse del magnate, lo cual no parece fácil. Tendrán que acontecer hechos inesperados.

R. (con falsa compasión): “Lástima que hayas perdido, lo siento por ti.”

A. (gratamente sorprendido): “Es la cosa más amable que has dicho. Estoy empezando a pensar que por fin te gusto.”

R. (explotando el sentido ambiguo de su expresión, que para él suena positiva, cuando es todo lo contrario): “Estoy empezando a descubrir qué clase de tipo eres”.

A. (cobrando ánimos): “Ojalá lo hubieras sabido antes.”

R. (sacando la información que necesita): “¿Por qué antes?”

A.: (bajando la guardia): “Estoy desesperado financieramente.”

R.: (sentenciando): “ ¿Quieres decir que estás quebrado?”

A.: “Tan malo como eso si pago las apuestas del combate. Tengo el dinero para ir a su encuentro, pero me van a dejar seco”.

“He decidido que no mantendré la banca por esa pelea falsa”.

La versión de Ace como un hombre sin palabra, capaz de todo para sus propios fines, alcanza cada vez cuotas más elevadas. Está dispuesto a quebrar uno de los códigos de honor más ampliamente extendido: el pago de dudas de juego.

R. (con bastante cinismo, intentando comprenderle): “Eso podría haberle pasado a cualquiera”.

A (complemente al margen de cualquier expectativa razonable).: “He decidido que no mantendré la banca por esa pelea falsa. ¿Por qué debería entregar todo mi dinero por algunas apuestas podridas que no debería haber perdido?”

R. (asistiendo a lo que en principio no se esperaba): “¿Qué vas a hacer?”

A. (utilizanso a Ruby para enmascarar su egoísmo): “Con el dinero que tengo aquí en mi caja fuerte, tú y yo podríamos abrirnos paso en otro lugar. Ahora que sé que te gusto bastante… (En modo confidencial). No me importa decírtelo, si pago, todo esto me costará 200.000 dólares.”

R. (fingiendo admiración). “¿Sí?”

“Nadie podría culpar a un hombre que no pudo pagar”

Literalmente Ace opta por jugar con fuego. En modo alguno se muestra abatido. Está tan acostumbrado a manejar a los demás, que esto sólo le parece una nueva manipulación, tan admisible como las otras si tiene éxito.

A.: “Supongamos que este lugar se quemara. Supongamos que se supiera que todo mi dinero y los bienes fueron destruidos en el incendio. Nadie podría culpar a un hombre que no pudo pagar.”

R. (adulándolo al verlo capaz de todo): “Eres un tipo muy inteligente, Ace.”

A. (continuando con su barniz sentimental): “Podríamos ir a La Habana. ¿Qué me dices? Te haré la reina de los salones de juego… Te vestiré con diamantes, podré poner el mundo a tus pies.”

R. (un poco asustada): “Me impresionas.”

A.: “Te gusto, sólo un poco, ¿no? Y tú a mí no sabes cómo” (intenta abrazarla).

R. (siguiendo su juego): “Vamos, tenemos que salir de aquí.”

A.: “Está bien. Haz el equipaje de todo. Ahora mismo vuelvo”.

El tipo no es bueno. Nunca fue bueno y nunca lo será

Ruby llama a Jasmine y de nuevo abrirá con ella su alma. Está asombrada del grado de retorcimiento de Ace, por lo que debe pensar cómo escapar.

R.: “Jasmine”.

J.: “¿Sí?” -ella aparece mientras en un plano de fondo se ve a Ace que sale de la habitación no perdiendo la mirada hacia Ruby-.

R.: “Haz el equipaje. Mr. Lamont y yo nos vamos.”

J. (confusa): “¿Quiere decir que se va con Mr. Lamont? Me sorprende que se vaya con él.

R.: (confidente) “Me sorprende que pienses que lo vaya a hacer. El tipo no es bueno. Nunca fue bueno y nunca lo será. Nació así. -añade con ironía- Su madre debería haberlo tirado y quedarse con la cigüeña. Venga, vamos. -Jasmine se ríe a gusto una vez más-.

“Me acabo de dar cuenta de que te he descuidado últimamente”

En el salón de “The Sensation House” la banda toca música alegre. Vemos que está lleno de gente. El croupier (Edward Hearn) de espaldas a la cámara, ve aparece a Ace al fondo del plano, con Molly Brandt en primer término.

Croupier (se lo indica con un gesto con un gesto): “Molly,  Ace.”

Un plano picado muestra cómo Molly acude donde él.

A.: “¿Querrás esperar aquí? Quiero hablar contigo en un rato.”

MB.: “¿Qué pasa?”

A. (con un marcado cinismo, haciéndole creer algo bueno, cuando es su opuesto): “Me acabo de dar cuenta de que te he descuidado últimamente. Y voy a ocuparme de que tengas lo que te mereces.

MB.: “Oh, Ace”

A.: “Hasta luego, querida.”

Ace quiere ir cerrando asuntos. Comienza por el más débil. Una mujer enamorada a la que querrá borra de su vida sin ningún miramiento. El primer paso de la violencia contra la mujer es hacerla invisible (Oliver del Olmo, 2020)

Los movimientos de Ace y los de Ruby

Frente a los movimientos de Ace, Ruby adopta una actitud defensiva. Tiene que recuperar las joyas para no estar a mercede de él. Plano de la habitación de La artista.

R. (a Jasmine): “Ahora no importa eso. Ve y termina de hacer el equipaje. Tengo cosas que hacer.”

J.: “Sí señora”.

Vemos a Ruby que acude a la oficina de Ace, con el papel de la clave de la caja fuerte. Comienza a abrirla. La cámara va a continuación donde Ace, que se reúne con sus acreedores de juego. Le sigue Stogie.

A. (con falsa naturalidad y completo cinismo): “Ustedes son unos tipos muy afortunados. Pero soy un buen perdedor. (A Stogie) Sírveles un trago, Stogie, ¿quieres?”

Stogie: “Con gusto. Pónganse cómodos.”

A. (hipócrita): “Tendré su dinero en unos minutos. Debo sacarlo de mi caja fuerte. Disculpen”.

La cámara muestra a Ruby retirando las joyas de la caja fuerte de Ace.

La crueldad de Ace con Molly Brant

La dureza del juicio de maldad que Ruby emite contra Ace, se nos va a mostrar en pantalla a través de la crueldad gratuita con la que quiere acabar con Molly Brant. McCarey, poco dado al retrato de villanos, hace aquí, como hemos señalado ya, una clara excepción.

Mientras vemos que Ruby sigue con su estrategia defensiva. Ha regresado con las joyas y le indica a su sirvienta.

R.: “Ve a vestirte. Lleva esas bolsas por la parte de atrás. Y que un carruaje espere en la puerta lateral.”

La cámara vuelve a la oficina de Ace, donde ha entrado en compañía de Molly.

MB.: “Pareces diferente esta noche, Ace.”

A.: “Sí. Las cosas van a ser diferentes a partir de ahora, querida.” (Ríe con malicia).

MB.: “¿De qué te ríes? No te rías así. Me asusta.”

A. (exhibiendo su malicia): “Me río porque será tan fácil deshacerme de ti como de los otros. ¿Dijiste que no querías ser tratada como ellos? Está bien. Te trataré de forma diferente.

MB. (ya muy asustada): “¿Qué es lo que quieres decir?”

A.: “Te lo mostraré. No, no te escapes.”

MB.: “Ace, no. Déjame ir. (La agarra y la mete en un armario empotrado. Molly grita).  ¡No, no lo hagas! ¡Déjame! (Ace le pega un puñetazo y la deja inconsciente en el suelo).

No dejes que un hombre te ponga nada encima, fuera de un paraguas…

El plano en la habitación de Ruby hace de contrapunto. Frente a la violencia contra una mujer, contra Molly, los diálogos entre Ruby y Jasmine abren otra perspectiva completamente distinta.

J.: “Parece que muchas cosas están pasando por aquí.”

R.: “Se la estoy devolviendo a dos tipos que son tan bajos, que podrían pasar por debajo de la puerta sin quitarse el sombrero”. (Jasmine se ríe de la expresión. A continuación, Ruby hace una proclama de dignidad de la mujer, muy propia de Mae West) Déjame decirte algo. No dejes que un hombre te ponga nada encima, fuera de un paraguas.”

J.: “Sí, señora” (se ríe a gusto).

Una primera aclaración de asuntos con Tiger

Llaman a la puerta. Es Tiger.  Se quita el sombrero y pasa. Vamos a asistir a una primera aclaración de asuntos con él. Ruby sigue pensando en que fue cómplice en el robo de las joyas. Tiger ahora cree que ella se ha beneficiado de apostar contra él. Kirby debe haberle comunicado lo que escuchó.

R.: “Adelante”. (Se escucha una música instrumental suave). Siento que hayas perdido.”

T. (dolido): “Sí, perdí. Aunque no creo que tú lo hayas sentido tanto. He oído que te ha ido muy bien.”

R.: (sin complejos por tener éxito): “Siempre lo hago. ¿Qué tiene que ver contigo?”

T.: “Nada. ¿Te parece divertido decirle a Claybourne que apostara contra mí? He oído que también ha apostado algo de tu dinero.”

R. (poniendo las cosas en su sitio pero sólo sobre lo último): “Te equivocas. Quienquiera que haya dicho eso estaba mal informado. Dile también que lo he dicho”.

 “Te voy a espabilar”

Aclarado ese punto, Tiger quiere saber lo que ocurrió con la pelea. Ruby podemos pensar que se suma a los que juegan con la inocencia de Tiger. O también que es necesario activar su sentido crítico para que vea a Ace como es: un hombre muy peligroso.

T.: “¿Qué es lo que sabes sobre el combate que yo no sé? que no tengo?”

R. (jugando con él): “¿Por qué acudir a mí? Pregúntale a Ace.

T.: “- Él no sabría nada.”

R. (ya desmontando directamente a Ace): “Pregúntale por qué se va del antro.”

T.: “¿Se va?”

R.: “Se está preparando para salir.”

T.: “¿Qué tiene eso que ver?

R.: “Te voy a espabilar”.

T.: “¿Qué quieres decir?”

R.: “Te lo diré.”

“¿Quieres decir que me drogaron?”

Mientras la música suave continúa, la cámara muestra cómo Ace prepara la provocación del incendio con la oficina de su oficina y el keroseno del quinqué. Se ve a Molly que sigue noqueada en el suelo. La perversidad del personaje vuelve a dejarse patente en la pantalla. La cámara vuelve a la habitación de Ruby.

T.: “¿Quieres decir que me drogaron?”

R. (necesariamente ambigua, deja que Tiger saque una conclusión precipitada, pues no ve otro modo de que recele del magnate): “Algo así. ¿Recuerdas cuando Ace te dio esa botella de agua? Sabes lo que te pasó justo después de eso.”

T. (cayendo en la manipulación): “Sí, me dio esa botella. Ese sucio traidor. No se saldrá con la suya.”

R.: “¿A dónde vas?”

T.: “Lo atraparé y lo ataré con nudos.”

R. (satisfecha por lo que ha logrado, le enseña la puerta medianera entre las dos habitaciones): “Por aquí. Es un atajo”.

La pelea con Ace y el trágico desenlace

Se ve a Ace en la caja fuerte. Cuando ve a Tiger le dice espantado que no están los diamantes.

A.: “Me han robado.”

T. (amenazante). “Sí, a mí también me robaron. Y lo hiciste tú”.

A. (perplejo): “¿Qué quieres decir?”

T.: “Ya sabrás lo que quiero decir. Te mostraré cómo se siente al ser noqueado, sucio…”

A.: (saca una pistola): “Tiger, estás loco.”

Música instrumental dramática. Ambos pelean. Tiger le golpea. Ace cae sobre un sofá y desnuca. Tiger va donde él, le da media vuelta. Pone su oreja sobre su pecho. Se levanta y va donde Ruby.

“Te tengo donde quiero”

La reacción de Ruby va a ser la de aprovechar la situación apurada en la que se encuentra para hacerle caer, para que sienta una humillación que le haga reaccionar, que le permita verla a ella como persona, no desde sus deseos de varón. Se escucha una música instrumental suave, señal de que la reconciliación entre Ruby y Carter tiene preminencia frente al dramático final de Ace.

T. (explicándole a R. lo que ha pasado): “Está muerto.”

R. (haciéndole ver los hechos): “Y tú lo hiciste.”

T. (afligido): “No quise hacerlo. Lo derribé. Supongo que se golpeó la cabeza”.

R. (humillándolo con dureza): “No sólo eres un ladrón, sino también un asesino. Te tengo donde quiero. Tendré un asiento de primera fila en tu ahorcamiento y me pondré esto -se pone los diamantes que Tiger le robó-. ¿Los reconoces? Míralos bien, es la última vez… No los verás a ellos ni a mí, tampoco. Me voy de aquí ahora mismo.

T. (forcejeando con ella): “Un momento, Ruby Tienes que escuchar. Te equivocas.”

R.: “Te vi darle esas piedras a Ace yo misma.”

“Sigue así y te lo creerás tú mismo”

Tiger estás completamente en las manos de Ruby. Ella ha ganado. Las explicaciones del joven van a depender completamente de que ella le dé crédito. Y quizás sea el eco de “Troubled Waters” – Dicen que soy, una de las hijas del diablo. Me miran con desprecio- el que invite a su corazón a ejercer una comprensión que con ella no suelen tener.

T. (sincero): “No sabía que eras tú. Pensé que era esa mujer, Molly.”

R. (fría): “Es una buena historia.”

T. (con algo de desesperación): “Juro que no sabía que eras tú.”

R. (va hacia la puerta para marcharse y se mantiene en su dureza): “Sigue así y te lo creerás tú mismo.”

T. (reteniéndola para que no abra la puerta, sigue insistiendo en poderse explicar): “Espera. Pensé que le estaba haciendo un favor a Ace. Me habló de una dama que lo chantajeaba…”

«No sé por qué quiero creerte, pero…»

Otro momento crucial de la película: Ruby cambia. Sin que ella sepa muy bien por qué, quiere creer a Tiger. Se deja llevar por un orden de causalidad mayor, ese que había escuchado junto al hermano Eben – Voy a ahogarme debajo en esas aguas turbulentas// Se están arrastrando alrededor de mi alma. Están más allá del control//Y ellas lavarán mis pecados, antes de la mañana-, que permite al ser humano, a las mujeres y a los hombres, liberarse del orden del juicio de uno contra otros, de la miseria moral. Así se da por fin el gesto de reconciliación entre Ruby y Tiger. La interpretación instrumental de “My Old Flame” que se escucha lo confirma.

R.: “No sé por qué quiero creerte, pero…  Vámonos de aquí”.

T. (responsable): “No puedo hacerlo.”

R.: “¿Por qué?”

T.: “La ley nos alcanzaría. Tengo que quedarme y afrontarlo o me detendrán por asesinato.

Por los caminos de la misericordia

Ruby ya no habla fría, diferente, hasta cruel a Tiger. Ahora está implicada y es comprensiva. Un camino de compasión y misericordia que se extenderá en la preocupación por Molly.

R.: “Fue un accidente. Tú no lo quisiste”.

T.: “Nadie lo creerá.”

R.: “Espere un momento.”

Ruby quiere pensar cómo salir de la situación. Pero no será su inteligencia la que lo consiga, sino una serie de acontecimientos ineluctables en expresión de McCarey. Pasa a la oficina de Ace. Se encuentra con su cadáver. Medita mientras fuma. De espalda a la cámara, arroja la colilla. Se prende con el keroseno que Ace había comenzado a derramar. Ruby se gira y ve lo que ocurre. Arroja un almohadón al fuego. Escucha gritar a Molly.

T. (que ha acudido al escuchar los gritos): “¿Qué pasa?”

R.: “Es Molly. (Por Ace) Mira a ver si tiene la llave en el bolsillo. Iba a quemarla. (El gesto supera lo que pensaba Ruby de Ace). No pensé que fuera tan frío.” (Abren la puerta del armario y Tiger saca a Molly).

La purificación del fuego

Se ha dado el hecho que va más allá del control y las intenciones de Ruby. La acción del fuego connota habitualmente sentido de purificación.  Ahora la acción es acelerada. Una música instrumental de ritmo rápido acompaña a la extensión de las llamas por las cortinas y toda la habitación.  Ruby llama por teléfono.

R.: “Póngame con los bomberos.”

T. (cargando con Molly, ante lo grave de la situación): “Tenemos que irnos.”

R. (serena): “Enseguida estoy contigo. (Por Molly) Llévala por la parte de atrás. (Tiger lo hace y ella sigue al teléfono). Sí, ¿el departamento de bomberos? ¿Qué? ¿Qué si me importa mantenerme en espera? No, no me importa. Estoy en un edificio en llamas. Sí, la “The Sensation House” de Ace Lamont. Sí, mejor que se lo digas. Porque me tengo que ir. (A sí misma) Hice lo mejor que pude.

La presencia de los bomberos

Plano del fuego que sigue creciendo y arrasando la “The Sensation House”. A continuación otro que muestra que llegan tres coches de bomberos, con los caballos al galope. Se escucha su campana. Vemos cómo arde la casa y a continuación a los empleados sacando las obras de arte para librarlas de las llamas. Gritos de excitación. Sacan a un hombre en camilla envuelto en una manta.

Jefe de bomberos (Sam Flint, inclinándose para reconocerlo cuando lo dejan en el suelo): “¿Quién es ese?”.

Un bombero: “Ace Lamont.”

Jefe: “¿Inconsciente?”

Bombero: “Muerto.”

Jefe: “Lástima, era un gran tipo” – un gesto de condescendencia más propio de McCarey”.

Bombero (escéptico): “ Sí?

Los diarios

La pantalla muestra una serie de portadas de diarios que sintetizan cómo discurre la trama.

“ACE LAMONT FUE ASESINADO DE UN GOLPE EN LA CABEZA.”

“TIGER KID CONFIESA LA MUERTE DE LAMONT”

“EL TRIBUNAL EXONERA A TIGER KID. DESESTIMADO EL CASO POR ORDEN DEL JUEZ”

Lo que a Tiger le parecía que era muy difícil que ocurriera, sí ha sucedido. Han creído su versión.

«Los declaro marido y mujer»

La música de órgano suave nos ambienta en el juzgado de paz. Vemos a Ruby y a Tiger que acaban de intercambiar las promesas matrimoniales y el juez pronuncia de la declaración final.

Juez (Frank McGlynn Sr.) “Por el poder que se me ha concedido… y en virtud de las solemnes promesas que han hecho aquí, uno a otro… Los declaro marido y mujer.”

T.: “Gracias, Juez.”

J.: “Quiero desearle mucha felicidad. Buena suerte a los dos.”

R.: “Gracias.”

Padrino: “Y quiero desearte lo mismo. Soy el padrino (en inglés best man)”.

R. (con ironía sobre que él sea el mejor: “Eres el padrino (el best man), ¿eh? Eso es lo que piensas.” (Y abraza a Tiger para besarlo).

 La música instrumental romántica acompaña el final de la escena. El matrimonio final fue una imposición de la censura. McCarey lo resuelve de una manera austera. Y Mae West termina con su chiste irónico. En realidad era una confirmación formal de lo que ya había desarrollado la trama: que el amor entre Ruby y Tiger había superado aquellos obstáculos que le impedían fluir de modo auténtico.

 

5. BREVE BALANCE DE BELLE OF THE NINETIES

A lo largo de las siete contribuciones que hemos dedicado a Belle of the Nineties hemos podido analizar cómo el personalismo de McCarey se enriqueció con la presencia de Mae West. Por un lado, el director de origen irlandés supo ver en ella un fondo de humanidad que no captaba quienes la enjuiciaban puritanamente desde sus dudosos oficios de censores.

Por otro, la personalidad de Mae West expresaba: a) solidaridad con las mujeres -de modo especial con aquellas que son víctimas del sexismo y de la violencia machista-; b) ironía sobre la incapacidad de la mirada patriarcal incapaz de ver a la mujer como una igual en dignidad; c) respeto profundo hacia las personas con orientación homosexual y condena del doble lenguaje (risas por la noche/prisión por el día) que muchas veces recibían; d) cuestionamiento radical de un capitalismo que explota el cuerpo de la mujer; e) valoración de la cultura afroamericana y sus valores; f) interpelación por la vida de los más humildes y su dimensión de misterio y espiritualidad; g) reivindicación de la necesidad de procesos profundos de cambio para conseguir una igualdad real entre varón y mujer, desde donde tenga sentido el matrimonio; h) confianza en que hay algo que impulsa más allá de los esfuerzo humanos todas las nobles causa en pro de la dignidad de los seres humanos.

Belle of The Nineties supone, en definitiva, un logro muy singular y anticipatorio del personalismo de Leo McCarey gracias a la impronta, la personalidad y las convicciones de Mae West.

 

Para consultar la entrada anterior sobre Mae West

 

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NOTAS

[1] “No sorprende que Leo, en su vertiente populista, ganara un punto al usar ambos padres como consultores de la escena de boxeo de Belle of the Nineties”. (Gehring, 2005: 108)

[2] No hemos podido localizar, hasta el momento, el nombre del actor.

[3] Un estudio muy valioso de la misma fue realizado por Robin Wood (Wood, 1976).

[4] Leo McCarey y su valoración de Mae West como actriz en Belle of the Nineties (No es pecado, 1934), https://proyectoscio.ucv.es/filosofia-y-cine/mae-west-como-actriz-en-belle-of-nineties-por-mccarey-1934/

[5] Letra original en inglés:

Folks, I’ve just come down.// Down from Memphis town.

That’s where people smile. // smile at you all the while. Hospitality.

They were good to me. // I couldn’t spend a dime.

I had the grandest time. // I went out dancing with a Tennessee dear.

They had a fellow there named Handy // with a band you should hear-

While the white folks gently swayed.// All those darkies played real harmony-

I never will forget the tune // that they call the Memphis blues

Oh, those blues. // They’ve got a fiddler up there who always slickens his hair.

And, boy, he sure do pull some bow. // And when the big bassoon,

seconds to the trombone’s croon // Oh, yeah.

No one can make it // like that piano man.

They got a hot Cornet // that you could never forget.

Oh, play it, boy. // When the drum goes wild.

Mother, come and get your child // I brought them here ‘cause.

I couldn’t bear to lose // those Memphis blues.

[6] El cuarteto “The King’s Men” estaba formado por Ken Darby, arreglista y bajo; Rad Robinson barítono; Jon Dodson, tenor principal; Bud Linn, tenor principal. Formados en Hollywood en 1929, tomaron su nombre de un patrocinador de la radio, llamado King. Tomado de IMDB, https://www.imdb.com/name/nm1114715/bio?ref_=nm_ov_bio_sm. Fecha de la consulta 19/03/2021. Traducción nuestra.

[7] Hemos analizado esa interioridad que va trabajando McCarey en el primer volumen de los Cuadernos de Filosofía, especialmente en los Cuadernos 11-14, que comparten el título, “Los primeros largometrajes de McCarey y interioridad de las personas” (Sanmartín Esplugues & Peris-Cancio, 2017 a:179-234). Previamente en https://proyectoscio.ucv.es/leo-mccarey/

 

About the author

Profesores de la UCV San Vicente Mártir en el Grado en Filosofía.

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