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Mr. Smith: Personalismo fílmico. Capra, crisis económica y personas (28ª)

Mr. Smith

El lenguaje del corazón y las voces silenciadas en Mr. Smith Goes to Washington (1939)

José Alfredo Peris Cancio

José Sanmartín Esplugues

José Alfredo Peris Cancio y José Sanmartín Esplugues

Resumen: El cine clásico de Hollywood de los años 30 y 40 fue testigo de la crisis del 29 y sus repercusiones. Un estudio filosófico del mismo permite descubrir en la filmografía del director Frank Capra criterios de interpretación esclarecedores. Ya sus primeros títulos ponen de manifiesto la relación entre la modernidad, la técnica y la centralidad de la persona. En esta segunda entrada sobre Mr. Simth Goes to Washington nos proponemos: a) una lectura atenta del desarrollo de la misma (texto fílmico); b) mostrar la contraposición entre el lenguaje del corazón y las voces silenciadas a lo largo de la trama; c) mostrar la importancia que Capra concede a la familia como comunidad donde se desarrolla el lenguaje de corazón; d) mostrar la corrupción política como silenciadora de voces y palabras.

Palabras clave: filosofía personalista, personalismo fílmico, idealismo, corrupción, pragmatismo, naturaleza, relacionalidad, conversación entre varón y mujer, voces, palabras, voces calladas, lenguaje del corazón.

Abstract: The classical Hollywood cinema of the 30s and 40s witnessed the crisis of 29 and its aftermath. A philosophical study of it may discover in the filmography of director Frank Capra luminous interpretation criteria. In this second entry about Mr. Simth Goes to Washington we propose: a) a careful reading of the development of the same (filmic text); b) show the contrast between the language of the heart and the voices silenced throughout the plot; c) show the importance that Capra grants to the family as a community where the language of the heart is developed; d) show political corruption as a silencer of voices and words.

Keywords: personalist philosophy, film personalism, the year 1939 in Hollywood, politics, idealism, corruption, pragmatism, nature, relationality, conversation between male and female, voices, words, quiet voices, language of the heart.

1. UNA LECTURA DE MR. SMITH GOES TO WASHINGTON (1939) COMO TEXTO FÍLMICO

1.1 MUCHO MÁS QUE FILIBUSTERISMO PARLAMENTARIO

El espectador suele recordar Mr. Smith por su espectacular última media hora. Allí Jeff Smith (James Stewart) se vale de un privilegio parlamentario:  no se puede interrumpir el uso de la palabra a menos que el orador la ceda voluntariamente. Sus enemigos le acusan de filibusterismo. Le acusan de estar obstruyendo la aprobación de una ley de presupuestos, imperiosamente necesaria. En esa ley está incluida la construcción de la presa —con la consiguiente expropiación de terrenos— que reportará un suculento beneficio a su promotor (el magnate Taylor).

Un periodista político -interpretándose a sí mismo-, Hans Von Kaltenborn (1878-1965) traslada a la opinión pública que se está ante “la democracia en acción”. Y es cierto, pero también lo es que el filme —pese al optimismo que destila el final feliz de este enfrentamiento entre quien cree en la democracia auténtica y quien se vale de la democracia formal en beneficio propio, tratando de jugar con ella a su antojo— deja un regusto amargo. Una denuncia tan dura —hecha nada menos que en un año tan crítico como 1939— pone de manifiesto la enorme valentía de Capra y su profundo respeto por la democracia decente: era necesario liberar la democracia representativa de su peor enemigo —la corrupción— que era y es, a la vez, el mejor amigo o acicate de los populismos y totalitarismos de todo tipo y condición.

Éste es el tema que vertebra el filme desde el primer momento. Toda su trama puede ser resumida en un continuo contraste entre palabras que quieren expresarse en libertad y voces interesadas que alguien pretende acallar.

En ese intento de silenciamiento la película ya pone de manifiesto algo, por cierto, muy actual: la actitud ambigua —cuando no, claramente partidista— de los medios de comunicación. Lamentablemente, como hemos tenido ocasión de comprobar con el tiempo, las tecnologías de la comunicación se han convertido a menudo en instrumentos al servicio del poder. Y no estamos hablando tan sólo del poder político.

1.2 LA ERA DE LA POSTVERDAD

Nos referimos también al poder económico. Este poder ha logrado en demasiadas ocasiones poner a su servicio a determinados políticos —incluso a sus grupos o partidos—. Ha conseguido también implantar en el común de la ciudadanía falsedades o medias verdades. Son esas falsedades que, repetidas miles de veces, como decía Göbbels, se convierten en ‘verdad’. Hoy la denominamos “la postverdad[1].

Es cierto que este término ha sido matizado desde diversas perspectivas (cfr., por ejemplo, Cruz (2017)), pero lo común es entender que la postverdad es una nueva forma de referirse a algo habitual en propaganda: al uso de la falsedad como una herramienta de comunicación eficaz, o a la asignación de una importancia secundaria a la verdad. Según esta última versión, los hechos no importan. Lo que interesa es despertar las emociones en la gente de manera que como dice Orson Welles, un magnate de la prensa, en Ciudadano Kane (1941): “Ellos crean lo que les diga que tienen que creer”.

Es uno de los grandes problemas de nuestra época. Lo fue en el pasado y sigue siéndolo en el presente. Por eso, hay quienes llevan años clamando para que la tecnología no se use para cerrar bocas según sean los intereses del poder, sino para dejar que la sociedad exprese sus verdaderos deseos:

Y hoy, más que nunca, parece imprescindible que la voz de la sociedad se oiga. No exclusivamente la de los especialistas. Pues no sólo a ellos les afecta lo que tecnológicamente hagamos con nuestra Tierra y con nosotros mismos. Y no vale la excusa de que los legos en una materia carecerán de conocimientos suficientes para emitir un juicio fundamentado acerca de un desarrollo tecnocientífico determinado. Eso no es cierto. Por lo general es al revés. Quienes laboran en el seno de una comunidad tecnocientífica suelen figurar entre los más ciegos ante los evidentes impactos y riesgos de las tecnologías que ellos mismos desarrollan (Sanmartín, 1990a: 142)

1.3 LA NATURALEZA COMO ALIADA DE LA PALABRA

Como signo y símbolo de la naturaleza, el senador Jefferson se lleva a Washington una jaula con palomas mensajeras. Se fía más de la palabra escrita y de las criaturas naturales que de los artefactos.

Como ya expusimos en la entrada anterior, la naturaleza es para Capra una aliada fiel de la humanidad. En un breve opúsculo nos interpela Thoreau:

¡Con qué egoísmo y brutalidad tratamos la naturaleza! ¿Es que no podríamos hacerlo de una manera menos bárbara? ¿Qué otra cosa sugieren esos grandes inventos, el magnetismo, el daguerrotipo, la electricidad? ¿No sabemos hacer otra cosa que talar y menguar el bosque? ¿No somos capaces de contribuir a su economía interna, a la circulación de la savia? Pero actuamos con violencia y superficialidad. (Thoreau, 2016: 17)[2]

No se trata de cerrarse a la innovación tecnológica, sino de pedirle un plus de calidad: que entienda y prolongue la sabiduría interna de la naturaleza, porque el ser humano no es ajeno a la misma: emerge de ella: “No concebimos todo lo que podríamos hacer para mejorar nuestra relación con la naturaleza animada; cuánta amabilidad y cortesía podría haber en nuestro trato” (Thoreau, 2016: 17)

1.4 ¿QUIÉNES FAVORECEN LA PALABRA, EL LENGUAJE DEL CORAZÓN?

Como vamos a poder comprobar a continuación, Capra dibujará con expresividad las relaciones o comunidades que permiten el lenguaje del corazón. La primera será la familia, más precisamente, los pequeños que la integran.

El Gobernador Hopper (Guy Kibbee) tiene dudas de a quién ha de designar para reemplazar a un miembro del Senado de Estados Unidos (Sam Foley) muerto repentinamente. Los hijos menores del Gobernador le darán la idea: que designe como senador a Jefferson Smith, un hombre bueno e idealista, al que los niños idolatran como líder de los Boy Rangers (un grupo de Boy Scouts). La esposa del Gobernador (Ruth Donnelly) le pide a su marido que escuche las propuestas sinceras de sus hijos. Las propuestas que nacen del corazón. Explica adecuadamente Jean Lacroix:

La sociedad perfecta… sería aquella sociedad en la que asumiría no solamente todo el ser social, sino que al mismo tiempo serviría para la expansión de cada personalidad. Ahora bien, la única integración que permite desde la infancia una expansión de cada persona es el privilegio del don del amor creador. Lo propio de la familia es cumplir la función de intimidad. Los seres no son allí simplemente eco de una mentalidad colectiva; se unen no sólo por la subordinación de su función en la marcha del engranaje social. Se entregan enteramente los unos a los otros y se vinculan en la totalidad de sí mismos. Lo maravilloso de esta forma de agrupación es que los seres se personalizan tanto más cuanto más se socializan. (Lacroix, 1973: 92)

Los Boy Rangers constituyen, junto a la familia, esa otra comunidad sincera, a la que los hijos mayores de los Hopper pertenecen. Los editores del Boy Stuff llegarán al extremo de jugarse la integridad física defendiendo a Jeff frente a los matones que le envía el magnate Taylor (Edward Arnold).

1.5 ¿QUIÉNES SE DEJAN TRANSFORMAR POR ESTE LENGUAJE?

A lo largo del desarrollo de la acción, Capra va a ir mostrando grupos humanos que se transforman y se suman a la recuperación, y grupos completamente refractarios que obra en contra

El caso más decisivo es la relación varón /mujer. Jeff conoce a dos mujeres cínicas, que saben cuáles son sus poderes para triunfar en un mundo agresivo. Una de ellas es Susan (Astrid Allwyn). Se trata de la hija del corrupto senador Paine (Claude Rains) que intenta valerse de sus armas de mujer para neutralizar a Jeff. La otra es Saunders, la secretaria de Jeff, caracterizada ante todo por su inteligencia estratégica. Saunders minusvalora en un principio al bonachón de pueblo que han designado en lugar del senador fallecido y que parece fácilmente manipulable. Luego, comprende que Jeff representa los valores más puros de la vida democrática y que ama profundamente a su país. Y, por ello, pone al servicio del recién llegado a un Senado de lobos toda su experiencia —que es mucha— en la gestión de normas y procedimientos.

También los periodistas del Senado, liderados por Dizz Moore (Thomas Mitchell) pasarán del escepticismo y la burla, a ponerse de lado del idealismo de Jeff. No es el idealismo de un ignorante: es la grandeza que nace de creer de verdad en que las instituciones representan la soberanía del pueblo, al que han de servir. Es el idealismo de quien lucha por el bien común, por el respeto a la naturaleza y a los necesitados, aunque ignora los mecanismos adecuados para hacerlo en una institución de reglamentación compleja.

Los mismos senadores acabarán escuchando con silencio reverente la voz ronca del discurso agónico del joven senador. Hay que decir que la larguísima intervención de Jeff en el Senado tiene su razón de ser en las propias normas de esta institución. Jeff va a ser expulsado —ya lo han logrado los corruptos senadores que están al servicio del magnate Taylor—, pero mientras esté en el uso de la palabra no podrá suceder tal cosa.

Jeff piensa, asimismo, que conforme más extienda su intervención, mayor será la probabilidad de que la prensa difunda lo que está sucediendo en el Senado. Y recordemos que lo que está ocurriendo es que, se le quiere eliminar, para sacar adelante la ley que le permite a Taylor construir su presa, con el consiguiente beneficio económico y destrozo de la naturaleza.

Sin duda éste es un momento cumbre. Es el instante de la lucha de un pequeñísimo David, Jeff Smith, creyente fervoroso en la democracia, y un Goliat en la forma de un sistema que alberga en su seno a quienes, diciendo hablar en nombre de la patria, son sus peores enemigos. David acaba venciendo y con su honda sólo lanza a la frente de corruptos y corruptores palabras como libertad, dignidad y democracia.

La liberación mayor se produce en el caso de Paine. El antaño abogado de las causas perdidas —el héroe de Jeff en un principio— se fue alejando de las mismas por un pretendido pragmatismo político. Pero ahora su ambición por ser candidato a la Casa Blanca le arrastra hacia el deshonor y la traición a los principios que establece la propia Constitución de Estados Unidos en su Preámbulo: “Nosotros, el Pueblo de Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, afirmar la tranquilidad interior, proveer la Defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y nuestros descendientes los beneficios de la Libertad, ordenamos y establecemos esta Constitución para los Estados Unidos de América”.

Paine ha cambiado hasta el extremo de mentir, perjurar, falsificar, manipular, engañar, ponerse al servicio de un magnate Jim Taylor y no del bien común, … El discurso de Jeff lo enfrenta a su mísera realidad y, por ello, se muestra dispuesto incluso a quitarse la vida. Tiene conciencia. De ahí su dolor y arrepentimiento. Defiende a Jeff. Lo libera de toda sospecha y se reconoce como el único culpable, indigno de seguir siendo senador. Recupera así su pasado: la defensa de las causas perdidas, a la que le había invitado Jeff momentos antes.

1.6 LOS OPRESORES DE LA PALABRA

La red de corrupción tejida por Jim Taylor se basa —como suele suceder entre gánsters— en comprar y silenciar voces. Así es cómo se generan personalidades dóciles, de baja autoestima.

Los que tienen cargos (el Gobernador Hopper, el Senador Paine…) interiorizan que no tienen más valía que la que les ha otorgado Taylor. El magnate continuamente les recuerda que todo se lo deben a él. Así asumen que no son nada. Navegan por aguas que se encuentran en las antípodas de la confianza en uno mismo (Emerson, 2010b)[3].

Los esbirros de Taylor[4] disfrutan tapándole la boca a los políticos. Les reconforta hacerles ver que son iguales en calidad moral. Y que, incluso, ellos pueden alardear de una cierta superioridad: están más cerca del que manda, de Taylor, y gozan de su confianza.

Los tentáculos de Taylor manipulan completamente los medios de comunicación. Lacónicamente sentencia Dizz Moore al comprobar sus presiones y extorsiones: “la opinión pública manda… hecha a lo Taylor”.

1.6 UN TEXTO FÍLMICO HECHO DE PALABRAS Y SILENCIOS

Un medio imprescindible de nuestra investigación es la “traducción” de la película a texto fílmico. No se trata de devolver lo filmado a las palabras. Tampoco es una comparación con el guion para comprobar cómo se llevó a la pantalla, o cómo quedó finalmente en el montaje. Tampoco reside en el cotejo de las distintas copias que puedan circular sobre la película.

Todos esos elementos resultan significativos, pero no dan la medida de lo que concebimos como texto fílmico.

Permítasenos reiterarlo: se trata de una reelaboración de la película en la que se integran tanto los aspectos verbales, como los visuales, interpretativos, técnicos… Aunque se intente reflejar de forma amplia la película, tampoco es una transcripción de sus escenas al minuto. Cuenta con la experiencia del espectador, sus emociones y sus reflexiones. Una película proyectada en una sala vacía no genera un texto fílmico. El texto fílmico comienza de verdad cuando un espectador la vive en primera persona y la reconstruye emocional y cognitivamente[5].

Mr. Smith es particularmente propicia para suministrar textos fílmicos. Da cuenta de valores personales y democráticos. De poder hablar sobre ellos o de que nos veamos sometidos al silencio. Fácilmente se reconoce que es una inmejorable invitación a plantearse temas esenciales.

2 LA DESCRIPCIÓN DE LOS CONTEXTOS PREVIOS: VIDA ARTIFICIOSA FRENTE A CUIDADO DE LA NATURALEZA

2.1 LA MUERTE SÚBITA DE UN SENADOR Y LA IMPERIOSA NECESIDAD DE REEMPLAZARLO

  1. Capra arranca la película con un acontecimiento disruptivo[6]: la muerte repentina del senador Samuel Foley. El primero en comunicarla telefónicamente es Nosey (Charles Lane), un periodista. Nos pone en la pista: no es un drama humano; es una noticia. El siguiente en aparecer ante el auricular es el senador Paine, quien completa el dato: “no podía haber ocurrido en peor momento”. Ya no se trata, pues, de algo meramente noticiable: es un problema en toda regla. Pero nadie parece llorar por Foley. Como señala acertadamente Julián Marías:
La muerte ajena es fácilmente comprensible y manejable en la medida en que se la despersonaliza; todos los días pensamos en muertas ajenas que no plantean ningún problema especial. Pero cuando se trata de alguien que nos es irreductiblemente persona, sobre todo en el caso de la persona amada, aquella que en el enamoramiento se ha convertido en nuestro proyecto, resulta inimaginable su aniquilación. (Marías, 1996: 175-176)
  1. El Gobernador Hopper corrobora ese juicio. Llama a Taylor desde el teléfono de la mesilla de noche, junto a la cama matrimonial. El magnate manifiesta la gravedad del momento: “¡Qué desgracia! No te pongas nervioso. ¿Viene Paine?”. La esposa de Hopper asiste hastiada a un espectáculo repetido. Se enfrente a su marido: “Sí, Jim. Sí, Jim. Sí, Jim. Se caería muerto si alguna vez le dijeses que no”. Capra apunta algo que diferencia a Hopper de los demás miembros del clan de Taylor. Su mujer le afea su comportamiento servil y lo hace desde una perspectiva racional y ética de la que el Gobernador –y los demás servidores del magnate- parecen carecer (Marías,1970: 201-210)
  2. El Gobernador no polemiza con su mujer: “No hay tiempo para bromear. Tengo que nombrar a un nuevo senador”.
  3. El Comité de representación ciudadana aguarda nervioso la propuesta del Gobernador. Se temen lo peor, pues saben ante quién están y quién hay detrás de Hopper. Un miembro del Comité, enfadado, le comunica al secretario del Gobernador que le diga que va a esperar más y añade: “Supongo que Taylor le está diciendo lo que tiene que hacer”. Acierta. Taylor es quien mueve los hilos.
  4. El Gobernador se encuentra en su despacho con Chick McGann leyendo el periódico. El titular es rotundo: LA ELECCIÓN DEL GOV. HOPPER ES ANSIOSAMENTE ESPERADA. Chick le habla con condescendencia. Se ríe de él cuando el Gobernador manifiesta su intención de exigir a Taylor que se apresure. Mientras tanto Taylor —el poder económico—se encuentra en una habitación al lado, conversando con Paine —el poder político—. Más que hablar el primero lo que hace es dar órdenes al segundo, pervirtiendo la esencia de la verdadera democracia. Finalmente, cuando el Gobernador se ve cara a cara con Taylor lo que iban a ser exigencias se convierten en súplicas de que se dé prisa en decidir quién ha de substituir al Senador fallecido.

2.2 EL ASUNTO DE LA CORRUPCIÓN: EL NOMBRAMIENTO DE UN SENADOR QUE NO DENUNCIE LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PRESA INNECESARIA

  1. Cuando el Gobernador se retira, se evidencia el meollo de la trama de corrupción[7]. Así lo expresa Paine: “Con esta presa de Willet Creek… el hombre que vaya al Senado no puede preguntar nada o hablar fuera de lugar”. Dicho de otro modo: si no se quiere estropear el negocio que entraña la construcción de una presa en un paraje natural — Willet Creek— hay que encontrar un hombre de paja que no se cuestione la aprobación de este proyecto en el Senado. Paine —en otro tiempo, un político honrado— hace cabeza del grupo de Senadores que han caído en la red de intereses generada por Taylor, un magnate sin escrúpulo alguno.
  2. Capra está poniendo de relieve que la concentración de recursos en manos del Estado tiene sus riesgos. Promover obra pública y favorecer el bienestar social son fines nobles. Pero quienes miran sólo por sus intereses —aunque, a menudo, apelen al bien común—y buscan inmoralmente su enriquecimiento encuentran en las licitaciones de obra pública una ocasión de oro —y nunca mejor dicho—. Con la excusa de promover el bien común, justificarán negocios que les beneficien de modo preferente o exclusivo (Sanmartín, 2015: 73-80). Paine ha acabado mordiendo este cebo. Su ambición lo ha convertido en presa fácil para Taylor, que jugará con su vanidad: le mostrará su foto en un diario a plana completa. Está promocionando a Paine como candidato a la Presidencia.
  3. Taylor da detalles de su estratagema: “Hemos acaparado toda la tierra de por aquí, sustentándolo en nombres falsos. Si lo dejamos ahora se producirá una investigación. Se mostrará que íbamos a venderla al Estado bajo nombres falsos. Lo más inteligente que podemos hacer es seguir con esto tal y como va.”. Dicho de otro modo, Taylor ha adquirido, usando nombres falsos, los terrenos que venderá al Estado para que se construya la presa que él mismo promueve. Paine se convence y accede a que Taylor “nombre” a su candidato: Horace Miller.
  4. Taylor lo comunica a Hopper. Al escucharlo, Chick McGann afirma con frescura: “¡Un hombre de paja de nacimiento! Horace actuará como una foca entrenada”. Hopper considera que se ha excedido en sus manifestaciones. Teme al Comité. Taylor le insiste. No le deja margen de elección. Lo que el Gobernador se maliciaba, efectivamente ocurre: el Comité se escandaliza ante la designación y nombra su propio candidato.
  5. En un plano sombrío, el Gobernador comunica a Taylor y a McGann que el Comité ha elegido su propio candidato: Henry Hill. Taylor describe a Hill como un chiflado de pelo largo, un idealista que no encaja en su proyecto. El Gobernador se arma de valor y afirma que no va a enviar a Miller al senado, pues no quiere hundir su futuro político. Taylor reacciona según el manual del corruptor: “¿Tu futuro político? Te lo di como regalo. Te lo podría arrebatar tan rápido que tu cabeza daría vueltas. Eres un caradura al preocuparte de tu futuro cuando estamos en esta situación. El hombre es Miller”. Y se va.

2.3 LA FAMILIA Y LOS NIÑOS COMO AIRE NUEVO, COMO VOZ DE LA PROVIDENCIA

  1. Capra eligió a unos actores infantiles muy famosos en el momento para actuar como hijos del Gobernador: los Watson. A los cuatro, Billy, Delmar, Harry y Gary, se añadieron John Russell y Baby Dumpling, y otros dos niños. Protagonizan una escena espectacular por su ritmo y viveza. Con desparpajo, le hacen ver a su padre que se han dado cuenta del apuro que le está causando el nombramiento del nuevo Senador. Y que todo el mundo sabe que Horace Miller es un esbirro de Taylor, el que “se encarga del espectáculo”. Entonces le proponen a Jefferson Smith. Y se lo van presentando con estos rasgos: “El capitán de los Boy Rangers”; “El mayor experto en vida salvaje, animales y rocas”; “Ahora es el mayor héroe. Aparece en todos los titulares. ¿No viste el fuego en el bosque, alrededor de Sweetwater”? Jeff lo apagó”, “Es el mejor americano que tenemos”; “Sabe de memoria lo que George Washington dijo y el Boy Stuff (su periódico) es estupendo”. Y rematan sus argumentos diciendo que lo apoyan cincuenta mil niños, cada uno con su padre y su madre, lo que significa muchos votos.
  2. Hopper se siente arrollado ante tanto argumento. Abandona el comedor y regresa a su despacho. Lanza una moneda para decidirse: “Cara, Hill. Cruz, Miller”. Pero cae de canto, en la mesa, sobre un periódico en que se lee: QUERIDOS CIUDADNOS. APOYEN A JEFF SMITH, EL HÉROE DE SWEETWATER. Happy Hopper lo lee y exclama convencido: “Eso me basta”.
  3. Hopper acude con su coche a la sede de los Boy Rangers. Cuando llama a la puerta, suena una música de banda que le asusta. Ma Smith (Beulah Bondi) abre la puerta. El Gobernador pregunta si Jefferson Smith está en casa. Y la madre de Jeff le hace pasar. Se encuentra con un espectáculo de música y juventud. Capra no necesitó presentar al futuro Senador: basta el ambiente que recoge la cámara.

2.4 LA UTILIDAD DE UN PATRIOTA COMO TONTO ÚTIL Y EL LENGUAJE DEL CORAZÓN

2.4.1 DE LA SORPRESA Y EL RECHAZO AL MEJOR NOMBRAMIENTO DE LA HISTORIA

  1. Los titulares de la prensa recogen la decisión: EL GOBERNADOR NOMBRA A UN LÍDER DE LA JUVENTUD PARA EL SENADO DE EE. UU… EL NOMBRAMIENTO DE SMITH CAUSA UNA SORPRESA POLÍTICA. Taylor le reprocha a Hopper que haya nombrado a un boyranger. El Gobernador defiende así su elección: “Un bobo. Un patriota. Se sabe a Lincoln y a Washington de memoria. Llama la atención en presencia del Gobernador. Incluso recoge a niños y gatos perdidos. Ya sabes lo que quiero decir. Un hombre perfecto. Nunca ha estado en política. Si lo dejamos dos meses solo no sabría de qué va esto en dos años. Y lo mejor de todo, significa votos. El héroe de 50.000 niños y 100.000 padres. Miren estas felicitaciones”. “Happy” Hopper ha reproducido el argumentario de sus hijos; pero donde ellos hablaban con admiración e inocencia, él despliega pragmatismo cínico.
  2. Taylor no le perdona que no le haya consultado. Pero Paine interviene: “Espera un momento, Jim. Puede que “Happy” haya encontrado algo genial”. Taylor: “¿Crees que puedes ocuparte de él en Washington? ¿Que está bien?”. Paine: “Creo que está bien. Un patriota joven que recita a Lincoln y a Jefferson. Soltado en la capital de la nación. Sí… creo que está bien”.
  3. Taylor se muestra convenido. Dice a Chick: “Saca a los chicos de la propaganda. Es el mejor nombramiento de la historia. Da un banquete y declara fiesta nacional”; Chick: “¡Un banquete de estrellas!”.

2.4.2 EL BANQUETE Y EL LENGUAJE DEL CORAZÓN

  1. Capra muestra en una escena de masas, el banque multitudinario, con toda su parafernalia. En la mesa presidencial está el gobernador, y a su derecha, Jeff, su madre y miembros del comité. A su izquierda, Mrs. Hopper, Paine, un miembro del comité, Taylor y Chick McGann. El Gobernador comienza con un discurso que destila oportunismo e hipocresía “¿A quién ha concedido nuestro gobernador el honor? ¿A un ciudadano rico e influyente para ganar favores?” —la expresión genera un gesto complacido entre Paine y Taylor— … “¿Se lo ha concedido a un mercenario político?” … ¿Qué ha hecho? Se ha metido entre la gente. Y allí ha encontrado… una pepita de oro.” Señala a Jeff, que es visto por primera vez. Chick McGann se atraganta ante la petulancia.

  2. Cuando Jeff toma la palabra, se hace patente el contraste con el discurso manido del Gobernador. Se expresa desde el corazón. Jeff: “Gracias, yo… No puedo parar de pensar que se ha producido un error muy grande. Claro que nunca he entendido la necesidad de dos Senadores para este Estado…cuando ya tenemos a un hombre como Joseph Paine representándonos”. Se ve un plano de Paine muy complacido. Y sigue el joven candidato electo: “Probablemente él no me recuerda. Conocía bien a mi padre, Clayton Smith. Fueron juntos al colegio y eran buenos amigos —Ma Smith hace un gesto de asentimiento y de complicidad a Paine, por detrás de Jeff—. Estar sentado a su lado es un gran honor para mí. Mi padre me decía que Joe Paine era el mejor hombre que había conocido”. Taylor: “Levántate, Joe. Saluda.” Paine lo hace. Plano del magnate y de McGann aplaudiendo desaforadamente.
  3. Jeff continúa con unas palabras que serán proféticas, en un sentido totalmente contrario al de este momento: “No creo que vaya a servirle de mucha ayuda en Washington, Senador. Lo haré lo mejor que pueda. Aunque puedo prometerles algo de corazón. No haré nada que deshonre a la oficina del Senador de EE. UU.” “Happy” Hopper se le queda mirando muy atento.
  4. En ese momento aparece una banda de música y, tras ella, los Boy Rangers. Tras unas palabras pronunciadas con dificultad, el niño que hace de portavoz rompe el protocolo: “¡Oh, al diablo! Es un maletín, Jeff. Para que Lleves tus leyes cuando vayas a Washington”. El pequeño se emociona, al tiempo que lo hace Jeff mientras cantan la tradicional Auld Lang Syne. En un primer plano Capra concentra magistralmente el compromiso con los ideales en los que cree el corazón. La inocencia de los niños parece ser su emblema y su custodia.

2.5 LA MEMORIA DEL PADRE Y EL VALOR DE LUCHAR POR LAS CAUSAS PERDIDAS

  1. La última gran escena que cierra la ambientación previa ocurre en el tren. Es muy relevante. Va a marcar la historia de dos procesos antagónicos que acabarán confluyendo: el de Paine y el de Jeff. En un vagón se encuentran Jeff, Paine y Chick.
  • Jeff, a Paine, afectuoso: “No es demasiado, pero si insistes. Aquí está el de esta semana”.
  • Paine, al parecer recuperando un pasado duro pero feliz: “El Boy Stuff. Tienes sangre de impresor en las venas. Eres igual que tu padre. Incluso por el sombrero. El mismo viejo soñador. Cuando te miro puedo verlo. En su viejo escritorio sacando su periódico. Siempre con el sombrero puesto, preparado para la batalla. Clayton Smith. Redactor y editor. Campeón de las causas perdidas”.
  1. Se plantea así uno de los temas centrales de la película, quizá el más determinante, las causas perdidas: “Mi padre siempre decía que ésas eran las causas que merecían la pena.” Al tiempo, hablar de estas cosas va aparentemente creando un lazo de intimidad entre ambos. Paine: “No tienes que explicármelo. Éramos un equipo. El redactor esforzado y el abogado esforzado. Los gemelos de las causas perdidas”. Jeff, con la felicidad y la seriedad del que toca terreno sagrado: “Mi madre me lo ha dicho mil veces”.
  2. Dejándose llevar por el recuerdo, Paine reconoce unos hechos muy dolorosos. En sí mismos y para ambos. Un asesinato, un padre muerto, un amigo olvidado. Dice el Senador: “Su última lucha fue la mejor. Él y su periódico de cuatro páginas contra ese sindicato minero. Y todo para defender el derecho de un minero que se adhería a su demanda. Lo intentaron todo. Soborno, intimidación… Y entonces…”. Jeff, siguiendo el relato: “Sí, mi madre se lo encontró tirado sobre su mesa una mañana. Con un disparo en la espalda”.
  3. El gesto de Paine se vuelve grave: “Estaba allí… Pude verlo. En esa mesa giratoria con el sombrero todavía puesto. Con el sombrero todavía puesto”. Paine mira al infinito. Un hombre sometido a la presión de Taylor, que juega con su vanidad y su interés, de repente ha recordado otro modo muy distinto de estar en el mundo y de relacionarse con los demás. Tal vez fuera el final trágico de su amigo el que le horrorizó y lo separó del buen camino.
  4. Jeff extrae una conclusión que parece corroborar esta última hipótesis: “Lo sé… Supongo que cuando un tipo se opone a una gran organización como ésa … uno no puede llegar muy lejos solo”. Paine, asintiendo, de un modo lacónico: “No”.
  5. La vida de Jeff, jefe de los Boy Rangers, gira en torno del respeto a la naturaleza y del prójimo como persona. Son estos valores los que proyecta en la familia, la educación de los niños, la amistad y el servicio a la comunidad. Tomándolos como punto de partida quiere dar el paso a la política. No intuye que va a verse mezclado en un mundo regido por intereses contrapuestos a tales valores. Ambos valores, por cierto, son perfectamente compaginables; es más, es de desear que el mismo respeto que debemos profesar a la naturaleza, la misma delicadeza con la que debemos acercarnos a ella, sea la que apliquemos a nuestras relaciones con nuestro prójimo en una vida verdaderamente humana. Como diceThoreau:
La mayoría de los hombres, incluso en este país relativamente libre, se afanan tanto por los puros artificios e innecesarias labores de la vida, que no les queda tiempo para cosechar sus mejores frutos. De tanto trabajar, los dedos se les han vuelto torpes y demasiado temblorosos. Realmente, el jornalero carece día tras día de respiro que dedicar a su integridad; no puede permitirse el lujo de trabar relación con los demás porque su trabajo se depreciaría en el mercado. No le cabe otra cosa que convertirse en máquina… Las mejores cualidades de nuestra naturaleza, al igual que la lozanía de las frutas, sólo pueden conservarse con delicadeza. Y no es ésta, ciertamente, la que aplicamos a nuestras relaciones con el prójimo. (Thoreau, 2010, págs. 22-23)

3. WASHINGTON: DE LA CAPITAL SOÑADA AL DESCENSO A LA REALIDAD

3.1 LA DIFÍCIL TRANSICIÓN

  1. El clima creado por Paine encuentra su eco en Jeff. Conforme se acerca a Washington aumenta su sentido del ideal americano. Cuando llegan a la estación, con su realismo sanchopancesco, Chick asegura cinco veces a Jeff que es Washington donde están. Y cuando el joven va a ocuparse de las palomas, se queja a Paine: “¡Dos días enteros! Nunca supe que existía tanta historia americana”.

  2. Jeff experimenta un nuevo deslumbramiento que no esperaba. Susan (Astrid Allwynn), hija del Senador Paine, viene a recoger a su padre, acompañada de unas amigas. Saludan con besos al joven Senador. Le piden que contribuya a los fondos de leche. La desenvoltura de las jóvenes le impacta. Y la belleza de la hija de Paine lo deja pasmado. Pero lo que él vive con limpieza es motivo de irrisión. Como ya apuntamos en la entrada anterior, los hombres de Taylor no dudarán en jugar también con esos sentimientos y recurrirán a los encantos de Susan para neutralizar a Jeff. Las palomas que Jeff ha traído para mandar mensajes a su madre también dan pie a la ironía
  3. Van presentándose nuevos miembros del equipo de Taylor. Son Carl Cook (Dick Elliot) y Bill Griffith (William Demarest). Este

    último certifica que se ha dado cuenta de la impresión que le han causado las chicas a Jeff. Le espeta sin reparo: “¡Bienvenido! La vida salvaje aquí no es como la que está acostumbrado. Lleva tacones altos”. Todos ríen y las chicas se despiden. Paine se va con su hija y deja a Chick al cargo. Jeff constata casi con verismo: “Las cosas suceden rápidamente aquí”. Chick: “Deshágase de la marcha lenta”. Jeff sigue el consejo, pero no del modo que el esbirro de Taylor espera. Cuando localiza entusiasmado la cúpula del capitolio, Griffith le contesta con la esperada superioridad: “Lleva ahí mucho tiempo, señor”. Pero el joven no puede sustraerse al magnetismo que el monumento le suscita. Y se va por la puerta por la que lo contemplado.

  4. Los hombres de Taylor no se dan cuenta de que Jeff se ha ido, entretenidos —como estaban— en burlarse de él. Cuando caen en la cuenta de lo que ha sucedido, alarmados, informan por teléfono a Paine y a Clarissa Saunders (Jean Arthur), la secretaria del Senado que le ha correspondido. Ella reacciona divertida e irónica. Comparte lo acontecido con su amigo, el periodista Dizz Moore (Thomas Mitchell). Éste permanece tumbado en un diván del despacho del despacho de Saunders. Los planos de la estación siguen mostrando a los hombres de Taylor muy inquietos. Unos mozos afroamericanos de la misma les dejan los enseres de Jeff y desaparecen.

3.2 UN PASEO POR LOS MONUMENTOS DE WASHINGTON: LA VENERACIÓN DE LA DEMOCRACIA AMERICANA

  1. Mientras tanto, Jeff, subido a un autobús, va mirando hacia todas partes. Capra muestra las imágenes de las calles de la capital con los monumentos y los rótulos que se ven en las paredes. Sobre tales imágenes van apareciendo palabras clave de la historia de EE.UU.: IGUALDAD. JUSTICIA. Estatua de Jefferson. LA DECLARAClÓN DE INDEPENDENCIA Y LA CONSTITUCIÓN DE ESTADOS UNIDOS. VIDA. LIBERTAD.BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD. Estatua de Samuel Adams, de Hamilton. Campana de la libertad. Relieve con soldados. A NUESTROS DIFUNTOS. AQUÍ DESCANSA EN GLORIA UN SOLDADO AMERICANO. Tumbas en el cementerio.
  2. Jeff llega al monumento de Abraham Lincoln. Lee las inscripciones. EN ESTE TEMPLO COMO EN EL CORAZÓN DE LA GENTE… PARA LA QUE SALVÓ LA UNlÓN… LA MEMORIA DE ABRAHAM LINCOLN ESTÁ GUARDADADA PARA SIEMPRE. SIN MALEVOLENCIA PARA NADIE. El joven senador camina hacia la estatua de Lincoln. Lee las frases finales del Discurso de Gettysburg: CON CARIDAD PARA TODOS…HACE 87 AÑOS. NUESTROS PADRES CREARON UNA NUEVA NAClÓN EN ESTE CONTINENTE.
  3. Un niño de mano de su abuelo las sigue leyendo. El anciano le ayuda cuando se traba: «…que de estos difuntos honrosos tenemos gran devoción…por la causa para la que dieron la última medida de devoción…que aquí acordamos… que estos difuntos no han muerto en vano. Que esta nación, bajo Dios, tendrá un nuevo nacimiento de… libertad… y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo……no perecerá en la tierra». El texto solemne, leído con voz infantil, es coronado por la imagen de la campana libertad y de la estatua de Lincoln. Capra ha simbolizado perfectamente cómo está interiorizando Jeff todo lo que supone Washington y los ideales americanos. Son el suelo nutricio de una comprensión de la política como servicio.

3.3 SAUNDERS Y LA POLÍTICA ALEJADA DE LOS IDEALES

  1. Hablando por teléfono, Paine insta a Saunders a que siga esperándolo en su oficina, pues es la única referencia que Jeff tiene. Ella se queja a su amigo Dizz: “¿Por qué no lo dejé cuando se murió Foley? Estoy harta de la política… y ahora me han convencido para que me quede. Secretaria de un farsante. ¿Por qué? Porque necesito trabajo y un nuevo vestuario”. Saunders con realismo cínico escenifica la diferencia entre vivir “para” o “de” la política[8]. Dizz le propone como alternativa que se case con él. Pero ella reacciona con una fraternal ternura, con la que expresa que no lo ve como su pareja, pero que no desea herirlo.
  2. Saunders analiza lo que significa la designación de Jeff realmente. Contrasta con la parafernalia con la que fue proclamado en su lugar de origen. Saunders: “Un nombramiento de honor. Necesitan a un idiota un par de meses”. Suena la puerta y es Jeff. Se asoma con tal timidez que lo despachan como si se tratara de alguien que se ha equivocado de puerta. Ella sigue con su perorata: “Deben de haber elegido al tonto del siglo …” Recapacita y cae en la cuenta de que quizá el nuevo Senador sea el pardillo que acaba de irse. Lo rescata en el pasillo y llama a Paine para dar la buena noticia. Mientras con condescendencia le reprocha: “Querido Senador, debe ser costumbre en las llanuras ausentarse cinco horas.” La devoción de Jeff contrasta con este lenguaje iconoclasta. ¿No recuerda algo la actitud de Jeff al episodio de Jesús perdido y hallado en el Templo? ¿No son para Jeff los ideales americanos las cosas de las que debe ocuparse? Es posible que Capra y Buchman jugaran con este registro.
  3. Jeff lo explica así: “Lo siento muchísimo. Estaba en el autobús…”; Saunders: “¿Ha dicho en el autobús?”. Jeff: “Era uno de ésos para turistas. Nunca antes me han llamado distraído. Pero de repente estaba ahí. Mirándome fijamente en la estación.”. Saunders: “¿Qué había?”. Jeff: “La cúpula. La cúpula del Capitolio. Tan grande como la vida. Brillando bajo el sol. Empecé a caminar hacia ella y había un autobús fuera……y me monté en él de forma natural”. Suanders, irónica: “La cosa más natural del mundo”. Jeff, muy impactado: “Nunca he estado más emocionado en mi vida. Y el monumento a Lincoln… ¡Caramba! Y el Sr. Lincoln está ahí. Está ahí mirándote mientras subes las escaleras. Simplemente… sentado allí como si estuviese esperando a alguien”. Saunders, en la misma actitud, marcando distancias, casi con repelús: “Desde luego a mí no”: Jeff: “Lo siento”.
  4. Saunders le indica que tienen que ir a ver a Paine. Mientras ella coge su abrigo, Dizz le indica a Jeff cuál es su despacho. Lo mira con timidez. En el taxi, camino del hotel, donde le espera Paine, Jeff no deja de preguntarle a Saunders por monumentos que ella no reconocería ni a la luz del día. Cuando su secretaria le informa que el Senado se reúne a las doce, Jeff explica que tiene intención de ir antes al Monte Vernon, a visitar la casa de Washington. Saunders celebra con humor que será un buen modo de ponerse en forma.

3.4 LAVENTA A LA PRENSA

  1. Saunders no puede evitar la sensación de hallarse ante un farsante. Su parloteo político le resulta falso e infantil. Lo comenta a Dizz en el bar que frecuenta la prensa del Senado. Nosey, el periodista, lo escucha y le pide una exclusiva, dándole a cambio entradas para el baseball para que las revenda. Ella acepta la propuesta, pero siempre que adopte la forma de rueda de prensa, ya que, con esta modalidad, podrá sacar más rendimiento de la venta de su jefe. Dizz intenta disuadirla sin éxito. La denigración de la prensa constituye sin duda un punto de conexión de Mr. Smtih con Mr. Deeds.
  2. En la rueda de prensa, los medios se burlan de Jeff. Lo ven como un simple y un farsante. Pese a todo, Jeff encuentra así la oportunidad para exponer su proyecto: “Bueno, tengo una idea que puede llevar un par de años… Creo que sería una idea maravillosa…tener un campamento nacional masculino en nuestro estado. Podríamos sacar a los chicos pobres de las calles durante unos meses en verano… y dejar que aprendiesen algo sobre la naturaleza y los ideales americanos”. Nosey, incisivo: “¿Cuánto le costaría esto al gobierno?”. “Absolutamente nada —responde Jeff—. Mi idea es que el gobierno nos preste el dinero…y después los chicos lo devuelvan enviando peniques y centavos. El gobierno tiene suficiente en sus manos sin…”. Esa exactitud relaciona directamente a Jefferson Smith con el estilo argumentativo de uno de los padres de la patria. En efecto, Thomas Jefferson reflexiona con estos mismos parámetros en Notas sobre Virginia (Jefferson, 1987).
  3. Nosey: “Eso es genial. El gobierno está invirtiendo en muchos sitios”. El apunte puede tomarse como una crítica hacia las medidas excesivamente intervencionistas de la Administración Roosevelt, que en 1939 comenzaban a tener sus críticos. Es uno de los tenores de la película. La concentración de recursos económicos en el Estado produce un efecto reclamo a la corrupción. Sólo se le podrá frenar desde una ética personal. Pero, ¿en qué se puede apoyar la misma para superar las tentaciones? Capra apunta hacia un sentido trascendente de la vida y de la educación. Lo iremos viendo a continuación.
  4. Pero los periodistas buscan más “carnaza”. Una redactora (Evalyn Knapp) le pregunta por las chicas de la ciudad, y consigue sonsacarle que “Susan Paine es la chica más bonita que he visto en mi vida”. Los demás (Dub Taylor y Jack Carson, entre otros) le hablan de su facilidad para imitar sonidos de animales y le piden que emita alguno, lo que da pie a todo tipo de fotos ridículas.

3.5 LA PRIMERA CAÍDA DE LA IMAGEN DE JEFF

  1. Capra refleja en la pantalla el resultado del encuentro con la prensa. Paine lee los periódicos. Los titulares y las fotos no pueden ser más lesivos para la seriedad de su imagen como Senador. Lo presentan como un patán, incapaz de representar a su Estado: EL PRIMER «SOPLO» DE WASHINGTON. SMITH PIDE MÁS SENTIDO COMÚN Y MENOS LEYES EN EL GOBIERNO. USA SEÑALES INDIAS EN EL CONGRESO. TRAE SU PROPIO MARTILLO PARA MOLER. SE OIRÁ DE ÉL. BUSCA LA MEJORA. HACE FUEGO PARA CALENTAR EL CONGRESO. Paine comenta extrañado a su hija de qué ha ido todo eso.
  2. Saunders ha decidido abandonar su puesto de secretaria. Paine la llama a su despacho, y le pide explicaciones de por qué se marcha. Sanders da rienda suelta a su cinismo: se marcha porque no es “una enfermera diplomada”. Niega que tenga algo que ver con las noticias aparecidas. Y señala con reserva mental: “Tan sólo lo llevé a casa. No es trabajo mío arroparlo”. Paine intenta quitarle la idea de la cabeza. Se produce un intercambio de palabras que muestra el lado más cínico y amargado de Saunders, como ya reflejamos en la entrada anterior. Saunders: “No me han dado un cerebro para decirle a un explorador qué hora es.”. Paine, poniendo un cebo político: “Si pasan ciertas cosas conseguirás uno de los puestos más importantes en Washington”. Saunders, mostrando que no es el tipo de motivación que busca, que se ha hecho más materialista: “Cuando vine aquí mis ojos tenían el color azul de la inocencia. Ahora tienen el color verde del dinero”. Paine, alabando esa evolución hacia la ausencia de escrúpulos: “Una chica lista. Termina este trabajo bien y recibirás una bonita gratificación. Mantén a Smith apartado de todo lo que afecte a la política”. Saunders no disimula que conoce dónde está el interés principal: “¿Incluida la presa Willet Creek?”. Paine: “Incluida la presa Willet Creek. Vuelve a tu trabajo.”
  3. La misión de Saunders, dentro de la estrategia de Taylor y Paine, consistirá en mantener a Jeff al margen e ignorante de la maniobra corrupta. A tal fin debe valerse de su profundo conocimiento de la maquinaria legislativa del Senado. Debe evitar que Jeff asuma responsabilidad alguna como el Senador honorario que es. Al contrario, debe hacer todo lo posible para que se asuste, se acompleje y se mantenga en silencio. Su voz no debe oírse. Paine mismo reforzará esa tarea. Más adelante reconocerá a Jeff que siendo él abogado, hay muchos tecnicismos que desconoce.

  4. Nadie duda de que la democracia formal y el Estado de Derecho se sustentan en procedimientos. Pero pocas veces se denuncia con fuerza que un exceso de tecnicismos puede hacer que la ciudadanía se sienta alejada de las decisiones de quienes gobiernan en su nombre.

4. BALANCE DE LA SEGUNDA ENTREGA

En 1935, tan sólo cuatro años antes de Mr. Smith Goes to Washington, Hans Kelsen publicaba su Teoría pura del Derecho. Asumió como una exigencia lógica inexorable no incurrir en la falacia naturalista. No pasar de lo que “es” a lo que debe “ser”. Su pretensión era, por tanto, la de prescindir de los juicios de valor ético o político. Y de este modo proponer la teoría del derecho exclusivamente como un análisis de la estructura del derecho positivo.

El sistema normativo que aparece como un orden jurídico, tiene esencialmente un carácter dinámico. Una norma jurídica no vale por tener un contenido determinado; es decir, no vale porque su contenido pueda inferirse, mediante un argumento deductivo lógico, de una norma fundamental básica presupuesta, sino por haber sido producida de determinada manera, y en última instancia, por haber sido producida de la manera determinada por una norma fundante básica presupuesta. Por ello, y sólo por ello, pertenece la norma al orden jurídico, cuyas normas han sido producidas conforme a esa norma fundante básica. De ahí que cualquier contenido que sea, pueda ser derecho. (Kelsen, 1993: 205)

Bascular la creación de normas hacia los aspectos procedimentales tiene su justificación, siempre y cuando no se absolutice. Se corre este riesgo cuando la mentalidad jurídica percibe como ajeno a quien valora los principios morales de las normas. A Jeff se le ve así, como un outsider, como un ignorante[9]. En cambio, quienes obran de modo corrupto, pero respetan las formas, son aclamados como políticos expertos.

Lo que se espera en el resto de la película es un proceso de cambio de esta mentalidad. No por la vía del poder, sino del testimonio. No desde el ejercicio de la fuerza, sino desde la entrega y el sacrifico. Gastando la propia vida.

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NOTAS

[1] Parece ser que el término «postverdad» lo empleó por vez primera un dramaturgo, Steve Tesich, en The Nation (New York)

[2] En un artículo (actualmente en prensa-en SCIO(15), noviembre de 2018), Sanmartín Esplugues dice que ha sido esencial en la nueva ciencia (la ciencia que surge en el tránsito del XVI-XVII de la mano de Galileo, Bacon, Descartes,…) ver la naturaleza como un enemigo: algo hostil que hay que vencer. Y la ciencia-técnica ha sido el instrumento para llevar a cabo ese sometimiento. La naturaleza —al menos desde entonces — ha sido más la víctima del ser humano que su agresora.

[3] Veáse, por ejemplo, la contraposición de su actitud con respecto a la que se propone en estos consejos de Emerson: “Y creer en tus propias ideas, creer que lo que es verdad para ti en tu fuero interno lo es para el resto de los hombres, eso es el genio. Saca afuera lo que late dentro de tu corazón, y estarás verbalizando el sentido del universo” (Emerson, 2010b, pág. 175)

[4] Los más sobresalientes son Chick McGann (Eugene Pallette), Carl Cook (Dick Elliot), Bill Griffith ( William Demarest) y Kennerh Allen (Russel Simpson). Todos ellos son secundarios de lujo, auténticos robaescenas, en el argot cinematográfico. El espectador los tiene asociados, en su mayoría, a papeles bondadosos en otros filmes. Capra, con ello, consigue transmitir de manera rápida y eficaz la capacidad corruptora de Taylor.

[5] La distinción entre un filme y un texto fílmico es sencilla: un texto fílmico es un filme que se quiere leer con atención, al que se dedican varios visionados y del que finalmente se acaba escribiendo algo. Pero no es lo que se ha escrito sobre el filme lo que constituye “el texto fílmico”, sino la lectura atenta que se ha hecho del mismo que permite escribir sobre él. Esta noción como tal no está presente en la obra de Stanley Cavell, pero es directamente deudora de su filosofía del cine. En su primera publicación íntegramente dedicada al cine, The World Viewed. Reflections on the Ontology of Film (Cavell, 1979), Cavell justica que el carácter propio de los filmes procede de su condición fotográfica. La fotografía hace presente los objetos. A diferencia de la pintura, la fotografía no representa los objetos, los transcribe (Cavell , 1979: 20). La fotografía no representa un mundo, es parte de ese mismo mundo. La prueba de ello es que ante una pintura no tiene sentido preguntar lo que queda a los lados de lo representado y, sin embargo, esto es pertinente ante una fotografía: podemos ver un fragmento de una calle, por ejemplo, y representarnos perfectamente lo que está antes y después.

Es esto lo que posibilita ver el cine como una parte del mundo que se nos hace presente. Y al mismo tiempo que esa presencia sea ambivalente: a) por un lado, puede alimentar nuestro escepticismo ante la posibilidad de conocer el mundo, pues se nos ofrece una realidad en la que no hemos intervenido para nada, y puede generarnos la angustia de que la ha controlado alguien que no somos nosotros (escepticismo cartesiano); b) pero por otro, lo que vemos hace referencia a la realidad. Y eso nos puede dar salida a nuestro escepticismo, no sólo confiando en que vemos una realidad que podemos compartir, sino, al mismo tiempo, que hace legítimas, comprensibles y comunicables nuestras propias fantasías y deseos sobre la realidad. (Mulhall, 2006: 229)

[6] Un recurso frecuente de Capra, que incrementa el interés del espectador. Parece decirle al espectador que ha llegado en el momento oportuno para conocer algo clave. También sirve para vivir el tiempo con intensidad. No hay rutina. Como contraste en Forbidden (1932) emplea el recurso contrario: la repetición cotidiana y el aburrimiento, que hace del retraso de la bibliotecaria todo un acontecimiento. Así se sintoniza con la necesidad que ella tiene de tomar decisiones radicales.

[7] Quizás venga bien comparar este modo de proceder con el recurso del MacGuffin ideado y empleado por Hitchcock, un elemento de la trama intercambiable, que servía como pretexto para la acción, que era lo realmente importante. Que el MacGuffin fuera inverosímil no afectaba a la consistencia del relato. Capra, por el contrario, dibuja con precisión en lo que consiste el hecho corrupto y las razones que llevan al mismo (Truffaut, 2008).

[8] En 1919, Max Weber pronunció una conferencia que, con el tiempo, llegaría ser muy citada: “La Política como vocación”. En ella aborda con claridad meridiana la gran diferencia que existe entre “vivir de la política” o “vivir para la política”. Quien vive de la política como profesión trata de hacer de ella una fuente de ingresos; quien vive para la política no la ve de este modo, sino como un medio de servir al bien común, dando significado a su existencia.

[9] En el contexto americano, la teoría jurídico política de Ronald Dworkin, siguiendo la estela de Rawls recuperó el papel de los principios para proteger los derechos. El límite es que lo hizo desde una perspectiva política particular: el liberalismo político.  (Dworkin, 1984 y 1990)

About the author

Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la UCV "San Vicente Mártir".
Autor, entre otras obras, de "Los Nuevos Redentores" (Anthropos, 1987), "Tecnología y futuro humano" (Anthropos, 1990), "La violencia y sus claves" (Ariel Quintaesencia, 2013), Bancarrota moral (Sello, 2015) y "Técnica y Ser humano" (Centro Lombardo, México, 2017).

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